jueves, 5 de marzo de 2026

¿QUÉ TIENE QUE VER MI FE CON LA IGLESIA?

 



 

Nadie puede creer por sí solo, como nadie puede vivir por sí solo. Recibimos la fe de la Iglesia y la vivimos en comunión con los hombres con los que compartimos nuestra fe.

 

La fe es lo más personal de un hombre, pero no es un asunto privado. Quien quiera creer tiene que poder decir tanto «yo» como «nosotros», porque una fe que no se puede compartir ni comunicar sería irracional. Cada creyente da su asentimiento libre al «creemos» de la IGLESIA. De ella ha recibido la fe. Ella es quien la ha transmitido a través de los siglos hasta él, la ha protegido de falsificaciones y la ha hecho brillar de nuevo. La fe es por ello tomar parte en una convicción común. La fe de los otros me sostiene, así como el fuego de mi fe enciende y conforta a otros. El «yo» y el «nosotros» de la fe lo destaca la Iglesia empleando dos confesiones de la fe en sus celebraciones: el credo apostólico, que comienza con «creo» (CREDO) y el credo de Nicea Constantinopla, que en su forma original comenzaba con «creemos» (Credimus).

Evangelio del 6 de marzo 2026 Mateo 21, 33-43. 45-46

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud y a los sumos sacerdotes esta parábola: «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?» Ellos le respondieron: «Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».

Entonces Jesús les dijo: «¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por profeta.

 

Reflexión

 

El dueño de la viña no es un tirano; es alguien que prepara el terreno, planta, protege y confía. La viña simboliza el mundo —o el corazón humano— que se nos ha entregado no como dueños absolutos, sino como administradores. El pecado principal de los viñadores es olvidar su condición de servidores y creerse propietarios con derecho a hacer lo que quieran con lo que no les pertenece.

 

La violencia contra los siervos y, finalmente, contra el hijo, representa la historia de cómo la humanidad a menudo ha rechazado las llamadas a la justicia y a la conversión. A veces, nos aferramos tanto a nuestros propios intereses, posiciones o egoísmos, que cualquier voz que nos recuerde nuestra misión nos resulta incómoda o "enemiga".

 

La "piedra rechazada" que se convierte en "piedra angular" nos enseña que aquello que el mundo desprecia o ignora —a menudo la humildad, el perdón o el servicio— es, en realidad, el cimiento sobre el cual debemos construir una vida con sentido.

 

¿Qué estamos haciendo con la "viña" que se nos ha confiado? ¿Somos administradores agradecidos que reconocen el don, o estamos intentando adueñarnos de nuestra vida ignorando el propósito para el cual fuimos creados?

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿HAY CONTRADICCIÓN ENTRE LA FE Y LA CIENCIA?

 


No hay una contradicción irresoluble entre fe y ciencia, porque no puede haber dos verdades.

No existe una verdad de la fe que pudiera estar en conflicto con una verdad de la ciencia. Sólo hay una verdad, a la que se refieren tanto la fe como la razón científica. Dios ha querido tanto la razón, mediante la cual podemos conocer las estructuras razonables del mundo, como ha querido la fe. Por eso la fe cristiana fomenta y potencia las ciencias (naturales). La fe existe para que podamos conocer cosas que, aunque no son contrarias a la razón, sin embargo son reales más allá de la razón. La fe recuerda a la ciencia que no debe ponerse en el lugar de Dios y que tiene que servir a la creación. La ciencia debe respetar la dignidad humana en lugar de atacarla.

 

 

Evangelio del 5 de marzo 2026 Lucas 16, 19-31

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas'. Pero Abraham le contestó: 'Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá'.

El rico insistió: 'Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos'. Abraham le dijo: 'Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen'. Pero el rico replicó: 'No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán'. Abraham repuso: 'Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto'».

 

Reflexión

 

Esta historia no nos habla de que la riqueza sea un mal en sí misma, sino de la ceguera espiritual que a menudo la acompaña.

El rico tenía a Lázaro a su puerta todos los días, pero se había vuelto incapaz de verlo. Su pecado principal fue la indiferencia.

