miércoles, 1 de julio de 2026

Evangelio del 2 de julio 2026 Mateo 9, 1-8

 



En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad.

En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados".

Al oír esto, algunos escribas pensaron: "Este hombre está blasfemando". Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir 'Se te perdonan tus pecados', o decir 'Levántate y anda'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, "le dijo entonces al paralítico": Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".

Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

Comentario

Jesús nos muestra que la sanación más profunda comienza en el corazón. Antes de devolverle al paralítico la fuerza para caminar, le ofrece el perdón, recordándonos que Dios desea restaurar integralmente nuestra vida. La fe de quienes llevaron al enfermo hasta Jesús también nos enseña el valor de acompañar y sostener a los demás en sus momentos de mayor necesidad.

Este Evangelio nos invita a acercarnos a Cristo con confianza, dejando a un lado la duda y el juicio. Él conoce nuestras heridas, perdona nuestros pecados y nos llama a levantarnos para caminar con una vida nueva. Quien experimenta el amor misericordioso de Dios no puede permanecer igual: se convierte en testigo de su poder y motivo de alabanza para los demás.

martes, 30 de junio de 2026

Evangelio del 1 de julio 2026 Mateo 8, 28-34

 



En aquel tiempo, cuando Jesús desembarcó en la otra orilla del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro. Eran tan feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los endemoniados le gritaron a Jesús: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?"

No lejos de ahí había una numerosa piara de cerdos que estaban comiendo. Los demonios le suplicaron a Jesús: "Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos". Él les respondió: "¡Está bien!"

Entonces los demonios salieron de los hombres, se metieron en los cerdos, y toda la piara se precipitó en el lago por un despeñadero y los cerdos se ahogaron.

Los que cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados. Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio.

 

Reflexión

 

Jesús tiene el poder de liberarnos

 

El Evangelio de hoy nos presenta a dos hombres que vivían entre los sepulcros, aislados de la sociedad y dominados por fuerzas que les robaban la paz, la dignidad y la libertad. Nadie podía ayudarlos, hasta que se encontraron con Jesús. Bastó su presencia para que el mal reconociera quién era Él: el Hijo de Dios.

Este pasaje nos recuerda que no hay oscuridad tan profunda ni situación tan difícil que esté fuera del alcance del amor y del poder de Dios. Muchas veces nuestros "demonios" no son espíritus malignos, sino el miedo, el rencor, la desesperanza, las adicciones, el orgullo o las heridas que cargamos y que nos impiden vivir plenamente. Cuando permitimos que Jesús entre en nuestra vida, Él tiene la capacidad de romper las cadenas que nos esclavizan y devolvernos la libertad interior.

Sin embargo, el final del relato también nos invita a examinarnos. Los habitantes de la ciudad, en lugar de alegrarse por la liberación de aquellos hombres, se preocuparon más por la pérdida de sus cerdos y le pidieron a Jesús que se marchara. A veces nosotros también podemos poner nuestros intereses, nuestra comodidad o nuestros bienes materiales por encima de la acción de Dios. Cuando seguir a Cristo implica cambiar nuestras prioridades o renunciar a aquello que nos da una falsa seguridad, podemos sentir la tentación de alejarlo de nuestra vida.

La invitación de este Evangelio es clara: abrir el corazón a Jesús y confiar plenamente en Él. Solo Cristo puede devolvernos la verdadera libertad y enseñarnos que la dignidad de una persona vale mucho más que cualquier bien material. Que hoy tengamos la valentía de dejar que Él transforme nuestro corazón y nos conduzca por el camino de la paz, la esperanza y la vida nueva.

lunes, 29 de junio de 2026

Evangelio del 30 de junio 2026 Mateo 8, 23-27

 



En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: "Señor, ¡sálvanos, que perecemos!"

Él les respondió: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?" Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: "¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?"

Reflexión

Las tempestades no solo se viven en el mar; también aparecen en nuestra vida como enfermedades, problemas familiares, preocupaciones o incertidumbre. En esos momentos podemos sentir, como los discípulos, que todo está a punto de hundirse.

El Evangelio nos muestra que Jesús permanece en la barca con los suyos. Aunque parezca guardar silencio o estar "dormido", nunca abandona a quienes confían en Él. Su pregunta —"¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?"— no es un reproche, sino una invitación a fortalecer la confianza en su presencia.

