viernes, 5 de junio de 2026

Evangelio del 6 de junio 2026 Marcos 12, 38-44

 



En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: "¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Estos recibirán un castigo muy riguroso".

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto se acercó una viuda pobre, y echó dos monedas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos; porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir".

Comentario

En este pasaje, Jesús denuncia la actitud de los escribas que buscan honores, reconocimiento y prestigio religioso, mientras descuidan la justicia y se aprovechan de los más vulnerables. Su enseñanza invita a examinar la autenticidad de nuestra fe y a evitar una religiosidad basada en las apariencias.

A continuación, Jesús observa a una viuda pobre que deposita dos pequeñas monedas en el tesoro del templo. Aunque su ofrenda es insignificante a los ojos humanos, para Dios tiene un valor inmenso, porque ella entrega todo lo que posee. Mientras los ricos dan de lo que les sobra, la viuda ofrece con confianza y generosidad lo necesario para vivir.

Este evangelio nos recuerda que Dios no mira la cantidad de lo que damos, sino el amor, la fe y la entrega con que lo hacemos. La verdadera grandeza no está en ser admirados por los demás, sino en confiar plenamente en Dios y poner nuestra vida en sus manos.

jueves, 4 de junio de 2026

Evangelio del 5 de junio 2026 Marcos 12, 35-37



Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: "¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies". Si el mismo David lo llama 'Señor', ¿cómo puede ser hijo suyo?" La multitud lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

Comentario

Este pasaje nos presenta un momento teológico clave donde Jesús cuestiona la interpretación tradicional de los escribas sobre el Mesías.

Jesús no niega que el Mesías sea "hijo de David", pero desafía la visión limitada de los escribas que esperaban a un Mesías puramente político o militar basado en esa ascendencia.

Al citar el Salmo 110, 1 ("Dijo el Señor a mi Señor..."), Jesús eleva la figura del Mesías por encima de la simple genealogía humana; lo sitúa en una relación directa y divina con Dios, superando la expectativa de un simple heredero del trono terrenal de David.

La reacción del pueblo: El texto destaca que "la gente escuchaba a Jesús con gusto", lo que subraya el contraste entre la rigidez académica de las autoridades religiosas y la enseñanza viva y reveladora de Jesús, que resultaba atractiva y accesible para el pueblo común.

En esencia, este pasaje invita a mirar más allá de las etiquetas tradicionales y reconocer la identidad profunda y trascendente de Jesús.

Una reflexión para nuestro tiempo 20260607

El mensaje del profeta Oseas sigue siendo muy actual: Dios no quiere una fe pasajera ni prácticas religiosas vacías, sino un amor constante que se refleje en la vida diaria.

 

El profeta Oseas denuncia una religiosidad superficial: un amor a Dios que dura poco, “como nube mañanera” que desaparece rápidamente. También hoy vivimos algo parecido: muchas personas buscan a Dios solo en momentos de crisis, participan en actos religiosos por costumbre, pero les cuesta traducir la fe en compromiso cotidiano con la justicia, la verdad y el amor al prójimo.

En una sociedad marcada por el individualismo, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y la búsqueda del éxito personal a cualquier precio, Dios nos recuerda que la verdadera fe se demuestra en la misericordia, en la honestidad, en el respeto por la dignidad de los demás y en la solidaridad con los más vulnerables.

Dios quiere corazones sinceros capaces de amar, perdonar y construir una sociedad más humana, donde se haga presente la misericordia de Dios en medio del mundo.

 

 

 

Los Símbolos de la fe 20260607 Síntesis.


 

Origen y propósito: Desde sus inicios, la Iglesia apostólica consolidó su fe en fórmulas breves y normas accesibles, encontrándose ejemplos de esto en diversos pasajes del Nuevo Testamento, como la proclamación de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (1 Cor 15, 3-5).

Desarrollo de los Símbolos: Con el tiempo, la Iglesia sintió la necesidad de organizar y articular lo esencial de su doctrina en resúmenes (Credos), especialmente para los catecúmenos que se preparaban para el bautismo.

Naturaleza del Credo: Según San Cirilo de Jerusalén, estos resúmenes no son opiniones humanas, sino una síntesis que concentra lo más importante de toda la Escritura (Antiguo y Nuevo Testamento), permitiendo que un "grano pequeño" contenga toda la verdad de la fe.

Unidad en la diversidad: Aunque en la Iglesia primitiva coexistieron diversos símbolos o Credos, todos mantenían una unidad sustancial en lo esencial de la fe. Para este estudio, se utilizará el Símbolo de los Apóstoles como guía, siguiendo el esquema del Catecismo de la Iglesia Católica.

¿Cómo es que, dicen, vuestro Maestro come con publicanos y pecadores?

 




Síntesis (San Agustín [354-43]). Comentario al Salmo 58, 1-7). 

San Agustín comenta que quienes se consideran justos y fuertes por sí mismos se engañan, pues esa aparente fortaleza es en realidad orgullo y ceguera espiritual. Frente a ellos, Cristo se presenta como el verdadero médico que viene a sanar a los pecadores y a enseñar el camino de la humildad. Aunque es Dios, asumió nuestra fragilidad y aceptó ser bautizado para mostrarnos la importancia de reconocer nuestras faltas y depender de la gracia divina.

El santo destaca que la verdadera fuerza nace de la humildad y de reconocer la propia debilidad, tal como enseña san Pablo: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. En cambio, quienes se creyeron justos rechazaron a Cristo, confundiendo su misión salvadora y cerrándose a la fe por soberbia.

Finalmente, San Agustín contrasta la actitud humilde de quienes escuchan y acogen a Jesús con la de los fariseos, que despreciaban al pueblo sencillo y se apoyaban únicamente en su propio prestigio religioso. La enseñanza central es que solo la humildad abre el corazón a la salvación, mientras que el orgullo impide reconocer a Cristo y recibir su gracia.»

Reflexión 20260607