lunes, 20 de abril de 2026

¿LAS LEYES DE LA NATURALEZA Y LAS ORDENACIONES NATURALES TAMBIÉN PROCEDEN DE DIOS?

 


Sí. También las leyes de la naturaleza y las ordenaciones naturales pertenecen a la Creación de Dios.

 El hombre no es una hoja en blanco. Está marcado por el orden y las leyes del ser que Dios ha inscrito en su Creación. Un cristiano no hace, sin más, «lo que quiere». Sabe que se perjudica a sí mismo y a su entorno cuando niega las leyes naturales, usa de las cosas contra su orden interno y quiere ser más listo que Dios, quien las creó. Sobrepasa la capacidad del hombre el pretender hacerse a sí mismo desde cero.

Evangelio del 21 de abril 2026 Juan 6, 30-35

 



En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".

Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".

Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed".

Comentario

El pasaje de Juan muestra a la multitud pidiendo a Jesús una señal para creer, comparándolo con Moisés y el maná en el desierto. Sin embargo, Jesús los lleva a un nivel más profundo: no se trata solo de un milagro material, sino de reconocer que Dios mismo es quien da el verdadero alimento.

Jesús revela que Él es el “pan de vida”, es decir, el alimento que sacia el hambre más profunda del ser humano: el sentido, la esperanza y la vida eterna. Mientras el maná sostenía el cuerpo por un tiempo, Jesús ofrece una vida que no se agota.

Este texto invita a pasar de buscar solo soluciones inmediatas o materiales, a descubrir en Jesús la respuesta plena a nuestras necesidades más hondas. Creer en Él no es solo aceptar una idea, sino confiar y acercarse, sabiendo que en Él nunca quedaremos vacíos.

domingo, 19 de abril de 2026

Evangelio del 20 de abril 2026 Juan 6, 22-29

 



Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".
Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado".
 
Comentario
 
La gente busca a Jesús después del milagro de los panes, pero Él les invita a ir más allá de lo material. Les enseña que no deben trabajar solo por el alimento que perece, sino por el que da vida eterna. El centro del mensaje es claro: la verdadera “obra de Dios” es creer en Aquel que Él ha enviado. Es una llamada a pasar de una fe superficial a una relación más profunda y confiada con Dios.

viernes, 17 de abril de 2026

Reflexión 20260419 Los discípulos basaban su fe en las señales y el poder visible de Jesús en Galilea.


 

Evangelio del 18 de abril 2026 Juan 6, 16-21

 



Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: "Soy yo, no tengan miedo". Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

Comentario

El pasaje narra cómo los discípulos, en medio de la oscuridad y el mar agitado, ven a Jesús acercarse caminando sobre las aguas. Este momento revela su poder divino y su presencia que disipa el miedo: cuando Él dice “Soy yo, no teman”, la tormenta se transforma en calma.

El texto simboliza la fe que vence el temor y la certeza de que, incluso en medio de las dificultades, Cristo se acerca para traer paz y seguridad.

jueves, 16 de abril de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260419

 

El entusiasmo religioso que experimentaron los discípulos ante las numerosas señales que Jesús cumplió durante su ministerio galileo, modificó su comprensión acerca de la identidad del Maestro. Estaban ciertos que Jesús de Nazaret era un profeta poderoso en obras y palabras. Cuando ese profeta enviado por Dios terminó sus días aparentemente abandonado en la cruz, los discípulos quedaron sumidos en un profundo desconsuelo. Los discípulos lograron liberarse de esa crisis de sentido gracias a las generosas manifestaciones del Señor resucitado. La esperanza cristiana acerca de la resurrección de Cristo no es una cuestión teórica, sino una vivencia imprescindible en la vida de los discípulos. A partir de esa confianza, podremos fortalecer nuestro espíritu para enfrentar esta hora tan dolorosa que atraviesa nuestro país.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260419

 



