Evangelio del 7 de abril 2026 Juan 20, 11-18

El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al
sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles
vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús,
uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron:
"¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se
han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie; pero no sabía que
era Jesús. Entonces él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién
buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor,
si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo:
"¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabuní!", que en
hebreo significa 'maestro'. Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no
he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a
mi Dios y su Dios'".
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había
visto al Señor y para darles su mensaje.
Comentario
Este pasaje presenta un momento profundamente humano y transformador:
María Magdalena pasa del dolor de la pérdida a la alegría del encuentro con el
Resucitado. Su llanto junto al sepulcro refleja la confusión y el vacío que
deja la muerte, pero también su fidelidad, porque permanece allí cuando otros
se han ido.
El detalle clave es que no reconoce a Jesús de inmediato; lo confunde
con el jardinero. Esto sugiere que la resurrección no se impone de forma
evidente, sino que se descubre en lo cotidiano, cuando el corazón está abierto.
Todo cambia cuando Jesús la llama por su nombre: “María”. En ese instante, ella
lo reconoce. Es un encuentro personal, íntimo, que muestra que la fe nace de
sentirse conocido y llamado.
Finalmente, Jesús la envía a anunciar la noticia a los discípulos.
María, que llegó llorando, se convierte en la primera mensajera de la
resurrección. El pasaje enseña que el dolor puede transformarse en misión, y
que el encuentro con Cristo no se guarda, se comparte.
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