Cuando dejamos que Cristo tome el timón de nuestra vida, las tormentas no siempre desaparecen de inmediato, pero nuestro corazón encuentra la paz. La verdadera fe no consiste en vivir sin dificultades, sino en creer que Jesús tiene poder sobre cualquier tempestad y que, con Él, siempre podremos llegar a buen puerto.

domingo, 28 de junio de 2026

Evangelio del 29 de junio 2026 Mateo 16, 13-19

 



En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".

Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo".

Reflexión

El evangelio nos invita a responder una pregunta que sigue siendo actual: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". No basta con repetir lo que otros piensan de Jesús; cada creyente está llamado a descubrirlo personalmente y a expresar esa fe con su vida.

La respuesta de Pedro nace de un corazón abierto a Dios: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Jesús le revela que esa fe no es fruto solo del razonamiento humano, sino un don del Padre. Del mismo modo, nuestra fe crece cuando escuchamos la Palabra, oramos y dejamos que Dios transforme nuestro corazón.

Al confiar a Pedro la misión de ser la roca sobre la que edificará su Iglesia, Jesús nos recuerda que Él permanece siempre fiel a su pueblo. Aun en medio de dificultades, la Iglesia sigue adelante porque su fundamento es Cristo.

Que este evangelio nos anime a renovar cada día nuestra respuesta al Señor, para que nuestras palabras, decisiones y obras proclamen con alegría: Jesús es el Hijo de Dios vivo y el centro de nuestra vida.

viernes, 26 de junio de 2026

Evangelio del 27 de junio 2026 Mateo 8, 5-17

 





En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm se le acercó un oficial romano rogándole: «Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama paralítico, y sufre mucho». Él le contestó: «Voy a curarlo».

Pero el oficial le replicó: «Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, con que digas una sola palabra mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, cuando le digo a uno: ¡Ve!, él va; al otro: ¡Ven!, y viene; a mi criado: ¡Haz esto!, y lo hace».

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: «Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de Oriente y de Occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación».

Jesús le dijo al oficial romano: «Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído». Y en aquel momento se curó el criado.

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre; ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: "El hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores".

Reflexión

Este pasaje nos muestra que la fe auténtica nace de la humildad y de la confianza plena en Dios. El oficial romano no presume de su autoridad; al contrario, reconoce que no es digno de recibir a Jesús en su casa, pero cree firmemente que una sola palabra del Señor basta para sanar. Esa confianza sincera conmueve el corazón de Jesús.

Además, el Evangelio nos recuerda que Jesús se acerca a todos los que sufren: sana al criado, levanta a la suegra de Pedro y cura a muchos enfermos. Su amor no hace distinción de personas y se manifiesta especialmente donde hay dolor, necesidad y esperanza.

Hoy, este mensaje nos invita a preguntarnos: ¿Confío verdaderamente en el poder de Jesús, incluso cuando las circunstancias parecen difíciles? Si acudimos a Él con un corazón humilde y lleno de fe, descubriremos que sigue actuando en nuestra vida, fortaleciendo nuestras debilidades y dándonos la paz que solo Él puede ofrecer. La respuesta agradecida a ese amor, como la de la suegra de Pedro, es levantarnos para servir con alegría a los demás.

Reflexión 20260628


 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260628

 


Diariamente vivimos el dolor que provoca la violencia cuando golpea lo más valioso que posee una persona: la familia, la seguridad y la propia vida. La experiencia de tantos padres y madres que buscan a sus hijos desaparecidos revela una herida abierta en la sociedad.



Los afectos familiares, la seguridad jurídica y en particular la propia vida, son realidades que nos interesan y preocupan. No es nada sencillo poner en riesgo dichos valores cuando se vive en un clima violento y amenazador. Miles de personas en nuestro país saben lo que significa que sus hijos salgan de casa y no regresen; cientos de madres saben lo que es andar de un sitio a otro tratando de dar con el paradero de sus desaparecidos. Vivimos en medio de una sociedad muy violenta que desprecia el valor más importante: la vida. Cuando la vida se pone en riesgo por fidelidad a Jesucristo el creyente encuentra un sentido. Lo que no tiene justificación alguna son las muertes arbitrarias y carentes de toda racionalidad que a diario enlutan el corazón de tantas familias en México. Algo hemos hecho demasiado mal para vivir en este lodazal de violencia.


