viernes, 20 de marzo de 2026

¿POR QUÉ ES DIOS «PADRE»?

 


Veneramos a Dios como padre por el hecho de que es el Creador y cuida con amor de sus criaturas. Jesús, el Hijo de Dios, nos ha enseñado además a considerar a su Padre como nuestro Padre y a dirigirnos a él como «Padre nuestro».

Muchas RELIGIONES anteriores al cristianismo conocen ya el trato a Dios como «Padre». Ya antes de Jesús se hablaba en Israel de Dios como el Padre (Dt 32,6; Mal 2,10) y se sabía que es también como una madre (Is 66,13). El padre y la madre son en la experiencia humana la representación del origen la autoridad, de aquello que protege y sostiene. Jesús nos muestra de qué modo es Dios realmente Padre: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9). En la parábola del hijo pródigo, Jesús responde al deseo más hondo que el ser humano tiene de un Padre misericordioso.

Evangelio del 21 de marzo 2026 Juan 7, 40-53

 



En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: «Este es verdaderamente el profeta». Otros afirmaban: «Este es el Mesías». Otros, en cambio, decían: «¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?» Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?» Ellos respondieron: «Nadie ha hablado nunca como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita».

Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta». Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.

 

Comentario

 

Este pasaje del Evangelio de Juan nos sitúa en un momento de tensión máxima y división profunda. Sus palabras han provocado un cortocircuito en la lógica de quienes lo escuchan.

El pueblo está fracturado. Unos ven en Él al "Profeta" (el nuevo Moisés esperado) y otros al "Mesías". Sin embargo, surge el argumento legalista: ¿Acaso de Galilea va a salir el Mesías?

Los guardias del Templo regresan con las manos vacías. Su justificación es demoledora: "Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre." Ellos no analizan genealogías ni leyes; simplemente han sido impactados por la autoridad y la verdad que emana de su palabra. La sencillez del corazón vence aquí al cálculo político.

"Y se volvieron cada uno a su casa". Jesús se queda solo, mientras el sistema religioso se encierra en sus certezas para no ser cuestionado.

Preguntémonos: ¿Qué pesa más en nosotros? ¿Nuestros prejuicios y "conocimientos" previos, o la capacidad de dejarnos sorprender por la voz de aquel que "habla como nadie"?

jueves, 19 de marzo de 2026

¿SE PUEDE DEDUCIR POR LÓGICA QUE DIOS ES TRINO?

 


 

No. La Trinidad (TRINIDAD) de Dios es un misterio. Sólo por Jesucristo sabemos que Dios es Trinidad.

 

Los hombres no pueden deducir por medio de su propia razón el misterio de la Trinidad. Pero pueden reconocer la razonabilidad de este misterio, cuando aceptan la REVELACIÓN de Dios en Jesucristo. Si Dios estuviera solo y fuera solitario, no podría amar desde toda la eternidad. Iluminados por Jesucristo, podemos encontrar ya en el ANTIGUO TESTAMENTO (por ejemplo, Gén 1,2; 18,2; 2 Sam 23,2) e incluso en toda la creación huellas de la Trinidad.

Evangelio de 20 de marzo 2026 Juan 7, 1-2. 10. 25-30

 



En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: «¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene».

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: «Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo. Pues bien yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

 

Comentario

 

Jesús se presenta en medio de un ambiente de tensión y confusión. Mientras algunos se preguntan por su origen y su identidad, Él actúa con libertad y autoridad, mostrando que su misión no depende de la aprobación humana, sino de la voluntad del Padre.

La gente cree conocer a Jesús (“sabemos de dónde es”), pero en realidad no lo comprende plenamente. Esto revela una actitud muy humana: pensar que ya sabemos quién es Dios, cuando en realidad su misterio nos supera. Jesús, por su parte, insiste en que viene de Aquel que lo envió, invitando a ir más allá de las apariencias.

Finalmente, aunque intentan detenerlo, no pueden hacerlo porque “todavía no ha llegado su hora”. Esto subraya que la vida de Jesús sigue un plan divino, no el control de sus adversarios. El texto nos invita a confiar en los tiempos de Dios y a abrirnos a conocer a Jesús más profundamente, no solo desde lo que creemos saber, sino desde la fe.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260322

 

Aceptar la victoria de Jesucristo crucificado sobre la muerte es el centro de nuestra esperanza. Los discípulos de Jesús proclamaron dos certezas con la misma seguridad: la muerte en cruz y la resurrección de Jesucristo. La victoria de Jesús sobre la muerte es el signo de la fidelidad del Padre al Hijo obediente que se entrega sin fisuras por sus hermanos. Quienes vivan como Jesús vivió alcanzarán la vida plena. Aunque en el presente los cristianos vivamos en una cultura que parece cerrarse a la posibilidad de trascender hacia la vida plena, no estamos exentos de documentar de manera creíble nuestra esperanza. En la medida que seamos más libres de nuestras fiebres mundanas y de las realidades materiales, más estaremos transparentando nuestra esperanza en Cristo resucitado.

RAÍCES DE NUESTRA FE Los Credos de la Iglesia



El Credo de Atanasio 3. 

Es una profesión de fe de las más importantes de la fe católica. «Además, para la salvación eterna es necesario que también crea fielmente en la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo. Pues la fe recta es que creamos y confesemos que Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios, engendrado de la sustancia del Padre, antes de los siglos; y es hombre, de la substancia de su Madre, nacido en el mundo. Perfecto Dios y perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana. Igual al Padre en cuanto a su divinidad, y menor que el Padre en cuanto a su humanidad. Mas, aun cuando es Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo. Y uno, no por la conversión de la divinidad en carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios. Uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Pues según el alma racional y la carne son un hombre, así Dios y hombre es un solo Cristo, el cual sufrió por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos, está sentado a la derecha del Padre, Dios Todopoderoso, desde donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. A su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y darán cuenta de sus propios actos. Y los que obraron bien, irán a la vida eterna; y los que obraron mal, al fuego eterno. Ésta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse». (San Atanasio [296-375]. El Credo consiste en 40 declaraciones rítmicas, fue usado en el oficio dominical por más de mil años. Seguiremos con el «Símbolo de los Apóstoles»).

 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260322

 

«Entre todos los milagros hechos por nuestro Señor Jesucristo, tiene particular resonancia la resurrección de Lázaro. Pero, si nos fijamos en aquel que lo hizo, debemos más bien alegrarnos que admirarnos. Resucitó a un hombre aquel que hizo al hombre; es el Unigénito del Padre, por el cual, como sabéis, fueron hechas todas las cosas. Si, pues, por Él fueron creadas todas; las cosas, no es de admirar que por El resucitase uno, cuando por Él nacen tantos diariamente. Más es crear un hombre que resucitarlo. Se dignó, empero, crear y resucitar; crear a todos y resucitar a algunos. No todo cuanto hizo el Señor Jesús está escrito, como lo afirma el mismo san Juan, diciendo que Cristo obró y dijo muchas otras cosas que no han sido escritas. Han sido elegidas las que se han escrito, porque parecen suficientes para la salvación de los que habían de creer. Oíste que el Señor resucitó a un muerto; esto debe bastarte para saber que, si quisiese, podía resucitar a todos; lo cual se lo ha reservado para el fin de los tiempos. Pues el mismo que resucitó a uno que llevaba cuatro días en el sepulcro, según habéis oído, dice que llegará la hora en que cuantos están en los sepulcros oirán su voz y saldrán de ellos. Resucitó a uno en descomposición, pero que aún conservaba en el cadáver descompuesto la forma de los miembros; pero El en el último día, con una sola voz, convertirá las cenizas en carne. Era conveniente que ahora hiciese algunos milagros, que, siendo manifestaciones de su poder, nos moviesen a creer en Él, preparándonos para aquella resurrección que conduce a la vida, evitando el juicio de condenación» (San Agustín [354430]. Tratado 49 sobre el Evangelio de Juan).