jueves, 11 de junio de 2026

Evangelio del 12 de junio 2026 Mateo 11, 25-30

 



En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera".

Comentario

Jesús nos muestra la intimidad de Jesús con el Padre y su inmensa ternura hacia quienes sufren.

Jesús alaba al Padre porque el Reino de Dios no se manifiesta a los sabios o soberbios —aquellos que confían únicamente en su propia inteligencia o poder—, sino a los "pequeños" (los anawim o pobres de espíritu). Esto nos enseña que el acceso a Dios no se obtiene mediante méritos intelectuales, sino a través de la sencillez, la humildad y la confianza de un niño. Solo quien reconoce su propia fragilidad puede acoger la revelación del Padre.

Jesús lanza una de las invitaciones más bellas de toda la Escritura: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré». En un mundo cargado de normas, exigencias y pesos, Jesús no ofrece una nueva carga, sino una relación. Al invitar a tomar su "yugo", nos propone caminar a su lado, compartiendo su modo de vivir, que se basa en la mansedumbre y la humildad de corazón. Su yugo es "suave" y su carga "ligera" porque no se lleva solo, sino en comunión con Él.

Este pasaje nos recuerda que la vida espiritual no es una carrera de perfeccionismo, sino un camino de compañía. Jesús no nos pide que seamos invulnerables; al contrario, nos pide que vayamos a Él precisamente cuando estamos cansados. Es en nuestra debilidad donde mejor podemos experimentar el descanso y el alivio que solo su amor puede ofrecer.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260614



La violencia se ha vuelto tan frecuente que corremos el riesgo de acostumbrarnos a ella. 
Ante esta situación, el Evangelio nos invita a mirar la realidad con los ojos de Jesucristo.



Las estadísticas deberían asustarnos, pero ya ni siquiera ese efecto se materializa en nuestra sociedad. ¡Mujeres, hombres y hasta niños asesinados diariamente en nuestro país! Ejecuciones por decenas. Parecemos un pueblo obsesionado con la muerte, la sangre y el sacrificio. No tiene sentido recurrir a la violencia en ninguna de sus formas para resolver nuestros conflictos. El Dios de la vida se entrega sin condiciones en la persona de Jesucristo, que vive para atender a las ovejas desvalidas. Con esa entrega nos señala el rumbo por dónde tenemos que caminar. La protección, el cuidado, la defensa de la vida en todas sus formas es una exigencia fundamental, que conviene asimilar como un gesto del verdadero discípulo de Jesús. El Evangelio nos presenta al Señor Jesús sensible al desamparo de las personas. No hay mayor debilidad que las amenazas que se materializan y arrancan la vida a tantas víctimas inocentes.



El Símbolo de los Apóstoles expresa la fe de la Iglesia

 



El Símbolo de los Apóstoles es una de las formulaciones más antiguas y fundamentales de la fe cristiana, surgida hacia el año 170 d.C. Comienza con una profesión de fe personal o comunitaria (“Creo” o “Creemos”), expresando que la fe del cristiano nace y se desarrolla dentro de la Iglesia, que transmite el testimonio auténtico del Evangelio.

 

Este símbolo constituye un breve compendio de las principales verdades del cristianismo y es considerado un fiel resumen de la enseñanza de los apóstoles. Su autoridad proviene especialmente de su origen como símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, vinculada a la misión de san Pedro.

 

A lo largo de la historia, numerosos Padres de la Iglesia, como san Cirilo de Jerusalén, san Ambrosio, san Agustín, san Rufino de Aquileya y san Gregorio de Nisa, dedicaron sus escritos y catequesis a explicar su contenido. Sus reflexiones ayudaron a profundizar en la comprensión de la fe cristiana y a transmitirla a las nuevas generaciones de creyentes.

Los nombres de los apóstoles

 




San Jerónimo explica que la lista de los apóstoles en el Evangelio tiene la finalidad de identificar a los verdaderos enviados de Cristo y prevenir la confusión con falsos apóstoles que surgirían después. Destaca que el orden en que aparecen no es casual, sino que refleja la sabiduría de Jesús, quien conocía el corazón de cada uno.

 

El autor aclara las diferencias entre apóstoles con nombres semejantes, como los dos Simón y los dos Santiago, y señala que los evangelistas suelen agruparlos de dos en dos, mostrando los lazos espirituales que los unían en la misión. Resalta especialmente la humildad de Mateo, quien se llama a sí mismo “publicano”, recordando su pasado para poner de manifiesto la grandeza de la gracia de Dios.

 

Asimismo, explica algunos sobrenombres y variantes de nombres, como Simón Zelotes o Cananeo, y Tadeo, también llamado Judas de Santiago o Lebeo. Con ello muestra la riqueza de la tradición apostólica y la identidad particular de cada discípulo, todos llamados por Cristo para anunciar el Evangelio con fe y entrega.

(San Jerónimo [342-420] Evangelio de san Mateo).


XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 14 de junio 2026.

 



Antífona de entrada.