RAÍCES DE NUESTRA FE 20260628 San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 5, 12

 



San Cirilo de Jerusalén destaca que la fe recibida de la Iglesia debe conservarse íntegra y permanecer firmemente grabada en el corazón de los creyentes. Explica que el Símbolo de la fe resume las verdades esenciales de la Sagrada Escritura y sirve como guía para quienes no pueden acceder directamente a toda la enseñanza bíblica. Exhorta a memorizar y vivir esta profesión de fe durante toda la vida, manteniéndose fieles a ella sin dejarse confundir por falsas doctrinas, aun si provinieran de personas con autoridad o aparentaran tener un origen extraordinario. De este modo, la fidelidad a la enseñanza apostólica se convierte en el fundamento seguro de la vida cristiana.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260628

 



San Jerónimo explica que Jesús no prohíbe amar a la familia, sino que enseña que el amor a Dios debe ocupar siempre el primer lugar. Cuando existe un conflicto entre la fidelidad a Cristo y los afectos familiares, el discípulo está llamado a elegir a Dios por encima de todo. Asimismo, recuerda que seguir a Jesús implica cargar la cruz cada día con perseverancia y fidelidad. Finalmente, destaca la dignidad de la misión de los apóstoles: quien los recibe, recibe al mismo Cristo y, por medio de Él, al Padre que lo envió. De este modo, el Señor anima a sus discípulos a cumplir su misión con confianza, asegurándoles que Dios proveerá lo necesario mediante la acogida y la generosidad de los creyentes.

(San Jerónimo [340-397]. Comentario al Evangelio de Mateo).

Evangelio del 26 de junio 2026 Mateo 8, 1-4

 



En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes curarme". Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: "Sí quiero, queda curado". Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: "No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación".

 

Reflexión

 

El Evangelio nos muestra que Jesús no sólo escucha el clamor del leproso, sino que se acerca a él y lo toca. En una época en la que los leprosos eran rechazados y considerados impuros, ese gesto revela un amor que rompe las barreras del miedo, del prejuicio y de la exclusión.

El leproso se acerca con una fe humilde: "Señor, si quieres, puedes curarme". No exige, sino que confía plenamente en la voluntad de Jesús. Y la respuesta del Señor es clara y llena de esperanza: "Sí quiero, queda curado".

También hoy, Jesús sigue acercándose a nuestras heridas físicas, emocionales y espirituales. Nos invita a confiar en su misericordia y, al mismo tiempo, a imitar su ejemplo, tendiendo la mano a quienes viven solos, enfermos, rechazados o necesitados de consuelo. El verdadero discípulo no pasa de largo ante el sufrimiento, sino que lo enfrenta con compasión y amor.

miércoles, 24 de junio de 2026

Evangelio 25 de junio 2026 Mateo 7, 21-29

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor'!, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: '¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?' Entonces yo les diré en su cara: 'Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal'.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente".

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

 

Reflexión

 

Este Evangelio nos recuerda que la fe verdadera no se reduce a palabras, prácticas religiosas o apariencias externas. Jesús señala que no basta decir: “Señor, Señor”; lo esencial es vivir conforme a la voluntad de Dios. La autenticidad del discípulo se manifiesta en sus obras, en la coherencia entre lo que cree, dice y hace.

La parábola de las dos casas nos invita a examinar sobre qué fundamento estamos construyendo nuestra vida. Quien escucha la Palabra y la pone en práctica edifica sobre roca firme. Vendrán dificultades, pruebas, sufrimientos y desafíos, pero su vida permanecerá en pie porque está sostenida por Dios. En cambio, quien escucha y no actúa conforme al Evangelio construye sobre arena, y tarde o temprano las tormentas revelarán la fragilidad de esos cimientos.

Hoy Jesús nos llama a pasar de una fe de palabras a una fe de obras, de una religiosidad superficial a un compromiso real con el amor, la justicia, la verdad y la misericordia. La pregunta que deja este Evangelio es profunda: ¿estoy construyendo mi vida sobre la roca de Cristo o sobre las arenas cambiantes de mis propios intereses?

Que cada día podamos escuchar la voz del Señor y convertir sus enseñanzas en acciones concretas, para que nuestra vida sea una casa firme que resista cualquier tempestad.

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 28 de junio 2026

 



 

Antífona de entrada.

