viernes, 22 de mayo de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260524

 

Demasiadas familias en muchas ciudades de nuestro país viven con las puertas atrancadas a causa del miedo y la inseguridad. El temor de sufrir una muerte violenta es una realidad en ciertas regiones de México. La gente ama vivir en paz y no encuentra la respuesta a sus demandas. Los mexicanos queremos vivir en paz y nuestros gobernantes no realizan inteligentemente su tarea principal: proteger la vida de los ciudadanos. Cabe decir que tampoco son los únicos responsables de este caos violento en que estamos metidos. El relato evangélico nos recuerda que Jesús nos ha donado su Espíritu para ser mejores discípulos. La oferta reiterada de la paz es un rasgo característico de Cristo resucitado. Él saluda a sus discípulos, deseándoles la paz. La auténtica espiritualidad cristiana nos anima a vivir como constructores de la paz.

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260524 Homilía de san Cirilo de Alejandría.

 



Homilía de san Cirilo de Alejandría. 

Esta homilía la pronunció en el Concilio de Éfeso. En el siguiente texto el Obispo dirige a la Madre de Dios hermosas y filiales alabanzas: «Salve, María, Madre de Dios, veneradísimo tesoro de todo el orbe, antorcha inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, habitáculo de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, Virgen y Madre por quien se nos ha dado el llamado en los Evangelios bendito el que viene en nombre del Señor. Salve, tú que encerraste en tu seno virginal al que es inmenso e inabarcable. Tú, por quien la Santísima Trinidad es adorada y glorificada. Tú, por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el mundo. Tú, por quien exulta el cielo, se alegran los ángeles y arcángeles, huyen los demonios, por quien el diablo tentador fue arrojado del cielo, y la criatura, caída por el pecado, es elevada al cielo... ¿Quién de entre los hombres será capaz de alabar como se merece a María, digna de toda alabanza? Es Virgen y Madre: ¡qué maravilla! Este milagro me llena de estupor. ¿Quién oyó jamás decir que al constructor de un templo se le prohíba entrar en él? ¿Quién podrá tachar de ignominia a quien toma a su propia esclava por Madre? Nosotros hemos de adorar y respetar la unión del Verbo con la carne, hemos de tener temor de Dios y dar culto a la Santa Trinidad, hemos de celebrar con nuestros himnos a María, la siempre Virgen, templo santo de Dios, y a su Hijo, el Esposo de la Iglesia, nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén».

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260524




El plan salvífico de Dios se completó en la tierra, pero era necesario que los humanos participaran de la naturaleza divina del Verbo transformando sus vidas hacia un estilo de santidad. Esto solo posible mediante la comunicación del Espíritu Santo, cuya misión se realizó después de la Ascensión de Jesucristo. Mientras Cristo estuvo físicamente con sus seguidores, les dispensó sus bienes; después de su regreso al Padre, permaneció con ellos a través de su Espíritu, habitando en sus corazones por la fe. Así, los podían llamarlo "Abba, Padre" y desarrollar virtudes, enfrentando con valentía las tentaciones y persecuciones, apoyados por la fuerza del Espíritu. Este Espíritu transforma a quienes habita, llevándolos de lo terrenal a lo celestial y de la cobardía a valentía, como se evidencia en testimonios del Antiguo y Nuevo Testamento, como el de Samuel a Saúl. (San Cirilo de Alejandría [370-444]. Evangelio de Juan. Libro IO).


Reflexión 20260524


 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS Domingo 24 de mayo 2026


 


ANTÍFONA DE ENTRADA.

El Espíritu del Señor llena toda la tierra; él da consistencia al universo y sabe todo lo que el hombre dice. Aleluya (sab 1, 7).

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

ORACIÓN COLECTA.

Dios nuestro, que por el misterio de la festividad de Pentecostés que hoy celebramos santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, concede al mundo entero los dones del Espíritu Santo y continúa obrando en el corazón de tus fieles las maravillas que te dignaste realizar en los comienzos de la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo...

           

Monición: San Lucas nos narra cuando Espíritu Santo desciende sobre los primeros discípulos. Los visitantes en Jerusalén se admiran porque todos comprenden las maravillas de Dios en su propia lengua. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Hech 2, 1-11)

 

Del libro de los Hechos de los Apóstoles

 

El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse.

En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: "¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua".

Palabra de Dios.

R./ Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 103)

 

R. Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya.

Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. iQué numerosas son tus obras, Señor! La tierra llena está de tus creaturas. / R.

Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo. Pero envías tu espíritu, que da vida, y renuevas el aspecto de la tierra. / R.

Que Dios sea glorificado para siempre y se goce en sus creaturas. Ojalá que le agraden mis palabras y yo me alegraré en el Señor. / R.

 

            Monición: En la comunidad de Corinto surgieron dificultades que estaban causando división. San Pablo les ayuda a reflexionar afirmando que todos tenemos el mismo Espíritu y todos trabajamos para el bien común. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (1 Cor 12, 3-7. 12-13)

 

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

 

Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

Palabra de Dios.

R./ Te alabamos, Señor.

 

SECUENCIA

 

Ven, Dios Espíritu Santo,

y envíanos desde el cielo

tu luz, para iluminamos.

 

Ven ya, padre de los pobres,

luz que penetra en las almas,

dador de todos los dones.