<<Salieron Pedro y aquel otro discípulo y vinieron al sepulcro... Hay que advertir aquí y tener muy en cuenta la recapitulación que hace volviendo a lo que había dejado, poniéndolo, no obstante, como sucedido después. Porque, habiendo dicho que llegaron al sepulcro, se vuelve atrás para decir cómo llegaron: Corrían los dos simultáneamente... Donde manifiesta que, corriendo con mayor velocidad, llegó primero aquel otro discípulo, que, siendo él mismo, lo cuenta todo como si se tratase de otro. Y, habiéndose inclinado, vio colocadas las envolturas, mas no entró. Vino en pos de él Simón Pedro y entró en el sepulcro... ¿Vamos a pensar que estas cosas no tienen significación alguna? Jamás lo hubiera yo pensado. Pero vamos apresuradamente a otras cosas en las que nos obliga a detenernos la necesidad de resolver alguna dificultad o de dar alguna aclaración. Detenerse a averiguar el significado de cada una de estas cosas es ciertamente delicioso; pero para aquellos que disponen del tiempo que a nosotros nos es tan escaso. Entonces entró también aquel discípulo que había llegado primero al sepulcro. Llegó el primero, mas entró el segundo. Tampoco esto está vacante de misterio, pero para esto yo no estoy vacante. Dice: Y vio y creyó. Algunos, leyendo con poca atención, juzgan que Juan creyó que Jesús había resucitado, mas no lo indica así lo que sigue. Porque ¿qué indica lo que después añadió: No conocían aún la Escritura, que era conveniente que Él resucitase de entre los muertos? Luego no creyó que hubiera resucitado, ya que no sabía que era conveniente que Él resucitase. Pues ¿qué vio, qué creyó? Vio el sepulcro vacío y creyó lo que la mujer había dicho» (San Agustín [354-430]. Tratado 120 del Evangelio de Juan).

RAÍCES DE NUESTRA FE «Explicación del Símbolo apostólico»

 

«Explicación del Símbolo apostólico» (2). 

Este Credo está formulado bíblicamente. Es un tejido de textos de la Escritura, donde es clara la estructura trinitaria. En cada artículo del Credo se debe ir a la Biblia como fundamento. San Ambrosio parece que hace implícitamente este silogismo: si la Escritura es apostólica y el símbolo se basa en la Escritura, el símbolo tiene autoridad apostólica. San Ireneo y Orígenes sostenían la autoridad apostólica de este «Símbolo», aunque desconocían el momento de su composición. «Por tanto, los santos apóstoles reunidos y juntos hicieron un breve símbolo. ¡Haced el signo de la cruz! (Después de la introducción, el obispo invitaba a hacer la señal de la cruz. La praxis cotidiana de la signación existía ya en esa época. A partir del siglo III la signación, se había introducido en la liturgia. Es un signo de confesión de la fe y de salvación). Hecho el signo de la cruz, se recita el símbolo. En éste se expresa de modo clarísimo la divinidad de la eterna Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que obran inseparablemente, es decir, la adorable Trinidad. Nuestra fe es tal que creemos del mismo modo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Donde no hay distinción de majestad tampoco debe haber diferencia en la fe. Luego, les he recordado frecuentemente que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, fue el único que asumió esta carne con un alma racional y perfecta y una forma corpórea» (San Ambrosio [c. 340-397]. Explicación del Símbolo de los Apóstoles 2-3).


III DOMINGO DE PASCUA Domingo 19 de Abril 2026

 



 

ANTÍFONA DE ENTRADA.

Aclama a Dios, tierra entera. Canten todo un himno a su nombre, denle gracias y alábenlo. Aleluya (Cfr. Sal 65, 1-2).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA.

