«El mundo ha sido creado para la gloria de Dios» (Concilio Vaticano I).
No hay ninguna otra razón para la Creación más que el amor. En ella se
manifiesta la gloria y el honor de Dios. Alabar a Dios no quiere decir por eso
aplaudir al Creador. El hombre no es un espectador de la obra de la Creación.
Para él, «alabar» a Dios significa, juntamente con toda la Creación, aceptar la
propia existencia con agradecimiento.

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