viernes, 3 de julio de 2026

Evangelio del 4 de julio 2026 Mateo 9, 14-17

 



En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?" Jesús les respondió: "¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán.

Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura. Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan".

Reflexión

Este pasaje nos invita a mirar más allá de las apariencias religiosas. Los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban como signo de penitencia, pero Jesús recuerda que mientras Él —el Esposo— está presente, el tiempo es de alegría, no de luto. La verdadera fe no se mide por la rigidez de los ritos, sino por la capacidad de reconocer el momento de Dios y vivirlo con coherencia. Cuando el corazón se encuentra con Cristo, el ayuno se transforma en espera amorosa, no en obligación vacía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario