miércoles, 15 de julio de 2026

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20260719

 



Jesús nos enseña que el Reino de Dios crece con paciencia en quienes acogen su gracia con humildad. La fe debe reflejarse en el servicio y el compromiso con los demás. Pidamos al Espíritu Santo que fortalezca nuestro testimonio para llevar esperanza y vida a nuestro entorno.



El camino cristiano está abierto para todos, pero cada persona decide cuándo y a qué ritmo irlo recorriendo. El seguimiento de Jesús es un esfuerzo exigente que no termina nunca de consolidarse. Se decide ser discípulo y no se termina nunca por serlo completamente. Es un eterno esfuerzo de estira y afloja. En ese intento no se trabaja solo, sino que se cuenta siempre con el auxilio de la gracia de Dios. Quien se deje ayudar con mayor apertura, permitirá que el arbolito de mostaza vaya creciendo más rápidamente que quien oponga resistencias. Los cristianos no podemos aislarnos en burbuja alguna, puesto que estamos llamados a permear con el impulso del Espíritu vivificante de Dios los espacios, donde algunos pretenden apagar la vida, sean los ámbitos naturales o los ámbitos sociales y familiares.


RAÍCES DE NUESTRA FE 19 de julio 2026

 



Catequesis de san Cirilo de Jerusalén

San Cirilo de Jerusalén enseña que la fe cristiana se fundamenta en la existencia de un solo Dios, eterno, inmutable, bueno y justo, creador de todo cuanto existe, tanto del mundo material como del espiritual. Frente a las herejías que dividían a Dios, negaban la Trinidad o atribuían la creación a distintos principios, afirma con claridad la unidad de Dios y su obra creadora. Asimismo, proclama que el Padre es Padre desde la eternidad de su único Hijo, Jesucristo, por medio de quien fueron creadas todas las cosas, visibles e invisibles. Esta enseñanza invita a los creyentes a permanecer firmes en la verdadera doctrina y a discernir con prudencia los errores que puedan apartarlos de la fe auténtica.

(San Cirilo de Jerusalén -315-386-. Catequesis 4, 4).

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260719


 


Carta a Diogneto.

[Texto anónimo de finales del siglo ll]).

 

La inmensa paciencia y misericordia de Dios hacia la humanidad.

Aunque el ser humano se dejó llevar por el pecado y las pasiones desordenadas, Dios no lo abandonó ni lo rechazó, sino que esperó con amor el momento oportuno para revelar, por medio de su Hijo, su plan de salvación. Esa paciencia divina no significó aprobación del pecado, sino una oportunidad para que la humanidad reconociera su necesidad de Dios. Así, comprendemos que la salvación no es fruto de nuestros méritos, sino de la bondad y el poder de Dios, quien, con infinita caridad, nos hace capaces de participar en su Reino.

  

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo 19 de julio 2026

 



 

Antífona de entrada.

El Señor es mi auxilio y el único apoyo en mi vida. Te ofreceré de corazón un sacrificio y daré gracias a tu nombre, Señor, porque eres bueno (Sal 53, 6. 8).

 

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Oración colecta.

Sé propicio, Señor, con tus siervos y multiplica, bondadoso, sobre ellos los dones de tu gracia, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y la caridad, perseveren siempre fieles en el cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

Monición: La primera lectura nos manifiesta la experiencia que el pueblo tiene de Dios, "eres misericordioso con todos, nos gobiernas con delicadeza y nos das la oportunidad del arrepentimiento". Escuchemos.

 

Primera Lectura (sab 12, 13. 16-19)

Del libro de la Sabiduría

No hay más Dios que tú, Señor, que cuidas de todas las cosas. No hay nadie a quien tengas que rendirle cuentas de la justicia de tus sentencias. Tu poder es el fundamento de tu justicia, y por ser el Señor de todos, eres misericordioso con todos.

Tú muestras tu fuerza a los que dudan de tu poder soberano y castigas a quienes, conociéndolo, te desafían. Siendo tú el dueño de la fuerza, juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza, porque tienes el poder y lo usas cuando quieres.

Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has Entonces los trabajadores fu llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para buena semilla en tu campo? ¿De que se arrepienta. Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial (Sal 85)         

R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.    

L. Puesto que eres, Señor, bueno y clemente y todo amor con quien tu nombre invoca, escucha mi oración y a mi súplica da respuesta pronta. / R. 

L. Señor, todos los pueblos vendrán para adorarte y darte gloria, pues sólo tú eres Dios, y tus obras, Señor, son portentosas. / R.