Pueblos todos, aplaudan y aclamen a Dios con gritos de júbilo (Sal 46, 2).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, que mediante la gracia de la adopción filial quisiste que fuéramos hijos de la luz, concédenos que no nos dejemos envolver en las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre vigilantes en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: La hospitalidad que recibe el profeta Eliseo, hombre de Dios, es notoria en la generosidad de una mujer estéril; su actitud con el Profeta, Dios la bendice con un hijo. Escuchemos.

 

Primera Lectura (2 Re 4, 8-11. 14-16)

Del segundo libro de los Reyes

Un día pasaba Eliseo por la ciudad de Sunem y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a comer en su casa. Desde entonces, siempre que Eliseo pasaba por ahí, iba a comer a su casa. En una ocasión, ella le dijo a su marido: "Yo sé que este hombre, que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que se quede allí, cuando venga a visitarnos".

Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunem, subió a la habitación y se recostó en la cama. Entonces le dijo a su criado: "¿Qué podemos hacer por esta mujer?".

El criado le dijo: "Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano". Entonces dijo Eliseo: "Llámala". El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en la puerta. Eliseo le dijo: "El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus brazos".

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 88)

R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

L. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor, y daré a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: "Mi amor es para siempre, y mi lealtad, más firme que los cielos". / R.

L. Señor, feliz el pueblo que te alaba y que a tu luz camina, que en tu nombre se alegra a todas horas y al que llena de orgullo tu justicia. / R.

L. Feliz, porque eres tú su honor y fuerza y exalta tu favor nuestro poder. Feliz, porque el Señor es nuestro escudo y el santo de Israel es nuestro rey. / R.

 

Monición: Por el bautismo, participamos de la muerte y resurrección de Cristo; dejamos la antigua criatura y renace una criatura sin pecado e iniciamos una nueva relación con Dios y con la comunidad. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 6, 3-4. 8-11)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (1 Pedro 2, 9)

R. Aleluya, aleluya. Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: La generosidad es nuestra identidad, basta salir y encontraremos nuevas posibilidades para expresarla y si esa generosidad la hacemos a un profeta, Dios nos bendice y nos da el premio de profeta. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 10, 37-42)

Del santo Evangelio según san Mateo

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

CREDO de los Apóstoles

 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras oraciones, para que podamos alegrarnos al recibir su ayuda. Unámonos a cada petición diciendo:

TODOS: Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

1.         Por los ministros de la Iglesia que han consagrado su vida al Señor y por todos los que adoran al Dios verdadero. Roguemos al Señor.

2.         Para que el tiempo sea bueno y todos podamos gozar de una naturaleza limpia en la bella sucesión de las diversas estaciones. Roguemos al Señor.

3.         Por los que son víctimas de la debilidad humana, del espíritu de odio o de envidia o de los otros vicios del mundo. Roguemos al Señor.

4.         Encomendémonos mutuamente al Señor, pongamos toda nuestra existencia en sus manos y oremos con confianza al autor y guardián de todo lo que tenemos y poseemos. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Escucha, Padre santo, las oraciones de tu pueblo e infunde en nosotros la sabiduría y la fuerza del Espíritu Santo, para que, unidos a Cristo, sigamos el camino de la cruz dispuestos a perder nuestra vida para manifestar al mundo nuestra esperanza en el reino que nos tienes preparado. por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Señor Dios, que bondadosamente realizas el fruto de tus sacramentos, concédenos que seamos capaces de servirte como corresponde a tan santos misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

 

Historia de la salvación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque naciendo, restauró nuestra naturaleza caída; padeciendo en la cruz, borró nuestros pecados; resucitando de entre los muertos, nos proporcionó el acceso a la vida eterna, y ascendiendo hasta ti, Padre, nos abrió las puertas del Reino de los cielos. Por eso, unidos a la multitud de los ángeles y de los santos, te aclamamos, llenos de alegría: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Bendice, alma mía, al Señor; que todo mi ser bendiga su santo nombre (Cfr. Sal 102, 1).

           

Oración después de la comunión.

Que la víctima divina que te hemos ofrecido y que acabamos de recibir, nos vivifique, Señor, para que, unidos a ti con perpetuo amor, demos frutos que permanezcan para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Evangelio del 24 de junio 2026 Lucas 1, 57-66. 80

 



Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: "No. Su nombre será Juan". Ellos le decían: "Pero si ninguno de tus parientes se llama así".

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos, y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: "¿Qué va a ser de este niño?" Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.

