viernes, 27 de febrero de 2026

¿QUÉ FUNCIÓN TIENE LA SAGRADA ESCRITURA EN LA IGLESIA?




La IGLESIA saca su vida y su fuerza de la Sagrada Escritura.

Con la excepción de la presencia de Cristo en la sagrada EUCARISTÍA, no hay nada que la IGLESIA venere más reverentemente que la presencia de Cristo en la Sagrada Escritura. En la Santa Misa acogemos en pie el Evangelio, porque en las palabras humanas que escuchamos es Dios mismo quien nos habla


Evangelio del 28 de febrero 2026 Mateo 5, 43-48

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos...

Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sean, pues, perfectos como su Padre celestial es perfecto".

Reflexión

Jesús nos invita a dar un paso más allá de lo que parece justo o razonable: amar también a los enemigos y orar por quienes nos persiguen. No se trata solo de evitar el odio, sino de responder al mal con el bien.

Jesús propone como modelo al Padre celestial, que ama sin distinción y hace el bien a todos. Así, la perfección cristiana no consiste en no equivocarse, sino en amar con un corazón amplio, misericordioso y universal.

RAÍCES DE NUESTRA FE Los Credos en la Iglesia.

 


La Iglesia siempre buscó formas de expresar su fe de manera sencilla, clara, precisa y fácil de memorizar. Estas formulaciones son llamadas «Credos» o también «Símbolos de la fe». Son declaraciones que sintetizan las creencias fundamentales de la comunidad cristiana. Estos credos han sido esenciales para la unidad y la defensa de la doctrina cristiana, especialmente frente a las herejías que surgieron en los primeros siglos. Cada «Símbolo» es una profesión de fe. Es un resumen de las verdades fundamentales que la Iglesia Católica cree y enseña. La palabra credo proviene del latín y significa yo creo. Cuando profesamos el Credo expresamos nuestra adhesión a las enseñanzas de Jesús y a la Tradición Apostólica. Evidentemente, las frases de los Credos no se encuentran literalmente en la Biblia, pero sí se fundamentan en las enseñanzas de los Evangelios y de los otros escritos del Nuevo Testamento. Profesar nuestro Credo no es repetición de palabras. Es un acto de fe que nos conecta con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Es un acto de comunión con la Iglesia, nuestra madre, que nos transmite la fe y nos acompaña en nuestra respuesta al Evangelio. En nuestras exposiciones seguiremos el esquema de nuestro Catecismo que dice: «Nuestra exposición de la fe seguirá el Símbolo de los Apóstoles, que constituye, por así decirlo, "el más antiguo catecismo romano”. Este Credo es un resumen fiel de la fe cristiana, que abarca los puntos esenciales de la doctrina cristiana» (Catecismo n. 196).

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260301

 


«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Éste es el que sin abandonar mi seno, entró en el seno de María; el que inseparablemente permaneció en mí y en ella habitó no circunscrito; el que indivisiblemente está en los cielos, y moró en el seno de la Virgen inmaculada. No es uno mi Hijo y otro el hijo de María; no es uno e/ que estaba recostado en la gruta y otro el que fue adorado por los Magos; no es uno el que fue bautizado y otro distinto el exento de bautismo. Sino: éste es mi Hijo; el mismo en quien la mente piensa y contemplan los ojos; el mismo invisible en sí y visto por vosotros; sempiterno y temporal; el mismo que, siéndome consustancial por su divinidad, es consustancial a vosotros por su humanidad en todo, menos en el pecado. Éste es mi Mediador y el de sus hermanos, ya que por sí mismo reconcilia conmigo a los que habían pecado. Éste es mi Hijo y cordero, sacerdote y víctima: es al mismo tiempo oferente y oblación, el que se convierte en sacrificio y el que lo recibe. Éste es el testimonio que dio el Padre de su Unigénito al bautizarse en el Jordán. Y cuando Cristo se transfiguró en el monte delante de sus discípulos y su rostro desprendía una luminosidad tal que eclipsaba los rayos del sol, también entonces se volvió a oír aquella voz: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo. Si dijera: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí, escuchadlo. Si dijera: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre, escuchadlo porque dice la verdad. Si dijera: el Padre que me ha enviado es más que yo, inscribid esta manera de hablar en la economía de su condescendencia» (San Gregorio de Antioquía [Siglo Vl-593]. Homilía 2 en el Bautismo de Cristo).

