domingo, 4 de enero de 2026

Evangelio del 5 de diciembre 2026 Mateo 4, 12-17. 23-25

 



Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir al pueblo de Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: "Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos". Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia. Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

 

Reflexión

 

Tras el arresto de Juan el Bautista, Jesús no se retira por miedo, sino que inicia su misión pública cumpliendo las profecías: la luz llega a quienes habitaban en tinieblas.

Jesús elige Galilea, una región de paso y mezcla de culturas, a menudo menospreciada por los líderes religiosos de Jerusalén. Esto nos enseña que Dios no espera a que estemos en un "lugar perfecto" o sagrado para manifestarse; Él llega a nuestra vida diaria, a nuestros trabajos y a nuestras oscuridades personales para ofrecer una nueva dirección.

La palabra "convertíos" (o metanoia) significa literalmente cambiar la forma de pensar. No es solo dejar de hacer cosas malas, sino empezar a ver el mundo a través de los ojos del Reino de los Cielos. Es una invitación a dejar de vivir centrados en el "yo" para vivir centrados en el amor y la justicia.

Jesús va enseñando, para que comprendamos la verdad. Predicando, para darnos esperanza. Sanando porque le importa nuestro sufrimiento físico y emocional.

Jesús no se queda en discursos teóricos; se acerca a las multitudes, toca las heridas y restaura la dignidad de las personas. Su mensaje es una oferta de sanación total.

Reflexión personal: En este momento de tu vida, ¿en qué área sientes que necesitas que esa "gran luz" de la que habla Mateo ilumine tu camino?

viernes, 2 de enero de 2026

Evangelio del 3 de agosto 2026 Juan 1, 29-34

 


En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: "Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: 'El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo'. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel". Entonces Juan dio este testimonio: "Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo'. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios".

 

Reflexión

 

Este pasaje de Juan uno de los momentos más densos y reveladores del Evangelio, pues marca la transición de la promesa a la realidad.

Cuando Juan el Bautista exclama: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo», está uniendo todo el Antiguo Testamento con el Nuevo. No presenta a un guerrero o a un rey político, sino a una figura de sacrificio y entrega. Es la invitación a ver en Jesús no solo a un maestro, sino a aquel que viene a restaurar nuestra relación con lo divino desde la raíz.

Es fascinante notar cómo Juan el Bautista, teniendo sus propios seguidores, redirige toda la atención hacia Jesús. Dice: «Después de mí viene un hombre que es superior a mí». La reflexión aquí es sobre nuestra propia capacidad de hacerse a un lado para que la verdad y la luz de otros brillen. Juan entiende que su misión no es ser el centro, sino el puente.

El texto enfatiza que el Espíritu descendió y "permaneció" sobre Él. Esto nos dice que la misión de Jesús no es un acto humano de buena voluntad, sino una misión investida de poder espiritual. Juan no lo conocía en su plenitud hasta que vio esa señal; a veces, nosotros también necesitamos detenernos y observar con los ojos del espíritu para reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano.

Este pasaje nos invita a preguntarnos: ¿Qué "pecado" o carga necesitamos que el Cordero quite de nuestra vida hoy? y ¿Cómo podemos, como Juan, ser testigos de la luz para los demás?

jueves, 1 de enero de 2026

Evangelio del 2 de diciembre 2025 Juan 1, 19-28

 


Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: "¿Quién eres tú? “El reconoció y no negó quién era. El afirmó: "Yo no soy el Mesías". De nuevo le preguntaron: "¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?" Él les respondió: "No lo soy". "¿Eres el profeta?" Respondió: "No". Le dijeron: "Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?" Juan les contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto: 'Enderecen el camino del Señor', como anunció el profeta Isaías”. Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: "Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?" Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”. Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.

 

Reflexión

 

Esta sección del Evangelio de Juan nos presenta a Juan el Bautista no como el protagonista, sino como el "testigo". Su actitud ofrece una lección profunda sobre la identidad y la humildad.

Los sacerdotes y levitas interrogan a Juan buscando encasillarlo en figuras conocidas: ¿Eres el Mesías? ¿Elías? ¿El Profeta? La respuesta de Juan es un ejercicio de desapego del ego. Él no define su valor por un título de poder, sino por su función en relación con otro.

Al citar a Isaías —"Yo soy la voz que clama en el desierto"— Juan nos enseña que su misión es ser un canal. La voz es temporal, lo que importa es la Palabra que transmite. En un mundo que nos empuja a ser el centro de atención, el Bautista nos invita a ser "señalizadores" que apuntan hacia algo más grande que nosotros mismos.

La frase "En medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen" es una advertencia espiritual constante. A menudo buscamos lo sagrado en lo extraordinario, mientras que Jesús ya está presente en lo cotidiano, en el prójimo o en el silencio, esperando ser reconocido.

 

Reflexión final: Juan el Bautista nos enseña que para que la luz brille con fuerza, el espejo debe estar limpio y en la posición correcta, pero nunca debe pretender ser la fuente de la luz.

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Bendición 2026


 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260104

 


«Damos gracias al Dios misericordioso que, como afirma el Apóstol, nos ha hecho partícipes de la suerte de los santos en la luz. Él es quien nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino de su amado Hijo (Col 1, 12-13). Isaías lo había anunciado: el pueblo que andaba a oscuras vio una gran luz (Is 9, 1-2). De ellos vuelve a decir Isaías al Señor. Pueblos que no te conocen te invocarán, y pueblos que te ignoran vendrán a ti (Is 55, 5). Abraham vio este día y se alegró (Jn 8, 56). Se regocijó cuando supo que los hijos de su fe serían bendecidos en su descendencia, es decir, en Cristo, y cuando entrevió que por su fe llegaría a ser padre de todos los pueblos dio gloria a Dios, plenamente convencido de que cumpliría lo que el Señor había prometido (Rm 4, 20-21). Este día David cantó en los Salmos diciendo: Todos los pueblos que creaste vendrán y se postrarán ante ti, oh, Señor, para dar gloria a tu nombre (Sal 85, 9); y otra vez. El Señor ha manifestado su salvación, a los ojos de los pueblos ha revelado su justicia (Sal 97, 2). Todo esto, lo sabemos, se realizó cuando los tres Magos, llamados desde sus lejanos países, fueron conducidos por una estrella a conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra. Esta estrella nos exhorta particularmente a imitar el servicio que ella prestó, en el sentido de que debemos seguir, con todas nuestras fuerzas, la gracia que invita a todos a Cristo. En este compromiso, hermanos queridos, todos debéis ayudarse mutuamente. Resplandeced, pues, como hijos de la luz en el reino de Dios, a donde conducen la fe verdadera y las buenas obras. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén» (San León Magno [c.390-461] 45 0 Papa de la Iglesia. Disc. 3 para la Epifanía, 1-3. 5).