Contexto histórico de los Padres (segunda parte). Para entender mejor
el impacto que tuvieron los Padres de la Iglesia, es útil analizar el contexto
histórico en el que se desenvolvieron. La sociedad en donde nació y se propagó
el cristianismo estaba marcada por un ambiente de pluralismo religioso. En esta
sociedad el cristianismo competía con muchas creencias paganas, así como con
doctrinas filosóficas que cuestionaban los principios fundamentales de la fe.
Este escenario exigió una respuesta teológica profunda y bien fundamentada.
Respuesta que sólo pudieron dar los «Santos Padres». Desde el siglo I a.C. en
el Imperio Romano se produjeron cambios significativos en su estructura
política y social. Entre estos se produjo la romanización de las culturas helenísticas,
generándose un ambiente intelectual fertilizado por el diálogo cultural entre
griegos y romanos, lo que permitió a los Padres acercarse a las filosofías del
tiempo e integrar muchos de sus conceptos en la visión cristiana, contribuyendo
a la consolidación del cristianismo como una religión universal. Con un
consenso casi generalizado se considera que la «Época Patrística» abarca los
siete primeros siglos de la nuestra era. Por supuesto, cuanto más antiguo sea
un Padre, más autorizado será su testimonio, siempre que su doctrina resulte
concorde con lo que Jesucristo reveló a la Iglesia, y su conducta haya estado
en sintonía con esas enseñanzas. Como vemos, estas dos características resultan
esenciales. Por esta razón, si falta alguna, a estos escritores no se les
cuenta en el catálogo de los Padres, aunque sean muy antiguos.

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