En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: "Levántate y ponte allí en medio".
Después les preguntó: "¿Qué es lo que está permitido hacer en
sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o
hay que dejarlo morir?" Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos
con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre:
"Extiende tu mano". La extendió, y su mano quedó sana.
Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del
partido de Herodes para matar a Jesús.
Reflexión
Los fariseos estaban presentes en la sinagoga, pero su atención estaba en
Jesús para ver si "rompía" el descanso del sábado. Mientras que para
ellos la religión era un conjunto de reglas para juzgar, para Jesús era una
oportunidad para restaurar la vida.
Jesús no solo sana físicamente al tullido, sino que le pide un acto de
fe y exposición: ponerse en medio y extender la mano. Este gesto simboliza la
invitación de Dios a mostrarnos tal cual somos, con nuestras parálisis y
debilidades, para que su gracia pueda actuar.
Jesús los miró con ira y tristeza ante la dureza de sus corazones. Esta
curación manifiesta de que Dios prefiere la bondad a los sacrificios rituales.
El "silencio" de los fariseos ante la pregunta de Jesús sobre si es
lícito hacer el bien en sábado, demuestra que la ideología puede cegar la
empatía humana.
Vale la pena preguntarnos ¿Qué pesa más en nuestro día a día? ¿La norma
estricta o la necesidad del prójimo que tenemos delante?

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