domingo, 21 de junio de 2026

Evangelio del 22 de junio 2026 Mateo 7, 1-5



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No juzguen, y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo".

Reflexión

Este Evangelio nos invita a mirar primero nuestro propio corazón antes de señalar los errores de los demás.

La imagen de la paja y la viga es una llamada a la sinceridad: quien examina su vida con honestidad aprende a ser más comprensivo, misericordioso y paciente con los demás.

Jesús nos enseña que la medida que usamos para juzgar será la misma que se empleará con nosotros. Por eso, el discípulo está llamado a sustituir la crítica apresurada por la compasión, el juicio severo por la comprensión y la condena por la ayuda fraterna.

Pidamos al Señor un corazón humilde que se deje corregir por Él, para que nuestras palabras y acciones sean siempre un reflejo de su misericordia y de su amor.

viernes, 19 de junio de 2026

Evangelio del 20 de junio 2026 Mateo 6, 24-34

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas".

 

Reflexión

 

Este evangelio nos invita a confiar más en Dios que en las seguridades materiales. Jesús no condena el trabajo ni la responsabilidad, sino la preocupación excesiva que roba la paz del corazón y nos hace vivir esclavos del miedo al futuro.

Al señalar las aves del cielo y los lirios del campo, Jesús nos recuerda que Dios cuida amorosamente de toda su creación y que nosotros valemos mucho más a sus ojos. La verdadera prioridad del discípulo no es acumular riquezas ni vivir angustiado por el mañana, sino buscar primero el Reino de Dios y practicar su justicia.

En un mundo lleno de incertidumbres, este mensaje nos anima a vivir el presente con confianza, haciendo lo que nos corresponde cada día y poniendo nuestras preocupaciones en las manos del Señor. Quien confía en Dios descubre que, aun en medio de las dificultades, nunca camina solo y encuentra la serenidad que nace de saberse amado y cuidado por el Padre.

jueves, 18 de junio de 2026

Evangelio del 19 de junio 2026 Mateo 6, 19-23

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien, acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!"

Reflexión

Esta enseñanza de Jesús, recogida en el Evangelio de Mateo, nos invita a una revisión profunda de nuestras prioridades y de cómo percibimos el mundo. Es una lección sobre la libertad interior.

Jesús no está condenando el hecho de tener bienes, sino la actitud de "acumular" como si lo material fuera nuestra única seguridad.

La frase "donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón" es un diagnóstico preciso. Nuestro corazón es como una brújula; siempre apunta hacia aquello que valoramos más.

En la mentalidad bíblica, los ojos no son solo un órgano físico, sino la intención del corazón.

Tener los "ojos sanos" significa tener una mirada limpia, generosa y enfocada en lo esencial. Cuando nuestra intención es recta, nuestra vida entera se ilumina.

Tener los "ojos enfermos" (o codiciosos) significa mirar el mundo solo a través del egoísmo.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260621


 

En estos tiempos debemos reflexionar sobre la confianza en Dios y el valor de quienes, aun en medio del dolor y la inseguridad, siguen siendo constructores de paz. Los discípulos enviados por Jesús representan a todos los que hoy se atreven a llevar esperanza donde reina el miedo.



Los discípulos enviados por el Señor Jesús a misionar en Galilea tenían una tarea precisa, servir como mensajeros de paz y pioneros del reinado de Dios. Misión con riesgos y satisfacciones como cualquier otra. En el pasaje del Evangelio Mateo 10, 26 al 33 Jesús reitera un mensaje de confianza. No hay que dejarse atrapar por el miedo a perder la vida y sufrir adversidades. Dios nos ama y estamos en sus manos. Es un mensaje consolador que puede antojarse inverosímil en las actuales circunstancias de inseguridad que prevalecen en nuestro país. Dios nos ama y nos invita a cuidar nuestra vida. Tenemos testimonios de creyentes en Jesucristo que han sufrido pérdidas atroces, al ver asesinados a sus familiares más cercanos, que no se han cruzado de brazos, ni se han dejado atrapar por la sed de venganza, sino que se han puesto a exigir justicia, como constructores de la paz. No tienen miedo porque saben que Dios está con ellos.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260621

 



San Cirilo de Jerusalén (315–386), obispo de Jerusalén, es una figura destacada de la Iglesia primitiva y reconocido por su enseñanza catequética. Aunque se conoce poco de su vida, sus catequesis son fundamentales para comprender la fe cristiana en sus primeros siglos. En la quinta catequesis explica la virtud de la fe y presenta el Símbolo jerosolimitano, fórmula de las verdades de fe profesadas en la Iglesia de Jerusalén. Subraya la dignidad del creyente que, al pasar de catecúmeno a fiel, recibe el título de “fiel” como participación en un atributo divino.

Una constante en sus enseñanzas es motivar a los catecúmenos con la gracia del bautismo, insistiendo en la sinceridad y rectitud de intención necesarias para recibir este sacramento de regeneración. Su estilo combina exhortación pastoral con profundidad teológica, iluminando la importancia de la fe como fundamento de la vida cristiana.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260621

 



Síntesis del texto de San Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos

 

San Ignacio expresa su firme deseo de morir por Cristo y pide a las comunidades que no lo impidan con una compasión mal entendida. Se considera “trigo de Dios” que debe ser triturado por las fieras para convertirse en “pan limpio de Cristo”. Rechaza los placeres y los reinos terrenales, pues su voluntad está puesta en Jesús muerto y resucitado. Para él, el martirio es un “nacimiento a la vida nueva” y la única manera de contemplar la luz pura y ser plenamente hombre. Suplica que no lo seduzcan con bienes materiales ni lo entreguen al mundo, sino que lo apoyen en su deseo de imitar la pasión de Cristo. Advierte contra la envidia y la incoherencia de tener a Cristo en los labios pero deseos mundanos en el corazón. Finalmente, pide que se atienda a lo que escribe ahora, en vida, deseando morir, y no a posibles súplicas contrarias que pudiera hacer en el momento de la prueba.

 

Este texto es un testimonio radical de fe y de amor a Cristo, donde el martirio se entiende no como derrota, sino como plenitud y unión definitiva con Dios.

 

 (San Ignacio de Antioquía [c. 35108/110]. Carta a los Romanos).

Reflexión 20260621