domingo, 22 de marzo de 2026

¿QUIÉN ES EL «ESPÍRITU SANTO»?

 


 

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad (TRINIDAD) y de la misma naturaleza divina del Padre y del Hijo.

 

Cuando descubrimos la realidad de Dios en nosotros, entramos en contacto con la acción del Espíritu Santo. Dios «envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo» (Gál 4,6), para que nos llene completamente. En el Espíritu Santo el cristiano encuentra una alegría profunda, la paz interior y la libertad. «Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abbá, Padre!» (Rom 8,15b). En el Espíritu Santo, que hemos recibido en el Bautismo y la  CONFIRMACIÓN podemos llamar a Dios «Padre».

Evangelio del 23 de marzo 2026 Juan 8, 1-11

 



En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a esas mujeres. ¿Tú qué dices?»

Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Pero como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra». Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?» Ella le contestó: «Nadie, Señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar».

Comentario

El pasaje narra el encuentro entre Jesús, los escribas, los fariseos y la mujer sorprendida en adulterio, es uno de los textos más poderosos sobre la misericordia, la hipocresía y la restauración humana.

Los acusadores no buscaban justicia, sino una forma de atrapar a Jesús. Si él decía que la perdonaran, contradecía la Ley de Moisés; si decía que la apedrearan, contradecía su mensaje de amor y perdón. Jesús, al agacharse y escribir en la tierra, rompe la tensión y devuelve el juicio a la conciencia de cada uno: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella".

El retiro de los mayores sugiere que la madurez les permite reconocer que ellos también tienen un historial de fallas.

Jesús no ignora el pecado, pero separa a la persona de su falta: "Ni yo te condeno".

Jesús no le da permiso para seguir pecando "Vete, y no peques más". sino que le da una nueva dignidad para que su vida pueda tomar un rumbo diferente. La misericordia no es simplemente "hacer la vista gorda", es el combustible para el cambio.

viernes, 20 de marzo de 2026

¿POR QUÉ ES DIOS «PADRE»?

 


Veneramos a Dios como padre por el hecho de que es el Creador y cuida con amor de sus criaturas. Jesús, el Hijo de Dios, nos ha enseñado además a considerar a su Padre como nuestro Padre y a dirigirnos a él como «Padre nuestro».

Muchas RELIGIONES anteriores al cristianismo conocen ya el trato a Dios como «Padre». Ya antes de Jesús se hablaba en Israel de Dios como el Padre (Dt 32,6; Mal 2,10) y se sabía que es también como una madre (Is 66,13). El padre y la madre son en la experiencia humana la representación del origen la autoridad, de aquello que protege y sostiene. Jesús nos muestra de qué modo es Dios realmente Padre: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9). En la parábola del hijo pródigo, Jesús responde al deseo más hondo que el ser humano tiene de un Padre misericordioso.

Evangelio del 21 de marzo 2026 Juan 7, 40-53

 



En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: «Este es verdaderamente el profeta». Otros afirmaban: «Este es el Mesías». Otros, en cambio, decían: «¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?» Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?» Ellos respondieron: «Nadie ha hablado nunca como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita».

Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta». Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.

 

Comentario

 

Este pasaje del Evangelio de Juan nos sitúa en un momento de tensión máxima y división profunda. Sus palabras han provocado un cortocircuito en la lógica de quienes lo escuchan.

El pueblo está fracturado. Unos ven en Él al "Profeta" (el nuevo Moisés esperado) y otros al "Mesías". Sin embargo, surge el argumento legalista: ¿Acaso de Galilea va a salir el Mesías?

Los guardias del Templo regresan con las manos vacías. Su justificación es demoledora: "Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre." Ellos no analizan genealogías ni leyes; simplemente han sido impactados por la autoridad y la verdad que emana de su palabra. La sencillez del corazón vence aquí al cálculo político.

"Y se volvieron cada uno a su casa". Jesús se queda solo, mientras el sistema religioso se encierra en sus certezas para no ser cuestionado.

Preguntémonos: ¿Qué pesa más en nosotros? ¿Nuestros prejuicios y "conocimientos" previos, o la capacidad de dejarnos sorprender por la voz de aquel que "habla como nadie"?

jueves, 19 de marzo de 2026

¿SE PUEDE DEDUCIR POR LÓGICA QUE DIOS ES TRINO?

 


 

No. La Trinidad (TRINIDAD) de Dios es un misterio. Sólo por Jesucristo sabemos que Dios es Trinidad.

 

Los hombres no pueden deducir por medio de su propia razón el misterio de la Trinidad. Pero pueden reconocer la razonabilidad de este misterio, cuando aceptan la REVELACIÓN de Dios en Jesucristo. Si Dios estuviera solo y fuera solitario, no podría amar desde toda la eternidad. Iluminados por Jesucristo, podemos encontrar ya en el ANTIGUO TESTAMENTO (por ejemplo, Gén 1,2; 18,2; 2 Sam 23,2) e incluso en toda la creación huellas de la Trinidad.

Evangelio de 20 de marzo 2026 Juan 7, 1-2. 10. 25-30

 



En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: «¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene».

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: «Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo. Pues bien yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

 

Comentario

 

Jesús se presenta en medio de un ambiente de tensión y confusión. Mientras algunos se preguntan por su origen y su identidad, Él actúa con libertad y autoridad, mostrando que su misión no depende de la aprobación humana, sino de la voluntad del Padre.

La gente cree conocer a Jesús (“sabemos de dónde es”), pero en realidad no lo comprende plenamente. Esto revela una actitud muy humana: pensar que ya sabemos quién es Dios, cuando en realidad su misterio nos supera. Jesús, por su parte, insiste en que viene de Aquel que lo envió, invitando a ir más allá de las apariencias.

Finalmente, aunque intentan detenerlo, no pueden hacerlo porque “todavía no ha llegado su hora”. Esto subraya que la vida de Jesús sigue un plan divino, no el control de sus adversarios. El texto nos invita a confiar en los tiempos de Dios y a abrirnos a conocer a Jesús más profundamente, no solo desde lo que creemos saber, sino desde la fe.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260322

 

Aceptar la victoria de Jesucristo crucificado sobre la muerte es el centro de nuestra esperanza. Los discípulos de Jesús proclamaron dos certezas con la misma seguridad: la muerte en cruz y la resurrección de Jesucristo. La victoria de Jesús sobre la muerte es el signo de la fidelidad del Padre al Hijo obediente que se entrega sin fisuras por sus hermanos. Quienes vivan como Jesús vivió alcanzarán la vida plena. Aunque en el presente los cristianos vivamos en una cultura que parece cerrarse a la posibilidad de trascender hacia la vida plena, no estamos exentos de documentar de manera creíble nuestra esperanza. En la medida que seamos más libres de nuestras fiebres mundanas y de las realidades materiales, más estaremos transparentando nuestra esperanza en Cristo resucitado.