Remar Mar Adentro
Remar Mar Adentro, pretende, como laicos comprometidos, presentar temas de reflexión para vivir el reino de Dios; levantando las anclas en una tarea asumida generosamente. Ricardo Huante Magaña
martes, 7 de abril de 2026
lunes, 6 de abril de 2026
Evangelio del 7 de abril 2026 Juan 20, 11-18
El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al
sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles
vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús,
uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron:
"¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se
han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie; pero no sabía que
era Jesús. Entonces él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién
buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor,
si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo:
"¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabuní!", que en
hebreo significa 'maestro'. Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no
he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a
mi Dios y su Dios'".
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había
visto al Señor y para darles su mensaje.
Comentario
Este pasaje presenta un momento profundamente humano y transformador:
María Magdalena pasa del dolor de la pérdida a la alegría del encuentro con el
Resucitado. Su llanto junto al sepulcro refleja la confusión y el vacío que
deja la muerte, pero también su fidelidad, porque permanece allí cuando otros
se han ido.
El detalle clave es que no reconoce a Jesús de inmediato; lo confunde
con el jardinero. Esto sugiere que la resurrección no se impone de forma
evidente, sino que se descubre en lo cotidiano, cuando el corazón está abierto.
Todo cambia cuando Jesús la llama por su nombre: “María”. En ese instante, ella
lo reconoce. Es un encuentro personal, íntimo, que muestra que la fe nace de
sentirse conocido y llamado.
Finalmente, Jesús la envía a anunciar la noticia a los discípulos.
María, que llegó llorando, se convierte en la primera mensajera de la
resurrección. El pasaje enseña que el dolor puede transformarse en misión, y
que el encuentro con Cristo no se guarda, se comparte.
domingo, 5 de abril de 2026
Evangelio del 6 de abril 2026 Mateo 28, 8-15
Después de escuchar las palabras del ángel, las mujeres se alejaron a
toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar
la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las
saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces
les dijo Jesús: "No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se
dirijan a Galilea. Allá me verán".
Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia
fueron a la ciudad y dieron parte a los sumos sacerdotes de todo lo ocurrido.
Éstos se reunieron con los ancianos, y juntos acordaron dar una fuerte suma de
dinero a los soldados, con estas instrucciones: "Digan: 'Durante la noche,
estando nosotros dormidos, llegaron sus discípulos y se robaron el cuerpo'. Y
si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos arreglaremos con él y les
evitaremos cualquier complicación".
Ellos tomaron el dinero y actuaron conforme a las instrucciones
recibidas. Esta versión de los soldados se ha ido difundiendo entre los judíos
hasta el día de hoy.
Comentario
El pasaje nos presenta dos actitudes ante la resurrección de Jesús. Por
un lado, las mujeres, llenas de temor y alegría, corren a anunciar la Buena
Nueva; su encuentro con el Señor resucitado las transforma en testigos
valientes. Por otro lado, los guardias y las autoridades prefieren ocultar la
verdad, dejándose llevar por el miedo y el interés.
Este texto nos invita a reflexionar: ante la presencia de Dios en
nuestra vida, ¿somos como las mujeres que anuncian con alegría, o como quienes
esconden la verdad por conveniencia?
La resurrección no solo es un hecho, sino un llamado a vivir con fe y
valentía para compartir la verdad, o con miedo que nos lleva a ocultarla.
sábado, 4 de abril de 2026
viernes, 3 de abril de 2026
RAÍCES DE NUESTRA FE 20260405 Los Credos de la Iglesia
Símbolo de los Apóstoles
Artículos de nuestra fe en el Símbolo de los Apóstoles. Este Credo fue desarrollado en los primeros siglos del cristianismo, como una forma de unificar la fe de la Iglesia y establecer una doctrina común. Se le denomina «Símbolo de los Apóstoles», porque según una piadosa tradición, no comprobada históricamente, fue escrito y transmitido por ellos desde entonces. Estos son los doce artículos: «1. Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. 2. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, 3. que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María siempre Virgen, 4. padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, 5. al tercer día resucitó de entre los muertos, 6. subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. 7. Desde allí vendrá a juzgar a vivos y muertos. 8. Creo en el Espíritu Santo, 9. la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, 10. el perdón de los pecados, 11. la resurrección de la carne y 12. la vida eterna. Amén». Este Credo es una declaración dogmática de los contenidos de la fe cristiana. Este Credo tiene una estructura trinitaria con secciones que afirman nuestra fe en Dios Padre, Jesucristo, su Hijo y el Espíritu Santo. Este Credo se basó en la comprensión teológica cristiana de los Evangelios canónicos, de las Cartas del Nuevo Testamento y, un poco menos, del Antiguo Testamento.
EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260405
«Salieron Pedro y aquel otro discípulo y vinieron al sepulcro... Hay
que advertir aquí y tener muy en cuenta la recapitulación que hace volviendo a
lo que había dejado, poniéndolo, no obstante, como sucedido después. Porqué,
habiendo dicho que llegaron al sepulcro, se vuelve atrás para decir cómo
llegaron: Corrían los dos simultáneamente... Donde manifiesta que, corriendo
con mayor velocidad, llegó primero aquel otro discípulo, que, siendo él mismo,
lo cuenta todo como si se tratase de otro. Y, habiéndose inclinado, vio
colocadas las envolturas, mas no entró. Vino en pos de él Simón Pedro y entró
en el sepulcro... ¿Vamos a pensar que estas cosas no tienen significación
alguna? Jamás lo hubiera yo pensado. Pero vamos apresuradamente a otras cosas
en las que nos obliga a detenernos la necesidad de resolver alguna dificultad o
de dar alguna aclaración. Detenerse a averiguar el significado de cada una de
estas cosas es ciertamente delicioso; pero para aquellos que disponen del
tiempo que a nosotros nos es tan escaso. Entonces entró también aquel discípulo
que había llegado primero al sepulcro. Llegó el primero, mas entró el segundo.
Tampoco esto está vacante de misterio, pero para esto yo no estoy vacante.
Dice: Y vio y creyó. Algunos, leyendo con poca atención, juzgan que Juan creyó
que Jesús había resucitado, mas no lo indica así lo que sigue. Porque ¿qué
indica lo que después añadió: No conocían aún la Escritura, que era conveniente
que Él resucitase de entre los muertos? Luego no creyó que hubiera resucitado,
ya que no sabía que era conveniente que Él resucitase. Pues ¿qué vio, qué
creyó? Vio el sepulcro vacío y creyó lo que la mujer había dicho» (San Agustín
[354-430]. Tratado 120 del Evangelio de Juan).




