viernes, 6 de febrero de 2026

 


¿Por qué buscamos a Dios?

Dios ha puesto en nuestro corazón el deseo de buscarle y encontrarle. San Agustín dice: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti». Este deseo y búsqueda de Dios lo denominamos RELIGIÓN.

Para el ser humano es natural buscar a Dios. Todo su afán por la verdad y la felicidad es en definitiva una búsqueda de aquello que lo sostiene absolutamente, lo satisface absolutamente y lo reclama absolutamente. El hombre sólo es plenamente él mismo cuando ha encontrado a Dios. «Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente de ello» (santa Edith Stein).

Evangelio del 7 de febrero 2026 Marcos 6, 30-34

 



En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces, Él les dijo: «Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Reflexión

Jesús reconoce la fatiga de sus discípulos. Nos recuerda que la misión no puede sostenerse sin momentos de silencio, oración y reposo. El descanso también es parte del servicio.

Aunque buscaba un momento de tranquilidad, Jesús no se cierra al clamor de la gente. Su corazón se mueve por la necesidad espiritual de quienes lo siguen.

La multitud no solo necesita pan material, sino también la palabra que da sentido y esperanza. Jesús se convierte en el Pastor que guía y alimenta.

Este texto nos invita a equilibrar la acción con el descanso, y a vivir con un corazón abierto a la compasión. La verdadera misión cristiana nace de la escucha de Dios y se concreta en la entrega generosa a los demás.

jueves, 5 de febrero de 2026

Evangelio del 6 de febrero 2026 Marcos 6, 14-29


 


En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: "Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado".

Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: "No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano". Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, porque sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".

Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?" Su madre le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: "Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo, que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

 

Reflexión

 

Este pasaje narra la muerte de Juan el Bautista, víctima de la injusticia y de la debilidad humana frente al poder y la vanidad. Herodes, aunque reconocía la santidad de Juan y lo escuchaba con gusto, termina cediendo a la presión de su entorno y a la promesa imprudente que había hecho.

Juan denuncia el pecado y, por ello, es perseguido. Su testimonio nos recuerda que la fidelidad a la verdad y a Dios puede traer consecuencias difíciles, pero también es fuente de vida eterna.

Herodes representa al gobernante que, por miedo a perder prestigio, sacrifica la justicia. Nos invita a reflexionar sobre cómo las decisiones tomadas por apariencia o conveniencia pueden tener efectos devastadores.

Juan es ejemplo de coherencia y valentía. Su vida y muerte nos llaman a ser testigos firmes de la fe, incluso cuando el mundo nos presione a callar.

¿Somos capaces de mantenernos fieles a la verdad y al Evangelio, aun cuando ello implique incomodidad o riesgo?

Reflexión 20260208


 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260208 En medio de los desafíos ambientales y sociales que marcan nuestro tiempo, la Iglesia ha querido iluminar el camino de los creyentes con un llamado urgente: el cuidado de la creación como obra de misericordia.

 

Hace unos años, el hoy fallecido Papa Francisco celebró el sínodo de la Amazonia. En él, nos hizo un llamado al "cuidado de la creación" incluida en la lista tradicional de las obras de misericordia. El cuidado de la creación sigue siendo una obra de misericordia urgente y necesaria en la hora presente. De esa luz tenemos que ser portadores y testigos en este momento de tanto maltrato a nuestra casa común. Las urgencias sociales y económicas son numerosas sin duda alguna, pero una manera de expresar nuestro camino penitencial sería modificar nuestro estilo de vida consumista y dispendioso. La compasión hacia los necesitados puede vivirse también de esta manera: existen hombres y mujeres en los países pobres, que están sufriendo más intensamente los efectos del cambio climático. Los pobres son las primeras víctimas de la sequía y los huracanes. Quienes aprendan a tratar amigablemente la obra de la creación estarán iniciando un camino de penitencia y reconciliación con Dios y con sus hermanos.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260208

 



