viernes, 6 de marzo de 2026

¿PARA QUÉ NECESITA LA FE DEFINICIONES Y FÓRMULAS?

 


En la fe no se trata de palabras vacías, sino de una realidad. A lo largo del tiempo se condensaron en la Iglesia fórmulas de la fe, con cuya ayuda contemplamos, expresamos, aprendemos, transmitimos, celebramos y vivimos esa realidad.

Sin fórmulas fijas el contenido de la fe se disuelve. Por eso la Iglesia da mucha importancia a determinadas frases, cuya formulación precisa se logró en la mayoría de los casos con mucho esfuerzo, para proteger el mensaje de Cristo de malentendidos y falsificaciones. Las fórmulas de la fe son importantes especialmente cuando la fe de la Iglesia se traduce a las diferentes culturas y sin embargo tiene que mantenerse en su esencia. Porque la fe común es el fundamento de la unidad de la Iglesia.

 

Evangelio del 7 de marzo 2026 Lucas 15, 1-3. 11-32

 



En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: «Este recibe a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo entonces esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de la herencia que me toca'. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre, y el muchacho empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: '¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores'.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos cuando su padre lo vio, y se enterneció profundamente. Corrió hacia él y, echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo'.

Pero el padre dijo a sus criados: '¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Este le contestó: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberle recobrado sano y salvo'. El hermano mayor se enojó y no quería entrar. Salió entonces el padre y le rogó que entrara, pero él replicó: '¡Hace tanto tiempo que te sirvo sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo'.

El padre repuso: 'Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'».

 

Reflexión

 

Más que una historia de arrepentimiento es una historia sobre la identidad. El hijo menor descubre quién es al ser perdonado, y el hijo mayor necesita descubrir que todo lo que su padre tiene es también suyo, pero que nada de eso tiene valor sin la alegría de la reconciliación.

jueves, 5 de marzo de 2026

¿QUÉ TIENE QUE VER MI FE CON LA IGLESIA?

 



 

Nadie puede creer por sí solo, como nadie puede vivir por sí solo. Recibimos la fe de la Iglesia y la vivimos en comunión con los hombres con los que compartimos nuestra fe.

 

La fe es lo más personal de un hombre, pero no es un asunto privado. Quien quiera creer tiene que poder decir tanto «yo» como «nosotros», porque una fe que no se puede compartir ni comunicar sería irracional. Cada creyente da su asentimiento libre al «creemos» de la IGLESIA. De ella ha recibido la fe. Ella es quien la ha transmitido a través de los siglos hasta él, la ha protegido de falsificaciones y la ha hecho brillar de nuevo. La fe es por ello tomar parte en una convicción común. La fe de los otros me sostiene, así como el fuego de mi fe enciende y conforta a otros. El «yo» y el «nosotros» de la fe lo destaca la Iglesia empleando dos confesiones de la fe en sus celebraciones: el credo apostólico, que comienza con «creo» (CREDO) y el credo de Nicea Constantinopla, que en su forma original comenzaba con «creemos» (Credimus).

Evangelio del 6 de marzo 2026 Mateo 21, 33-43. 45-46

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud y a los sumos sacerdotes esta parábola: «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?» Ellos le respondieron: «Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».

Entonces Jesús les dijo: «¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por profeta.

 

Reflexión

 

El dueño de la viña no es un tirano; es alguien que prepara el terreno, planta, protege y confía. La viña simboliza el mundo —o el corazón humano— que se nos ha entregado no como dueños absolutos, sino como administradores. El pecado principal de los viñadores es olvidar su condición de servidores y creerse propietarios con derecho a hacer lo que quieran con lo que no les pertenece.

 

La violencia contra los siervos y, finalmente, contra el hijo, representa la historia de cómo la humanidad a menudo ha rechazado las llamadas a la justicia y a la conversión. A veces, nos aferramos tanto a nuestros propios intereses, posiciones o egoísmos, que cualquier voz que nos recuerde nuestra misión nos resulta incómoda o "enemiga".

 

La "piedra rechazada" que se convierte en "piedra angular" nos enseña que aquello que el mundo desprecia o ignora —a menudo la humildad, el perdón o el servicio— es, en realidad, el cimiento sobre el cual debemos construir una vida con sentido.

 

¿Qué estamos haciendo con la "viña" que se nos ha confiado? ¿Somos administradores agradecidos que reconocen el don, o estamos intentando adueñarnos de nuestra vida ignorando el propósito para el cual fuimos creados?

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿HAY CONTRADICCIÓN ENTRE LA FE Y LA CIENCIA?

 


No hay una contradicción irresoluble entre fe y ciencia, porque no puede haber dos verdades.

No existe una verdad de la fe que pudiera estar en conflicto con una verdad de la ciencia. Sólo hay una verdad, a la que se refieren tanto la fe como la razón científica. Dios ha querido tanto la razón, mediante la cual podemos conocer las estructuras razonables del mundo, como ha querido la fe. Por eso la fe cristiana fomenta y potencia las ciencias (naturales). La fe existe para que podamos conocer cosas que, aunque no son contrarias a la razón, sin embargo son reales más allá de la razón. La fe recuerda a la ciencia que no debe ponerse en el lugar de Dios y que tiene que servir a la creación. La ciencia debe respetar la dignidad humana en lugar de atacarla.

 

 

Evangelio del 5 de marzo 2026 Lucas 16, 19-31

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas'. Pero Abraham le contestó: 'Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá'.

El rico insistió: 'Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos'. Abraham le dijo: 'Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen'. Pero el rico replicó: 'No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán'. Abraham repuso: 'Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto'».

 

Reflexión

 

Esta historia no nos habla de que la riqueza sea un mal en sí misma, sino de la ceguera espiritual que a menudo la acompaña.

El rico tenía a Lázaro a su puerta todos los días, pero se había vuelto incapaz de verlo. Su pecado principal fue la indiferencia.

En esencia, este pasaje es un recordatorio de que el amor no es un sentimiento abstracto, sino una acción concreta. El tiempo para "abrir los ojos" y actuar con compasión es hoy, no mañana, pues la vida es el espacio necesario para construir puentes en lugar de levantar muros de indiferencia.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260308

 

El Evangelio (JN 4, 5-42) nos presenta a una mujer de Samaria con un perfil interesante. Realiza a diario una rutina de pesados servicios domésticos como otras tantas mujeres de Israel. Esa rutina no la había orillado a perder su sensibilidad creyente. Conforme ella fue descubriendo a Jesús, captó su identidad; primero lo reconoció como profeta, luego lo confesó como Mesías y finalmente como el salvador del mundo. Los creyentes aprendimos a descubrir a Dios a través de la ayuda de nuestros padres. Cuando reflexionamos en el don de la fe, reconocemos que ese don nos fue participado por familiares, catequistas y amigos que nos compartieron el don que a su vez habían recibido. Efectivamente, la vida cristiana arranca a partir de un encuentro personal con Jesucristo. Quienes confesamos a Jesús, asumimos nuestro compromiso apostólico, participando a los demás de nuestra experiencia creyente.