viernes, 19 de junio de 2026

Evangelio del 20 de junio 2026 Mateo 6, 24-34

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas".

 

Reflexión

 

Este evangelio nos invita a confiar más en Dios que en las seguridades materiales. Jesús no condena el trabajo ni la responsabilidad, sino la preocupación excesiva que roba la paz del corazón y nos hace vivir esclavos del miedo al futuro.

Al señalar las aves del cielo y los lirios del campo, Jesús nos recuerda que Dios cuida amorosamente de toda su creación y que nosotros valemos mucho más a sus ojos. La verdadera prioridad del discípulo no es acumular riquezas ni vivir angustiado por el mañana, sino buscar primero el Reino de Dios y practicar su justicia.

En un mundo lleno de incertidumbres, este mensaje nos anima a vivir el presente con confianza, haciendo lo que nos corresponde cada día y poniendo nuestras preocupaciones en las manos del Señor. Quien confía en Dios descubre que, aun en medio de las dificultades, nunca camina solo y encuentra la serenidad que nace de saberse amado y cuidado por el Padre.

jueves, 18 de junio de 2026

Evangelio del 19 de junio 2026 Mateo 6, 19-23

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien, acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!"

Reflexión

Esta enseñanza de Jesús, recogida en el Evangelio de Mateo, nos invita a una revisión profunda de nuestras prioridades y de cómo percibimos el mundo. Es una lección sobre la libertad interior.

Jesús no está condenando el hecho de tener bienes, sino la actitud de "acumular" como si lo material fuera nuestra única seguridad.

La frase "donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón" es un diagnóstico preciso. Nuestro corazón es como una brújula; siempre apunta hacia aquello que valoramos más.

En la mentalidad bíblica, los ojos no son solo un órgano físico, sino la intención del corazón.

Tener los "ojos sanos" significa tener una mirada limpia, generosa y enfocada en lo esencial. Cuando nuestra intención es recta, nuestra vida entera se ilumina.

Tener los "ojos enfermos" (o codiciosos) significa mirar el mundo solo a través del egoísmo.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260621


 

En estos tiempos debemos reflexionar sobre la confianza en Dios y el valor de quienes, aun en medio del dolor y la inseguridad, siguen siendo constructores de paz. Los discípulos enviados por Jesús representan a todos los que hoy se atreven a llevar esperanza donde reina el miedo.



Los discípulos enviados por el Señor Jesús a misionar en Galilea tenían una tarea precisa, servir como mensajeros de paz y pioneros del reinado de Dios. Misión con riesgos y satisfacciones como cualquier otra. En el pasaje del Evangelio Mateo 10, 26 al 33 Jesús reitera un mensaje de confianza. No hay que dejarse atrapar por el miedo a perder la vida y sufrir adversidades. Dios nos ama y estamos en sus manos. Es un mensaje consolador que puede antojarse inverosímil en las actuales circunstancias de inseguridad que prevalecen en nuestro país. Dios nos ama y nos invita a cuidar nuestra vida. Tenemos testimonios de creyentes en Jesucristo que han sufrido pérdidas atroces, al ver asesinados a sus familiares más cercanos, que no se han cruzado de brazos, ni se han dejado atrapar por la sed de venganza, sino que se han puesto a exigir justicia, como constructores de la paz. No tienen miedo porque saben que Dios está con ellos.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260621

 



San Cirilo de Jerusalén (315–386), obispo de Jerusalén, es una figura destacada de la Iglesia primitiva y reconocido por su enseñanza catequética. Aunque se conoce poco de su vida, sus catequesis son fundamentales para comprender la fe cristiana en sus primeros siglos. En la quinta catequesis explica la virtud de la fe y presenta el Símbolo jerosolimitano, fórmula de las verdades de fe profesadas en la Iglesia de Jerusalén. Subraya la dignidad del creyente que, al pasar de catecúmeno a fiel, recibe el título de “fiel” como participación en un atributo divino.

Una constante en sus enseñanzas es motivar a los catecúmenos con la gracia del bautismo, insistiendo en la sinceridad y rectitud de intención necesarias para recibir este sacramento de regeneración. Su estilo combina exhortación pastoral con profundidad teológica, iluminando la importancia de la fe como fundamento de la vida cristiana.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260621

 



Síntesis del texto de San Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos

 

San Ignacio expresa su firme deseo de morir por Cristo y pide a las comunidades que no lo impidan con una compasión mal entendida. Se considera “trigo de Dios” que debe ser triturado por las fieras para convertirse en “pan limpio de Cristo”. Rechaza los placeres y los reinos terrenales, pues su voluntad está puesta en Jesús muerto y resucitado. Para él, el martirio es un “nacimiento a la vida nueva” y la única manera de contemplar la luz pura y ser plenamente hombre. Suplica que no lo seduzcan con bienes materiales ni lo entreguen al mundo, sino que lo apoyen en su deseo de imitar la pasión de Cristo. Advierte contra la envidia y la incoherencia de tener a Cristo en los labios pero deseos mundanos en el corazón. Finalmente, pide que se atienda a lo que escribe ahora, en vida, deseando morir, y no a posibles súplicas contrarias que pudiera hacer en el momento de la prueba.