Edad de Oro de los Padres (siglos IV-V). Los historiadores colocan este período entre el Concilio de Nicea (año 325) y el Concilio de Calcedonia (año 451). Es el período más breve, años 325-451. Pero es al mismo tiempo la etapa de mayor esplendor de la literatura patrística. Profundas crisis doctrinales, como la arriana y la pelagiana, perturbaron la Iglesia en esa época. Los Padres de estos tiempos, comprometidos en las grandes discusiones, supieron dar una contribución decisiva a la sistematización de la ciencia teológica y, por lo tanto, a la pureza de la doctrina. En esta época destacan las figuras de san Atanasio, san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Juan Crisóstomo, considerados como los más grandes Padres de la Iglesia Oriental; en la Iglesia de Occidente el dominio indiscutible lo tienen San Jerónimo, el Doctor de las Sagradas Escrituras, San Ambrosio, el Doctor de la independencia de la Iglesia, San Agustín, que no sólo es el Doctor de la Gracia, sino el Doctor universal, el santo obispo que por varios siglos fue el principal inspirador del pensamiento cristiano de Occidente. Es la época de esplendor en el desarrollo de la liturgia, que cristalizará en los diversos ritos que conocemos; es también la época de las grandes controversias teológicas, que obligan a un profundo estudio de la Revelación y permiten formular dogmáticamente la fe; en fin, es la época de un mayor esfuerzo por la total evangelización del mundo antiguo. La fecha de clausura de este período está caracterizada por una gran unidad entre los dos pulmones de la Iglesia, Oriente y Occidente.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260208

 



No podéis imaginaros cómo me aflige el alma al recordar las muchedumbres, que como imponente marea, se congregaban los días de fiesta y ver reducidas ahora a la mínima expresión esas multitudes de antaño! ¿Dónde están ahora los que en las solemnidades nos causan tanta tristeza? Es a éstos a quienes busco, por su causa lloro al caer en la cuenta de la cantidad de ellos que perecen y que estaban salvos, al considerar los muchos hermanos que pierdo, cuando pienso en el reducido número de los que se salvan, hasta el punto de que la mayor parte del cuerpo de la Iglesia se asemeja a un cuerpo muerto e inerte. Pero dirá alguno: ¿Y a nosotros qué? Pues bien, sí les importa muchísimo a ustedes que no se preocupan por ellos, ni los exhortan, ni los ayudan con vuestros consejos; a ustedes que no los hacen sentir su obligación de venir ni los arrastran aunque sea a la fuerza, ni los ayudan a salir de esa grande negligencia. Pues Cristo nos enseñó que no sólo debemos sernos útiles a nosotros, sino a muchos, al llamarnos sal, fermento y luz. Estas cosas, en efecto, son útiles y provechosas para los demás. Pues la lámpara no luce para sí, sino para los que viven en tinieblas: y tú eres lámpara, no para disfrutar en solitario de la luz, sino para reconducir al que yerra. Porque, ¿de qué sirve la lámpara si no alumbra al que vive en las tinieblas? Y ¿cuál sería la utilidad del cristianismo si no ganase a nadie, si a nadie redujera a la virtud? Por su parte, tampoco la sal se conserva a sí misma, sino que mantiene a raya a los cuerpos tendentes a la corrupción, impidiendo que se descompongan y perezcan» (San Juan Crisóstomo [c.347-407]. Homilía 20, 2. Carta a los Romanos).

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A Domingo 8 de febrero 2026

 



ANTÍFONA DE ENTRADA

Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios (Sal 94, 6-7).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA

Te rogamos, Señor, que guardes con incesante amor a tu familia santa, que tiene puesto su apoyo sólo en tu gracia, para que halle siempre en tu protección su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo...

           

Monición: El profeta Isaías nos recuerda que a Dios le son agradables las obras de caridad. No podemos decir "Señor creo en ti" y dejar sin pan y sin una sonrisa del corazón a un hermano con hambre. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Is 58, 7-10)

Del libro del profeta Isaías

Esto dice el Señor: "Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, viste al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano.

Entonces surgirá tu luz como la aurora y cicatrizarán de prisa tus heridas; te abrirá camino la justicia y la gloria del Señor cerrará tu marcha.

Entonces clamarás al Señor y él te responderá; lo llamarás y él te dirá: 'Aquí estoy'.

