miércoles, 28 de enero de 2026

Evangelio del 29 de enero 2026 Marcos 4, 21-25

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga".

Siguió hablándoles y les dijo: "Pongan atención a lo que están oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará".

Reflexión

Este pasaje nos recuerda que la luz de la verdad no está hecha para esconderse, sino para iluminar. Jesús nos invita a no ocultar lo que hemos recibido: los dones, la fe, la sabiduría. Así como una lámpara se coloca en alto para alumbrar a todos, nuestras acciones y palabras deben reflejar la luz de Dios en el mundo.

Además, nos advierte que quien escucha con atención y pone en práctica lo aprendido, recibirá aún más. Pero quien descuida o ignora, perderá incluso lo poco que tiene. Es un llamado a vivir con responsabilidad espiritual, a cultivar el corazón y a compartir la luz que hemos recibido.

En pocas palabras: la verdad se revela, la luz se comparte, y el crecimiento espiritual depende de nuestra apertura y generosidad.

martes, 27 de enero de 2026

Evangelio del 28 de enero 2026 Marcos 4, 1-20

 


En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

"Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron en seguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno". Y añadió Jesús: "El que tenga oídos para oír, que oiga".

Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: "A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se arrepientan y sean perdonados".

Y les dijo a continuación: "Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? 'El sembrador' siembra la palabra.

'Los granos de la vereda' son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

'Los que reciben la semilla en terreno pedregoso', son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

'Los que reciben la semilla entre espinas' son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, 'los que reciben la semilla en tierra buena' son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno".

Reflexión

El texto nos invita a mirar nuestro corazón como la tierra donde cae la semilla. La Palabra de Dios es sembrada con generosidad en todos, pero no siempre encuentra el mismo terreno. A veces se pierde por la distracción, otras no crecen por falta de profundidad, o se ahoga entre preocupaciones y deseos. Solo cuando el corazón está dispuesto, atento y perseverante, la semilla da fruto abundante. Esta parábola nos llama a preguntarnos qué tipo de tierra somos y a disponernos cada día para acoger la Palabra con apertura, paciencia y fidelidad.

lunes, 26 de enero de 2026

Evangelio del 27 de enero 2026 Marcos 3, 31-35

 


En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: "Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan".

Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".

Reflexión

En un contexto donde la familia biológica y los lazos de sangre lo eran todo, Jesús propone una nueva definición de pertenencia.

La mirada más allá de la sangre

Cuando le avisan a Jesús que su madre y sus hermanos están fuera buscándolo, su respuesta no es un desaire, sino una ampliación del concepto de familia. Él no niega a su familia terrenal, sino que invita a todos a formar parte de una familia espiritual que no se rige por el ADN, sino por la disposición del corazón.

La centralidad de la Voluntad de Dios

Jesús establece un criterio único para la fraternidad: "El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre". No basta con estar "cerca" de Jesús físicamente. La verdadera cercanía es la obediencia amorosa al Padre. Esto democratiza el acceso a la intimidad con Dios; cualquier persona, sin importar su origen, puede ser "familia" de Jesús.

Una comunidad de iguales

Al mirar a los que estaban sentados a su alrededor en círculo, Jesús valida a la comunidad que escucha y pone en práctica su palabra. Nos enseña que la Iglesia no es una institución de extraños, sino un hogar donde el vínculo que nos une es nuestra fe compartida y el deseo de vivir según los valores del Reino.

Reflexión personal: A veces nos sentimos solos o desconectados, pero este pasaje nos recuerda que, al intentar vivir con rectitud y amor según el plan de Dios, entramos automáticamente en el círculo más íntimo de Jesús.


domingo, 25 de enero de 2026

Evangelio del 26 de enero 2026 Marcos 3, 22-30

 



En aquel tiempo, los escribas que habían venido de Jerusalén decían acerca de Jesús: "Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera".

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: "¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno". Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

Reflexión

Lo impactante de este pasaje no es solo la acusación, sino de dónde viene. Los escribas eran los expertos en la Ley, los "estudiosos" que deberían haber reconocido al Mesías. Sin embargo, ante lo inexplicable (las sanaciones y liberaciones de Jesús), prefieren atribuir el bien al mal antes que admitir que estaban equivocados. Llamar a la luz "tinieblas" es el síntoma más grave de un corazón endurecido.

Jesús nos enseña que el Reino de Dios no es confusión, sino orden y propósito. Si Jesús vence al mal, es porque posee una autoridad superior. Él utiliza la analogía del "hombre fuerte" para explicar que, para liberar a la humanidad, primero debía atar al opresor.