Dios nuestro, que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido, para que, al alegrarse hoy por haber recobrado la dignidad de su adopción filial, aguarde seguro con gozosa esperanza el día de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: En la primera lectura san Pedro nos presenta el misterio central de la vida de Cristo, fue entregado a la muerte, ha resucitado y afirma ante el pueblo, "de esto nosotros somos testigos". Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA. (Hech 2, 14. 22-33)

Del libro de los Hechos de los Apóstoles

El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los Once, ante la multitud, y levantando la voz, dijo: "Israelitas, escúchenme. Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes, mediante los milagros, prodigios y señales que Dios realizó por medio de él y que ustedes bien conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado, y ustedes utilizaron a los paganos para clavarlo en la cruz.

Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, ya que no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. En efecto, David dice, refiriéndose a él: Yo veía constantemente al Señor delante de mí, puesto que él está a mi lado para que yo no tropiece. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua se alboroza; por eso también mi cuerpo vivirá en la esperanza, porque tú, Señor, no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que tu santo sufra la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida y me saciarás de gozo en tu presencia.

Hermanos, que me sea permitido hablarles con toda claridad. El patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética habló de la resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte ni sufrió la corrupción.

Pues bien, a este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido a él y lo ha comunicado, como ustedes lo están viendo y oyendo". Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL. (Sal 15)

R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

L. Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos. / R.

L. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré. / R.

L. Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la corrupción. / R.

L. Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti. / R.

 

            Monición: San Pedro, en la segunda lectura, pide a la comunidad fidelidad a Cristo en su peregrinar por la tierra, llevando una vida nueva como respuesta al rescate pagado por la preciosa sangre de Cristo. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA. (1 Pedro 1, 17-21)

De la primera carta del apóstol san Pedro

Hermanos: Puesto que ustedes llaman Padre a Dios, que juzga imparcialmente la conducta de cada uno según sus obras, vivan siempre con temor filial durante su peregrinar por la tierra.

Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir, heredada de sus padres, los ha rescatado Dios, no con bienes efímeros, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, al cual Dios había elegido desde antes de la creación del mundo y, por amor a ustedes, lo ha manifestado en estos tiempos, que son los últimos. Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO. (Cfr. LC 24, 32)

R. Aleluya, aleluya. Señor Jesús, haz que comprendamos las Escrituras. Enciende nuestro corazón mientras nos hablas. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: A los discípulos de Emaús, que regresaban tristes a casa después de la crucifixión de Cristo, se les abrieron los ojos cuando vieron al "desconocido" tomar el pan, pronunciar la bendición, partirlo y dárselo. Escuchemos.

 

EVANGELIO. (LC 24, 13-35)

Del santo Evangelio según san Lucas A. Gloria a ti, Señor.

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?".

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?". Él les preguntó: "¿Qué cosa?". Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?". Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL.

Sacerdote: Invoquemos, amados hermanos, a Cristo, triunfador del pecado y de la muerte, que siempre intercede por nosotros, y digámosle:

TODOS: Dador de la vida, escúchanos.

I. Para que Cristo, el Señor, atraiga hacia sí el corazón de los fieles y fortalezca sus voluntades, de manera que busquen los bienes de allá arriba, donde Él está sentado a la derecha de Dios. Roguemos al Señor.

2.         Para que Cristo, amo supremo de la creación, haga que todos los pueblos gocen abundantemente de la paz que en sus apariciones otorgó a los discípulos. Roguemos al Señor.

3.         Para que Cristo, el destructor de la muerte y el médico de toda enfermedad, se compadezca de los débiles y aleje del mundo el hambre, las guerras y todos los males. Roguemos al Señor.

4.         Para que Cristo bendiga nuestra parroquia (comunidad), y conceda la paz, la alegría y el descanso a los que hoy nos hemos reunido aquí para celebrar su triunfo. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Dios nuestro, que en este día has reunido a tu Iglesia que peregrina por el mundo, escucha nuestra oración y abre nuestros corazones para que entendamos las Escrituras y reconozcamos a tu Hijo al partir el pan. Él, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

Recibe, Señor, los dones que, jubilosa, tu Iglesia te presenta, y puesto que es a ti a quien debe su alegría, concédele también disfrutar de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El Misterio Pascual

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca (en esta noche) (en este día) (en este tiempo), en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.

