jueves, 15 de enero de 2026

Evangelio del 16 de enero 2026 Marcos 2, 1-12

 



Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados". Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: "¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?"

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: "¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa?’ Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –le dijo al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa".

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: "¡Nunca habíamos visto cosa igual!"

Reflexión

 El pasaje nos recuerda que la fe auténtica abre caminos imposibles y que Jesús tiene poder no solo para sanar el cuerpo, sino también para perdonar los pecados, revelando su verdadera autoridad como Hijo de Dios.

Los amigos del paralítico no se detienen ante los obstáculos; su creatividad y perseverancia muestran que la fe se traduce en acción concreta.

Antes de sanar físicamente, Jesús atiende la raíz espiritual, enseñando que la reconciliación con Dios es más importante que cualquier curación externa.

Al perdonar pecados, Jesús se revela como más que un maestro: es el Hijo de Dios con poder sobre lo espiritual y lo físico.

La curación del paralítico confirma que su palabra tiene autoridad y que el Reino de Dios se manifiesta en obras de misericordia.

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