Antífona de entrada.
Por serte fiel, yo contemplaré tu rostro, Señor, y al despertar, espero
saciarme de gloria (Cfr. Sal 16, 15).
Gloria
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Oración colecta.
Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan
extraviados, para que puedan volver al buen camino, concede a cuantos se
profesan como cristianos rechazar lo que sea contrario al nombre que llevan y
cumplir lo que ese nombre significa. Por nuestro Señor Jesucristo...
Monición: Dios envía su Palabra para que germine en
nuestra vida. Él espera que demos buenos resultados; sin olvidar que la Palabra
de Dios lleva en su interior la misión de Cristo. Escuchemos.
Primera Lectura (Is 55, 10-11)
Del libro del profeta Isaías
Esto dice el Señor: "Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y
no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla
germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la
palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi
voluntad y cumplirá su misión".
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor
Salmo responsorial (Sal 64)
R. Señor, danos siempre de tu agua.
L. Señor, tú cuidas de la tierra, la riegas y la colmas de riqueza. Las
nubes del Señor van por los campos, rebosantes de agua, como acequias. / R.
L. Tú preparas las tierras para el trigo: riegas los surcos, aplanas
los terrenos, reblandeces el suelo con la lluvia, bendices los renuevos. / R.
L. Tú coronas el año con tus bienes, tus senderos derraman abundancia;
están verdes los pastos del desierto, las colinas con flores adornadas. / R.
L. Los prados se visten de rebaños, de trigales los valles se
engalanan. Todo aclama al Señor. Todo le canta. / R.
Monición:
La Palabra de Dios no sólo sana y libera nuestro corazón, sino también la
creación maltratada y oprimida por el hombre, camina hacia la libertad, gime y
espera también la redención. Escuchemos.
Segunda Lectura (Rom 8, 18-23)
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos
Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden
comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la
creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de
los hijos de Dios.
La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por
voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo esta esperanza:
que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción,
para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y
sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos
las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice
plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya. La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es
Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre. R. Aleluya, aleluya.
Monición:
El evangelio de hoy nos dice que Dios deja caer la buena semilla de su Palabra
en todos los terrenos, con suerte diferente. La confianza del Sembrador es
total, el fruto depende de nuestra respuesta. Escuchemos.
Evangelio (Mt 13, 1-23)
Del santo Evangelio según san Mateo
A. Gloria a ti, Señor.
Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla
del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a
una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces
Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:
"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la
semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se
los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra;
ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el
sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros
cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas.
Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno;
otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga".
Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué
les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha
concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al
que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco,
aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no
ven y oyendo no oyen ni entienden.
En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y
otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque
este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos,
con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el
corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.
Pero dichosos, ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les
aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y
no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador.
A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega
el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan
los granos que cayeron a lo largo del camino.
Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y
la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja
echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de
la palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra,
pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y
queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la
palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta;
y otros, el treinta". Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Que nuestras oraciones lleguen, hermanos, a la presencia del
Señor y que nuestros ruegos sean escuchados por aquel que escruta el corazón de
todos. Oremos diciendo:
TODOS: Haz, Señor, que caminemos por tu senda.
1. Pidamos, hermanos, la
sabiduría del Hijo de Dios para los que proclaman con fidelidad la palabra
divina y para todos los miembros de la Iglesia. Roguemos al Señor.
2. Por Israel, el pueblo
de la antigua alianza, y por los que no conocen al Dios verdadero, invoquemos
al Señor, dueño de toda verdad. Roguemos al Señor.
3. Por los que viven lejos
de su casa, por los encarcelados, por los débiles y oprimidos, así como por los
justos que sufren persecución. Roguemos al Señor.
4. Invoquemos con fe y
devoción al Señor de la gloria por la paz y felicidad de los que ahora estamos
aquí, huéspedes en la casa del Señor, y por el mundo entero. Roguemos al Señor.
Intenciones de la Iglesia local.
Sacerdote: Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y aumenta en
nosotros el deseo sincero de acoger la semilla de tu palabra; haz que esta
simiente sea también sembrada en los surcos de toda la humanidad y que
fructifique en obras de justicia y paz, para que se manifieste a los hombres la
bendita esperanza de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
TODOS: Amén.
Oración sobre las ofrendas.
Mira, Señor, los dones de tu Iglesia suplicante, y concede que, al
recibirlos, sirvan a tus fieles para crecer en santidad. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
PREFACIO
El misterio de la salvación
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien, compadecido del extravío de los
hombres, quiso nacer de la Virgen María; muriendo en la cruz, nos libró de la
muerte eterna y, resucitando de entre los muertos, nos dio vida eterna. Por
eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con
todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo,
Santo, Santo...
Antífona de la comunión.
El gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido donde poner
sus polluelos: junto a tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre (Cfr. Sal 83, 4-5).
Oración después de la comunión.
Alimentados con los dones que hemos recibido, te suplicamos, Señor,
que, participando frecuentemente de este sacramento, crezcan los efectos de
nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.