Los discípulos reconocieron al Señor Jesús, al partir el pan. Aleluya (LC 24, 35).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo, al que te has dignado renovar con estos misterios de vida eterna, y concédele llegar un día a la gloria incorruptible de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

           

Evangelio del 17 de abril 2026 Juan 6, 1-15

 



En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto las señales milagrosas que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver la señal milagrosa que Jesús había hecho, decía: "Este es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.

Comentario

El evangelio de hoy nos presenta el signo de la multiplicación de los panes, un momento en el que Jesús responde a una necesidad muy concreta: el hambre de la multitud. No se trata solo de un milagro material, sino de una enseñanza profunda sobre la confianza y la generosidad.

Jesús toma lo poco que hay —cinco panes y dos peces— y, dando gracias, lo comparte. Esto nos muestra que, en sus manos, incluso lo pequeño puede transformarse en abundancia. El gesto del niño que ofrece su alimento también es significativo: compartir, aunque parezca insuficiente, puede ser el inicio de algo mucho mayor.

Además, el texto revela la preocupación de Jesús por las personas en su totalidad, no solo en lo espiritual, sino también en sus necesidades humanas. Él no ignora el hambre, sino que actúa con compasión.

Finalmente, cuando la gente quiere proclamarlo rey, Jesús se retira. Esto indica que su misión no es el poder político ni el reconocimiento humano, sino revelar el amor de Dios y enseñar un camino distinto, basado en la entrega y el servicio.

El pasaje nos invita a confiar, a compartir lo que tenemos y a reconocer que la verdadera abundancia nace cuando ponemos nuestra vida en manos de Dios.

Evangelio del 16 de abril 2026 Juan 3, 31-36

 



"El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él".

Comentario

Jesús, se afirma que Él “viene de lo alto”, lo que lo coloca por encima de todo lo terrenal. Mientras los seres humanos hablamos desde nuestra experiencia limitada, Jesús habla desde Dios mismo, porque comparte plenamente su vida y su verdad.

Sin embargo, el texto también señala una realidad difícil: no todos aceptan su testimonio. Creer en Jesús no es solo aceptar una idea, sino reconocer que en Él Dios se revela plenamente. Quien acoge su palabra entra en una relación viva con Dios.

El pasaje culmina con una afirmación central: quien cree en el Hijo tiene vida eterna. No se trata solo de una promesa futura, sino de una vida nueva que comienza desde ahora. En cambio, rechazar al Hijo es cerrarse a esa vida y permanecer lejos de Dios.

Este texto nos invita a confiar en Jesús, a escuchar su palabra con apertura y a vivir desde esa fe que nos conduce a la vida verdadera.

martes, 14 de abril de 2026

Evangelio del 15 de abril 2026 Juan 3, 16-21



"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que crea en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios".

Comentario

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.”

Este versículo resume la lógica del amor divino: Dios no actúa desde la condena, sino desde la entrega. El envío del Hijo no es un gesto de juicio, sino de salvación. La fe, entonces, no se reduce a aceptar una doctrina, sino a abrirse a la luz que transforma la existencia.

Jesús es la luz que ha venido al mundo, pero cada persona decide si se acerca a ella o se refugia en las sombras. La “condena” no proviene de Dios, sino del rechazo voluntario a la verdad y al amor. En otras palabras, el juicio se realiza en el presente, en la actitud ante la luz.

Este texto invita a mirar la fe como una respuesta libre y amorosa: creer no es temer el castigo, sino aceptar el don de la vida eterna que comienza ya, en la comunión con Dios y en la práctica del bien.

Evangelio del 14 de abril 2026 Juan 3, 7-15

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: "No te extrañes de que te haya dicho: 'Tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu". Nicodemo le preguntó entonces: "¿Cómo puede ser esto?"

Jesús le respondió: "Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna".

Comentario

El pasaje forma parte del diálogo entre Jesús y Nicodemo y habla del nuevo nacimiento, de la fe y del misterio de Dios.

