En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No crean que he venido a
abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud.
Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de
cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe
eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los
cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos».
Comentario
En este fragmento, Jesús declara que no ha venido a "abolir"
la Ley ni los Profetas, sino a darles cumplimiento.
Jesús no desecha las enseñanzas antiguas; por el contrario, las lleva a
su máxima expresión. Su misión es revelar el espíritu y el propósito profundo
de los mandamientos, más allá de la letra fría de la norma.
Al enfatizar que "ni una letra ni una tilde" pasará hasta que
todo se cumpla, Jesús subraya la importancia eterna de los principios morales y
espirituales contenidos en la Escritura.
El pasaje también introduce un criterio sobre la coherencia de vida y
la responsabilidad de los maestros:
Aquel que cumple los mandamientos y los enseña, será considerado
"grande en el Reino de los Cielos". Esto sugiere que la autoridad
moral proviene de la práctica vivida, no solo de la elocuencia o el
conocimiento teórico.
Jesús invita a no menospreciar ninguna parte de la Ley, destacando que
incluso los preceptos que parecen menos importantes tienen un lugar en el orden
del Reino.
Finalmente el texto nos presenta a un Jesús que no rompe con la
tradición, sino que la transforma desde adentro, invitando a sus seguidores a
buscar la excelencia espiritual y la integridad en la observancia de los
valores del Reino.





