«Explicación del Símbolo apostólico» (2).
Este Credo está formulado
bíblicamente. Es un tejido de textos de la Escritura, donde es clara la
estructura trinitaria. En cada artículo del Credo se debe ir a la Biblia como
fundamento. San Ambrosio parece que hace implícitamente este silogismo: si la
Escritura es apostólica y el símbolo se basa en la Escritura, el símbolo tiene
autoridad apostólica. San Ireneo y Orígenes sostenían la autoridad apostólica
de este «Símbolo», aunque desconocían el momento de su composición. «Por tanto,
los santos apóstoles reunidos y juntos hicieron un breve símbolo. ¡Haced el
signo de la cruz! (Después de la introducción, el obispo invitaba a hacer la
señal de la cruz. La praxis cotidiana de la signación existía ya en esa época.
A partir del siglo III la signación, se había introducido en la liturgia. Es un
signo de confesión de la fe y de salvación). Hecho el signo de la cruz, se
recita el símbolo. En éste se expresa de modo clarísimo la divinidad de la
eterna Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que obran
inseparablemente, es decir, la adorable Trinidad. Nuestra fe es tal que creemos
del mismo modo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Donde no hay
distinción de majestad tampoco debe haber diferencia en la fe. Luego, les he
recordado frecuentemente que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, fue el
único que asumió esta carne con un alma racional y perfecta y una forma
corpórea» (San Ambrosio [c. 340-397]. Explicación del Símbolo de los Apóstoles
2-3).

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