miércoles, 11 de marzo de 2026

¿QUÉ DICE EL CREDO LARGO DE NICEACONSTANTINOPLA?

 


Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

Evangelio del 12 de marzo 2026 Lucas 11, 14-23

 



En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: «Éste expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: «Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama».

Comentario

Este pasaje nos presenta a Jesucristo expulsando un demonio, lo que provoca admiración en algunos y desconfianza en otros. Algunos incluso llegan a acusarlo de actuar con el poder del mal.

Jesús responde mostrando la falta de lógica de esa acusación: un reino dividido contra sí mismo no puede mantenerse. Con esto enseña que su acción no viene del mal, sino del poder de Dios que libera y devuelve la vida a las personas. La expulsión del demonio es signo de que el Reino de Dios ya está actuando en medio de la humanidad.

El mensaje central del texto es una invitación a tomar una decisión clara: “El que no está conmigo está contra mí”. No se puede permanecer neutral ante la obra de Dios. El Evangelio nos llama a reconocer la acción liberadora de Dios en nuestra vida y a colaborar con ella, reuniendo en lugar de dispersar.

En síntesis, este pasaje nos recuerda que Cristo es más fuerte que el mal, y que seguirlo implica optar por el bien, la unidad y la vida que provienen de Dios.

martes, 10 de marzo de 2026

¿QUÉ DICE LA FÓRMULA DE FE DE LOS APÓSTOLES?

 


Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Evangelio del 11 de marzo 2026 Mateo 5, 17-19

 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos».

Comentario

En este pasaje, Jesús explica que no vino a eliminar la Ley de Dios, sino a darle su pleno sentido. Él muestra que los mandamientos no deben verse solo como normas externas, sino como un camino para vivir la voluntad de Dios con fidelidad.

Además, enseña que quien cumple y enseña los mandamientos será grande en el Reino de los cielos. Por eso, el discípulo está llamado a vivir la ley con coherencia, entendiendo que en Jesús se cumple y se ilumina toda la enseñanza de Dios.

lunes, 9 de marzo de 2026

¿CÓMO SURGIERON LAS PROFESIONES DE FE?

 


Las profesiones de fe se remontan a Jesús, que mandó a sus discípulos que bautizaran. En el bautismo debían exigir a las personas la profesión de una determinada fe, en concreto la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (TRINIDAD).

El germen de todas las fórmulas de fe posteriores es la fe en Jesús, el Señor, y el envío a la misión: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19). Todas las profesiones de fe de la IGLESIA son desarrollo de la fe en este Dios trinitario. Comienzan con la confesión de la fe en el Padre, Creador y quien sostiene el mundo, se refieren luego al Hijo, por quien el mundo y nosotros mismos hemos encontrado la salvación, y desembocan en la confesión de fe en el Espíritu Santo, la persona divina por quien se da la presencia de Dios en la Iglesia y en el mundo.

Evangelio del 10 de marzo 2026 Mateo 18, 21-35

 



En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».

Entonces les dijo Jesús: «El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar su deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: 'Págame lo que me debes'. El compañero se le arrodilló y le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: 'Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?' Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

 

Reflexión

 

El texto nos invita a mirar "hacia adentro" antes de juzgar "hacia afuera". Nos recuerda que el perdón cristiano no es un sentimiento que surge espontáneamente, sino una decisión de la voluntad basada en la gratitud por haber sido amados y perdonados primero.