jueves, 26 de febrero de 2026

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE EL NUEVO TESTAMENTO PARA LOS CRISTIANOS?

 



En el NUEVO TESTAMENTO se completa la REVELACIÓN de Dios.

Los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan son el corazón de la Sagrada Escritura y el tesoro más preciado de la Iglesia. En ellos se muestra el Hijo de Dios tal como es y nos sale al encuentro.

En los Hechos de los Apóstoles aprendemos acerca de los inicios de la Iglesia y de la acción del Espíritu Santo.

En las cartas apostólicas se pone la vida de los hombres en todos sus aspectos ante la luz de Cristo.

En el Apocalipsis vemos anticipadamente el fin de los tiempos.

Jesús es todo lo que Dios nos quiere decir. Todo el ANTIGUO TESTAMENTO prepara la Encarnación del Hijo de Dios. Todas las promesas de Dios encuentran su cumplimiento en Jesús. Ser cristiano quiere decir unirse cada vez más profundamente con la vida de Cristo. Para ello hay que leer y vivir los evangelios. Madeleine Delbrêl dice: «A través de su Palabra Dios nos dice quién es y lo que quiere; nos lo dice de manera definitiva y para cada día. Cuando tenemos en las manos el Evangelio deberíamos considerar que allí habita la Palabra que quiere hacerse carne en nosotros, apoderarse de nosotros para que comencemos de nuevo su vida en un lugar nuevo, en un tiempo nuevo, en un nuevo entorno humano».

Evangelio del 27 de febrero 2026 Mateo 5, 20-26

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.

Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de ahí hasta que hayas pagado el último centavo".

 

Reflexión

 

En este pasaje Jesús propone una justicia más profunda que la simple obediencia externa. Afirma que no basta con “no matar”; la raíz del mal está en el interior: en la ira, el insulto, el desprecio y la ruptura de la fraternidad. La violencia comienza en el corazón antes de manifestarse en los actos.

 

Jesús eleva la exigencia moral al nivel de la intención y de las relaciones. La reconciliación se vuelve prioritaria: antes de ofrecer un sacrificio a Dios, es necesario restablecer la paz con el hermano. Esto revela que el culto verdadero no puede separarse de la vida concreta; la comunión con Dios pasa por la comunión con los demás.

 

Finalmente, el llamado a “ponerse de acuerdo pronto con el adversario” subraya la urgencia de resolver los conflictos. El Reino de Dios no se construye desde el resentimiento, sino desde el perdón, el diálogo y la reconciliación sincera. Es una invitación a revisar nuestras actitudes diarias y a vivir una justicia que transforme el corazón.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260301


En las primeras páginas de la Biblia ya está retratado el drama de la migración. En la narrativa del Génesis encontramos a Adán, Caín, los habitantes de Babel, José, los hijos de Jacob y sobre todo, al patriarca Abrahán que salen de su tierra, porque experimentan el grito de la conciencia, la voz de alguna urgencia que los obliga a desarraigarse. Dios jamás se desatiende de su suerte. Se encarga de los hijos más débiles, apelando a nuestra solidaridad. La patria única es la Casa Común. En dicha casa no hay extranjeros. Quienes estamos llamados a ser personas transfiguradas somos los discípulos de Jesús. Diversas organizaciones y casas de atención a los migrantes son señal de esperanza en este mundo lleno de indiferencia y superficialidad.