jueves, 11 de junio de 2026

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 14 de junio 2026.

 



Antífona de entrada.

Oye, Señor, mi voz y mis clamores. Ven en mi ayuda, no me rechaces, ni me abandones, Dios, salvador mío (Cfr. Sal 26, 7. 9).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, fortaleza de los que en ti esperan, acude, bondadoso, a nuestro llamado y, puesto que sin ti nada puede nuestra humana debilidad, danos siempre la ayuda de tu gracia, para que, en el cumplimiento de tu voluntad, te agrademos siempre con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: Después de la salida de Egipto, Dios tiene a un pueblo libre a quien le hace una oferta de alianza en el Sinaí. "Si escuchas mi voz y guardas mis mandamientos, serás mi especial tesoro...". Escuchemos.

 

Primera Lectura (Éx 19, 2-6)

Del libro del Éxodo

En aquellos días, el pueblo de Israel salió de Refidim, llegó al desierto del Sinaí y acampó frente al monte. Moisés subió al monte para hablar con Dios. El Señor lo

llamó desde el monte y le dijo: "Esto dirás a la casa de Jacob, esto anunciarás a los hijos de Israel: 'Ustedes han visto cómo castigué a los egipcios y de qué manera los he levantado a ustedes sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora bien, si escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, aunque toda la tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada"'.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 99)

R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

L. Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo. / R.

L. Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño. / R.

L. Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. / R.

 

Monición: Dios manifestó su amor al mundo en su Hijo, quien murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Reconciliados con el Padre, seremos salvados por la vida y resurrección de Jesús. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 5, 6-11)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (Mc 1, 15)

R. Aleluya, aleluya. El Reino de Dios ya está cerca, dice el Señor. Conviértanse y crean en el Evangelio. R. Aleluya, aleluya.

                                                                                         

Monición: Jesús, al percibir que su misión era grande, busca discípulos disponibles para anunciar el Reino. San Mateo nos describe la tarea y menciona el nombre de los primeros seguidores, Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 9, 36-10, 8)

Del santo Evangelio según san Mateo

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos".

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente". Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFSIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, al Señor, que conoce lo que está escondido a nuestros ojos y sabe cuáles son las verdaderas necesidades de los hombres. Después de cada petición diremos:

TODOS: Escucha a tu pueblo, Señor.

 

1. Para que Dios, nuestro Señor, aumente el número de los fieles de la Iglesia, aleje de ella toda división y escuche las plegarias que le dirigen todos los cristianos del mundo. Roguemos al Señor.

2. Oremos al Señor para que dé a los gobernantes de todos los pueblos sabiduría y fuerza para dirigir con paz y justicia el pueblo que tienen encomendado. Roguemos al Señor.

3. Para que el Señor, Dios nuestro, les conceda un feliz viaje a los que están lejos de su hogar, retornen con salud a sus familias y tengan realización plena en sus proyectos. Roguemos al Señor.

4. Oremos por todos los que estamos aquí reunidos, por nuestro párroco, por el sacerdote que nos preside esta celebración y por los consagrados a Dios, para que escuche nuestras oraciones y le sean siempre agradables nuestras peticiones. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Dios nuestro, que nos has elegido como reino de sacerdotes, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos vivir en plena unión contigo, tanto en el sacrificio de alabanza como en el servicio a nuestros hermanos, y así lleguemos a ser delante de los hombres anunciadores y testigos del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Tú que con este pan y este vino que te presentamos das al género humano el alimento que lo sostiene y el sacramento que lo renueva, concédenos, Señor, que nunca nos falte esta ayuda para el cuerpo y el alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El misterio de la salvación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen María; muriendo en la cruz, nos libró de la muerte eterna y, resucitando de entre los muertos, nos dio vida eterna. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Una sola cosa he pedido y es lo único que busco, habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida (Sal 26, 4).

 

Oración después de la comunión.

Señor, que esta santa comunión, que acabamos de recibir, así como significa la unión de los fieles en ti, así también lleve a efecto la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, Nuestro Señor.

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