 

Este texto es un testimonio radical de fe y de amor a Cristo, donde el martirio se entiende no como derrota, sino como plenitud y unión definitiva con Dios.

 

 (San Ignacio de Antioquía [c. 35108/110]. Carta a los Romanos).

Reflexión 20260621


 

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 21 de junio 2026

 



 

Antífona de entrada.  

Señor es la fuerza de su pueblo, defensa y salvación para su Ungido. Sálvanos, Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre (Cfr. Sal 27, 8-9).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor, concédenos vivir siempre en el amor y respeto a tu santo nombre, ya que jamás dejas de proteger a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: En la primera lectura escucharemos cómo Jeremías enfrenta las persecuciones por cumplir la misión profética; prevalece su confianza en el Señor y confiesa que siempre experimentó su cercanía. Escuchemos.

 

Primera Lectura (Jer 20, 10-13)

Del libro del profeta Jeremías

En aquel tiempo, dijo Jeremías: "Yo oía el cuchicheo de la gente que decía: 'Terror por todas partes. Denunciemos a Jeremías, vamos a denunciarlo'. Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que tropezara y me cayera, diciendo: 'Si se tropieza y se cae, lo venceremos y podremos vengarnos de él'.

Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable.

Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo y conoces lo más profundo de los corazones, haz que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

Canten y alaben al Señor, porque él ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados". Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 68)

R. Escúchame, Señor, porque eres bueno.

L. Por ti he sufrido oprobios y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae. / R.

L. A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro. Escúchame, Señor, pues eres bueno y en tu ternura vuelve a mí tus ojos. / R.

L. Se alegrarán, al verlo, los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado. Que lo alaben por esto cielo y tierra, el mar y cuanto en él habita. / R.

 

Monición: Con el pecado de Adán, la humanidad inicia una historia de pecado y de muerte. Con el don de Cristo, se inicia un camino de amor que redime al hombre del pecado inicial. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 5, 12-15)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, así la muerte llegó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Antes de la ley de Moisés ya había pecado en el mundo y, si bien es cierto que el pecado no se imputa cuando no hay ley, sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir.

Ahora bien, con el don no sucede como con el delito, porque si por el delito de uno solo murieron todos, cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos! Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Jn 15, 26. 27)

R. Aleluya, aleluya. El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí, dice el Señor, y ustedes también darán testimonio. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: Jesús en el evangelio nos transmite confianza. No tengan miedo, ustedes valen mucho. Los adversarios pueden quitarles la vida del cuerpo, pero nunca la del alma. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 10, 26-33)

Del santo Evangelio según san Mateo

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos". Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Elevemos, hermanos, nuestros ojos al Señor y esperemos, confiados, su ayuda salvífica. Oremos diciendo:

TODOS: Escucha, Señor, nuestra oración.

1. Por el santo Padre, el Papa N., por nuestro obispo N. y por todos los sacerdotes y diáconos de Jesucristo. Roguemos al Señor.

2. Por el buen tiempo, por el fruto de las investigaciones de los estudiosos y por la prosperidad del trabajo de todos. Roguemos al Señor.

3. Por las vírgenes consagradas al Señor y por los religiosos que trabajan en nuestras comunidades. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que hacen el bien en nuestras parroquias y por los que cuidan de los pobres y de los enfermos. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Señor Jesucristo, escucha las oraciones de tu pueblo y sostennos con la fuerza de tu Espíritu, para que nunca nos avergoncemos de nuestra fe, sino que confesemos, con valentía, tu nombre ante los hombres, y merezcamos que te pongas de nuestra parte en el día de tu manifestación ante el Padre celestial. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Recibe, Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza y concédenos que, purificados por su eficacia, podamos ofrecerte el entrañable afecto de nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

           

PREFACIO

 

Nuestra humanidad salvada por la humanidad de Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque reconocemos como obra de tu poder admirable no sólo haber socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino también el haber previsto el remedio en nuestra misma naturaleza mortal, y así, con lo que fue la causa de nuestra ruina, con eso mismo nos diste la salvación, por Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Los ojos de todos esperan en ti, Señor; y tú les das la comida a su tiempo (Sal 144, 15).

 

Oración después de la comunión.

Renovados, Señor, por el alimento del sagrado Cuerpo y la preciosa Sangre de tu Hijo, concédenos que lo que realizamos con asidua devoción, lo recibamos convertido en certeza de redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.