lunes, 13 de julio de 2026

Evangelio del 14 de julio 2026 Mateo 11, 20-24

 



En aquel tiempo, Jesús se puso a reprender a las ciudades que habían visto sus numerosos milagros, por no haberse arrepentido. Les decía:

"¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Pero yo les aseguro que el día del juicio será menos riguroso para Tiro y Sidón, que para ustedes.

Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo, porque si en Sodoma se hubieran realizado los milagros que en ti se han hecho, quizá estaría en pie hasta el día de hoy. Pero yo te digo que será menos riguroso el día del juicio para Sodoma que para ti".

Reflexión

Este pasaje es uno de los más duros del Evangelio porque muestra a Jesús no como el maestro sereno, sino como el profeta que denuncia la indiferencia. Las ciudades que recibieron milagros y no se convirtieron representan la resistencia del corazón humano: ver la luz y seguir en la oscuridad.

La indiferencia es más grave que el pecado evidente. Porque quien peca puede reconocer su error, pero quien se acostumbra a la gracia sin responder se vuelve insensible.

El juicio no es venganza, sino consecuencia. Cuando ignoramos la verdad, la ruina nace desde dentro.

El llamado es urgente. No basta admirar los signos de Dios; hay que dejar que transformen la vida en justicia, misericordia y compromiso.

Jesús nos recuerda que la fe no es espectáculo ni emoción pasajera: es conversión real. El “¡Ay de ti!” es un grito de amor que busca despertar antes de que sea demasiado tarde.

domingo, 12 de julio de 2026

Evangelio del13 de julio 2026 Mateo 10, 34-11, 1

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa".

Cuando acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, Jesús partió de ahí para enseñar y predicar en otras ciudades.

 

Reflexión

 

El Evangelio nos recuerda que seguir a Jesucristo implica una decisión radical. Cuando Jesús afirma que no ha venido a traer la paz, sino la división, no está promoviendo la violencia, sino mostrando que la fidelidad al Reino de Dios puede provocar incomprensión e incluso conflictos, especialmente cuando el Evangelio cuestiona nuestros intereses, comodidades o prioridades.

Amar a Cristo por encima de todo significa poner su voluntad en el centro de nuestra vida. Tomar la cruz cada día supone aceptar con esperanza los sacrificios, renuncias y dificultades que conlleva vivir como verdaderos discípulos. Sin embargo, el Señor asegura que quien entrega su vida por Él nunca pierde, sino que encuentra la verdadera plenitud.

Finalmente, Jesús destaca el valor de los pequeños gestos de amor: recibir al prójimo, acoger al mensajero del Evangelio o dar un simple vaso de agua con generosidad. A los ojos de Dios, ningún acto de caridad realizado por amor queda sin recompensa. Este pasaje nos invita a vivir una fe valiente, generosa y coherente, poniendo a Cristo en el primer lugar y sirviéndolo en cada hermano.

viernes, 10 de julio de 2026

Evangelio del 11 de julio 2026 Mateo 10, 24-33



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: "El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores!

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos".

 

Reflexión

 

En este pasaje, Jesús anima a sus discípulos a vivir con confianza y valentía, recordándoles que seguirlo implica compartir su misma misión y, a veces, también su rechazo. Ser discípulo no significa ser mis que el maestro, sino parecerse a él en el amor, la entrega y la fidelidad al Padre.

Jesús nos invita a no tener miedo de los que pueden hacer daño al cuerpo, porque Dios cuida incluso de los detalles más pequeños de nuestra vida. Si se preocupa por los pajarillos y conoce cada cabello de nuestra cabeza, Cómo no va a cuidar de nosotros?

Esto nos recuerda nuestro gran valor a los ojos de Dios. Además, Jesús nos llama a ser testigos valientes de la verdad: no guardar para nosotros lo que él nos enseña, sino anunciarlo con sencillez y claridad en cualquier lugar y momento.

