ANTÍFONA DE ENTRADA.
Mis ojos están siempre fijos en
el Señor, pues él libra mis pies de toda trampa. Mírame, Señor, y ten piedad de
mí, que estoy solo y afligido (Cfr. Sal 24, 15-16).
No se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA.
Señor Dios, fuente de misericordia y de toda bondad, que enseñaste que
el remedio contra el pecado está en el ayuno, la oración y la limosna, mira con
agrado nuestra humilde confesión, para que a quienes agobia la propia
conciencia nos reconforte siempre tu misericordia. Por nuestro Señor
Jesucristo...
Monición: El pueblo se queja ante Moisés que en el
desierto "no hay agua para beber". Moisés, obedeciendo a Dios, hace
brotar agua de una Roca; el pueblo comprende la fidelidad y cercanía de Dios.
Escuchemos.
PRIMERA LECTURA (Éx 17, 3-7) Del libro del Éxodo
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar
contra Moisés, diciéndole: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos
morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?"
Moisés clamó al Señor y le dijo: "¿Qué puedo hacer con este
pueblo? Sólo falta que me apedreen". Respondió el Señor a Moisés:
"Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de
Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré
ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que
beba el pueblo".
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por
nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y
porque habían tentado al Señor, diciendo: "¿Está o no está el Señor en
medio de nosotros?.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 94)
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
L. Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias. / R.
L. Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que
nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y
nosotros, sus ovejas. / R.
L. Hagámosle caso al Señor, que nos dice: "No endurezcan su
corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron
de mí, aunque habían visto mis obras". / R.
Monición: San Pablo
nos presenta la dinámica de la salvación, Cristo murió por nosotros cuando
todavía éramos pecadores y como fuimos reconciliados en Cristo, participaremos
con Él en la gloria de Dios. Escuchemos.
SEGUNDA LECTURA (Rom 5, 1-2. 5-8)
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos
Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en
paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido,
con la fe, la entrada al mundo de la gracia, en el cual nos encontramos; por
él, podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de
Dios.
La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros
corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto,
cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los
pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede
haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la
prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún
éramos pecadores.
Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Cfr. Jn 4, 42. 15)
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Señor, tú eres el Salvador del
mundo. Dame de tu agua viva para que no vuelva a tener sed.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Monición: En el evangelio escucharemos cómo la samaritana, al
experimentar la presencia del amor transformante de Jesús y recibir el agua
viva en su Palabra, corre a anunciarlo logrando nuevos creyentes. Escuchemos.
EVANGELIO (Jn 4, 5-42)
Del santo Evangelio según san Juan A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar,
cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo.
Era cerca del mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo:
"Dame de beber". (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar
comida). La samaritana le contestó: "¿Cómo es que tú, siendo judío, me
pides de beber a mí, que soy samaritana?" (Porque los judíos no tratan a
los samaritanos). Jesús le dijo: "Si conocieras el don de Dios y quién es
el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva".
La mujer le respondió: "Señor, ni siquiera tienes con qué sacar
agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que
nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y
sus ganados?" Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a
tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el
agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la
vida eterna".
La mujer le dijo: "Señor, dame de esa agua para que no vuelva a
tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla". Él le dijo: "Ve a
llamar a tu marido y vuelve". La mujer le contestó: "No tengo
marido". Jesús le dijo: "Tienes razón en decir: 'No tengo marido'.
Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la
verdad".
La mujer le dijo: "Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres
dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto
está en Jerusalén". Jesús le dijo: "Créeme, mujer, que se acerca la
hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran
lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación
viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que
quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque
así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo
adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo: "Ya sé que va a venir el Mesías (es decir,
Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo". Jesús le dijo:
"Soy yo, el que habla contigo".
En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera
conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: '¿Qué le preguntas o
de qué hablas con ella?' Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó
a decir a la gente: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que
he hecho. ¿No será éste el Mesías?". Salieron del pueblo y se pusieron en
camino hacia donde él estaba.
Mientras tanto, sus discípulos le insistían: "Maestro, come".
Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que ustedes no
conocen". Los discípulos comentaban entre sí: "¿Le habrá traído
alguien de comer?". Jesús les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad
del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que
todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los
ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador
recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran
por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: 'Uno es el que
siembra y otro el que cosecha'. Yo los envié a cosechar lo que no habían
trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto".
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio
de la mujer: 'Me dijo todo lo que he hecho'. Cuando los samaritanos llegaron a
donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días.
Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: "Ya no
creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y
sabemos que él es, de veras, el Salvador del mundo". Palabra del Señor. A.
Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder
de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y
está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a
juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la
carne y la vida eterna.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Instruidos por el ejemplo de Jesús, el Señor, que en el
desierto se entregaba a la oración, oremos también nosotros con insistencia a
nuestro Dios. Digamos con fe:
TODOS: Ten compasión de nosotros, Señor.
1. Para que a través de
las prácticas cuaresmales seamos purificados de nuestras culpas y veamos
fortalecida nuestra vida cristiana. Roguemos al Señor.
2. Para que todos los
pueblos alcancen la paz, la tranquilidad y el bienestar necesario y puedan así
buscar más fácilmente los bienes del cielo. Roguemos al Señor.
3. Para que el Señor
conceda su fuerza a los que se ven tentados, infunda el deseo de la conversión
a los pecadores y otorgue el consuelo del cielo a los que están tristes.
Roguemos al Señor.
4. Para que Dios infunda
en todos nosotros el deseo de una verdadera conversión, a fin de que nos
preparemos a celebrar debidamente el sacramento pascual de la penitencia.
Roguemos al Señor.
Intenciones de la Iglesia local.
Sacerdote: Señor nuestro, fuente de todo bien, escucha nuestras
oraciones y concédenos el don del Espíritu, para que manifestemos con valentía nuestra
fe y anunciemos con gozo a nuestros hermanos las maravillas de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. TODOS: Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.
Por estas ofrendas, Señor, concédenos benigno el perdón de nuestras
ofensas, y ayúdanos a perdonar a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
PREFACIO
PREFACIO III DE CUARESMA
Los frutos de la penitencia
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque has querido que nosotros, pecadores, encontremos en nuestras
privaciones voluntarias un motivo para bendecirte, ya que nos ayudan a refrenar
nuestras pasiones desordenadas y, al darnos ocasión de compartir nuestros
bienes con los necesitados, nos hacen imitadores de tu generosidad. Por eso,
con la multitud de los ángeles, te alabamos a una sola voz, diciendo: Santo,
Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.
El que beba del agua que yo le daré, dice el Señor, nunca más tendrá
sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en manantial capaz de
dar la vida eterna (Jn 4, 13-14).
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.
Alimentados en la tierra con el pan del cielo, prenda de eterna
salvación, te suplicamos, Señor, que lleves a su plenitud en nuestra vida la
gracia recibida en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Dirige, Señor, los corazones de tus fieles y da en tu bondad a tus
siervos una gracia tan grande que, cumpliendo en plenitud tus mandamientos, nos
haga permanecer en tu amor y en el de nuestro prójimo. Por Jesucristo, nuestro
Señor.