viernes, 3 de abril de 2026

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR Domingo 5 de abril 2026

 



 

ANTÍFONA DE ENTRADA.

He resucitado y estoy contigo, aleluya: has puesto tu mano sobre mí, aleluya: tu sabiduría ha sido maravillosa, aleluya, aleluya (Cfr. sal 138, 18. 5-6).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA.

Señor Dios, que por medio de tu Unigénito, vencedor de la muerte, nos has abierto hoy las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos la solemnidad de la resurrección del Señor, resucitar también en la luz de la vida eterna, por la acción renovadora de tu Espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: En la primera lectura Pedro nos presenta una catequesis sobre la resurrección de Cristo, testimoniando que Jesús pasó haciendo el bien y ahora los apóstoles anuncian con su vida lo que habían visto y oído. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Hech 10, 34. 37-43)

Del libro de los Hechos de los Apóstoles

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos.

Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados". Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL (sal 117)

R. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

L. Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: "Su misericordia es eterna". / R.

L. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo.

No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho. / R.

L. La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. / R.

           

Monición : San Pablo nos invita a vivir la nueva vida ofrecida por Cristo resucitado. El cristiano celebra la resurrección de Cristo con el pan sin levadura que es la sinceridad y la verdad. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (1 Cor 5, 6-8)

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

Hermanos: ¿No saben ustedes que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Tiren la antigua levadura, para que sean ustedes una masa nueva, ya que son pan sin levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

Celebremos, pues, la fiesta de la Pascua, no con la antigua levadura, que es de vicio y maldad, sino con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

SECUENCIA

(Sólo el día de hoy es obligatoria; durante la octava es opcional)

 

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

           

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

 

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

 

"¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?"

"A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

 

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

 

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua."

 

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

 

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (1 Cor 5, 7-8)

R. Aleluya, aleluya. Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: El Evangelio nos muestra el proceso que siguieron María Magdalena, Juan y Pedro, para llegar al punto culminante de la fe pascual: correr, ver, contemplar que reforzaron su fe y concluyeron: "Jesús está vivo". Escuchemos.

 

EVANGELIO (Jn 20, 1-9)

Del santo Evangelio según san Juan A. Gloria a ti, Señor.

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Llenos de gozo por la santa resurrección del Señor, purificados nuestros sentimientos y renovado nuestro espíritu, supliquemos con insistencia al Señor, diciendo:

TODOS: Rey vencedor, escúchanos.

1.         A Cristo, que ha sido constituido Cabeza de la Iglesia, pidámosle que, por su amor, conceda abundante felicidad, gozo y exultación a todos los fieles que celebren su triunfo. Roguemos al Señor.

2.         A Cristo, que ha otorgado el perdón y la paz a los pecadores, supliquémosle que quienes han regresado al camino de la vida conserven los dones que la misericordia del Padre les ha restituido. Roguemos al Señor.

3.         A Cristo, que ha inaugurado la resurrección universal, pidámosle que alegre el corazón de los hombres y, con el anuncio evangélico, llene de gozo a todos los pueblos y naciones. Roguemos al Señor.

4.         A Cristo, que con su santa resurrección ha colmado de alegría a los pueblos, los ha enriquecido con sus dones y ha hecho vibrar de gozo nuestros corazones, pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Señor Jesucristo, en esta fiesta gloriosa de tu resurrección te pedimos que escuches nuestras plegarias y extiendas tu diestra misericordiosa sobre este pueblo que tiene puesta toda su esperanza en tu resurrección. Tú, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

Llenos de júbilo por el gozo pascual te ofrecemos, Señor, este sacrificio, mediante el cual admirablemente renace y se nutre tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

Prefacio I de Pascua

El Misterio Pascual

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca (en esta noche) (en este día) (en este tiempo), en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.

Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado. Aleluya. Celebremos, pues, la Pascua, con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad. Aleluya (1 Cor 5, 7-8).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Dios de bondad, protege paternalmente con amor incansable a tu Iglesia, para que, renovada por los misterios pascuales, pueda llegar a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Para despedir al pueblo, el diácono o, en su ausencia, el mismo sacerdote canta o dice:

Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado. Vayan en paz, aleluya, aleluya.