Reflexión

Zacarías e Isabel enfrentan la presión social y las expectativas de sus parientes al nombrar a su hijo "Juan". Esto nos enseña que, cuando escuchamos profundamente nuestra vocación o el propósito que Dios tiene para nuestras vidas, la opinión externa pierde relevancia frente a la convicción interna.

El silencio forzado de Zacarías no fue un castigo estéril, sino un tiempo de preparación y transformación interior. A menudo, en nuestras propias vidas, los momentos donde "no tenemos palabras" o donde todo parece detenido son aquellos en los que nuestra fe se fortalece en silencio para prepararnos para una nueva etapa.

Los vecinos que se preguntaban "¿Qué va a ser de este niño?" representan nuestra capacidad humana de asombro. El texto nos recuerda que cada vida humana, en su desarrollo físico y espiritual, es un misterio que crece bajo la guía de algo más grande, invitándonos a mirar a los demás con esperanza y expectación por el potencial que cada uno lleva dentro.

lunes, 22 de junio de 2026

Evangelio del 23 de junio 2026 Mateo 7, 6. 12-14

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No den a los perros las cosas santas ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resume la ley y los profetas.

Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y amplio el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por él. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran!".

 

Reflexión

 

Este texto, nos invita a una profunda introspección sobre nuestras prioridades, nuestra integridad y el modo en que nos relacionamos con los demás y con nuestro propio propósito de vida.

 

Cuando Jesús habla de no echar las "perlas a los cerdos", está haciendo un llamado al discernimiento. El discernimiento nos ayuda a proteger nuestra paz interior y a ser buenos administradores de lo que consideramos valioso.

 

"Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes". ¿Cómo quiero ser tratado? ¿Con respeto, con paciencia, con honestidad? Entonces, eso es lo que debo proyectar. Es una invitación a romper el ciclo de la reactividad: si alguien nos trata mal, la "regla de oro" nos desafía a mantener nuestra integridad en lugar de devolver el mal, buscando siempre elevar la calidad de nuestras relaciones.

 

La metáfora de la "puerta estrecha" y el "camino angosto” nos recuerda que lo que realmente vale la pena —la integridad, la verdad, el amor auténtico— a menudo no es el camino de menor resistencia.

El camino ancho: Representa lo que es fácil, lo que sigue la corriente, lo que busca la gratificación inmediata o la validación de la mayoría, aunque esto último nos lleve a una pérdida de sentido personal (la "perdición" en sentido existencial).

 

El camino estrecho: Nos sugiere que el camino que conduce a la "vida" (en plenitud) requiere una selección consciente de nuestras acciones, eligiendo la calidad sobre la cantidad y la convicción sobre la conveniencia.

 

En conjunto, este fragmento nos invita a vivir con intención. Nos pide ser selectivos con nuestro entorno, empáticos en nuestro trato hacia los demás y valientes al momento de elegir el camino que deseamos recorrer.

domingo, 21 de junio de 2026

Evangelio del 22 de junio 2026 Mateo 7, 1-5



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No juzguen, y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo".

Reflexión

Este Evangelio nos invita a mirar primero nuestro propio corazón antes de señalar los errores de los demás.

La imagen de la paja y la viga es una llamada a la sinceridad: quien examina su vida con honestidad aprende a ser más comprensivo, misericordioso y paciente con los demás.

Jesús nos enseña que la medida que usamos para juzgar será la misma que se empleará con nosotros. Por eso, el discípulo está llamado a sustituir la crítica apresurada por la compasión, el juicio severo por la comprensión y la condena por la ayuda fraterna.

Pidamos al Señor un corazón humilde que se deje corregir por Él, para que nuestras palabras y acciones sean siempre un reflejo de su misericordia y de su amor.

viernes, 19 de junio de 2026

Evangelio del 20 de junio 2026 Mateo 6, 24-34

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas".

 

Reflexión

 

Este evangelio nos invita a confiar más en Dios que en las seguridades materiales. Jesús no condena el trabajo ni la responsabilidad, sino la preocupación excesiva que roba la paz del corazón y nos hace vivir esclavos del miedo al futuro.

Al señalar las aves del cielo y los lirios del campo, Jesús nos recuerda que Dios cuida amorosamente de toda su creación y que nosotros valemos mucho más a sus ojos. La verdadera prioridad del discípulo no es acumular riquezas ni vivir angustiado por el mañana, sino buscar primero el Reino de Dios y practicar su justicia.