Cuando renuncies a oprimir a los demás y destierres de ti el gesto amenazador y la palabra ofensiva; cuando compartas tu pan con el hambriento y sacies la necesidad del humillado, brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía". Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 111)

R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

L. Quien es justo, clemente y compasivo, como una luz en las tinieblas brilla. Quienes, compadecidos, prestan y llevan su negocio honradamente, jamás se desviarán. / R.

L. El justo no vacilará; vivirá su recuerdo para siempre. No temerá malas noticias, porque en el Señor vive confiadamente. / R.

L. Firme está y sin temor su corazón. Al pobre da limosna, obra siempre conforme a la justicia; su frente se alzará llena de gloria. / R.

 

Monición: San Pablo nos dice, en la segunda lectura, que cuando llegó a Corinto a predicar a Cristo, utilizó palabras sencillas, nacidas de su corazón lleno de Cristo y abierto al Espíritu Santo. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (1 Cor 2, 1-5)

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

Hermanos: Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado.

Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Jn 8, 12)

R. Aleluya, aleluya. Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: Cristo, en el evangelio, nos dice que el cristiano es "sal de la tierra y luz del mundo". El mundo espera de todos los bautizados que le entreguemos la luz de Cristo con las obras. Escuchemos.

 

EVANGELIO (Mt 5, 13-16)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos".

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, al Padre del Unigénito, al Hijo del Dios eterno y al Espíritu, fuente de todo bien. Oremos diciendo:

TODOS: Haz, Señor, que caminemos por tu senda.

1.         Para la Iglesia inmaculada del Dios verdadero, extendida por todo el mundo, pidamos la plena riqueza del amor de Dios. Roguemos al Señor.

2.         Para los que gobiernan los pueblos, pidamos el espíritu de justicia y el deseo de servir con dedicación a su pueblo. Roguemos al Señor.

3.         Por los débiles que se ven oprimidos y por los justos que sufren persecución, oremos a Jesús, el Salvador. Roguemos al Señor.

4.         Para nosotros mismos, pidamos al Señor un temor filial, un amor ferviente, una vida feliz y una santa muerte. Roguemos al señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Dios nuestro, que has manifestado cómo tu sabiduría está por encima de la prudencia del mundo, escucha nuestras oraciones y haz que comprendamos el verdadero espíritu del Evangelio, y así nos convirtamos en luz del mundo y sal de la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor Dios nuestro, que has creado los frutos de la tierra sobre todo para ayuda de nuestra fragilidad, concédenos que también se conviertan para nosotros en sacramento de eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El día del Señor

En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, anhelando el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces podremos contemplar tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia. Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace en favor de su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los hambrientos (Cfr. Sal 106, 8-9).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor Dios, que quisiste hacernos participar de un mismo pan y un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera que, hechos uno en Cristo, demos fruto con alegría para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Evangelio del 5 de febrero 2026 Lucas 9, 23-26

 



En aquel tiempo, Jesús le dijo a la multitud: "Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?

Por otra parte, si alguien se avergüenza de mí y de mi doctrina, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga revestido de su gloria y de la del Padre y de la gloria de los santos ángeles".

Reflexión

Seguir a Jesús no ocurre en un vacío espiritual; sucede mientras caminamos hacia el trabajo, usamos el celular o nos cruzamos con desconocidos. La "cruz de cada día" son nuestros sacrificios, nuestra paciencia y nuestra fidelidad en un mundo que a menudo corre en dirección contraria.

En una cultura que nos empuja constantemente a "ganar el mundo" (fama, éxito, posesiones), la figura de Cristo nos invita a soltar el ego para encontrar una vida con propósito real.

El texto advierte sobre avergonzarse de Él. Caminar con coherencia cristiana hoy requiere valentía; es ser luz en medio del ruido y la indiferencia de la multitud.

Al final, la pregunta que nos deja esta escena es: En medio de mi rutina y mis afanes, ¿estoy caminando al paso de Jesús o simplemente soy un espectador más en la multitud?

lunes, 2 de febrero de 2026

Evangelio del 3 de febrero 2026 Marcos 5, 21-43

 

 


En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

 

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de sus hemorragias y sintió en su cuerpo que estaba curada.