Este texto suele generar temor, pero su significado es profundo: el pecado contra el Espíritu Santo no es un error puntual, sino una actitud persistente de rechazo. Si alguien decide que la mano de Dios es, en realidad, la mano del demonio se cierra a sí mismo la puerta del perdón, porque está rechazando la única herramienta que nos lleva al arrepentimiento: el Espíritu Santo.

Examinemos cómo juzgamos lo que Dios hace en los demás. ¿Estamos abiertos a la sorpresa de la gracia o somos como los escribas, atrapados en nuestros propios prejuicios?

sábado, 24 de enero de 2026

Evangelio del 24 de enero 2026 Marcos 3, 20-21

 



En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.

 

Reflexión

 

El Evangelio de Marcos nos presenta un contraste profundo entre la entrega de Jesús y la incomprensión de quienes lo rodeaban.

Jesús no pone límites a su disponibilidad; su prioridad es sanar, enseñar y consolar, incluso por encima de sus propias necesidades físicas básicas. Es el retrato de un amor que se desgasta y se da por entero.

Lo más impactante de este pasaje es la reacción de su familia y conocidos. Al ver su estilo de vida radical, dicen: "Está fuera de sí" (o "está loco").

El mundo a menudo confunde la pasión por el Reino de Dios con la locura. Para sus parientes, lo sensato era detenerse, comer y cuidarse; para Jesús, la urgencia del Evangelio no permitía pausas.

Jesús experimenta aquí el dolor de no ser comprendido por aquellos que más deberían conocerlo. Nos enseña que seguir la voluntad de Dios a veces implica caminar en contra de las expectativas de nuestro entorno más cercano.

Este pasaje nos invita a preguntarnos:

¿Hasta qué punto estamos dispuestos a "perder la cabeza" o la comodidad por los demás?

¿Nos frena el "qué dirán" de nuestra familia o amigos cuando intentamos vivir nuestra fe con coherencia?

Vivir con la intensidad de Jesús puede parecer una locura para el mundo, pero ante los ojos de Dios, es la forma más pura de cordura y amor.

jueves, 22 de enero de 2026

Evangelio del 23 de enero 2026 Marcos 3, 13-19

 



En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a doce para que se quedaran con él, para mandarlos a predicar y para que tuvieran el poder de expulsar a los demonios.

Constituyó entonces a los Doce: a Simón, al cual le impuso el nombre de Pedro; después, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, a quienes dio el nombre de Boanergues, es decir "hijos del trueno"; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, que después lo traicionó.

 Reflexión

En Marcos 3, 13-19, Jesús no elige a los Doce por su perfección, sino por su disponibilidad. Los llama uno a uno, los invita a estar con Él y luego los envía en misión. La iniciativa es siempre de Jesús: Él conoce las fragilidades de cada apóstol, pero confía en que la cercanía con Él los transformará.

Este pasaje nos recuerda que la vocación cristiana nace del encuentro y de la relación, no del mérito. Antes de hacer, está el estar con Jesús. Desde ahí brota la misión, que no se vive en soledad, sino en comunidad, con diversidad de rostros, historias y temperamentos. Dios sigue llamando hoy, contando también con nuestras limitaciones, para construir su Reino desde la comunión y el servicio.

miércoles, 21 de enero de 2026

Evangelio del 22 de enero 2026 Marcos 3, 7-12

 



En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios". Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

 

Reflexión

 

El texto describe a una multitud inmensa que viene de todas partes (Galilea, Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania). Muchos buscaban a Jesús no necesariamente por su mensaje, sino por sus milagros y curaciones.

Reflexión: A veces nos acercamos a lo espiritual solo cuando necesitamos un "auxilio urgente". El texto nos invita a preguntarnos: ¿Buscamos a Jesús por lo que nos puede dar, o por quién es Él?

 

Jesús pide una barca para que la multitud no lo "aplastara". Esta barca no es solo un refugio físico, sino un símbolo de la distancia necesaria para que su palabra pueda ser escuchada. Sin orden y sin espacio, el mensaje se pierde en el tumulto.

Reflexión: En un mundo lleno de ruido y exigencias constantes, necesitamos nuestra propia "barca" (el silencio, la oración, el retiro) para que Dios pueda hablarnos sin que las preocupaciones nos asfixien.

 

Resulta paradójico que los "espíritus impuros" reconozcan a Jesús como el Hijo de Dios, mientras que la gente común aún no lo entiende del todo. Jesús les prohíbe hablar porque no quiere una fe basada en el espectáculo o en el miedo, sino una que nazca del amor y el seguimiento diario.

Reflexión: La verdadera identidad de Jesús se revela plenamente en la Cruz, no solo en los milagros. Él prefiere el silencio antes que una fama malentendida.