viernes, 26 de junio de 2026

Reflexión 20260628


 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260628

 


Diariamente vivimos el dolor que provoca la violencia cuando golpea lo más valioso que posee una persona: la familia, la seguridad y la propia vida. La experiencia de tantos padres y madres que buscan a sus hijos desaparecidos revela una herida abierta en la sociedad.



Los afectos familiares, la seguridad jurídica y en particular la propia vida, son realidades que nos interesan y preocupan. No es nada sencillo poner en riesgo dichos valores cuando se vive en un clima violento y amenazador. Miles de personas en nuestro país saben lo que significa que sus hijos salgan de casa y no regresen; cientos de madres saben lo que es andar de un sitio a otro tratando de dar con el paradero de sus desaparecidos. Vivimos en medio de una sociedad muy violenta que desprecia el valor más importante: la vida. Cuando la vida se pone en riesgo por fidelidad a Jesucristo el creyente encuentra un sentido. Lo que no tiene justificación alguna son las muertes arbitrarias y carentes de toda racionalidad que a diario enlutan el corazón de tantas familias en México. Algo hemos hecho demasiado mal para vivir en este lodazal de violencia.


RAÍCES DE NUESTRA FE 20260628 San Cirilo de Jerusalén. Catequesis 5, 12

 



San Cirilo de Jerusalén destaca que la fe recibida de la Iglesia debe conservarse íntegra y permanecer firmemente grabada en el corazón de los creyentes. Explica que el Símbolo de la fe resume las verdades esenciales de la Sagrada Escritura y sirve como guía para quienes no pueden acceder directamente a toda la enseñanza bíblica. Exhorta a memorizar y vivir esta profesión de fe durante toda la vida, manteniéndose fieles a ella sin dejarse confundir por falsas doctrinas, aun si provinieran de personas con autoridad o aparentaran tener un origen extraordinario. De este modo, la fidelidad a la enseñanza apostólica se convierte en el fundamento seguro de la vida cristiana.

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260628

 



San Jerónimo explica que Jesús no prohíbe amar a la familia, sino que enseña que el amor a Dios debe ocupar siempre el primer lugar. Cuando existe un conflicto entre la fidelidad a Cristo y los afectos familiares, el discípulo está llamado a elegir a Dios por encima de todo. Asimismo, recuerda que seguir a Jesús implica cargar la cruz cada día con perseverancia y fidelidad. Finalmente, destaca la dignidad de la misión de los apóstoles: quien los recibe, recibe al mismo Cristo y, por medio de Él, al Padre que lo envió. De este modo, el Señor anima a sus discípulos a cumplir su misión con confianza, asegurándoles que Dios proveerá lo necesario mediante la acogida y la generosidad de los creyentes.

(San Jerónimo [340-397]. Comentario al Evangelio de Mateo).

Evangelio del 26 de junio 2026 Mateo 8, 1-4

 



En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes curarme". Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: "Sí quiero, queda curado". Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: "No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación".

 

Reflexión

 

El Evangelio nos muestra que Jesús no sólo escucha el clamor del leproso, sino que se acerca a él y lo toca. En una época en la que los leprosos eran rechazados y considerados impuros, ese gesto revela un amor que rompe las barreras del miedo, del prejuicio y de la exclusión.

El leproso se acerca con una fe humilde: "Señor, si quieres, puedes curarme". No exige, sino que confía plenamente en la voluntad de Jesús. Y la respuesta del Señor es clara y llena de esperanza: "Sí quiero, queda curado".

También hoy, Jesús sigue acercándose a nuestras heridas físicas, emocionales y espirituales. Nos invita a confiar en su misericordia y, al mismo tiempo, a imitar su ejemplo, tendiendo la mano a quienes viven solos, enfermos, rechazados o necesitados de consuelo. El verdadero discípulo no pasa de largo ante el sufrimiento, sino que lo enfrenta con compasión y amor.

miércoles, 24 de junio de 2026

Evangelio 25 de junio 2026 Mateo 7, 21-29

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor'!, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: '¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?' Entonces yo les diré en su cara: 'Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal'.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente".

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

 

Reflexión

 

Este Evangelio nos recuerda que la fe verdadera no se reduce a palabras, prácticas religiosas o apariencias externas. Jesús señala que no basta decir: “Señor, Señor”; lo esencial es vivir conforme a la voluntad de Dios. La autenticidad del discípulo se manifiesta en sus obras, en la coherencia entre lo que cree, dice y hace.

La parábola de las dos casas nos invita a examinar sobre qué fundamento estamos construyendo nuestra vida. Quien escucha la Palabra y la pone en práctica edifica sobre roca firme. Vendrán dificultades, pruebas, sufrimientos y desafíos, pero su vida permanecerá en pie porque está sostenida por Dios. En cambio, quien escucha y no actúa conforme al Evangelio construye sobre arena, y tarde o temprano las tormentas revelarán la fragilidad de esos cimientos.