 

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: «¿Quién me ha tocado?»" Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

 

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

 

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

 

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Reflexión

Este pasaje nos muestra a Jesús como Señor de la vida y de la esperanza. Dos historias se entrelazan: una mujer herida desde hace años y una niña al borde de la muerte. Ambas comparten algo esencial: la fe que se atreve a acercarse a Jesús.

La mujer toca su manto con confianza silenciosa; Jairo suplica con fe perseverante. Jesús se deja “interrumpir”, se detiene ante el sufrimiento concreto y responde con ternura: “No temas, basta que tengas fe”.

 

Aquí descubrimos que para Jesús nadie es invisible, que el tiempo de Dios no se mide por la prisa humana y que la fe abre camino incluso cuando todo parece perdido. Donde hay confianza en Él, la vida vuelve a levantarse.


¿Para qué estamos en la tierra?

 


Estamos en la tierra para conocer y amar a Dios, para hacer el bien según su voluntad y para ir un día al cielo.

Ser hombre quiere decir: venir de Dios e ir hacia Dios. Tenemos un origen más remoto que nuestros padres. Venimos de Dios, en quien reside toda la felicidad del Cielo y de la Tierra, y somos esperados en su bienaventuranza eterna e ilimitada. Mientras tanto vivimos en la tierra. A veces experimentamos la cercanía de nuestro Creador, con frecuencia no experimentamos nada en absoluto. Para que podamos encontrar el camino a casa, Dios nos ha enviado a su Hijo, que nos ha liberado del pecado, nos ha salvado de todo mal y nos conduce infaliblemente a la verdadera vida.

Él es «el camino y la verdad y la vida» (Jn 14,6).


domingo, 1 de febrero de 2026

Evangelio del 2 de febrero 2026 Lucas 2, 22-40

 



Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo,

según lo que me habías prometido,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,

al que has preparado para bien de todos los pueblos;

luz que alumbra a las naciones

y gloria de tu pueblo, Israel".

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

 

Reflexión

 

A pesar de ser el Hijo de Dios, María y José actúan como una familia observante que cumple con la Ley de Moisés. La mención de "un par de tórtolas o dos pichones" revela su pobreza material, pues era la ofrenda permitida para quienes no podían costear un cordero. Es un recordatorio de que Dios entra al mundo desde la sencillez.

El centro del relato es el encuentro con dos ancianos que representan la esperanza de Israel:

Simeón: Movido por el Espíritu Santo, reconoce en el niño la "Luz para iluminar a las naciones". Su oración (el Nunc Dimittis) es la satisfacción de quien ya puede morir en paz porque sus ojos han visto la salvación.

Ana: La profetisa que, con su oración y ayuno constante, simboliza la fidelidad. Ella no se guarda la noticia, sino que habla del niño a todos los que buscaban la liberación.

No todo es alegría triunfal. Simeón le advierte a María que el niño será "señal de contradicción" y que una espada le traspasará el alma. Este es un anuncio temprano de la Pasión: la salvación no vendrá sin sacrificio, y la misión de Jesús obligará a cada persona a definir su postura ante Él.

En resumen: Este pasaje nos invita a reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano y a mantener una "espera activa", confiando en que las promesas se cumplen, aunque sea de formas humildes y desafiantes.

viernes, 30 de enero de 2026

Evangelio del 31 de enero 2026 Marcos 4, 35-41

 



Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: "Vamos a la otra orilla del lago". Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: "¡Cállate, enmudece!"

Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: "¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?" Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: "¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?"

 

Reflexión

 

Este pasaje nos recuerda que incluso en medio de las tormentas más intensas de la vida, Jesús permanece presente y tiene poder para traer calma. Los discípulos, aterrados por el viento y las olas, olvidan quién está con ellos en la barca. Su miedo revela su falta de confianza, pero también nos muestra que es humano dudar cuando todo parece perdido.

La respuesta de Jesús —“¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?”— nos interpela directamente. Nos invita a mirar más allá del caos y a reconocer que la fe no elimina las tormentas, pero sí transforma cómo las enfrentamos. Tener a Cristo en nuestra barca no significa que no habrá viento, sino que nunca estaremos solos.

jueves, 29 de enero de 2026

Evangelio del 30 de enero 2026 Marcos 4, 26-34



En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha".

Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra".

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Reflexión

Este pasaje nos recuerda que el Reino de Dios crece de manera sencilla y silenciosa. Muchas veces no vemos resultados inmediatos, pero Dios actúa incluso cuando no lo percibimos. Nuestra tarea es sembrar con fe y constancia, confiando en que Él hará crecer lo que parece pequeño.

La parábola del grano de mostaza nos anima a no perder la esperanza: lo humilde y frágil puede transformarse en algo grande y lleno de vida. Dios obra desde lo pequeño, invitándonos a confiar, esperar y creer que su amor siempre da fruto a su tiempo. 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260201

 


Nadie disfruta vivir una existencia marcada por la adversidad y la marginación. Si las bienaventuranzas felicitan a los pobres, a los sufrientes y a los hambrientos, no es con la intención de propagar ningún tipo de resignación o pasividad. Al contrario, el genuino mensaje de las bienaventuranzas es un acicate a favor de la esperanza activa y del compromiso en pro de la paz con justicia. Como bien señala el mismo Señor Jesús, los discípulos sensatos son quienes escuchan este mensaje gozoso y paradójico y no obstante los riesgos y dificultades, lo ponen en práctica. Los insensatos se desentienden y a lo sumo lo explican, lo predican y desafortunadamente, lo entierran entre los recuerdos nostálgicos de unos ideales que nunca intentaron concretar.

RAÍCES DE NUESTRA FE 1 FEBRERO 2026




Período inicial de los Padres de la Iglesia (siglos 1-11). A/ período de los Padres de la Iglesia los especialistas los dividen en tres. Cada uno de estos tiene una extensión cronológica muy desigual: no todos se dividen en tiempos iguales. Esto no impide la importancia doctrinal que todos estos períodos encierran. Iniciamos con el primer período: Periodo de los orígenes. Esta etapa termina con el Concilio de Nicea (año 325). Es la etapa que más interesa a la crítica moderna, por contener los orígenes del cristianismo. A este período pertenecen los llamados «Padres Apostólicos», cuyos escritos, aunque carentes de valor literario o filosófico, reflejan el eco inmediato de la predicación apostólica, ofreciendo un cuadro auténtico e inmediato de la vida, de los sentimientos, de las aspiraciones y de las ideas de las primeras comunidades cristianas esparcidas por la cuenca oriental del Mediterráneo entre los siglos I y ll de nuestra era. Los patrólogos opinan que la carta de Clemente de Roma a la comunidad de Corinto, escrita alrededor de los años 96-98 d.C., es el documento patrístico más antiguo. Estos Santos Padres nos informan el cómo se entendió, se constituyó y se organizó la Iglesia fundada por Cristo. La autoridad de estos Padres sólo es compartida parcialmente por los «Padres Apologistas» de los siglos siguientes. Por otra parte, estos últimos ofrecen los primeros ejemplos de sistematización doctrinal, que los convierten en verdaderos precursores de los grandes maestros de la «época de oro» de los Padres.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260201

 



«Viendo la muchedumbre, subió al monte... Subió a un monte porque colocado en la cumbre de la majestad del Padre dio los preceptos celestiales de la vida. Bienaventurados los mansos... i- El Señor ofrece a los mansos la posesión de la tierra, esto es, de su cuerpo, aquel que Él mismo tomó. Y como por la mansedumbre de nuestro corazón habita Jesucristo en nosotros, cuando esto sucede, también quedamos adornados con la gloria de su i- cuerpo. Bienaventurados los que lloran... Se llaman llorantes, no los que se entristecen llorando la orfandad o las afrentas u otros daños, sino los que lloran sus pecados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia... Ofrece la bienaventuranza a los que tienen hambre y sed de justicia, manifestando que el perfecto conocimiento de Dios es el que constituye la avidez de los santos que no puede saciarse hasta que no habiten en el cielo, Y esto es lo que se expresa con aquellas palabras: porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos... Tanto se complace Dios en nuestra bondad para con todos, que ofrece su misericordia sólo a los que son misericordiosos. Bienaventurados los que trabajan por la paz. La bienaventuranza de los pacíficos es el premio de su adopción. Y por ello se dice: Porque serán llamados hijos de Dios. El padre de todos es solamente Dios, y no se puede entrar a formar parte de su familia si no vivimos en paz mutuamente por medio de la caridad fraterna. Bienaventurados los perseguidos... Así cuenta en la última bienaventuranza a todos los que sufren todas las cosas por Jesucristo, se reserva el Reino de los Cielos a éstos, porque en el desprecio de las cosas del mundo son verdaderos pobres de espíritu» (San Hilario de Poitiers [c.310-368]. Evangelio de san Mateo, 4).

