lunes, 23 de marzo de 2026

¿ES JESÚS DIOS? ¿FORMA PARTE DE LA TRINIDAD?

 



Jesús de Nazaret es el Hijo, la segunda persona divina, a quien aludimos cuando rezamos: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19).

 

O bien Jesús era un impostor al hacerse señor del SÁBADO Y dejar que se dirigieran a él con el título de «Señor», o era realmente Dios. Llegó a provocar escándalo al perdonar los pecados. Esto, a los ojos de sus contemporáneos, era un crimen digno de muerte. Mediante los signos y los milagros, pero especialmente través de la Resurrección, los discípulos se dieron, cuenta, de quién era Jesús y lo adoraron como el Señor. Ésta es la fe de la IGLESIA.

Evangelio del 24 de marzo 2026 Juan 8, 21-30

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden venir». Dijeron entonces los judíos: «¿Estará pensando en suicidarse y por eso nos dice: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'?» Pero Jesús añadió: «Ustedes son de aquí abajo y yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados».

Los judíos le preguntaron: «Entonces ¿quién eres tú?» Jesús les respondió: «Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que yo le he oído decir a él es lo que digo al mundo». Ellos no comprendieron que hablaba del Padre.

Jesús prosiguió: «Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseñó, eso digo. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a él le agrada». Después de decir estas palabras, muchos creyeron en él.

Comentario

Jesús advierte a sus oyentes: «A donde yo voy, ustedes no pueden venir». La tragedia que se narra aquí no es una prohibición de Jesús, sino una incapacidad de los judíos de aquel momento. Al estar enfocados solo en lo terrenal (lo de "abajo"), no pueden comprender a quien viene de "arriba". El pecado del que habla Jesús es, precisamente, la falta de fe que les impide reconocer la salida hacia la libertad espiritual.

«Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy». Jesús utiliza el título divino "Yo Soy" (el nombre de Dios en el Éxodo). Lo paradójico es que la prueba definitiva de su divinidad no será un acto de poder terrenal, sino su crucifixión (ser "levantado"). Es en la entrega máxima donde se revela su verdadera identidad y su unión total con el Padre.

Jesús subraya que nunca está solo: «El que me envió está conmigo». Esta comunión es lo que le da autoridad a sus palabras. El pasaje termina con una nota de esperanza: a pesar de la dureza del diálogo y la incomprensión «muchos creyeron en él».

El texto nos invita a reflexionar sobre nuestra propia mirada: ¿buscamos a Dios desde nuestros prejuicios ("desde abajo") o estamos dispuestos a dejarnos elevar por su mensaje?

domingo, 22 de marzo de 2026

¿QUIÉN ES EL «ESPÍRITU SANTO»?

 


 

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad (TRINIDAD) y de la misma naturaleza divina del Padre y del Hijo.

 

Cuando descubrimos la realidad de Dios en nosotros, entramos en contacto con la acción del Espíritu Santo. Dios «envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo» (Gál 4,6), para que nos llene completamente. En el Espíritu Santo el cristiano encuentra una alegría profunda, la paz interior y la libertad. «Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abbá, Padre!» (Rom 8,15b). En el Espíritu Santo, que hemos recibido en el Bautismo y la  CONFIRMACIÓN podemos llamar a Dios «Padre».

Evangelio del 23 de marzo 2026 Juan 8, 1-11

 



En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a esas mujeres. ¿Tú qué dices?»

Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Pero como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra». Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?» Ella le contestó: «Nadie, Señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar».

Comentario

El pasaje narra el encuentro entre Jesús, los escribas, los fariseos y la mujer sorprendida en adulterio, es uno de los textos más poderosos sobre la misericordia, la hipocresía y la restauración humana.

Los acusadores no buscaban justicia, sino una forma de atrapar a Jesús. Si él decía que la perdonaran, contradecía la Ley de Moisés; si decía que la apedrearan, contradecía su mensaje de amor y perdón. Jesús, al agacharse y escribir en la tierra, rompe la tensión y devuelve el juicio a la conciencia de cada uno: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella".

El retiro de los mayores sugiere que la madurez les permite reconocer que ellos también tienen un historial de fallas.

Jesús no ignora el pecado, pero separa a la persona de su falta: "Ni yo te condeno".

Jesús no le da permiso para seguir pecando "Vete, y no peques más". sino que le da una nueva dignidad para que su vida pueda tomar un rumbo diferente. La misericordia no es simplemente "hacer la vista gorda", es el combustible para el cambio.

viernes, 20 de marzo de 2026

¿POR QUÉ ES DIOS «PADRE»?

 


Veneramos a Dios como padre por el hecho de que es el Creador y cuida con amor de sus criaturas. Jesús, el Hijo de Dios, nos ha enseñado además a considerar a su Padre como nuestro Padre y a dirigirnos a él como «Padre nuestro».

Muchas RELIGIONES anteriores al cristianismo conocen ya el trato a Dios como «Padre». Ya antes de Jesús se hablaba en Israel de Dios como el Padre (Dt 32,6; Mal 2,10) y se sabía que es también como una madre (Is 66,13). El padre y la madre son en la experiencia humana la representación del origen la autoridad, de aquello que protege y sostiene. Jesús nos muestra de qué modo es Dios realmente Padre: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9). En la parábola del hijo pródigo, Jesús responde al deseo más hondo que el ser humano tiene de un Padre misericordioso.

Evangelio del 21 de marzo 2026 Juan 7, 40-53

 



En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: «Este es verdaderamente el profeta». Otros afirmaban: «Este es el Mesías». Otros, en cambio, decían: «¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?» Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?» Ellos respondieron: «Nadie ha hablado nunca como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita».

Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta». Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.

 

Comentario

 

Este pasaje del Evangelio de Juan nos sitúa en un momento de tensión máxima y división profunda. Sus palabras han provocado un cortocircuito en la lógica de quienes lo escuchan.

El pueblo está fracturado. Unos ven en Él al "Profeta" (el nuevo Moisés esperado) y otros al "Mesías". Sin embargo, surge el argumento legalista: ¿Acaso de Galilea va a salir el Mesías?

Los guardias del Templo regresan con las manos vacías. Su justificación es demoledora: "Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre." Ellos no analizan genealogías ni leyes; simplemente han sido impactados por la autoridad y la verdad que emana de su palabra. La sencillez del corazón vence aquí al cálculo político.

"Y se volvieron cada uno a su casa". Jesús se queda solo, mientras el sistema religioso se encierra en sus certezas para no ser cuestionado.

Preguntémonos: ¿Qué pesa más en nosotros? ¿Nuestros prejuicios y "conocimientos" previos, o la capacidad de dejarnos sorprender por la voz de aquel que "habla como nadie"?

jueves, 19 de marzo de 2026

¿SE PUEDE DEDUCIR POR LÓGICA QUE DIOS ES TRINO?

 


 

No. La Trinidad (TRINIDAD) de Dios es un misterio. Sólo por Jesucristo sabemos que Dios es Trinidad.

 

Los hombres no pueden deducir por medio de su propia razón el misterio de la Trinidad. Pero pueden reconocer la razonabilidad de este misterio, cuando aceptan la REVELACIÓN de Dios en Jesucristo. Si Dios estuviera solo y fuera solitario, no podría amar desde toda la eternidad. Iluminados por Jesucristo, podemos encontrar ya en el ANTIGUO TESTAMENTO (por ejemplo, Gén 1,2; 18,2; 2 Sam 23,2) e incluso en toda la creación huellas de la Trinidad.