miércoles, 8 de julio de 2026

Evangelio del 9 de junio 2026 Mateo 10, 7-15

 



En aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas instrucciones: "Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.

No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven morral para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bordón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y hospédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar, saluden así: "Que haya paz en esta casa". Y si aquella casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella; si no es digna, el saludo de paz de ustedes no les aprovechará. Y si no los reciben o no escuchan sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacudan el polvo de los pies. Yo les aseguro que el día del juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa ciudad".

Reflexión

Jesús envía a sus discípulos con una misión clara: anunciar que el Reino de Dios está cerca, aliviar el sufrimiento y llevar paz a las personas. Lo más llamativo es que les pide hacerlo con sencillez, sin apoyarse en riquezas ni seguridades materiales, sino confiando plenamente en Dios y en la generosidad de quienes los reciban.

También hoy el Señor nos llama a ser testigos de su amor. Cada gesto de servicio, de solidaridad, de reconciliación y de esperanza hace presente el Reino de Dios. El Evangelio no se anuncia solo con palabras, sino con una vida coherente, humilde y gratuita.

Cuando el mensaje no es acogido, Jesús no invita al resentimiento ni a la violencia, sino a seguir adelante con serenidad. El discípulo siembra con fidelidad y deja el fruto en las manos de Dios. Nuestra tarea es anunciar el Evangelio con amor; la respuesta de cada persona pertenece a su libertad y a la acción de la gracia.

martes, 7 de julio de 2026

Evangelio del 8 de julio 2026 Mateo 10, 1-7

 


En aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos del Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayan a tierra de paganos, ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos".

Reflexión

El evangelio nos presenta a Jesús llamando y enviando a los doce apóstoles. Antes de enviarlos, les da autoridad para sanar y liberar, recordándonos que la misión cristiana no nace de las capacidades humanas, sino de la confianza y de la fuerza que Dios concede a quienes responden a su llamada.

El anuncio del Reino de Dios no consiste solo en palabras, sino también en gestos concretos de misericordia, cercanía y esperanza. Cada discípulo es enviado a buscar a quienes se sienten perdidos, heridos o alejados, llevando el consuelo y la paz de Cristo. 

También hoy Jesús sigue llamando a cada uno de nosotros. En la familia, en el trabajo, en la comunidad y en la sociedad, somos enviados a ser testigos del Evangelio con una vida coherente, sirviendo a los demás con humildad, compasión y amor. La misión comienza allí donde alguien necesita una palabra de aliento, una mano que ayude o un corazón dispuesto a escuchar. Así, el Reino de Dios continúa haciéndose presente en medio del mundo.

lunes, 6 de julio de 2026

Evangelio del 7 de julio 2026 Mateo 9, 32-38

 



En aquel tiempo, llevaron ante Jesús a un hombre mudo, que estaba poseído por el demonio. Jesús expulsó al demonio y el mudo habló. La multitud, maravillada, decía: "Nunca se había visto nada semejante en Israel". Pero los fariseos decían: "Expulsa a los demonios por autoridad del príncipe de los demonios".

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos".

Reflexión

Jesús no solo cura cuerpos, sino también corazones. Su mirada compasiva hacia las multitudes revela el amor de Dios que ve más allá de la enfermedad o el pecado: ve el cansancio y la desorientación de su pueblo. Hoy, su llamado sigue vigente: la mies es mucha, y cada uno de nosotros está invitado a ser trabajador en el campo del Reino, llevando consuelo, esperanza y verdad donde haya necesidad.

domingo, 5 de julio de 2026

Evangelio del 6 de julio 2026 Mateo 9, 18-26

 



En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: "Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir".

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: "Con sólo tocar su manto, me curaré". Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: "Hija, ten confianza; tu fe te ha curado". Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: "Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida". Y todos se burlaban de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.

Reflexión

La fe auténtica no elimina de inmediato el dolor, pero nos impulsa a acercarnos a Jesús con la certeza de que Él tiene la última palabra. El jefe de la sinagoga, en medio de la tragedia, y la mujer enferma, después de largos años de sufrimiento, ponen toda su confianza en el Señor. Ambos descubren que para Dios no existen situaciones perdidas cuando el corazón permanece abierto a la esperanza.

Este Evangelio nos invita a vencer el miedo, el desaliento y las voces que se burlan de la esperanza. Jesús sigue tomando de la mano a quienes se sienten derrotados y devuelve vida, paz y dignidad a quienes confían en Él. Nuestra tarea es acercarnos con fe, sabiendo que su amor siempre puede transformar nuestra realidad y renovar nuestro corazón.

viernes, 3 de julio de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260705




Debemos denunciar la falta de empatía y de escucha por parte de gobernantes y jueces hacia las familias de las víctimas de la violencia, quienes arriesgan todo para exigir justicia ante una sociedad indiferente.



Los familiares de miles de víctimas de la violencia no entienden por qué los gobernantes no prestan oídos a sus reclamos. Es tanto el dolor de tantas familias y tanto el desconsuelo que no se explica la insensibilidad de jueces y autoridades. No se puede desestimar el sufrimiento de tantos inocentes que tocan puertas, arriesgan su integridad, emplean su tiempo y sus recursos para sacudir la conciencia aletargada de ciudadanos indiferentes y de gobernantes sordos. La capacidad de escuchar el clamor de los que sufren es una de las exigencias más arraigadas en la fe de Israel y en la vida misma del Señor Jesús. Pensemos en nosotros, quienes confesamos al hijo de David, como rey manso y humilde no podemos incurrir en la tentación de la violencia. La enorme cantidad de armas que ilegalmente ingresan a nuestro país exhiben la gravedad del problema, lo mismo la violencia desatada desde el crimen organizado la cual pareciera invisible para las autoridades. Estamos ante una crisis mayúscula y son unos cuantos los que están buscando que marchemos por el camino de la paz y la justicia.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260705

 




Las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén.

 

Las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén constituyen una de las obras catequéticas más importantes de la Iglesia antigua. En ellas explica el Credo como fundamento de la fe cristiana y ofrece valiosa información sobre el catecumenado, la liturgia y los sacramentos en la Iglesia de Jerusalén. La obra comprende 24 catequesis: las primeras diecinueve preparan a los catecúmenos para el Bautismo mediante la explicación del Credo, y las cinco últimas, llamadas mistagógicas, profundizan en el significado del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía para los recién bautizados. Aunque san Cirilo no destacó por desarrollar nuevas doctrinas, sobresalió como un excelente catequista y transmisor fiel de la enseñanza de la Iglesia, apoyándose con gran habilidad en la Sagrada Escritura.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260705

 



 

Tratado sobre el perfecto modelo del cristiano.

 

Síntesis

San Gregorio de Nisa [c. 330/335-386].

San Gregorio de Nisa presenta a san Pablo como el modelo perfecto del cristiano, porque configuró toda su vida con Cristo hasta poder decir: «Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí». A través de sus enseñanzas, Pablo revela la grandeza del misterio de Cristo, a quien reconoce como sabiduría, fuerza, paz, redención, luz, sumo sacerdote y cabeza de la Iglesia. Por ello, quienes llevan el nombre de cristianos están llamados a reflejar en su vida las virtudes y el amor de Cristo. Ser cristiano no consiste solo en llevar ese nombre, sino en dar un testimonio auténtico con las obras, de modo que la vida manifieste verdaderamente la presencia de Cristo.