Jesús le dice: “Tienen que nacer de nuevo”. No se refiere a un nacimiento físico, sino a una transformación interior. Es un llamado a cambiar el corazón, a abrirse a la acción del Espíritu. Así como el viento sopla y no sabemos de dónde viene ni a dónde va, también el Espíritu actúa de manera invisible pero real en la vida de las personas.

Nicodemo, que representa al que busca entender con la lógica, se confunde. Jesús le hace ver que no todo lo de Dios se puede comprender con la razón humana: hay que creer y confiar.

Luego Jesús habla de su propia misión: el Hijo del Hombre será “elevado”, haciendo referencia a su muerte en la cruz. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto para salvar al pueblo, Jesús será levantado para dar vida eterna a quienes crean en Él.

domingo, 12 de abril de 2026

Evangelio del 13 de abril 2026 Juan 3, 1-8

 



Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer las señales milagrosas que tú haces, si Dios no está con él".

Jesús le contestó: "Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios". Nicodemo le pregunto: "¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?"

Le respondió Jesús: "Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: 'Tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu".

 

Comentario

El evangelio de hoy nos presenta el encuentro entre Jesús y Nicodemo, un hombre sabio y respetado, pero que aún busca comprender más profundamente el misterio de Dios. Este diálogo ocurre de noche, lo cual no solo describe el momento del día, sino también simboliza la búsqueda interior, las dudas y la necesidad de luz espiritual.

Jesús introduce una idea fundamental: “nacer de nuevo”. No se trata de un nacimiento físico, como piensa Nicodemo, sino de una transformación interior. Es un llamado a renovarse desde lo más profundo del corazón, a dejar atrás lo viejo para abrirse a una vida nueva en Dios.

Cuando Jesús habla de “nacer del agua y del Espíritu”, señala la acción de Dios en la vida humana: el agua como signo de purificación y el Espíritu como fuerza que da vida. Este nuevo nacimiento no depende solo del esfuerzo humano, sino de la gracia divina que actúa en lo invisible.

La comparación con el viento es muy hermosa: el viento sopla donde quiere, no lo vemos, pero sentimos sus efectos. Así es el Espíritu: actúa de manera misteriosa, libre y poderosa en la vida de cada persona.

En conjunto, este texto nos invita a:

Abrirnos al cambio interior

Confiar en la acción del Espíritu

Buscar una fe más profunda, no solo intelectual, sino vivida

Es un llamado a dejar que Dios renueve nuestra vida desde dentro, para vivir con una mirada nueva, llena de fe y esperanza.

viernes, 10 de abril de 2026

Evangelio del 11 de abril 2026 Marcos 16, 9-15

 



Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después de esto se apareció en otra forma, a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.

Por último se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura".

Comentario

Cuando Jesús se aparece primero a María Magdalena, se revela como el Señor que vence la muerte y devuelve la vida. Ella se convierte en la primera testigo del Resucitado, símbolo de la fe que nace del encuentro personal con Cristo. Luego, al aparecerse a los discípulos, Jesús los reprende por su incredulidad, pero inmediatamente los envía: “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda criatura.”

Este mandato une dos dimensiones inseparables: la experiencia de la fe y la responsabilidad de compartirla. El creyente no puede guardar para sí la alegría del Resucitado; está llamado a ser testigo vivo de la esperanza.

Podríamos decir que este pasaje resume la esencia del cristianismo: encuentro, conversión y misión. 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260412

 

Las circunstancias en que vivía la comunidad primitiva de Jerusalén y las nuestras son totalmente distintas. No obstante, la misión fundamental sigue siendo idéntica. Vivir como discípulos de Jesús de forma congruente y creíble. Aquellos primeros hermanos fundamentaban su vida cristiana en la liturgia, la eucaristía, la evangelización y la comunión solidaria con los necesitados. Nada de eso podemos olvidar. La misión cristiana sigue siendo la misma. En la coyuntura de violencia, maltrato a la Casa Común y rechazo a los emigrantes que observamos en nuestra sociedad, tenemos que encontrar la manera de conectar nuestras convicciones creyentes, con nuestras actitudes responsables y solidarias con los necesitados. El clamor de la creación y de la humanidad no puede ser ignorado por un discípulo de Jesús.

