jueves, 9 de octubre de 2014

Suelta tu carga


Suelta tu carga

Quizá cuando estás en problemas acudes a Dios, le pides, le lloras, pero no sueltas tu carga; sigues soportando y sufriendo, en constante afán.

Por el P. Dennis Doren, LC

Todos los hombres llevamos sobre nuestros hombros diversos pesos: el cansancio de los años, un sinnúmero de problemas que nos aquejan y complican, un pasado con muchos errores y decisiones mal tomadas, la presión de una familia, una relación desgastada por los golpes de la vida, unos hijos y un trabajo que tenemos que cuidar, o una enfermedad que no tiene cura y me hace sufrir y desesperarme; tenemos que aprender a cargar con ellas con paciencia, serenidad y alegría, solo en la medida en que Dios está presente y se la compartimos, seremos capaces de ser felices, aún cuando sea demasiado pesada; suelta tu carga y ponla en las manos de Dios.
Un hombre iba con un pesado costal de papas sobre sus espaldas. Caminaba lenta y sufridamente. Dios, que lo veía, le preguntó: “¿Hacia dónde vas con ese costal de papas?”.
El hombre miró hacia el cielo y le respondió insolentemente: “¿Por qué me preguntas si Tú lo sabes todo?”. Y siguió su camino.
En otro lugar, alejado de allí, otro hombre iba con una carga llena de ladrillos. Dios, que lo veía, le preguntó: “¿Hacia dónde vas con esa carretilla?”.
El hombre respondió: “Voy al pueblo”.
Dios le dijo: “¿Quieres que te ayude con esa carga?”.
El hombre le contestó: “Puedo solo”.
En otro lugar, un hombre iba cargando un montón de leña atada con una cuerda. Dios, que lo veía, le dijo: “¿Hacia dónde vas con esa leña?”.
El hombre respondió: “La llevo a mi casa al otro lado de ese cerro”.
Dios le dijo: “¿Quieres que te ayude?”.
El hombre accedió y Dios tomó la cuerda y cargó la leña.
Poco habían caminado, cuando el hombre le quitó la leña a Dios y la volvió a cargar él mismo. Dios siguió caminando a su lado y un kilómetro más adelante el hombre se la volvió a entregar para que Él la cargara.
Pero, más adelante, el hombre se la volvió a quitar y la cargó nuevamente y así siguió a lo largo del camino.
En otro lugar, muy lejos de allí, otro hombre iba por un camino llevando una pesada caja de alimentos. Dios, que lo veía, le dijo: “¿Hacia dónde vas con esa caja?”.
El hombre respondió: “Tengo que llevársela a mi patrón que vive a 5 km. de aquí”.
Le dijo Dios: “¿Quieres que te ayude?”.
El hombre sonrió y le dijo: “¡Oh, sí Señor, yo ya no puedo con esta carga!” y se la entregó.
Siguieron caminando y el hombre le iba contando a Dios alegremente de su vida, de su familia y de su trabajo. Le hacía preguntas, le pedía opiniones, en fin, el hombre y Dios, conversando y conversando, llegaron a destino.
El hombre ya no se había acordado más de su carga. El Señor mismo cumplió la encomienda de entregársela al patrón de aquel hombre. El hombre agradeció mucho la ayuda y el Señor le dijo: “No te dejaré ni te desampararé, siempre que me necesites, estaré contigo”.
¿Con cuál de estos cuatro hombres te identificas? ¿Eres como el primero que cuando tienes problemas, no tomas en cuenta a Dios? o ¿eres como el segundo hombre, orgulloso y soberbio, que no acepta la ayuda de nadie?, ¿eres como el tercer hombre, que entrega su carga a Dios, pero en realidad su fe es escasa y decide volverla a cargar sobre él mismo?, o ¿eres como el cuarto hombre, que mantiene una relación con Dios humilde y alegre que acepta su gracia y se olvida de su carga hasta el final del camino, porque confía en que Él tiene el poder para librarlo de su carga, al punto de que el ya no tiene que preocuparse más por ella?
Quizá cuando estás en problemas acudes a Dios, le pides, le lloras, pero no sueltas tu carga; sigues soportando y sufriendo, en constante afán. Solo cuando voluntariamente le entregues esa carga, Él la tomará y la cargará sobre Sus hombros.
Sigue el ejemplo del cuarto hombre, mantén una buena relación con Dios, deja que Él te ayude con toda tu carga y descansa en Él; porque tu problema está en sus manos. Ya no vas a sentir su peso. ¡Porque ese peso lo está llevando el Señor!

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