lunes, 27 de abril de 2026

Evangelio del 28 de abril 2026 Juan 10, 22-30

 



Por aquellos días se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del Templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón. Entonces le rodearon los judíos y le preguntaron: "¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente".

Jesús les respondió: "Ya se los he dicho, y no me creen. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco, y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna, y no perecerán jamás, nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno".

Comentario

Los judíos rodean a Jesús y le piden una respuesta directa: "¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente". La ironía es que Jesús ya se lo ha dicho, no solo con palabras, sino con sus obras. El problema no es la falta de claridad, sino la falta de disposición para creer.

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre si realmente estamos afinando el oído para reconocer la voz del Pastor en medio del ruido del mundo, confiando en que esa pertenencia es nuestra mayor seguridad.

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