Sí. También las leyes de la naturaleza y las ordenaciones naturales
pertenecen a la Creación de Dios.
Remar Mar Adentro, pretende, como laicos comprometidos, presentar temas de reflexión para vivir el reino de Dios; levantando las anclas en una tarea asumida generosamente. Ricardo Huante Magaña
Sí. También las leyes de la naturaleza y las ordenaciones naturales
pertenecen a la Creación de Dios.
En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué señal vas a
realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a
comer pan del cielo".
Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio
pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el
pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".
Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús
les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá
hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed".
Comentario
El pasaje de Juan muestra a la multitud pidiendo a Jesús una señal para
creer, comparándolo con Moisés y el maná en el desierto. Sin embargo, Jesús los
lleva a un nivel más profundo: no se trata solo de un milagro material, sino de
reconocer que Dios mismo es quien da el verdadero alimento.
Jesús revela que Él es el “pan de vida”, es decir, el alimento que
sacia el hambre más profunda del ser humano: el sentido, la esperanza y la vida
eterna. Mientras el maná sostenía el cuerpo por un tiempo, Jesús ofrece una
vida que no se agota.
Este texto invita a pasar de buscar solo soluciones inmediatas o
materiales, a descubrir en Jesús la respuesta plena a nuestras necesidades más
hondas. Creer en Él no es solo aceptar una idea, sino confiar y acercarse,
sabiendo que en Él nunca quedaremos vacíos.
Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos
de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia
Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado.
Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.
Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús
caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les
dijo: "Soy yo, no tengan miedo". Ellos quisieron recogerlo a bordo y
rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
Comentario
El pasaje narra cómo los discípulos, en medio de la oscuridad y el mar
agitado, ven a Jesús acercarse caminando sobre las aguas. Este momento revela
su poder divino y su presencia que disipa el miedo: cuando Él dice “Soy yo, no
teman”, la tormenta se transforma en calma.
El texto simboliza la fe que vence el temor y la certeza de que,
incluso en medio de las dificultades, Cristo se acerca para traer paz y
seguridad.
El entusiasmo religioso que experimentaron los discípulos ante las numerosas señales que Jesús cumplió durante su ministerio galileo, modificó su comprensión acerca de la identidad del Maestro. Estaban ciertos que Jesús de Nazaret era un profeta poderoso en obras y palabras. Cuando ese profeta enviado por Dios terminó sus días aparentemente abandonado en la cruz, los discípulos quedaron sumidos en un profundo desconsuelo. Los discípulos lograron liberarse de esa crisis de sentido gracias a las generosas manifestaciones del Señor resucitado. La esperanza cristiana acerca de la resurrección de Cristo no es una cuestión teórica, sino una vivencia imprescindible en la vida de los discípulos. A partir de esa confianza, podremos fortalecer nuestro espíritu para enfrentar esta hora tan dolorosa que atraviesa nuestro país.
<<Salieron Pedro y aquel otro discípulo y vinieron al sepulcro...
Hay que advertir aquí y tener muy en cuenta la recapitulación que hace
volviendo a lo que había dejado, poniéndolo, no obstante, como sucedido
después. Porque, habiendo dicho que llegaron al sepulcro, se vuelve atrás para
decir cómo llegaron: Corrían los dos simultáneamente... Donde manifiesta que,
corriendo con mayor velocidad, llegó primero aquel otro discípulo, que, siendo
él mismo, lo cuenta todo como si se tratase de otro. Y, habiéndose inclinado,
vio colocadas las envolturas, mas no entró. Vino en pos de él Simón Pedro y
entró en el sepulcro... ¿Vamos a pensar que estas cosas no tienen significación
alguna? Jamás lo hubiera yo pensado. Pero vamos apresuradamente a otras cosas
en las que nos obliga a detenernos la necesidad de resolver alguna dificultad o
de dar alguna aclaración. Detenerse a averiguar el significado de cada una de
estas cosas es ciertamente delicioso; pero para aquellos que disponen del
tiempo que a nosotros nos es tan escaso. Entonces entró también aquel discípulo
que había llegado primero al sepulcro. Llegó el primero, mas entró el segundo.
Tampoco esto está vacante de misterio, pero para esto yo no estoy vacante.
Dice: Y vio y creyó. Algunos, leyendo con poca atención, juzgan que Juan creyó
que Jesús había resucitado, mas no lo indica así lo que sigue. Porque ¿qué
indica lo que después añadió: No conocían aún la Escritura, que era conveniente
que Él resucitase de entre los muertos? Luego no creyó que hubiera resucitado,
ya que no sabía que era conveniente que Él resucitase. Pues ¿qué vio, qué
creyó? Vio el sepulcro vacío y creyó lo que la mujer había dicho» (San Agustín
[354-430]. Tratado 120 del Evangelio de Juan).