En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre
santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como
nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste;
yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que
perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas
para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra
y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No
te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del
mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me
enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí
mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad".
Comentario
Jesús eleva una profunda oración al Padre por sus discípulos. No pide
que sean apartados del mundo, sino que permanezcan fieles en medio de las
dificultades. Este texto nos recuerda que el cristiano está llamado a vivir en
el mundo con esperanza, verdad y unidad, siendo testigo del amor de Dios. Jesús
confía a sus seguidores la misión de continuar su obra, protegidos por la
fuerza de la oración y santificados por la verdad divina.





