En nuestro tiempo, es fácil dejarnos llevar por promesas rápidas,
soluciones fáciles o ilusiones que evitan el compromiso personal. Sin embargo,
el Evangelio nos invita a perseverar, aun cuando encontremos dificultades,
críticas o desánimo.
La transformación de la sociedad comienza en cada corazón que, con
fidelidad y esperanza, decide vivir el Evangelio todos los días.
En ciertos momentos algunas
personas desencantadas de la lentitud de los cambios sociales transfieren sus
responsabilidades ciudadanas a una figura pública que les pinta escenarios
fabulosos a la vuelta de la esquina. Unos otros están atrapados en la burbuja
del pensamiento mágico. No procesan con rigor los pros y contras de una opción,
se guían por ocurrencias e imaginan que todo se arregla con buenas intenciones.
El mensaje de la parábola del sembrador nos alerta sobre la serie de obstáculos
e impedimentos que enfrenta el discípulo que quiere conducir su vida por el
sendero del reinado de Dios. Presiones amenazas externas, anhelos y miedos
internos terminan acortando la generosidad de la primera hora. La fidelidad
perseverante de quienes se sobreponen a los obstáculos consigue los frutos que
valen la pena: acercamiento hacia la paz y la vida justa y tranquila.

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