 

 

RAÍCES DE NUESTRA FE 12 de abril 2026 Los Credos de la Iglesia


 

Símbolo de los Apóstoles 

«Explicación del Símbolo apostólico» (1). Este título corresponde a un escrito-de san Ambrosio. Es el primer documento escrito que nos permite reconstruir la fórmula del Símbolo de la fe. En ese tiempo la Cuaresma era el período de preparación próxima al bautismo e implicaba un trabajo de instrucción intensa, constante y metódica, tanto por parte de los catecúmenos como de los obispos y presbíteros. En la Iglesia de Milán, por la importancia de la preparación catequética, era tarea reservada al obispo. La seriedad de la preparación de los catecúmenos hace comprensible que el obispo asumiera personalmente dicha tarea. La emprendía como uno de sus principales deberes pastorales: formar y encaminar por el camino recto a los nuevos cristianos. De esta «Explicación del Símbolo Apostólico» escogeremos algunos párrafos. «Los santos apóstoles, reunidos juntos, hicieron el compendio de la fe para que comprendiéramos rápida y brevemente todas las verdades de la fe. La brevedad es necesaria para poder conservarlas siempre en la memoria y en el recuerdo. Sé que, sobre todo en las zonas de Oriente, unos por fraude y otros por celo -por fraude los herejes, por celo los católicos-; unos, intentando insinuarse mediante el engaño, añadieron lo que no se debía a las verdades transmitidas primeramente por nuestros mayores; mientras que los otros, por el empeño de evitar los fraudes, parece que superaron abiertamente, por una especie de piedad o de ligereza, los límites establecidos por los antiguos» (San Ambrosio [c. 340-397]. Explicación del Símbolo de los Apóstoles 2-

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260412



«Aquel mismo día, primero de la semana... vino Jesús y se puso de pie en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros. Y habiendo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los clavos taladraron sus manos, y la lanza abrió su costado, y en ellos conservó las señales de sus heridas para curar la duda de sus corazones. Las puertas cerradas no fueron obstáculos a la mole de aquel cuerpo, en el cual estaba la divinidad. Sin abrirlas solamente pudo entrar Aquel que en su nacimiento conservó intacta la integridad de la Virgen. Se alegraron los discípulos con la vista del Señor. Les dijo, pues, otra vez: la paz sea con vosotros. Esta repetición es la confirmación. Él mismo dio la paz sobre la paz, prometida por el profeta. Luego dice: Así como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Ya sabemos que el Hijo es igual al Padre, mas aquí reconocemos las palabras del Mediador. Él se ha puesto en el medio, diciendo: Él a mí y yo a vosotros. Y habiendo dicho esto, sopló y les dijo: recibid al Espíritu Santo. Con ese soplo manifestó que el Espíritu Santo es no sólo Espíritu del Padre, sino también suyo. A quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retuviereis, les serán retenidos. La caridad de la Iglesia, que por el Espíritu Santo es infundida en nuestros corazones, perdona los pecados de quienes de ella participan, reteniéndoselos a quienes de ella no participan; y por eso, después de decir: Recibid al Espíritu Santo inmediatamente añadió esto sobre la remisión y retención de los pecados» (San Agustín [354-430]. Tratado 121 del Evangelio de san Juan).

II DOMINGO DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA Domingo 12 de abril 2026

 


 


ANTÍFONA DE ENTRADA.

Como niños recién nacidos, anhelen una leche pura y espiritual que los haga crecer hacia la salvación. Aleluya (1 Pe 2, 2).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA.