L. Dios entrañablemente compasivo, todo amor y lealtad, lento a la cólera, ten compasión de mí, pues clamo a ti, Señor, a toda hora. / R

 

            Monición: San Pablo valora la ayuda que nos viene del Espíritu Santo, la necesitamos pues si nos abandonamos sólo a los criterios humanos, nos desviaremos con facilidad de la voluntad de Dios. Escuchemos.

 

Segunda Lectura (Rom 8, 26-27)

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.    

 

Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Mt 11, 25)

R. Aleluya, aleluya. Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.

R. Aleluya, aleluya.

 

            Monición: El evangelio narra un campo sembrado con trigo, es el Reino de Dios sembrado en nuestro interior; luego aparece la cizaña, el pecado, obra del enemigo. Démosle al enemigo lo que le pertenece. Escuchemos.

 

Evangelio (Mt 13, 24-43)   

Del santo Evangelio según san Mateo

A. Gloria a ti, Señor.          

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: "El de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: 'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?' El amo les respondió: 'De seguro lo hizo un enemigo mío'. Ellos le dijeron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?' Pero él les contestó: 'No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero"'.

Luego les propuso esta otra parábola: "El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas".

Les dijo también otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar".

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron los discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".

Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga". Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Pidamos, hermanos, al Dios de misericordia que nos auxilie en nuestra pequeñez, para que podamos invocar su nombre con los sentimientos que Él desea. Oremos diciendo:

TODOS: Escúchanos, Señor, y acrecienta nuestro amor.

1.         Por la paz y la concordia de las Iglesias, por la unión de todos los cristianos y por la salvación de nuestras almas. Roguemos al Señor.

2.         Por los responsables de las naciones, para que bajo su gobierno tengamos una vida feliz y pacífica. Roguemos al Señor.

3.         Por los que están lejos de casa, por los enfermos y los encarcelados y por todos los que sufren. Roguemos al Señor.

4. Por nuestra comunidad reunida en la fe, la piedad y el temor de Dios, por los que hacen el bien en nuestras parroquias y por los que ayudan a los pobres. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Que nos sostenga, Señor, la fuerza y la paciencia de tu amor, para que la palabra evangélica fructifique en nosotros y se refuerce nuestra esperanza en ver nacer una humanidad nueva que Cristo, con su retorno glorioso, hará brillar como el sol. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

Oración sobre las ofrendas.

Dios nuestro, que con la perfección de un único sacrificio pusiste fin a la diversidad de sacrificios de la antigua ley, recibe las ofrendas de tus fieles, y santifícalas como bendijiste la ofrenda de Abel, para que aquello que cada uno te ofrece en honor de tu gloria, sea de provecho para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

Nuestra humanidad salvada por la humanidad de Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque reconocemos como obra de tu poder admirable no sólo haber socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino también el haber previsto el remedio en nuestra misma naturaleza mortal, y así, con lo que fue la causa de nuestra ruina, con eso mismo nos diste la salvación, por Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la comunión.

Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente; él da alimento a sus fieles (Sal 110, 4-5).

 

Oración después de la comunión.

Señor, muéstrate benigno con tu pueblo, y ya que te dignaste alimentarlo con los misterios celestiales, hazlo pasar de su antigua condición de pecado a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Refexión 20260719

 


Evangelio del 16 de julio 2026 Mateo 11, 28-30

 



En aquel tiempo, Jesús dijo: "Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave, y mi carga, ligera".

Reflexión

El Evangelio nos presenta la invitación de Jesús a acudir a Él cuando nos sentimos cansados y agobiados. No promete una vida sin dificultades, sino su presencia y la fortaleza para afrontar las pruebas con esperanza.

Su yugo representa un camino de amor, humildad y confianza en Dios, que da sentido a nuestras cargas y nos permite llevarlas con paz. En un mundo marcado por el estrés, la prisa y la incertidumbre, Jesús sigue ofreciéndonos el verdadero descanso: la certeza de que camina con nosotros y nunca nos abandona.

martes, 14 de julio de 2026

Evangelio del 15 de julio 2026 Mateo 11, 25-27

 



En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".

 

Reflexión

 

Jesús nos enseña que el verdadero conocimiento de Dios no depende de la inteligencia o del prestigio, sino de un corazón humilde y abierto a su gracia. Los misterios del Reino son comprendidos por quienes reconocen su necesidad de Dios y se dejan guiar por Cristo. En un mundo lleno de información y autosuficiencia, este Evangelio nos invita a cultivar la sencillez, la oración y la confianza en el Señor. Solo quien camina con Jesús descubre al Padre y encuentra la auténtica sabiduría que conduce a la paz y a la vida plena.