En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo soy el buen
pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el
que no es el pastor ni el dueño de las
ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja
sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a
mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por
mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario
que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un
solo pastor.
El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la
quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para
volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre".
Comentario
El pasaje presenta una de las imágenes más profundas de Jesús: el Buen
Pastor. Aquí no solo se describe una función, sino una relación viva y
comprometida entre Jesús y quienes lo siguen.
Jesús se define como el “buen pastor” que da la vida por sus ovejas.
Jesús manifiesta “yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen”. No se
trata de un conocimiento superficial, sino de una relación íntima, semejante a
la que existe entre el Padre y el Hijo. Esto revela que la fe no es solo seguir
normas, sino entrar en una relación personal con Jesús.
Jesús menciona que tiene “otras ovejas que no son de este redil”,
anticipando la apertura universal de su misión.
Finalmente, Jesús afirma que nadie le quita la vida, sino que Él la
entrega libremente. Esto subraya que su muerte no es una derrota, sino un acto
voluntario de amor y obediencia al Padre, con la certeza de la resurrección.

No hay comentarios:
Publicar un comentario