 

Fuente de todo consuelo,

amable huésped del alma,

paz en las horas de duelo.

 

Eres pausa en el trabajo,

brisa, en un clima de fuego,

consuelo, en medio del llanto.

 

Ven, luz santificadora,

y entra hasta el fondo del alma

de todos los que te adoran.

 

Sin tu inspiración divina

los hombres nada podemos

y el pecado nos domina.

 

Lava nuestras inmundicias,

fecunda nuestros desiertos

y cura nuestras heridas.

 

Doblega nuestra soberbia,

calienta nuestra frialdad,

endereza nuestras sendas.

 

Concede a aquellos que ponen

en ti su fe y su confianza

tus siete sagrados dones.

 

Danos virtudes y méritos,

danos una buena muerte

y contigo el gozo eterno.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

 

R. Aleluya, aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. R. Aleluya, aleluya.

 

Monición: La presencia de Jesús resucitado no sólo causa alegría y da la paz a los discípulos, también les da el don del Espíritu Santo y los envía a misión con la potestad de perdonar los pecados. Escuchemos.

 

EVANGELIO (Jn 20, 19-23)

 

Del santo Evangelio según san Juan A. Gloria a ti, Señor.

 

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Oremos, hermanos, e invoquemos a Cristo, que, sentado a la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, y pidámosle que lo derrame sobre la Iglesia y sobre todo el mundo. Oremos diciendo: TODOS: Espíritu Santo, ven.

1.         Oremos a Cristo, que nos mereció la efusión del Espíritu Santo, y pidámosle que sean iluminados por este mismo Espíritu el Papa N., nuestro obispo N. y todos los demás pastores de la Iglesia, a fin de que conduzcan su rebaño por las sendas de la salvación. Roguemos al Señor.

2.         Pidamos también al Señor resucitado, que envió su Espíritu en forma de lenguas, que congregue en la unidad y conceda la paz a todos los pueblos y naciones del mundo. Roguemos al Señor.

3.         Supliquemos al vencedor de la muerte que envíe al Paráclito a los que sufren, para que encuentren fuerza y consuelo en la contemplación del misterio pascual, y les dé la firme esperanza de que están llamados a la resurrección y felicidad de su reino. Roguemos al Señor.

4.         Pidamos al Hijo de Dios, que desde el Padre nos ha enviado el Espíritu Santo, que nos recuerde constantemente sus palabras y nos dé la fuerza que necesitamos para dar testimonio de Él hasta los confines del mundo. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y haz que, renovados y fortalecidos por tu Espíritu, vivamos continuamente la novedad pascual y lleguemos también a celebrar las fiestas de la Pascua eterna. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

Concédenos, Señor, que, conforme a la promesa de tu Hijo, el Espíritu Santo nos haga comprender con más plenitud el misterio de este sacrificio, y haz que nos descubra toda su verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

El misterio de Pentecostés

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque tú, para llevar a su plenitud el misterio pascual, has enviado hoy al Espíritu Santo sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos al injertarlos en Cristo, tu Unigénito. Este mismo Espíritu fue quien, al nacer la Iglesia, dio a conocer a todos los pueblos el misterio del Dios verdadero y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una misma fe.

Por eso, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios. Aleluya (Hech 2, 4. 11).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Dios nuestro, tú que concedes a tu Iglesia dones celestiales, consérvale la gracia que le has dado, para que permanezca siempre vivo en ella el don del Espíritu Santo que le infundiste; y que este alimento espiritual nos sirva para alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

  

jueves, 21 de mayo de 2026

Evangelio del 22 de mayo 2026 Juan 21, 15-19

 



En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".

Por segunda vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Pastorea mis ovejas".

Por tercera vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras". Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: "Sígueme".

Comentario

Jesús resucitado pregunta tres veces a Pedro: “¿Me amas?”. No se trata solamente de una repetición, sino de una oportunidad para sanar las tres negaciones de Pedro durante la pasión. Jesús no humilla a su discípulo; al contrario, le devuelve la confianza y le encomienda una misión: cuidar y alimentar a su pueblo.

Este pasaje muestra que el amor a Cristo no se demuestra solo con palabras, sino con el servicio a los demás. Quien ama verdaderamente a Jesús está llamado a ser pastor, servidor y testigo fiel. También recuerda que Dios puede transformar nuestras caídas en una nueva oportunidad de entrega y fidelidad.

Finalmente, Jesús invita a Pedro a seguirlo hasta el final, incluso en medio de dificultades. El discipulado auténtico implica confianza, amor y disponibilidad para caminar con Cristo cada día.

Evangelio del 21 de mayo 2026 Juan 17, 20-26

 



En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos."

Comentario

Jesús por todos los creyentes. No ora solamente por sus discípulos cercanos, sino también por quienes creerán en él a través del tiempo. El centro de esta oración es la unidad: que todos sean uno, así como el Padre y el Hijo viven en perfecta comunión.

Jesús revela que el amor de Dios no es exclusivo ni lejano, sino una fuerza que une da vida y hace visible la presencia divina en el mundo. La verdadera unidad cristiana nace del amor, del perdón y de la comunión entre las personas.

Este texto invita a reflexionar sobre cómo nuestras relaciones pueden ser signo de paz y fraternidad. Cuando vivimos en el amor y la unidad, reflejamos la gloria y el rostro de Dios en medio del mundo.