San Cirilo de Jerusalén destaca que la fe recibida de la Iglesia debe
conservarse íntegra y permanecer firmemente grabada en el corazón de los
creyentes. Explica que el Símbolo de la fe resume las verdades esenciales de la
Sagrada Escritura y sirve como guía para quienes no pueden acceder directamente
a toda la enseñanza bíblica. Exhorta a memorizar y vivir esta profesión de fe
durante toda la vida, manteniéndose fieles a ella sin dejarse confundir por
falsas doctrinas, aun si provinieran de personas con autoridad o aparentaran
tener un origen extraordinario. De este modo, la fidelidad a la enseñanza
apostólica se convierte en el fundamento seguro de la vida cristiana.

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