Hoy Jesús nos llama a pasar de una fe de palabras a una fe de obras, de una religiosidad superficial a un compromiso real con el amor, la justicia, la verdad y la misericordia. La pregunta que deja este Evangelio es profunda: ¿estoy construyendo mi vida sobre la roca de Cristo o sobre las arenas cambiantes de mis propios intereses?

Que cada día podamos escuchar la voz del Señor y convertir sus enseñanzas en acciones concretas, para que nuestra vida sea una casa firme que resista cualquier tempestad.

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 28 de junio 2026

 



 

Antífona de entrada.

Pueblos todos, aplaudan y aclamen a Dios con gritos de júbilo (Sal 46, 2).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Señor Dios, que mediante la gracia de la adopción filial quisiste que fuéramos hijos de la luz, concédenos que no nos dejemos envolver en las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre vigilantes en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: La hospitalidad que recibe el profeta Eliseo, hombre de Dios, es notoria en la generosidad de una mujer estéril; su actitud con el Profeta, Dios la bendice con un hijo. Escuchemos.

 

Primera Lectura (2 Re 4, 8-11. 14-16)

Del segundo libro de los Reyes

Un día pasaba Eliseo por la ciudad de Sunem y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a comer en su casa. Desde entonces, siempre que Eliseo pasaba por ahí, iba a comer a su casa. En una ocasión, ella le dijo a su marido: "Yo sé que este hombre, que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que se quede allí, cuando venga a visitarnos".

Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunem, subió a la habitación y se recostó en la cama. Entonces le dijo a su criado: "¿Qué podemos hacer por esta mujer?".

El criado le dijo: "Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano". Entonces dijo Eliseo: "Llámala". El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en la puerta. Eliseo le dijo: "El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus brazos".

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial (Sal 88)

R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

L. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor, y daré a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: "Mi amor es para siempre, y mi lealtad, más firme que los cielos". / R.

L. Señor, feliz el pueblo que te alaba y que a tu luz camina, que en tu nombre se alegra a todas horas y al que llena de orgullo tu justicia. / R.

L. Feliz, porque eres tú su honor y fuerza y exalta tu favor nuestro poder. Feliz, porque el Señor es nuestro escudo y el santo de Israel es nuestro rey. / R.

 

Monición: Por el bautismo, participamos de la muerte y resurrección de Cristo; dejamos la antigua criatura y renace una criatura sin pecado e iniciamos una nueva relación con Dios y con la comunidad. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 6, 3-4. 8-11)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio (1 Pedro 2, 9)

R. Aleluya, aleluya. Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: La generosidad es nuestra identidad, basta salir y encontraremos nuevas posibilidades para expresarla y si esa generosidad la hacemos a un profeta, Dios nos bendice y nos da el premio de profeta. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 10, 37-42)

Del santo Evangelio según san Mateo

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

CREDO de los Apóstoles

 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras oraciones, para que podamos alegrarnos al recibir su ayuda. Unámonos a cada petición diciendo:

TODOS: Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

1.         Por los ministros de la Iglesia que han consagrado su vida al Señor y por todos los que adoran al Dios verdadero. Roguemos al Señor.

2.         Para que el tiempo sea bueno y todos podamos gozar de una naturaleza limpia en la bella sucesión de las diversas estaciones. Roguemos al Señor.

3.         Por los que son víctimas de la debilidad humana, del espíritu de odio o de envidia o de los otros vicios del mundo. Roguemos al Señor.

4.         Encomendémonos mutuamente al Señor, pongamos toda nuestra existencia en sus manos y oremos con confianza al autor y guardián de todo lo que tenemos y poseemos. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Escucha, Padre santo, las oraciones de tu pueblo e infunde en nosotros la sabiduría y la fuerza del Espíritu Santo, para que, unidos a Cristo, sigamos el camino de la cruz dispuestos a perder nuestra vida para manifestar al mundo nuestra esperanza en el reino que nos tienes preparado. por Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Señor Dios, que bondadosamente realizas el fruto de tus sacramentos, concédenos que seamos capaces de servirte como corresponde a tan santos misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

 

Historia de la salvación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque naciendo, restauró nuestra naturaleza caída; padeciendo en la cruz, borró nuestros pecados; resucitando de entre los muertos, nos proporcionó el acceso a la vida eterna, y ascendiendo hasta ti, Padre, nos abrió las puertas del Reino de los cielos. Por eso, unidos a la multitud de los ángeles y de los santos, te aclamamos, llenos de alegría: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Bendice, alma mía, al Señor; que todo mi ser bendiga su santo nombre (Cfr. Sal 102, 1).

           

Oración después de la comunión.

Que la víctima divina que te hemos ofrecido y que acabamos de recibir, nos vivifique, Señor, para que, unidos a ti con perpetuo amor, demos frutos que permanezcan para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.