Oye, Señor, mi voz y mis clamores. Ven en mi ayuda, no me rechaces, ni me abandones, Dios, salvador mío (Cfr. Sal 26, 7. 9).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, fortaleza de los que en ti esperan, acude, bondadoso, a nuestro llamado y, puesto que sin ti nada puede nuestra humana debilidad, danos siempre la ayuda de tu gracia, para que, en el cumplimiento de tu voluntad, te agrademos siempre con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: Después de la salida de Egipto, Dios tiene a un pueblo libre a quien le hace una oferta de alianza en el Sinaí. "Si escuchas mi voz y guardas mis mandamientos, serás mi especial tesoro...". Escuchemos.

 

Primera Lectura (Éx 19, 2-6)

Del libro del Éxodo

En aquellos días, el pueblo de Israel salió de Refidim, llegó al desierto del Sinaí y acampó frente al monte. Moisés subió al monte para hablar con Dios. El Señor lo

llamó desde el monte y le dijo: "Esto dirás a la casa de Jacob, esto anunciarás a los hijos de Israel: 'Ustedes han visto cómo castigué a los egipcios y de qué manera los he levantado a ustedes sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora bien, si escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, aunque toda la tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada"'.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 99)

R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

L. Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo. / R.

L. Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño. / R.

L. Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. / R.

 

Monición: Dios manifestó su amor al mundo en su Hijo, quien murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Reconciliados con el Padre, seremos salvados por la vida y resurrección de Jesús. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 5, 6-11)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (Mc 1, 15)

R. Aleluya, aleluya. El Reino de Dios ya está cerca, dice el Señor. Conviértanse y crean en el Evangelio. R. Aleluya, aleluya.

                                                                                         

Monición: Jesús, al percibir que su misión era grande, busca discípulos disponibles para anunciar el Reino. San Mateo nos describe la tarea y menciona el nombre de los primeros seguidores, Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 9, 36-10, 8)

Del santo Evangelio según san Mateo

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos".

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente". Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFSIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, al Señor, que conoce lo que está escondido a nuestros ojos y sabe cuáles son las verdaderas necesidades de los hombres. Después de cada petición diremos:

TODOS: Escucha a tu pueblo, Señor.

 

1. Para que Dios, nuestro Señor, aumente el número de los fieles de la Iglesia, aleje de ella toda división y escuche las plegarias que le dirigen todos los cristianos del mundo. Roguemos al Señor.

2. Oremos al Señor para que dé a los gobernantes de todos los pueblos sabiduría y fuerza para dirigir con paz y justicia el pueblo que tienen encomendado. Roguemos al Señor.

3. Para que el Señor, Dios nuestro, les conceda un feliz viaje a los que están lejos de su hogar, retornen con salud a sus familias y tengan realización plena en sus proyectos. Roguemos al Señor.

4. Oremos por todos los que estamos aquí reunidos, por nuestro párroco, por el sacerdote que nos preside esta celebración y por los consagrados a Dios, para que escuche nuestras oraciones y le sean siempre agradables nuestras peticiones. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Dios nuestro, que nos has elegido como reino de sacerdotes, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos vivir en plena unión contigo, tanto en el sacrificio de alabanza como en el servicio a nuestros hermanos, y así lleguemos a ser delante de los hombres anunciadores y testigos del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Tú que con este pan y este vino que te presentamos das al género humano el alimento que lo sostiene y el sacramento que lo renueva, concédenos, Señor, que nunca nos falte esta ayuda para el cuerpo y el alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El misterio de la salvación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen María; muriendo en la cruz, nos libró de la muerte eterna y, resucitando de entre los muertos, nos dio vida eterna. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Una sola cosa he pedido y es lo único que busco, habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida (Sal 26, 4).

 

Oración después de la comunión.

Señor, que esta santa comunión, que acabamos de recibir, así como significa la unión de los fieles en ti, así también lleve a efecto la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, Nuestro Señor.

Reflexión 20260614


 

miércoles, 10 de junio de 2026

Evangelio del 11 de junio 2026 Mateo 5, 20-26

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.

Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

 

Comentario

 

Jesús establece un estándar elevado al afirmar que nuestra justicia debe superar a la de los escribas y fariseos. Esto implica que la vida espiritual no se trata solo de evitar acciones prohibidas (como el asesinato), sino de cultivar una disposición interna que rechace la ira y el desprecio hacia los demás.

El texto equipara el enojo y el insulto con una falta grave, sugiriendo que la violencia comienza mucho antes del acto físico, en el pensamiento y el trato hacia el prójimo.

Jesús enfatiza que la adoración y el culto a Dios pierden su sentido si existe un conflicto no resuelto con el hermano. Es un llamado urgente a priorizar la paz y la justicia interpersonal antes de acercarse al altar.

La enseñanza final sobre "arreglarse pronto con el adversario" subraya la importancia de la prontitud en la resolución de conflictos. Nos invita a ser proactivos en la búsqueda de la reconciliación para evitar que las desavenencias se conviertan en cargas mayores que impidan nuestra comunión con Dios y con la comunidad.