 Dios de eterna misericordia, que reanimas la fe de este pueblo a ti consagrado con la celebración anual de las fiestas pascuales, aumenta en nosotros los dones de tu gracia, para que todos comprendamos mejor la excelencia del bautismo que nos ha purificado, la grandeza del Espíritu que nos ha regenerado y el precio de la Sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

            Monición: San Lucas nos presenta los trazos esenciales de unidad que identifican a la primera comunidad cristiana nacida de la fe en Cristo Resucitado, "los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común". Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA. (Hech 2, 42-47)

Del libro de los Hechos de los Apóstoles

En los primeros días de la Iglesia, todos los que habían sido bautizados eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. Toda la gente estaba llena de asombro y de temor, al ver los milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Y el Señor aumentaba cada día el número de los que habían de salvarse. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL. (Sal 117)

R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

L. Diga la casa de Israel: "Su misericordia es eterna". Diga la casa de Aarón: "Su misericordia es eterna". Digan los que temen al Señor: "Su misericordia es eterna". / R.

L. Querían a empujones derribarme, pero Dios me ayudó. El Señor es mi fuerza y mi alegría, en el Señor está mi salvación. / R.

L. La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. / R.

 

Monición: San Pedro, en la segunda lectura, nos entrega los principales temas de una catequesis bautismal, "Cristo resucitado de entre los muertos, nos hace renacer de nuevo a una esperanza viva". Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA. (1 Pedro 1, 3-9)

De la primera carta del apóstol san Pedro

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su gran misericordia, porque al resucitar a Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse y que él nos tiene reservada como herencia en el cielo. Porque ustedes tienen fe en Dios, él los protege con su poder, para que alcancen la salvación que les tiene preparada y que él revelará al final de los tiempos.

Por esta razón, alégrense, aun cuando ahora tengan que sufrir un poco por adversidades de todas clases, a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, el día de la manifestación de Cristo. Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro se acrisola por el fuego.

A Cristo Jesús no lo han visto y, sin embargo, lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO. (Jn 20, 29)

R. Aleluya, aleluya. Tomás, tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: En el evangelio escucharemos dos apariciones de Cristo resucitado; en la primera no estaba Tomás y afirmó que él no creía. Ocho días después recibe el regalo del resucitado y es invitado a dejar su incredulidad. Escuchemos.

           

EVANGELIO. (Jn 20, 19-31)

Del santo Evangelio según san Juan A. Gloria a ti, Señor.

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto".

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Llenos de gozo por la santa resurrección del Señor, purificados nuestros sentimientos y renovado nuestro espíritu, supliquemos con insistencia al Señor, diciendo:

TODOS: Jesús resucitado, escúchanos.

1.         A Cristo, que ha vencido la muerte y ha destruido el pecado, pidámosle que todos los cristianos seamos siempre fieles a las promesas del bautismo que renovamos en la noche santa de Pascua. Roguemos a/ Señor.

2.         A Cristo, que ha otorgado el perdón y la paz a los pecadores, supliquémosle que quienes han regresado al camino de la vida conserven los dones que la misericordia del Padre les ha restituido. Roguemos al Señor.

3.         A Cristo, que ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, pidámosle por los que, por no creer en su triunfo, viven sin esperanza. Roguemos al Señor.

4. A Cristo, que ha colmado de alegría a los pueblos, los ha enriquecido con sus dones y ha hecho vibrar de gozo nuestros corazones, pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Señor, Dios nuestro, escucha nuestra oración y acrecienta en nosotros la fe pascual, para que, creyendo en tu Hijo, sin haberlo visto, consigamos la salvación de nuestras almas. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

Recibe, Señor, las ofrendas de tu pueblo (y de los recién bautizados), para que, renovados por la confesión de tu nombre y por el bautismo, consigamos la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El Misterio Pascual

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca (en esta noche) (en este día) (en este tiempo), en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.

Jesús dijo a Tomás: Acerca tu mano, toca los agujeros que dejaron los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya (Cfr. Jn 20, 27).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Dios todopoderoso, concédenos que la gracia recibida en este sacramento pascual permanezca siempre en nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.