0 bien:

Pueden ir en paz, aleluya, aleluya.

Todos responden:

Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

 

 

Sábado Santo de la Sepultura del Señor



 

EN ESPERA DE LA "HORA DEL PADRE"

 

Ayer, los cristianos y todas las personas de buena voluntad, tuvimos la oportunidad de celebrar la santa Pasión del Siervo de Dios, Jesús, que se inmoló por nuestra salvación, y hoy estamos invitados a guardar, con decoro, la memoria de que Cristo reposó en este día en el sepulcro, en espera de la "hora del Padre" para traspasar las fronteras de las tinieblas y ser arrancado de las garras de la muerte hacia la vida nueva que el Padre le dio y que nos tiene prometida a todos los bautizados en el momento que Él lo tiene previsto. Es bueno releer la Pasión según la narran los evangelistas y orar en lo profundo de nuestro corazón, como si estuviéramos frente al santo sepulcro.

La Liturgia para celebrar la Resurrección de Cristo contempla una vigilia en la noche santa, sábado, que nos conduce a las primeras horas del domingo de Resurrección; una hermosa y amplia liturgia que recorre en síntesis los relatos bíblicos desde la Creación, la formación y liberación del Pueblo de Dios, Israel; es la voz autorizada de los profetas que abren la posibilidad de generar la esperanza de la salvación en toda la humanidad siempre y cuando, con buena conciencia y libertad, se quiera aceptar la invitación del Señor hacia el proyecto original de Dios con el ser humano.

 

1.         Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece en ayuno y oración, junto al sepulcro del Señor, meditando en su pasión y muerte, así como en su descenso al lugar de los muertos, y esperando su resurrección.

2.         Manteniendo el altar enteramente desnudo, la Iglesia se abstiene de celebrar el sacrificio de la Misa hasta que, después de la Vigilia solemne o espera nocturna de la resurrección, se desborda la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los cincuenta días subsiguientes.

3.         Este día la sagrada Comunión puede administrarse sólo como viático.

jueves, 2 de abril de 2026

Evangelio del 3 de abril 2026 Juan 18, 1-19, 42


 


† Cristo: Sacerdote

C. Cronista: Diácono o lector/a

S. Sinagoga: Un lector hombre o mujer

P. Pueblo: Toda la asamblea de los fieles

 

C. En aquel tiempo Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:

†. «¿A quién buscan?»

C. Le contestaron:

S. «A Jesús el Nazareno».

C. Les dijo Jesús:

†. «Yo soy».

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:

†. «¿A quién buscan?»

C. Ellos dijeron:

S. «A Jesús el Nazareno».

C. Jesús contestó:

†. «Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan».

C. Así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

†. «Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?»

C. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».

Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:

S. «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»

C. Él dijo:

S. «No lo soy».

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:

†. «Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho».

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús diciéndole:

S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»

C. Jesús respondió:

†. «Si he faltado al hablar, demuestra en qué he fallado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:

S. «¿No eres tú también uno de sus discípulos?»

C. Él lo negó diciendo:

S. «No lo soy».

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»

C. Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y dijo:

S. «¿De qué acusan a ese hombre?»

C. Le contestaron:

S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído».

C. Pilato les dijo:

S. «Pues llévenselo y júzguenlo según su ley».

C. Los judíos le respondieron:

S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».

C. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Jesús le contestó:

†. «¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?»

C. Pilato le respondió:

S. «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué es lo que has hecho?»

C. Jesús le contestó:

†. «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

C. Pilato le dijo:

S. «Conque ¿tú eres rey?»

C. Jesús le contestó:

†. «Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».

C. Pilato le dijo:

S. «Y ¿qué es la verdad?»

C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:

S. «No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?»

C. Pero todos ellos gritaron:

P. «¡No, a ese no! ¡A Barrabás!».

C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él le decían:

S. «¡Viva el rey de los Judíos!»

C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. «Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa».

