En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No acumulen ustedes
tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los
ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien, acumulen tesoros en el
cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que
perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también
está tu corazón.
Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están
sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu
cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que
oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!"
Reflexión
Esta enseñanza de Jesús, recogida en el Evangelio de Mateo, nos invita
a una revisión profunda de nuestras prioridades y de cómo percibimos el mundo.
Es una lección sobre la libertad interior.
Jesús no está condenando el hecho de tener bienes, sino la actitud de
"acumular" como si lo material fuera nuestra única seguridad.
La frase "donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón"
es un diagnóstico preciso. Nuestro corazón es como una brújula; siempre apunta
hacia aquello que valoramos más.
En la mentalidad bíblica, los ojos no son solo un órgano físico, sino
la intención del corazón.
Tener los "ojos sanos" significa tener una mirada limpia,
generosa y enfocada en lo esencial. Cuando nuestra intención es recta, nuestra
vida entera se ilumina.
Tener los "ojos enfermos" (o codiciosos) significa mirar el
mundo solo a través del egoísmo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario