Antífona de entrada.
Oye, Señor, mi voz y mis clamores. Ven en mi ayuda,
no me rechaces, ni me abandones, Dios, salvador mío (Cfr. Sal 26, 7. 9).
Gloria
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a
quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te
adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios
Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú
que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a
la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo
tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de
Dios Padre.
Amén.
Oración colecta.
Señor Dios, fortaleza de los que en ti esperan,
acude, bondadoso, a nuestro llamado y, puesto que sin ti nada puede nuestra
humana debilidad, danos siempre la ayuda de tu gracia, para que, en el
cumplimiento de tu voluntad, te agrademos siempre con nuestros deseos y
acciones. Por nuestro Señor Jesucristo...
Monición: Después de la salida
de Egipto, Dios tiene a un pueblo libre a quien le hace una oferta de alianza
en el Sinaí. "Si escuchas mi voz y guardas mis mandamientos, serás mi
especial tesoro...". Escuchemos.
Primera Lectura (Éx 19, 2-6)
Del libro del Éxodo
En aquellos días, el pueblo de Israel salió de
Refidim, llegó al desierto del Sinaí y acampó frente al monte. Moisés subió al
monte para hablar con Dios. El Señor lo
llamó desde el monte y le dijo: "Esto dirás a
la casa de Jacob, esto anunciarás a los hijos de Israel: 'Ustedes han visto
cómo castigué a los egipcios y de qué manera los he levantado a ustedes sobre
alas de águila y los he traído a mí. Ahora bien, si escuchan mi voz y guardan
mi alianza, serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, aunque toda la
tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación
consagrada"'.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 99)
R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.
L. Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al
Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo. / R.
L. Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue
quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño. / R.
L. Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es
eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. / R.
Monición: Dios manifestó su amor
al mundo en su Hijo, quien murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.
Reconciliados con el Padre, seremos salvados por la vida y resurrección de
Jesús. Escuchemos.
Segunda Lectura (Rom 5, 6-11)
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos
Hermanos: Cuando todavía no teníamos fuerzas para
salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber
alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba
de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos
pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido
justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque,
si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de
su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la
salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también
nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos
obtenido ahora la reconciliación.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio (Mc 1, 15)
R. Aleluya, aleluya. El Reino de Dios ya está cerca,
dice el Señor. Conviértanse y crean en el Evangelio. R. Aleluya, aleluya.
Monición: Jesús, al percibir que
su misión era grande, busca discípulos disponibles para anunciar el Reino. San
Mateo nos describe la tarea y menciona el nombre de los primeros seguidores,
Escuchemos.
Evangelio (Mt 9, 36-10, 8)
Del santo Evangelio según san Mateo
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se
compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin
pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es mucha y los
trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe
trabajadores a sus campos".
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio
poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades
y dolencias.
Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el
primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su
hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el
publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas
Iscariote, que fue el traidor.
A estos doce los envió Jesús con estas
instrucciones: "No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de
samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de
Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los
cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen
fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues,
gratuitamente". Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFSIÓN DE FE
CREDO de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo
y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a
los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí
ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de la carne y la vida eterna.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Oremos, hermanos, al Señor, que conoce lo
que está escondido a nuestros ojos y sabe cuáles son las verdaderas necesidades
de los hombres. Después de cada petición diremos:
TODOS: Escucha a tu pueblo, Señor.
1. Para que Dios, nuestro Señor, aumente el número
de los fieles de la Iglesia, aleje de ella toda división y escuche las
plegarias que le dirigen todos los cristianos del mundo. Roguemos al Señor.
2. Oremos al Señor para que dé a los gobernantes de
todos los pueblos sabiduría y fuerza para dirigir con paz y justicia el pueblo
que tienen encomendado. Roguemos al Señor.
3. Para que el Señor, Dios nuestro, les conceda un
feliz viaje a los que están lejos de su hogar, retornen con salud a sus
familias y tengan realización plena en sus proyectos. Roguemos al Señor.
4. Oremos por todos los que estamos aquí reunidos,
por nuestro párroco, por el sacerdote que nos preside esta celebración y por
los consagrados a Dios, para que escuche nuestras oraciones y le sean siempre
agradables nuestras peticiones. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Dios nuestro, que nos has elegido como
reino de sacerdotes, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos vivir en
plena unión contigo, tanto en el sacrificio de alabanza como en el servicio a
nuestros hermanos, y así lleguemos a ser delante de los hombres anunciadores y
testigos del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
TODOS: Amén.
Oración sobre las ofrendas.
Tú que con este pan y este vino que te presentamos
das al género humano el alimento que lo sostiene y el sacramento que lo
renueva, concédenos, Señor, que nunca nos falte esta ayuda para el cuerpo y el
alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
El misterio de la salvación
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y
salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien, compadecido del
extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen María; muriendo en la cruz,
nos libró de la muerte eterna y, resucitando de entre los muertos, nos dio vida
eterna. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y
dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de
tu gloria: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la comunión.
Una sola cosa he pedido y es lo único que busco,
habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida (Sal 26, 4).
Oración después de la comunión.
Señor, que esta santa comunión, que acabamos de
recibir, así como significa la unión de los fieles en ti, así también lleve a
efecto la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, Nuestro Señor.

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