C. Salió pues, Jesús llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. «Aquí está el hombre».

C. Cuando lo vieron los sacerdotes y sus servidores, gritaron:

P. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»

C. Pilato les dijo:

S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él».

C. Los judíos le contestaron:

P. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios».

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el Pretorio, dijo a Jesús:

S. «¿De dónde eres tú?»

C. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:

S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»

C. Jesús le contestó:

†. «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

P. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César.

C. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «El Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. «Aquí tienen a su Rey».

C. Ellos gritaron:

P. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»

C. Pilato les dijo:

S. «¿A su rey voy a crucificar?»

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. «No tenemos más rey que el César».

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:

S. «No escribas "El rey de los judíos", sino "Este ha dicho: Soy rey de los judíos"».

C. Pilato les contestó:

S. «Lo escrito, escrito está».

C. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Pero se dijeron:

S. «No la rasguemos, sino echemos suerte para ver a quién le toca».

C. Así se cumplió la Escritura: "Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica". Y eso hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás y María la Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:

†. «Mujer, ahí está tu hijo».

C. Luego al discípulo:

†. «Ahí está tu madre».

C. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

†. «Tengo sed».

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, probó el vinagre y dijo:

†. «Todo está cumplido».

C. e, inclinando la cabeza, entregó el Espíritu.

 

En este momento todos se arrodillan y oran unos momentos en silencio.

 

C. Entonces los judíos, como era el día de la preparación de la pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: "No le quebrarán ningún hueso"; y en otro lugar la Escritura dice: "Mirarán al que traspasaron".

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.

Comentario

El texto narra el corazón de la Pasión de Cristo: el momento en que Jesús, traicionado, juzgado y crucificado, entrega su vida con serenidad y amor absoluto. Es un relato que revela la tensión entre la injusticia humana y la fidelidad divina.

Lo más conmovedor es cómo el Evangelio muestra la dignidad de Jesús incluso en medio del sufrimiento. No responde con violencia ni resentimiento; su silencio y sus palabras —“Mi reino no es de este mundo”— son una afirmación de que la verdad y la salvación no dependen del poder, sino del amor que se entrega.

Celebración de la Semana Santa en diferentes parroquias

 




Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús



Parroquia de la Sagrada Familia (Progreso)



Santuario San Cristobal (Progreso)







Parroquia del Sagrario Catedral (Centro)



Parroquia Ntra. Sra. De Covadonga




miércoles, 1 de abril de 2026

Evangelio del 2 de abril 2026 Juan 13, 1-15

 



Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: «Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?». Jesús le replicó: «Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dijo: «Tú no me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo». Entonces le dijo Simón Pedro: «En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos». Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No todos están limpios.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan».

Comentario

Este pasaje nos muestra a Jesús en un gesto profundamente sorprendente: siendo Maestro y Señor, se arrodilla para lavar los pies de sus discípulos. Este acto no es solo de humildad, sino de amor llevado hasta el extremo.

Jesús rompe las expectativas humanas de poder y autoridad, enseñando que la verdadera grandeza está en el servicio. Pedro, al principio, no comprende, como muchas veces nosotros tampoco entendemos el camino de Dios, pero Jesús le invita a aceptar este amor que purifica y transforma.

Al final, deja un mandato claro: hacer lo mismo unos por otros. Es una invitación a vivir la humildad y el servicio como camino concreto para seguirlo.

LA PASCUA CRISTIANA

 



Es la celebración en la que hacemos memorial de la Resurrección de Jesús al tercer día de su muerte según los relatos contenidos en las Sagradas Escrituras. Con esta celebración termina la Semana Santa iniciada el Domingo de Ramos. La Pascua es una fiesta móvil, cuyo día varía cada año. La fecha viene fijada siguiendo el Año Litúrgico, que se rige por los ciclos lunares. Cuenta la historia, que la noche en la que el pueblo judío salió de Egipto, había luna llena y eso les permitió prescindir de las lámparas para que no los descubrieran los soldados del faraón. Los judíos celebran este acontecimiento cada año en la pascua judía o «Pésaj», que siempre concuerda con una noche de luna llena, en recuerdo de los israelitas que huyeron de Egipto pasando por el Mar Rojo. La celebración oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril de cada año en el calendario litúrgico romano.

