lunes, 25 de mayo de 2026

Evangelio del 26 de mayo 2026 Marcos 10, 28-31

 



En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte".

Jesús le respondió: "Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros".

Comentario

En este pasaje, Pedro recuerda a Jesús que los discípulos han dejado todo para seguirlo. Jesús responde asegurando que nadie que renuncie a bienes, seguridades o afectos por amor a Él y al Evangelio quedará sin recompensa. Sin embargo, esta recompensa no consiste solo en bienes materiales, sino en una nueva familia de fe, una vida llena de sentido y la promesa de la vida eterna.

Jesús también advierte que el seguimiento auténtico incluye dificultades y persecuciones. Ser discípulo no significa una vida cómoda, sino una vida entregada con confianza en Dios.

La frase final: “Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros”, invita a la humildad. En el Reino de Dios no cuentan el prestigio, el poder o las riquezas, sino la fidelidad, el servicio y el amor. Quien se entrega generosamente a Dios descubre que Él nunca se deja ganar en generosidad.

domingo, 24 de mayo de 2026

Evangelio del 25 de mayo 2026 Juan 19, 25-34

 


En aquel tiempo, estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí está tu hijo". Luego dijo al discípulo: ''Ahí está tu madre". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la escritura dijo: "Tengo sed". Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo "Todo está cumplido", e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Entonces, los judíos, como era el día de preparación para la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.

Comentario

Hoy contemplamos uno de los momentos más profundos de la pasión de Jesús. Al pie de la cruz permanecen María y el discípulo amado, símbolos de la fidelidad que no abandona incluso en el sufrimiento. Jesús entrega a su Madre al discípulo y al discípulo a su Madre, formando una nueva familia unida por la fe.

Cuando Jesús inclina la cabeza y entrega el espíritu, culmina su misión de amor y salvación. Finalmente, del costado abierto por la lanza brotan sangre y agua, signos que la tradición cristiana ha visto como fuente de los sacramentos y de la vida de la Iglesia.

Este pasaje nos invita a permanecer junto a Cristo en los momentos difíciles, confiando en que de su entrega total nace la vida nueva y la esperanza para toda la humanidad.

viernes, 22 de mayo de 2026

Evangelio del 23 de mayo 2026 Juan 21, 20-25

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: "Sígueme". Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: 'Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?' Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ¿qué va a pasar con éste?" Jesús le respondió: "Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme".

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: 'Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?'

Ese es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.

Comentario

Este pasaje concluye el Evangelio de Juan con una enseñanza muy importante sobre el seguimiento de Jesús. Pedro, al ver al discípulo amado, pregunta por su destino. Jesús le responde: “Tú sígueme”, recordándole que lo esencial no es compararse con los demás, sino ser fiel a la propia vocación.

Con frecuencia nos preocupamos por el camino que Dios ha trazado para otros, pero el Señor nos invita a concentrarnos en nuestra propia respuesta de fe. Cada discípulo tiene una misión particular y un modo único de servir al Reino.

Jesús nos llama a dejar las comparaciones, confiar en el plan que tiene para cada uno y seguirlo con fidelidad y amor.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260524

 

Demasiadas familias en muchas ciudades de nuestro país viven con las puertas atrancadas a causa del miedo y la inseguridad. El temor de sufrir una muerte violenta es una realidad en ciertas regiones de México. La gente ama vivir en paz y no encuentra la respuesta a sus demandas. Los mexicanos queremos vivir en paz y nuestros gobernantes no realizan inteligentemente su tarea principal: proteger la vida de los ciudadanos. Cabe decir que tampoco son los únicos responsables de este caos violento en que estamos metidos. El relato evangélico nos recuerda que Jesús nos ha donado su Espíritu para ser mejores discípulos. La oferta reiterada de la paz es un rasgo característico de Cristo resucitado. Él saluda a sus discípulos, deseándoles la paz. La auténtica espiritualidad cristiana nos anima a vivir como constructores de la paz.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260524 Homilía de san Cirilo de Alejandría.

 



Homilía de san Cirilo de Alejandría. 

Esta homilía la pronunció en el Concilio de Éfeso. En el siguiente texto el Obispo dirige a la Madre de Dios hermosas y filiales alabanzas: «Salve, María, Madre de Dios, veneradísimo tesoro de todo el orbe, antorcha inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, habitáculo de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, Virgen y Madre por quien se nos ha dado el llamado en los Evangelios bendito el que viene en nombre del Señor. Salve, tú que encerraste en tu seno virginal al que es inmenso e inabarcable. Tú, por quien la Santísima Trinidad es adorada y glorificada. Tú, por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el mundo. Tú, por quien exulta el cielo, se alegran los ángeles y arcángeles, huyen los demonios, por quien el diablo tentador fue arrojado del cielo, y la criatura, caída por el pecado, es elevada al cielo... ¿Quién de entre los hombres será capaz de alabar como se merece a María, digna de toda alabanza? Es Virgen y Madre: ¡qué maravilla! Este milagro me llena de estupor. ¿Quién oyó jamás decir que al constructor de un templo se le prohíba entrar en él? ¿Quién podrá tachar de ignominia a quien toma a su propia esclava por Madre? Nosotros hemos de adorar y respetar la unión del Verbo con la carne, hemos de tener temor de Dios y dar culto a la Santa Trinidad, hemos de celebrar con nuestros himnos a María, la siempre Virgen, templo santo de Dios, y a su Hijo, el Esposo de la Iglesia, nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén».

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260524




El plan salvífico de Dios se completó en la tierra, pero era necesario que los humanos participaran de la naturaleza divina del Verbo transformando sus vidas hacia un estilo de santidad. Esto solo posible mediante la comunicación del Espíritu Santo, cuya misión se realizó después de la Ascensión de Jesucristo. Mientras Cristo estuvo físicamente con sus seguidores, les dispensó sus bienes; después de su regreso al Padre, permaneció con ellos a través de su Espíritu, habitando en sus corazones por la fe. Así, los podían llamarlo "Abba, Padre" y desarrollar virtudes, enfrentando con valentía las tentaciones y persecuciones, apoyados por la fuerza del Espíritu. Este Espíritu transforma a quienes habita, llevándolos de lo terrenal a lo celestial y de la cobardía a valentía, como se evidencia en testimonios del Antiguo y Nuevo Testamento, como el de Samuel a Saúl. (San Cirilo de Alejandría [370-444]. Evangelio de Juan. Libro IO).


Reflexión 20260524