UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260201
Nadie disfruta vivir una existencia marcada por la adversidad y la
marginación. Si las bienaventuranzas felicitan a los pobres, a los sufrientes y
a los hambrientos, no es con la intención de propagar ningún tipo de
resignación o pasividad. Al contrario, el genuino mensaje de las
bienaventuranzas es un acicate a favor de la esperanza activa y del compromiso
en pro de la paz con justicia. Como bien señala el mismo Señor Jesús, los
discípulos sensatos son quienes escuchan este mensaje gozoso y paradójico y no
obstante los riesgos y dificultades, lo ponen en práctica. Los insensatos se
desentienden y a lo sumo lo explican, lo predican y desafortunadamente, lo
entierran entre los recuerdos nostálgicos de unos ideales que nunca intentaron
concretar.
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