Por último, nos recuerda la importancia de reconocerlo delante de los demás. Nuestra fe no es alga que se esconde, sino un tesoro que se comparte. Él, que nuncio nos abandona, también nos reconocerá ante su Padre si nosotros lo reconocemos con nuestras palabras y acciones.

Que esta Palabra nos impulse a vivir sin miedo, con confianza en Dios, y a ser testigos alegres y fieles del amor de Jesús cade día.

jueves, 9 de julio de 2026

Evangelio del 10 de julio 2026 Mateo 10, 16-23

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas.

Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo del hombre".

 

Reflexión

 

Este texto evangélico nos recuerda que seguir a Cristo implica caminar entre peligros y resistencias, pero con la sabiduría y la sencillez que vienen del Espíritu. Ser “ovejas entre lobos” no es una invitación al miedo, sino a la confianza: el discípulo no se defiende con violencia ni astucia humana, sino con la fuerza interior de la fe. En medio de la persecución y la traición, la promesa es clara: quien persevera en el amor y la verdad, será sostenido por Dios y alcanzará la salvación.

Es una llamada a vivir con prudencia y pureza, sin perder la paz ni la esperanza, incluso cuando el mundo parece hostil.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260712

 


En nuestro tiempo, es fácil dejarnos llevar por promesas rápidas, soluciones fáciles o ilusiones que evitan el compromiso personal. Sin embargo, el Evangelio nos invita a perseverar, aun cuando encontremos dificultades, críticas o desánimo.

La transformación de la sociedad comienza en cada corazón que, con fidelidad y esperanza, decide vivir el Evangelio todos los días.



 En ciertos momentos algunas personas desencantadas de la lentitud de los cambios sociales transfieren sus responsabilidades ciudadanas a una figura pública que les pinta escenarios fabulosos a la vuelta de la esquina. Unos otros están atrapados en la burbuja del pensamiento mágico. No procesan con rigor los pros y contras de una opción, se guían por ocurrencias e imaginan que todo se arregla con buenas intenciones. El mensaje de la parábola del sembrador nos alerta sobre la serie de obstáculos e impedimentos que enfrenta el discípulo que quiere conducir su vida por el sendero del reinado de Dios. Presiones amenazas externas, anhelos y miedos internos terminan acortando la generosidad de la primera hora. La fidelidad perseverante de quienes se sobreponen a los obstáculos consigue los frutos que valen la pena: acercamiento hacia la paz y la vida justa y tranquila.


RAÍCES DE NUESTRA FE 20260712

 


Síntesis. (San Cirilo de Jerusalén -315-386-. Catequesis 4,1)

San Cirilo de Jerusalén, obispo y destacado teólogo de la Iglesia primitiva, es reconocido por sus Catequesis, enseñanzas destinadas a preparar a los catecúmenos para recibir el Bautismo y que han sido fundamentales en la formación doctrinal de la Iglesia. En la Catequesis 4, ofrece una clara síntesis de la fe cristiana y exhorta a los creyentes a permanecer vigilantes ante el error. Advierte que el mal suele presentarse con apariencia de bien, del mismo modo que la cizaña se parece al trigo, los lobos se visten de ovejas y el diablo puede disfrazarse de ángel de luz. Por ello, invita a pedir la gracia de Dios, cultivar una mente lúcida y mantener un discernimiento constante para reconocer la verdad, evitar el engaño y permanecer firmes en la fe.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260712

 



 

Síntesis del texto: (Cesáreo de Arlés [c. 470-543]. Sermón al pueblo 7, 1).

 

El cristiano está llamado a acoger la Palabra de Dios con un corazón abierto y deseoso de escucharla. Para comprender y vivir plenamente las Sagradas Escrituras, es necesario dedicarles tiempo también fuera de la Iglesia, dejando a un lado las preocupaciones cotidianas para meditar la voluntad de Dios. Así como el comerciante y el agricultor buscan abundancia mediante diversos medios, también el creyente debe alimentar constantemente su vida espiritual leyendo la Biblia en casa y conservando sus enseñanzas en el corazón. De este modo, la Palabra de Dios se convierte en un tesoro que fortalece la fe y guía la vida.»