Remar Mar Adentro
Remar Mar Adentro, pretende, como laicos comprometidos, presentar temas de reflexión para vivir el reino de Dios; levantando las anclas en una tarea asumida generosamente. Ricardo Huante Magaña
miércoles, 31 de diciembre de 2025
EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260104
«Damos gracias al Dios misericordioso que, como afirma el Apóstol, nos
ha hecho partícipes de la suerte de los santos en la luz. Él es quien nos libró
del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino de su amado Hijo (Col 1,
12-13). Isaías lo había anunciado: el pueblo que andaba a oscuras vio una gran
luz (Is 9, 1-2). De ellos vuelve a decir Isaías al Señor. Pueblos que no te
conocen te invocarán, y pueblos que te ignoran vendrán a ti (Is 55, 5). Abraham
vio este día y se alegró (Jn 8, 56). Se regocijó cuando supo que los hijos de
su fe serían bendecidos en su descendencia, es decir, en Cristo, y cuando
entrevió que por su fe llegaría a ser padre de todos los pueblos dio gloria a
Dios, plenamente convencido de que cumpliría lo que el Señor había prometido
(Rm 4, 20-21). Este día David cantó en los Salmos diciendo: Todos los pueblos
que creaste vendrán y se postrarán ante ti, oh, Señor, para dar gloria a tu
nombre (Sal 85, 9); y otra vez. El Señor ha manifestado su salvación, a los
ojos de los pueblos ha revelado su justicia (Sal 97, 2). Todo esto, lo sabemos,
se realizó cuando los tres Magos, llamados desde sus lejanos países, fueron
conducidos por una estrella a conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra.
Esta estrella nos exhorta particularmente a imitar el servicio que ella prestó,
en el sentido de que debemos seguir, con todas nuestras fuerzas, la gracia que
invita a todos a Cristo. En este compromiso, hermanos queridos, todos debéis
ayudarse mutuamente. Resplandeced, pues, como hijos de la luz en el reino de
Dios, a donde conducen la fe verdadera y las buenas obras. Por Cristo, Nuestro
Señor. Amén» (San León Magno [c.390-461] 45 0 Papa de la Iglesia. Disc. 3 para
la Epifanía, 1-3. 5).
martes, 30 de diciembre de 2025
Evangelio del 31 de diciembre 2025 Juan 1, 1-18
En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la
Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios.
Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe.
Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las
tinieblas y las tinieblas no la recibieron. Hubo un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la
luz. Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre
que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y,
sin embargo, el mundo no lo conoció. Vino a los suyos y los suyos no lo
recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser
hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la
sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron
de Dios. Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros.
Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad. Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
"A éste me refería cuando dije: 'El que viene después de mí, tiene
precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo' ". De su plenitud
hemos recibido todos gracia sobre Gracia. Porque la ley fue dada por medio de
Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios
nadie le ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es
quien lo ha revelado.
Reflexión
Este pasaje nos invita a contemplar el misterio profundo del Verbo
eterno, que estaba con Dios y era Dios, y que se hizo carne para habitar entre
nosotros. No es solo una afirmación teológica: es una declaración de amor. La
Palabra que da vida, luz y sentido al universo no se quedó distante, sino que
entró en nuestra historia, en nuestra fragilidad, para revelarnos la gloria del
Padre.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. Esta frase resuena con fuerza en tiempos de incertidumbre, recordándonos que la presencia de Cristo es esperanza activa, luz que no se apaga, incluso cuando el mundo parece oscurecerse. Juan nos llama a recibir esa luz, a reconocerla, y a dejar que transforme nuestra vida desde dentro.
LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Domingo 4 de Enero de 2026
ANTÍFONA DE ENTRADA
Miren que ya viene el Señor todopoderoso; en su mano están el reino, la
potestad y el imperio.
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor,
Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que en este día manifestaste a tu Unigénito a las naciones,
guiándolas por la estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe, que
lleguemos a contemplar la hermosura de tu excelsa gloria. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías: 60, 1-6
Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la
gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y
espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en
ti se manifiesta su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al
resplandor de tu aurora. Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y
vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se
ensanchará, cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las
riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios,
procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y
oro y proclamando las alabanzas del Señor. Palabra de Dios. R. Te alabamos,
Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 71
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio, y tu justicia al que es hijo de
reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo
justamente. R.
Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De
mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra. R.
Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante él
se postrarán todos los reyes y todas las naciones. R.
Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado. R.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 3, 2-3. 5-6
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que
se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este
designio secreto, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos,
pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y
profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos
de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma
promesa en Jesucristo. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
R. Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor.
R.
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo: 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de
oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los
judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a
adorarlo”. Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén
con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y
les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén
de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no
eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti
saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”. Entonces Herodes
llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les
había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a
averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme
para que yo también vaya a adorarlo”. Después de oír al rey, los magos se
pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a
guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo
la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al
niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus
cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el
sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino
no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Sacerdote: Presentemos, hermanos, nuestras oraciones al Señor en este
día santo en que Dios ha manifestado su poder a las naciones, la salvación a
los pueblos y a nosotros la luz radiante de su gloria. Oremos diciendo:
TODOS: Por tu encarnación escúchanos, Señor.
1. Por la santa Iglesia de Dios, para que ilumine a los hombres con la
luz de Cristo y dé ánimo a todos los fieles, para que hagan brillar la luz del
Evangelio ante todas las naciones. Roguemos al Señor.
2. Por las Iglesias que acaban de nacer en los diversos pueblos, para
que su juventud y vigor sean levadura de vida para todas las comunidades
cristianas. Roguemos al Señor.
3. Por los pueblos que aún no han sido iluminados por el Evangelio y
por aquellos que, habiendo conocido a Cristo han abandonado el camino de la
verdad, confiesen a Cristo como Señor y lo adoren como Dios verdadero. Roguemos
al Señor.
4. Por todos nosotros, que hemos sido llamados por Cristo, para que nos
afiancemos en la fe verdadera y sigamos con fidelidad las enseñanzas del
Evangelio.
Roguemos al Señor
Escucha nuestras oraciones, Dios todopoderoso y eterno, y haz que los
que hemos conocido a tu Hijo, Rey y Señor de todos los pueblos, nos esforcemos
por vivir e iluminas con la luz de Cristo a todos los pueblos y naciones. Por
Jesucristo nuestro Señor.
Amén
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira con bondad, Señor, los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en
oro, incienso y mirra, sino en lo que por esos dones se representa, se inmola y
se recibe como alimento, Jesucristo, Señor nuestro. Él, que vive y reina por
los siglos de los siglos. Amén.
PREFACIO DE LA EPIFANÍA
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno. Porque hoy has revelado en Cristo, el misterio de nuestra salvación,
para iluminar con su luz a todos los pueblos; ya que, al manifestarse él en
nuestra carne mortal, nos has restaurado con la nueva gloria de su
inmortalidad. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y
dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de
tu gloria: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al
Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Señor, que tu luz celestial siempre y en todas partes vaya
guiándonos, para que contemplemos con ojos puros y recibamos con amor sincero
el misterio del que quisiste hacernos partícipes. Por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.


