jueves, 29 de enero de 2026

Evangelio del 30 de enero 2026 Marcos 4, 26-34



En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha".

Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra".

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Reflexión

Este pasaje nos recuerda que el Reino de Dios crece de manera sencilla y silenciosa. Muchas veces no vemos resultados inmediatos, pero Dios actúa incluso cuando no lo percibimos. Nuestra tarea es sembrar con fe y constancia, confiando en que Él hará crecer lo que parece pequeño.

La parábola del grano de mostaza nos anima a no perder la esperanza: lo humilde y frágil puede transformarse en algo grande y lleno de vida. Dios obra desde lo pequeño, invitándonos a confiar, esperar y creer que su amor siempre da fruto a su tiempo. 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260201

 


Nadie disfruta vivir una existencia marcada por la adversidad y la marginación. Si las bienaventuranzas felicitan a los pobres, a los sufrientes y a los hambrientos, no es con la intención de propagar ningún tipo de resignación o pasividad. Al contrario, el genuino mensaje de las bienaventuranzas es un acicate a favor de la esperanza activa y del compromiso en pro de la paz con justicia. Como bien señala el mismo Señor Jesús, los discípulos sensatos son quienes escuchan este mensaje gozoso y paradójico y no obstante los riesgos y dificultades, lo ponen en práctica. Los insensatos se desentienden y a lo sumo lo explican, lo predican y desafortunadamente, lo entierran entre los recuerdos nostálgicos de unos ideales que nunca intentaron concretar.

RAÍCES DE NUESTRA FE 1 FEBRERO 2026




Período inicial de los Padres de la Iglesia (siglos 1-11). A/ período de los Padres de la Iglesia los especialistas los dividen en tres. Cada uno de estos tiene una extensión cronológica muy desigual: no todos se dividen en tiempos iguales. Esto no impide la importancia doctrinal que todos estos períodos encierran. Iniciamos con el primer período: Periodo de los orígenes. Esta etapa termina con el Concilio de Nicea (año 325). Es la etapa que más interesa a la crítica moderna, por contener los orígenes del cristianismo. A este período pertenecen los llamados «Padres Apostólicos», cuyos escritos, aunque carentes de valor literario o filosófico, reflejan el eco inmediato de la predicación apostólica, ofreciendo un cuadro auténtico e inmediato de la vida, de los sentimientos, de las aspiraciones y de las ideas de las primeras comunidades cristianas esparcidas por la cuenca oriental del Mediterráneo entre los siglos I y ll de nuestra era. Los patrólogos opinan que la carta de Clemente de Roma a la comunidad de Corinto, escrita alrededor de los años 96-98 d.C., es el documento patrístico más antiguo. Estos Santos Padres nos informan el cómo se entendió, se constituyó y se organizó la Iglesia fundada por Cristo. La autoridad de estos Padres sólo es compartida parcialmente por los «Padres Apologistas» de los siglos siguientes. Por otra parte, estos últimos ofrecen los primeros ejemplos de sistematización doctrinal, que los convierten en verdaderos precursores de los grandes maestros de la «época de oro» de los Padres.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260201

 



«Viendo la muchedumbre, subió al monte... Subió a un monte porque colocado en la cumbre de la majestad del Padre dio los preceptos celestiales de la vida. Bienaventurados los mansos... i- El Señor ofrece a los mansos la posesión de la tierra, esto es, de su cuerpo, aquel que Él mismo tomó. Y como por la mansedumbre de nuestro corazón habita Jesucristo en nosotros, cuando esto sucede, también quedamos adornados con la gloria de su i- cuerpo. Bienaventurados los que lloran... Se llaman llorantes, no los que se entristecen llorando la orfandad o las afrentas u otros daños, sino los que lloran sus pecados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia... Ofrece la bienaventuranza a los que tienen hambre y sed de justicia, manifestando que el perfecto conocimiento de Dios es el que constituye la avidez de los santos que no puede saciarse hasta que no habiten en el cielo, Y esto es lo que se expresa con aquellas palabras: porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos... Tanto se complace Dios en nuestra bondad para con todos, que ofrece su misericordia sólo a los que son misericordiosos. Bienaventurados los que trabajan por la paz. La bienaventuranza de los pacíficos es el premio de su adopción. Y por ello se dice: Porque serán llamados hijos de Dios. El padre de todos es solamente Dios, y no se puede entrar a formar parte de su familia si no vivimos en paz mutuamente por medio de la caridad fraterna. Bienaventurados los perseguidos... Así cuenta en la última bienaventuranza a todos los que sufren todas las cosas por Jesucristo, se reserva el Reino de los Cielos a éstos, porque en el desprecio de las cosas del mundo son verdaderos pobres de espíritu» (San Hilario de Poitiers [c.310-368]. Evangelio de san Mateo, 4).