En esencia, este pasaje es un recordatorio de que el amor no es un sentimiento abstracto, sino una acción concreta. El tiempo para "abrir los ojos" y actuar con compasión es hoy, no mañana, pues la vida es el espacio necesario para construir puentes en lugar de levantar muros de indiferencia.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260308

 

El Evangelio (JN 4, 5-42) nos presenta a una mujer de Samaria con un perfil interesante. Realiza a diario una rutina de pesados servicios domésticos como otras tantas mujeres de Israel. Esa rutina no la había orillado a perder su sensibilidad creyente. Conforme ella fue descubriendo a Jesús, captó su identidad; primero lo reconoció como profeta, luego lo confesó como Mesías y finalmente como el salvador del mundo. Los creyentes aprendimos a descubrir a Dios a través de la ayuda de nuestros padres. Cuando reflexionamos en el don de la fe, reconocemos que ese don nos fue participado por familiares, catequistas y amigos que nos compartieron el don que a su vez habían recibido. Efectivamente, la vida cristiana arranca a partir de un encuentro personal con Jesucristo. Quienes confesamos a Jesús, asumimos nuestro compromiso apostólico, participando a los demás de nuestra experiencia creyente.

RAÍCES DE NUESTRA FE Los Credos en la Iglesia.

 


El Credo de san Atanasio 1. 

Este Credo contiene un preciso resumen de nuestra fe católica sobre la Trinidad y la Encarnación, dogmas fundamentales de nuestra fe: «Todo el que quiera salvarse, ante todo es necesario que mantenga la fe católica; el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. Y la fe católica es ésta, que adoramos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad. Sin confundir las Personas ni separar la substancia. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo. Pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal es el Hijo, y tal es el Espíritu Santo. El Padre increado, el Hijo increado y el Espíritu Santo. Incomprensible el Padre, incomprensible el Hijo, incomprensible el Espíritu Santo. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo, y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno. Así como tampoco son tres increados ni tres incomprensibles, sino un solo increado y un solo incomprensible. Igualmente, el Padre es omnipotente, el Hijo es omnipotente, el Espíritu Santo es omnipotente; y, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente». San Atanasio (296-375). El Credo Atanasiano es una declaración de fe resumida en 44 frases. Fue utilizada en la Iglesia Católica a partir del siglo VI d.C. Se diferencia de otros credos cristianos como el Credo Niceno-Constantinopolitano y el Credo de los Apóstoles en que enfatiza especialmente la doctrina trinitaria.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260308

 



 

«Del agua viva habla el Señor con total evidencia. Había dicho, en efecto, la mujer. ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob...? De esta agua viva no puedes darme, porque no tienes medio para sacarla. ¿Quizá prometes otra fuente? ¿Puedes ser mejor que nuestro padre, que cavó este pozo y él mismo lo usó con los suyos? El Señor, pues, nos diga a qué llamó agua viva, Respondió Jesús y le dijo: Todo el que bebiere de esta agua tendrá de nuevo sed; en cambio, quien bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente que salta para vida eterna. Con toda claridad ha dicho el Señor: Se convertirá en él en fuente de agua que salta para vida eterna. Quien bebiere de esta agua no tendrá sed jamás. Es del todo evidente que prometía agua no visible, sino invisible; es del todo evidente que hablaba en sentid no carnal, sino espiritual. Sin embargo, la mujer está aún centrada en la carne. Le complació no tener sed y suponía que Señor le había prometido esto según la carne. Sí, esto se realizará, pero en la resurrección de los muertos. Ella lo quería ya, pue en cierta ocasión Dios había dado a su siervo Elías no padece hambre ni sed durante cuarenta días. Quien pudo dar esto durante cuarenta días, ¿no pudo darlo siempre? Suspiraba em pero ella, pues no quería necesitar, no quería trabajar. Se veía forzada a venir con frecuencia a esa fuente, a cargarse de peso con que suplir la necesidad y, terminada el agua que había sacado, a regresar de nuevo; ese trabajo era cotidiano para ella, porque la necesidad se aliviaba, pero no se extinguía. Complacida, pues, por tal don, ruega que le dé agua viva» (San Agustín [354-430]. Tratado 15 del Evangelio de Juan).