En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le
contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces, Él les dijo: «Vengan
conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco». Porque eran tantos
los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.
Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar
apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos
los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.
Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba
esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se
puso a enseñarles muchas cosas.
Reflexión
Jesús reconoce la fatiga de sus discípulos. Nos recuerda que la misión
no puede sostenerse sin momentos de silencio, oración y reposo. El descanso
también es parte del servicio.
Aunque buscaba un momento de tranquilidad, Jesús no se cierra al clamor
de la gente. Su corazón se mueve por la necesidad espiritual de quienes lo
siguen.
La multitud no solo necesita pan material, sino también la palabra que
da sentido y esperanza. Jesús se convierte en el Pastor que guía y alimenta.
Este texto nos invita a equilibrar la acción con el descanso, y a vivir
con un corazón abierto a la compasión. La verdadera misión cristiana nace de la
escucha de Dios y se concreta en la entrega generosa a los demás.

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