 

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A Domingo 1 de febrero 2026


 


ANTÍFONA DE ENTRADA

Sálvanos, Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y nuestra gloria sea alabarte (Sal 105, 47).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA

Concédenos, Señor Dios nuestro, adorarte con toda el alma y amar a todos los hombres con afecto espiritual. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

            Monición: Son los pobres y humildes de corazón que confían en Dios los que están a salvo del "Día del Señor". Es a partir de "este puñado de gente pobre y humilde" desde la que Dios construye una nueva sociedad. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Sof 2, 3; 3, 12-13)

Del libro del profeta Sofonías

Busquen al Señor, ustedes los humildes de la tierra, los que cumplen los mandamientos de Dios. Busquen la justicia, busquen la humildad. Quizá puedan así quedar a cubierto el día de la ira del Señor.

"Aquel día, dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor. No cometerá maldades ni dirá mentiras; no se hallará en su boca una lengua embustera. Permanecerán tranquilos y descansarán sin que nadie los moleste".

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 145)      

R. Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

L. El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo. / R.

L. Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado. / R.

L. A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos. / R.

           

Monición: San Pablo invita a la comunidad a revisar si sus criterios están de acuerdo con los de Dios. Hagamos propia la frase del Apóstol, "Por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús". Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (1 Cor 1, 26-31)

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

Hermanos: Consideren que entre ustedes, los que han sido llamados por Dios, no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, según los criterios humanos. Pues Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.

En efecto, por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús, a quien Dios hizo nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra redención. Por lo tanto, como dice la Escritura: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.

 Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Mt 5, 12)

R Aleluya, aleluya. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.

R. Aleluya, aleluya.

           

Monición: En el evangelio escucharemos las Bienaventuranzas en las que Jesús nos propone el camino de la verdadera felicidad; es el camino para poseer el Reino de Dios que Jesús anuncia con su persona y misión. Escuchemos.

 

EVANGELIO (Mt 5, 1-12)

Del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo:

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos". Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Invoquemos, hermanos, con corazón unánime y plegaria ferviente, a Dios Padre, fuente y origen de todo bien. Oremos diciendo:

TODOS: Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

1.         Por la santa Iglesia, reunida aquí en el nombre del Señor y extendida por todo el mundo. Roguemos al Señor.

2.         Por nuestro pueblo, por su prosperidad y por todos los que en él moran. Roguemos al Señor.

3.         Por los que están de viaje, por los enfermos y prisioneros, por los pobres y por todos los que sufren. Roguemos al Señor.

4.         Por nuestros hermanos difuntos, para que Dios los reciba en su reino de luz y felicidad. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Dios nuestro, que has prometido a los pobres y humildes la felicidad del reino eterno, escucha nuestras oraciones y no permitas que tus fieles se dejen seducir por los engaños del mundo, antes bien, a semejanza de los humildes del Evangelio, sigan con fidelidad al Señor y experimenten así la fuerza de su Espíritu. Por Cristo, nuestro Señor.

 TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, complacido, estos dones que ponemos sobre tu altar en señal de nuestra sumisión a ti y conviértelos en el sacramento de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

La creación alaba al Señor

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo con todo cuanto contiene; determinaste el ciclo de las estaciones; pero formaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo hiciste dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara la creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo y sálvame por tu misericordia. A ti, Señor, me acojo, que no quede yo nunca defraudado (Cfr. Sal 30, 17-18).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te rogamos, Señor, que, alimentados con el don de nuestra redención, este auxilio de salvación eterna afiance siempre nuestra fe en la verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.


A menudo, el lenguaje de las bienaventuranzas se ha malinterpretado como un consuelo vacío o una invitación al conformismo. Reflexión 20260201


 

miércoles, 28 de enero de 2026

Evangelio del 29 de enero 2026 Marcos 4, 21-25

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga".

Siguió hablándoles y les dijo: "Pongan atención a lo que están oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará".

Reflexión

Este pasaje nos recuerda que la luz de la verdad no está hecha para esconderse, sino para iluminar. Jesús nos invita a no ocultar lo que hemos recibido: los dones, la fe, la sabiduría. Así como una lámpara se coloca en alto para alumbrar a todos, nuestras acciones y palabras deben reflejar la luz de Dios en el mundo.

Además, nos advierte que quien escucha con atención y pone en práctica lo aprendido, recibirá aún más. Pero quien descuida o ignora, perderá incluso lo poco que tiene. Es un llamado a vivir con responsabilidad espiritual, a cultivar el corazón y a compartir la luz que hemos recibido.

En pocas palabras: la verdad se revela, la luz se comparte, y el crecimiento espiritual depende de nuestra apertura y generosidad.