 

Datos históricos.

La muerte y la resurrección de Jesús transcurren durante la Pascua judía. Por ello podemos estar seguros de que el primer Jueves Santo de la historia, cuando Jesús celebraba la Pascua judía con sus discípulos, era una noche de luna llena. La Pascua tiene raíces en la tradición judía, específicamente en la celebración del Pésaj. En ella los judíos recuerdan muchos eventos y, en particular, el paso dado por el ángel exterminador sobre las casas hebreas cuando iba en busca de los primogénitos egipcios. Este "paso" en la lengua hebrea se dice pésaj («pasar por encima>>). Este vocablo en el latín litúrgico pasó a ser pascha y posteriormente pascua. Esta transformación de la palabra se debió a la expansión del cristianismo en los tiempos del imperio romano. Jesucristo al resucitar cambió el sentido del Pésaj judío tradicional, y la Pascua pasó a significar el «pasar por encima» o, más bien el paso de la muerte a la vida eterna. En los dos casos se trata de celebrar la salvación. La Pascua cristiana comenzó a celebrarse en concordancia cronológica con la Pascua judía. Se hizo así durante algunos siglos, hasta que en el Concilio de Nicea de 325 d.C. se decidió dejar de usar el calendario hebreo y se optó por celebrarla el primer domingo después de la luna llena que mencionamos anteriormente. Esto se debió a que los cristianos pusieron énfasis en la significación del día I domingo, que fue el «Primer día de la semana» en el que Jesucristo resucitó según los cuatro Evangelios, mientras que la celebración de la Pascua judía no hace distinción entre los días de la semana.

 

Tiempo Pascual.

Este tiempo es el más fuerte de todo el Año Litúrgico. Se inaugura en la Vigilia Pascual y dura siete semanas hasta Pentecostés. Es la Pascua del Señor que ha pasado de la muerte a la vida a su existencia gloriosa. Es la Pascua de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la vida nueva de su Señor por medio del Espíritu donado por el Resucitado en Pentecostés. El origen de esta cincuentena se remonta a los orígenes de la liturgia. La Iglesia organizó estas siete semanas con la finalidad de prolongar el gozo de la Resurrección y para celebrar al final de los cincuenta días la venida del Espíritu Santo. Desde el siglo ll tenemos el testimonio de Tertuliano que habla de que en este espacio no se ayunaba, sino que se vivía una prolongada alegría. La liturgia insiste en el carácter unitario de estas semanas. La primera semana se le llama «Octava de Pascua», en la que por tradición los bautizados en la Vigilia Pascual eran introducidos a una profunda comunión con el misterio de Cristo. La «octava de Pascua» termina con el llamado Domingo «In albis», porque ese día los bautizados deponían los vestidos blancos recibidos el día de su Bautismo.

Evangelio del 1 de abril 2026 Mateo 26, 14-25

 



En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?" Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?" Él respondió: "Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: 'El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa'". Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: "Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme". Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: "¿Acaso soy yo, Señor?" Él respondió: "El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido". Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: "¿Acaso soy yo, Maestro?" Jesús le respondió: "Tú lo has dicho".

Comentario

En este pasaje se entrelazan la traición, el cumplimiento de las profecías y la profunda humanidad de los personajes.

Es impactante ver cómo Judas pone precio a su lealtad por "treinta monedas de plata". El texto subraya la libertad humana: él busca la oportunidad para entregarlo.

Durante la mesa, un lugar de comunión y amistad, Jesús dice: "Uno de ustedes me va a entregar". La reacción de los discípulos es de una tristeza profunda y una duda honesta: "¿Seré yo, Señor?".

Mientras Jesús se entrega por amor y obediencia, Judas se aparta por intereses oscuros. El Hijo del hombre va a morir como está escrito; nos recuerda que el dolor de la traición ya estaba contemplado en el plan de redención.

Es un texto que invita a mirar hacia adentro y preguntarnos sobre nuestras propias lealtades y la capacidad de mantenernos firmes en los momentos de mayor presión.