 

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A Domingo 1 de febrero 2026


 


ANTÍFONA DE ENTRADA

Sálvanos, Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y nuestra gloria sea alabarte (Sal 105, 47).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA

Concédenos, Señor Dios nuestro, adorarte con toda el alma y amar a todos los hombres con afecto espiritual. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

            Monición: Son los pobres y humildes de corazón que confían en Dios los que están a salvo del "Día del Señor". Es a partir de "este puñado de gente pobre y humilde" desde la que Dios construye una nueva sociedad. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Sof 2, 3; 3, 12-13)

Del libro del profeta Sofonías

Busquen al Señor, ustedes los humildes de la tierra, los que cumplen los mandamientos de Dios. Busquen la justicia, busquen la humildad. Quizá puedan así quedar a cubierto el día de la ira del Señor.

"Aquel día, dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor. No cometerá maldades ni dirá mentiras; no se hallará en su boca una lengua embustera. Permanecerán tranquilos y descansarán sin que nadie los moleste".

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 145)      

R. Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

L. El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo. / R.

L. Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado. / R.

L. A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos. / R.

           

Monición: San Pablo invita a la comunidad a revisar si sus criterios están de acuerdo con los de Dios. Hagamos propia la frase del Apóstol, "Por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús". Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (1 Cor 1, 26-31)

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

Hermanos: Consideren que entre ustedes, los que han sido llamados por Dios, no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, según los criterios humanos. Pues Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.

En efecto, por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús, a quien Dios hizo nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra redención. Por lo tanto, como dice la Escritura: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.

 Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Mt 5, 12)

R Aleluya, aleluya. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.

R. Aleluya, aleluya.

           

Monición: En el evangelio escucharemos las Bienaventuranzas en las que Jesús nos propone el camino de la verdadera felicidad; es el camino para poseer el Reino de Dios que Jesús anuncia con su persona y misión. Escuchemos.

 

EVANGELIO (Mt 5, 1-12)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo:

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos". Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Invoquemos, hermanos, con corazón unánime y plegaria ferviente, a Dios Padre, fuente y origen de todo bien. Oremos diciendo:

TODOS: Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

1.         Por la santa Iglesia, reunida aquí en el nombre del Señor y extendida por todo el mundo. Roguemos al Señor.

2.         Por nuestro pueblo, por su prosperidad y por todos los que en él moran. Roguemos al Señor.

3.         Por los que están de viaje, por los enfermos y prisioneros, por los pobres y por todos los que sufren. Roguemos al Señor.

4.         Por nuestros hermanos difuntos, para que Dios los reciba en su reino de luz y felicidad. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Dios nuestro, que has prometido a los pobres y humildes la felicidad del reino eterno, escucha nuestras oraciones y no permitas que tus fieles se dejen seducir por los engaños del mundo, antes bien, a semejanza de los humildes del Evangelio, sigan con fidelidad al Señor y experimenten así la fuerza de su Espíritu. Por Cristo, nuestro Señor.

 TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, complacido, estos dones que ponemos sobre tu altar en señal de nuestra sumisión a ti y conviértelos en el sacramento de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

La creación alaba al Señor

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo y sálvame por tu misericordia. A ti, Señor, me acojo, que no quede yo nunca defraudado (Cfr. Sal 30, 17-18).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te rogamos, Señor, que, alimentados con el don de nuestra redención, este auxilio de salvación eterna afiance siempre nuestra fe en la verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.