En un mundo lleno de incertidumbres, este mensaje nos anima a vivir el presente con confianza, haciendo lo que nos corresponde cada día y poniendo nuestras preocupaciones en las manos del Señor. Quien confía en Dios descubre que, aun en medio de las dificultades, nunca camina solo y encuentra la serenidad que nace de saberse amado y cuidado por el Padre.

jueves, 18 de junio de 2026

Evangelio del 19 de junio 2026 Mateo 6, 19-23

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien, acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!"

Reflexión

Esta enseñanza de Jesús, recogida en el Evangelio de Mateo, nos invita a una revisión profunda de nuestras prioridades y de cómo percibimos el mundo. Es una lección sobre la libertad interior.

Jesús no está condenando el hecho de tener bienes, sino la actitud de "acumular" como si lo material fuera nuestra única seguridad.

La frase "donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón" es un diagnóstico preciso. Nuestro corazón es como una brújula; siempre apunta hacia aquello que valoramos más.

En la mentalidad bíblica, los ojos no son solo un órgano físico, sino la intención del corazón.

Tener los "ojos sanos" significa tener una mirada limpia, generosa y enfocada en lo esencial. Cuando nuestra intención es recta, nuestra vida entera se ilumina.

Tener los "ojos enfermos" (o codiciosos) significa mirar el mundo solo a través del egoísmo.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260621


 

En estos tiempos debemos reflexionar sobre la confianza en Dios y el valor de quienes, aun en medio del dolor y la inseguridad, siguen siendo constructores de paz. Los discípulos enviados por Jesús representan a todos los que hoy se atreven a llevar esperanza donde reina el miedo.



Los discípulos enviados por el Señor Jesús a misionar en Galilea tenían una tarea precisa, servir como mensajeros de paz y pioneros del reinado de Dios. Misión con riesgos y satisfacciones como cualquier otra. En el pasaje del Evangelio Mateo 10, 26 al 33 Jesús reitera un mensaje de confianza. No hay que dejarse atrapar por el miedo a perder la vida y sufrir adversidades. Dios nos ama y estamos en sus manos. Es un mensaje consolador que puede antojarse inverosímil en las actuales circunstancias de inseguridad que prevalecen en nuestro país. Dios nos ama y nos invita a cuidar nuestra vida. Tenemos testimonios de creyentes en Jesucristo que han sufrido pérdidas atroces, al ver asesinados a sus familiares más cercanos, que no se han cruzado de brazos, ni se han dejado atrapar por la sed de venganza, sino que se han puesto a exigir justicia, como constructores de la paz. No tienen miedo porque saben que Dios está con ellos.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260621

 



San Cirilo de Jerusalén (315–386), obispo de Jerusalén, es una figura destacada de la Iglesia primitiva y reconocido por su enseñanza catequética. Aunque se conoce poco de su vida, sus catequesis son fundamentales para comprender la fe cristiana en sus primeros siglos. En la quinta catequesis explica la virtud de la fe y presenta el Símbolo jerosolimitano, fórmula de las verdades de fe profesadas en la Iglesia de Jerusalén. Subraya la dignidad del creyente que, al pasar de catecúmeno a fiel, recibe el título de “fiel” como participación en un atributo divino.

Una constante en sus enseñanzas es motivar a los catecúmenos con la gracia del bautismo, insistiendo en la sinceridad y rectitud de intención necesarias para recibir este sacramento de regeneración. Su estilo combina exhortación pastoral con profundidad teológica, iluminando la importancia de la fe como fundamento de la vida cristiana.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260621

 



Síntesis del texto de San Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos

 

San Ignacio expresa su firme deseo de morir por Cristo y pide a las comunidades que no lo impidan con una compasión mal entendida. Se considera “trigo de Dios” que debe ser triturado por las fieras para convertirse en “pan limpio de Cristo”. Rechaza los placeres y los reinos terrenales, pues su voluntad está puesta en Jesús muerto y resucitado. Para él, el martirio es un “nacimiento a la vida nueva” y la única manera de contemplar la luz pura y ser plenamente hombre. Suplica que no lo seduzcan con bienes materiales ni lo entreguen al mundo, sino que lo apoyen en su deseo de imitar la pasión de Cristo. Advierte contra la envidia y la incoherencia de tener a Cristo en los labios pero deseos mundanos en el corazón. Finalmente, pide que se atienda a lo que escribe ahora, en vida, deseando morir, y no a posibles súplicas contrarias que pudiera hacer en el momento de la prueba.

