Unidad esencial y distinción de personas: Los intérpretes católicos y
las Escrituras enseñan que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son de una
misma e idéntica sustancia e igualdad inseparable, constituyendo un solo Dios y
no tres. Sin embargo, las personas son distintas entre sí: el Padre engendró al
Hijo (por lo que no es el Hijo), el Hijo es engendrado (por lo que no es el
Padre) y el Espíritu Santo es el Espíritu coigual de ambos.
Misiones y acciones históricas particulares: Aunque la Trinidad es
inseparable en su esencia y operaciones, ciertos acontecimientos históricos
corresponden únicamente a una sola de las personas divinas:
El Hijo solo: Es quien nació de la Virgen María, fue crucificado,
sepultado, resucitó y ascendió a los cielos.
El Espíritu Santo solo: Fue quien descendió en forma de paloma en el
bautismo de Jesús y en forma de lenguas de fuego en Pentecostés.
El Padre solo: Fue de quien provino la voz celestial que proclamó «Tú
eres mi Hijo» durante el bautismo y la transfiguración.
Conclusión: A pesar de estas manifestaciones particulares en la
historia, las tres personas divinas permanecen completamente inseparables en su
esencia y en su obrar, siendo esta la fe católica que profesa el autor.

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