miércoles, 31 de diciembre de 2025

Bendición 2026


 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260104

 


«Damos gracias al Dios misericordioso que, como afirma el Apóstol, nos ha hecho partícipes de la suerte de los santos en la luz. Él es quien nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino de su amado Hijo (Col 1, 12-13). Isaías lo había anunciado: el pueblo que andaba a oscuras vio una gran luz (Is 9, 1-2). De ellos vuelve a decir Isaías al Señor. Pueblos que no te conocen te invocarán, y pueblos que te ignoran vendrán a ti (Is 55, 5). Abraham vio este día y se alegró (Jn 8, 56). Se regocijó cuando supo que los hijos de su fe serían bendecidos en su descendencia, es decir, en Cristo, y cuando entrevió que por su fe llegaría a ser padre de todos los pueblos dio gloria a Dios, plenamente convencido de que cumpliría lo que el Señor había prometido (Rm 4, 20-21). Este día David cantó en los Salmos diciendo: Todos los pueblos que creaste vendrán y se postrarán ante ti, oh, Señor, para dar gloria a tu nombre (Sal 85, 9); y otra vez. El Señor ha manifestado su salvación, a los ojos de los pueblos ha revelado su justicia (Sal 97, 2). Todo esto, lo sabemos, se realizó cuando los tres Magos, llamados desde sus lejanos países, fueron conducidos por una estrella a conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra. Esta estrella nos exhorta particularmente a imitar el servicio que ella prestó, en el sentido de que debemos seguir, con todas nuestras fuerzas, la gracia que invita a todos a Cristo. En este compromiso, hermanos queridos, todos debéis ayudarse mutuamente. Resplandeced, pues, como hijos de la luz en el reino de Dios, a donde conducen la fe verdadera y las buenas obras. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén» (San León Magno [c.390-461] 45 0 Papa de la Iglesia. Disc. 3 para la Epifanía, 1-3. 5).

martes, 30 de diciembre de 2025

TODO CUANTO EXISTE ES OBRA DEL CREADOR


 

Oración de bendición


 

Evangelio del 31 de diciembre 2025 Juan 1, 1-18



En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron. Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz. Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios. Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando: "A éste me refería cuando dije: 'El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo' ". De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre Gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.

 

Reflexión

 

Este pasaje nos invita a contemplar el misterio profundo del Verbo eterno, que estaba con Dios y era Dios, y que se hizo carne para habitar entre nosotros. No es solo una afirmación teológica: es una declaración de amor. La Palabra que da vida, luz y sentido al universo no se quedó distante, sino que entró en nuestra historia, en nuestra fragilidad, para revelarnos la gloria del Padre.

La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. Esta frase resuena con fuerza en tiempos de incertidumbre, recordándonos que la presencia de Cristo es esperanza activa, luz que no se apaga, incluso cuando el mundo parece oscurecerse. Juan nos llama a recibir esa luz, a reconocerla, y a dejar que transforme nuestra vida desde dentro.


Reflexión 20260104


 

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Domingo 4 de Enero de 2026

 



ANTÍFONA DE ENTRADA

Miren que ya viene el Señor todopoderoso; en su mano están el reino, la potestad y el imperio.

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que en este día manifestaste a tu Unigénito a las naciones, guiándolas por la estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe, que lleguemos a contemplar la hermosura de tu excelsa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías: 60, 1-6

 

Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora. Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará, cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 71

 

R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

 

Comunica, Señor, al rey tu juicio, y tu justicia al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente. R.

 

Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra. R.

 

Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante él se postrarán todos los reyes y todas las naciones. R.

 

Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo; se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado. R.

 

SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 3, 2-3. 5-6

 

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este designio secreto, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

 

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R. Aleluya, aleluya.

 

Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor. R.

 

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Mateo: 2, 1-12

 

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”. Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”. Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Presentemos, hermanos, nuestras oraciones al Señor en este día santo en que Dios ha manifestado su poder a las naciones, la salvación a los pueblos y a nosotros la luz radiante de su gloria. Oremos diciendo:

TODOS: Por tu encarnación escúchanos, Señor.

1. Por la santa Iglesia de Dios, para que ilumine a los hombres con la luz de Cristo y dé ánimo a todos los fieles, para que hagan brillar la luz del Evangelio ante todas las naciones. Roguemos al Señor.

2. Por las Iglesias que acaban de nacer en los diversos pueblos, para que su juventud y vigor sean levadura de vida para todas las comunidades cristianas. Roguemos al Señor.

3. Por los pueblos que aún no han sido iluminados por el Evangelio y por aquellos que, habiendo conocido a Cristo han abandonado el camino de la verdad, confiesen a Cristo como Señor y lo adoren como Dios verdadero. Roguemos al Señor.

4. Por todos nosotros, que hemos sido llamados por Cristo, para que nos afiancemos en la fe verdadera y sigamos con fidelidad las enseñanzas del Evangelio.

Roguemos al Señor

Escucha nuestras oraciones, Dios todopoderoso y eterno, y haz que los que hemos conocido a tu Hijo, Rey y Señor de todos los pueblos, nos esforcemos por vivir e iluminas con la luz de Cristo a todos los pueblos y naciones. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira con bondad, Señor, los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino en lo que por esos dones se representa, se inmola y se recibe como alimento, Jesucristo, Señor nuestro. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

PREFACIO DE LA EPIFANÍA

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque hoy has revelado en Cristo, el misterio de nuestra salvación, para iluminar con su luz a todos los pueblos; ya que, al manifestarse él en nuestra carne mortal, nos has restaurado con la nueva gloria de su inmortalidad. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos, Señor, que tu luz celestial siempre y en todas partes vaya guiándonos, para que contemplemos con ojos puros y recibamos con amor sincero el misterio del que quisiste hacernos partícipes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.