 

Este texto es un testimonio radical de fe y de amor a Cristo, donde el martirio se entiende no como derrota, sino como plenitud y unión definitiva con Dios.

 

 (San Ignacio de Antioquía [c. 35108/110]. Carta a los Romanos).

Reflexión 20260621


 

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 21 de junio 2026

 



 

Antífona de entrada.  

Señor es la fuerza de su pueblo, defensa y salvación para su Ungido. Sálvanos, Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre (Cfr. Sal 27, 8-9).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor, concédenos vivir siempre en el amor y respeto a tu santo nombre, ya que jamás dejas de proteger a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: En la primera lectura escucharemos cómo Jeremías enfrenta las persecuciones por cumplir la misión profética; prevalece su confianza en el Señor y confiesa que siempre experimentó su cercanía. Escuchemos.

 

Primera Lectura (Jer 20, 10-13)

Del libro del profeta Jeremías

En aquel tiempo, dijo Jeremías: "Yo oía el cuchicheo de la gente que decía: 'Terror por todas partes. Denunciemos a Jeremías, vamos a denunciarlo'. Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que tropezara y me cayera, diciendo: 'Si se tropieza y se cae, lo venceremos y podremos vengarnos de él'.

Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable.

Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo y conoces lo más profundo de los corazones, haz que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

Canten y alaben al Señor, porque él ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados". Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 68)

R. Escúchame, Señor, porque eres bueno.

L. Por ti he sufrido oprobios y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae. / R.

L. A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro. Escúchame, Señor, pues eres bueno y en tu ternura vuelve a mí tus ojos. / R.

L. Se alegrarán, al verlo, los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado. Que lo alaben por esto cielo y tierra, el mar y cuanto en él habita. / R.

 

Monición: Con el pecado de Adán, la humanidad inicia una historia de pecado y de muerte. Con el don de Cristo, se inicia un camino de amor que redime al hombre del pecado inicial. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 5, 12-15)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, así la muerte llegó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Antes de la ley de Moisés ya había pecado en el mundo y, si bien es cierto que el pecado no se imputa cuando no hay ley, sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir.

Ahora bien, con el don no sucede como con el delito, porque si por el delito de uno solo murieron todos, cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos! Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Jn 15, 26. 27)

R. Aleluya, aleluya. El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí, dice el Señor, y ustedes también darán testimonio. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: Jesús en el evangelio nos transmite confianza. No tengan miedo, ustedes valen mucho. Los adversarios pueden quitarles la vida del cuerpo, pero nunca la del alma. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 10, 26-33)

Del santo Evangelio según san Mateo

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos". Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Elevemos, hermanos, nuestros ojos al Señor y esperemos, confiados, su ayuda salvífica. Oremos diciendo:

TODOS: Escucha, Señor, nuestra oración.

1. Por el santo Padre, el Papa N., por nuestro obispo N. y por todos los sacerdotes y diáconos de Jesucristo. Roguemos al Señor.

2. Por el buen tiempo, por el fruto de las investigaciones de los estudiosos y por la prosperidad del trabajo de todos. Roguemos al Señor.

3. Por las vírgenes consagradas al Señor y por los religiosos que trabajan en nuestras comunidades. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que hacen el bien en nuestras parroquias y por los que cuidan de los pobres y de los enfermos. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Señor Jesucristo, escucha las oraciones de tu pueblo y sostennos con la fuerza de tu Espíritu, para que nunca nos avergoncemos de nuestra fe, sino que confesemos, con valentía, tu nombre ante los hombres, y merezcamos que te pongas de nuestra parte en el día de tu manifestación ante el Padre celestial. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Recibe, Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza y concédenos que, purificados por su eficacia, podamos ofrecerte el entrañable afecto de nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

           

PREFACIO

 

Nuestra humanidad salvada por la humanidad de Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque reconocemos como obra de tu poder admirable no sólo haber socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino también el haber previsto el remedio en nuestra misma naturaleza mortal, y así, con lo que fue la causa de nuestra ruina, con eso mismo nos diste la salvación, por Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Los ojos de todos esperan en ti, Señor; y tú les das la comida a su tiempo (Sal 144, 15).

 

Oración después de la comunión.

Renovados, Señor, por el alimento del sagrado Cuerpo y la preciosa Sangre de tu Hijo, concédenos que lo que realizamos con asidua devoción, lo recibamos convertido en certeza de redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.