jueves, 8 de enero de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260111

 

Cuando revisamos los diarios y encontramos reportajes de la violencia o de los índices de pobreza que no ceden, podemos experimentar cierta sensación de desamparo. Pareciera que las salidas se agotan y que el margen de maniobra para modificar todo aquello que degrada las condiciones de vida de las personas se acorta. La desesperanza campea por todas partes, produciendo individualistas furibundos que persiguen su propio bienestar a costa del país y de los otros. Escasa solidaridad y escasa confianza en los demás. Las figuras proféticas siguen siendo indispensables, son nuestros críticos implacables, como Juan el Bautista y como Jesús de Nazaret, y a la vez son nuestros pedagogos que nos alientan a vivir en clave de esperanza. Los retos son enormes, pero el amor a la vida, a las personas, a la creación entera son un acicate para salir de nuestra zona de confort y buscar la mejor para nosotros y para nuestra comunidad.

Reflexión 20260111


 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR Domingo 11 de Enero de 2026

 



 

ANTÍFONA DE ENTRADA

Inmediatamente después de que Jesús recibió el bautismo, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo se posó sobre él en forma de paloma, y resonó la voz del Padre que decía: “Éste es mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor”.

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA

. Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste solemnemente a Jesucristo como tu Hijo muy amado, cuando, al ser bautizado en el Jordán, descendió el Espíritu Santo sobre él, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, que se conserven siempre dignos de tu complacencia. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías: 42, 1-4. 6-7

 

Esto dice el Señor: “Miren a mi siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles; no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea. Promoverá con firmeza la justicia, no titubeará ni se doblegará hasta haber establecido el derecho sobre la tierra y hasta que las islas escuchen su enseñanza. Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te llamé, te tomé de la mano, te he formado y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 28

 

R. Te alabamos, Señor.

 

Hijos de Dios, glorifiquen al Señor, denle la gloria que merece. Postrados en su templo santo, alabemos al Señor. R.

 

La voz del Señor se deja oír sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es poderosa, la voz del Señor es imponente. R.

 

El Dios de majestad hizo sonar el trueno de su voz. El Señor se manifestó sobre las aguas desde su trono eterno. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 10, 34-38

 

En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos. Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R. Aleluya, aleluya.

 

Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”. R.

 

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Mateo: 3, 13-17

 

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?”. Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo. Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma, y se oyó una voz que decía desde el cielo: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”. Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, a nuestro Salvador, que quiso ser bautizado para santificar nuestro bautismo y renovar por él al hombre caído, y pidámosle que se compadezca de quienes ha querido que fueran sus hermanos. Oremos diciendo:

TODOS: Concédenos, Señor, tu paz.

1. Para que Cristo, el Siervo de Dios, en quien el Padre se complace, mire con amor a todos los que se preparan para el bautismo o la confirmación. Roguemos al Señor.

2. Para que Cristo, el Elegido de Dios, ilumine a los que buscan a Dios con sinceridad de corazón, les haga oír la voz del Padre y los conduzca hacia sus brazos amorosos. Roguemos al Señor.

3. Para que Cristo, el Enviado del Padre, que no quiebra la caña resquebrajada ni apaga la mecha que aún humea, conceda la salud a los que viven oprimidos por el mal. Roguemos al Señor.

4. Para que Cristo, el Hijo amado, que quiso ser bautizado en el Jordán para dar fuerza a nuestro bautismo, nos haga descubrir y amar la grandeza del bautismo cristiano, don del amor de Dios a los hombres. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Padre todopoderoso, que haces resonar tu voz magnífica en las aguas del Bautismo y en la unción de la Confirmación, escucha nuestras oraciones y concede a los bautizados cumplir fielmente las promesas de su Bautismo para que sean testigos valientes de la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te presentamos en la manifestación de tu Hijo muy amado, para que la oblación de tus hijos se convierta en el mismo sacrificio de aquel que quiso en su misericordia lavar los pecados del mundo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque mostraste en el Jordán con signos admirables el misterio del nuevo bautismo, para que por aquella voz, venida del cielo, creyéramos que tu Palabra ya estaba habitando entre nosotros y, por el Espíritu Santo, que descendió en forma de paloma, se supiera que Cristo, tu Siervo, era ungido con óleo de alegría y enviado a anunciar el Evangelio a los pobres. Por eso, a una con los coros de los ángeles, te alabamos continuamente en la tierra, aclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Éste es aquel de quien Juan decía: Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Saciados con estos sagrados dones, imploramos, Señor, tu clemencia, para que, escuchando fielmente a tu Unigénito, nos llamemos y seamos de verdad hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260111


 

«Soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Estando tú presente, me es imposible callar, pues yo soy la voz, y precisamente la voz que grita en el desierto: preparad el camino del Señor. Soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Al nacer, yo hice fecunda la esterilidad de la madre que me engendró, y, cuando todavía era un niño, procuré el alivio a la mudez de mi padre, recibiendo de ti, niño, la gracia de hacer milagros. Por tu parte, nacido de María la Virgen según quisiste y de la manera que tú solo conociste, no menoscabaste su virginidad, sino que la preservaste y se la regalaste junto con el apelativo de Madre. Ni la virginidad obstaculizó tu nacimiento ni el nacimiento lesionó la virginidad, sino que ambas realidades: nacimiento y virginidad, realidades contradictorias si las hay, firmaron un pacto, porque para ti, Creador de la naturaleza, esto es fácil y hacedero. Yo soy solamente hombre, partícipe de la gracia divina; tú, en cambio, eres a la vez Dios y hombre, pues eres benigno y amas con locura el género humano. Soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Tú que eras al principio, y estabas junto a Dios y eras Dios mismo; tú que eres el esplendor de la gloria del Padre; tú que eres la imagen perfecta del Padre perfecto; tú que eres la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo; tú que para estar en el mundo viniste donde ya estabas; tú que te hiciste carne sin convertirte en carne; tú que acampaste entre nosotros y te hiciste visible a tus siervos en la condición de esclavo; tú que, con tu santo nombre como con un puente, uniste el cielo y la tierra: ¿tú acudes a mí? ¿Tú, tan grande, a un hombre como yo?, ¿el Rey al precursor?, ¿el Señor al siervo?» (San Gregorio Taumaturgo [c, 213 - c. 270]. Homilía 4 (atribuida) en la santa Teofanía).

