Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre
los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos
que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer las
señales milagrosas que tú haces, si Dios no está con él".
Jesús le contestó: "Yo te aseguro que quien no renace
de lo alto, no puede ver el Reino de Dios". Nicodemo le pregunto:
"¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda
vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?"
Le respondió Jesús: "Yo te aseguro que el que no nace
del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la
carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que
te haya dicho: 'Tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere y
oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien
ha nacido del Espíritu".
Comentario
El evangelio de hoy nos presenta el encuentro entre Jesús y Nicodemo,
un hombre sabio y respetado, pero que aún busca comprender más profundamente el
misterio de Dios. Este diálogo ocurre de noche, lo cual no solo describe el
momento del día, sino también simboliza la búsqueda interior, las dudas y la
necesidad de luz espiritual.
Jesús introduce una idea fundamental: “nacer de nuevo”. No se trata de
un nacimiento físico, como piensa Nicodemo, sino de una transformación
interior. Es un llamado a renovarse desde lo más profundo del corazón, a dejar
atrás lo viejo para abrirse a una vida nueva en Dios.
Cuando Jesús habla de “nacer del agua y del Espíritu”, señala la acción
de Dios en la vida humana: el agua como signo de purificación y el Espíritu
como fuerza que da vida. Este nuevo nacimiento no depende solo del esfuerzo
humano, sino de la gracia divina que actúa en lo invisible.
La comparación con el viento es muy hermosa: el viento sopla donde
quiere, no lo vemos, pero sentimos sus efectos. Así es el Espíritu: actúa de
manera misteriosa, libre y poderosa en la vida de cada persona.
En conjunto, este texto nos invita a:
Abrirnos al cambio interior
Confiar en la acción del Espíritu
Buscar una fe más profunda, no solo intelectual, sino vivida
Es un llamado a dejar que Dios renueve nuestra vida desde dentro, para
vivir con una mirada nueva, llena de fe y esperanza.

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