En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "Yo los envío como
ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como
las palomas.
Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los
azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa;
así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los
enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo,
porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán
ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por
ustedes.
El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo;
los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a
ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no
alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo
del hombre".
Reflexión
Este texto evangélico nos recuerda que seguir a Cristo implica caminar
entre peligros y resistencias, pero con la sabiduría y la sencillez que vienen
del Espíritu. Ser “ovejas entre lobos” no es una invitación al miedo, sino a la
confianza: el discípulo no se defiende con violencia ni astucia humana, sino
con la fuerza interior de la fe. En medio de la persecución y la traición, la
promesa es clara: quien persevera en el amor y la verdad, será sostenido por
Dios y alcanzará la salvación.
Es una llamada a vivir con prudencia y pureza, sin perder la paz ni la
esperanza, incluso cuando el mundo parece hostil.

No hay comentarios:
Publicar un comentario