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260111



La riqueza de los Padres. En los escritos de los «Santos Padres» encontramos una gran riqueza doctrinal, espiritual, apostólica y cultural. Predicaban y escribían con la mirada puesta en las necesidades de los fieles, que podríamos decir que son las mismas que tenemos en la actualidad; por ello son propuestos como maestros de vida espiritual y apostólica. Constituyen, sobre todo en estos momentos, un ejemplo luminoso de la fuerza del mensaje cristiano, que ha de «inculturarse» en todo tiempo y lugar, sin perder por ello su originalidad. Los Padres de la Iglesia reúnen todos los requisitos para ser considerados testigos cualificados de la Tradición divina inalterada. Resulta impresionante comprobar cómo los Santos Padres supieron fertilizar con el mensaje evangélico la cultura clásica (griega y latina), cómo sentaron las bases para la gran floración de la época medieval. «Si quisiéramos resumir las razones que inducen a estudiar las obras de los Padres, podríamos decir que ellos fueron, después de los Apóstoles, como dijo justamente San Agustín, los sembradores, los regadores, los constructores, los pastores y los alimentadores de la Iglesia, que pudo crecer gracias a su acción vigilante e incansable. Para que la Iglesia continúe creciendo es indispensable conocer a fondo su doctrina y su obra, que se distingue por ser al mismo tiempo pastoral y teológica, catequética y cultural, espiritual y social en un modo excelente y, se puede decir, única con respecto a cuanto ha sucedido en otras épocas de la historia. Es justamente esta unidad orgánica de los varios aspectos de la vida y misión de la Iglesia lo que hace a los Padres tan actuales y fecundos incluso para nosotros» (Instrucción sobre los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal 47).


Evangelio del 9 de enero 2026 Lucas 5, 12-16

 



En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: "Señor, si quieres, puedes curarme". Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Quiero. Queda limpio". Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: "Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio".

 

Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.

 

Reflexión

 

1. La audacia de la humildad

En aquella época, un leproso era un marginado total, obligado a vivir lejos de la sociedad y a avisar de su presencia para no "contaminar" a otros. Sin embargo, este hombre rompe las barreras del miedo y se postra ante Jesús. Su oración no es una exigencia, sino un acto de abandono absoluto: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. No duda del poder de Jesús, sino que se somete con humildad a su voluntad.

 

2. El poder del contacto humano

La respuesta de Jesús es revolucionaria: "Extendió la mano y lo tocó". Según la ley de aquel tiempo, al tocar al leproso, Jesús quedaba legalmente "impuro". Pero Jesús invierte la lógica: su pureza es más fuerte que la enfermedad. Al tocarlo, no solo sana su piel, sino que sana su alma y su dignidad, devolviéndole el sentido de pertenencia. Nos enseña que la caridad verdadera a veces requiere "ensuciarse las manos" y romper protocolos para salvar a la persona.

 

3. La prioridad del encuentro con el Padre

El pasaje termina con un detalle vital: a pesar de que la fama de Jesús crecía y las multitudes lo buscaban, él "se retiraba a lugares solitarios para orar". Esta es una lección de equilibrio para nuestra vida moderna. Jesús no permite que el activismo o el éxito lo alejen de su fuente de fuerza. Cuanto más trabajo y presión tenía, más buscaba el silencio con Dios.

 

Reflexión para hoy

¿Cuál es esa "lepra" (miedo, culpa, egoísmo) que hoy necesito presentarle al Señor? ¿Tengo la confianza suficiente para decirle "si quieres, puedes limpiarme", sabiendo que Él nunca rechaza un corazón sincero?

miércoles, 7 de enero de 2026

Evangelio del 8 de enero 2026 Lucas 4, 14-22


 

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región.

Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

porque me ha ungido

para llevar a los pobres la buena nueva,

para anunciar la liberación a los cautivos

y la curación a los ciegos,

para dar libertad a los oprimidos

y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios.

 

Reflexión

 

Jesús entra en la sinagoga de su infancia y lee al profeta Isaías. Al decir "Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír", no solo está leyendo un texto antiguo; se está presentando como la respuesta de Dios a siglos de espera. El "hoy" de Dios no es un tiempo lejano, es el presente que transforma la realidad.

El programa de Jesús es profundamente humano y compasivo. No viene a establecer un sistema de normas, sino a:

Dar buenas noticias a los pobres.

Anunciar la libertad a los cautivos.

Dar vista a los ciegos.

Poner en libertad a los oprimidos.

Su mensaje nos recuerda que la fe verdadera siempre va de la mano con la justicia y el alivio del sufrimiento ajeno.

Al principio, todos están admirados por sus palabras de gracia. Sin embargo, el texto nos invita a preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a aceptar al Jesús que nos desafía a cambiar, o solo buscamos al Jesús que nos consuela? Nazaret se sorprendió porque conocían a su familia; a veces, lo cotidiano nos impide ver la presencia de lo sagrado.