La consumación de la Creación a través de la providencia divina no
sucede sin nuestra intervención. Dios nos invita a colaborar en la perfección
de la Creación.
El hombre puede rechazar la voluntad de Dios. Pero es mejor convertirse
en un instrumento del amor divino. La Madre Teresa se esforzó toda su vida por
pensar así: «Soy únicamente un pequeño lápiz en la mano de nuestro Señor. Él
puede cortar o afilar el lápiz. Él puede escribir o dibujar lo que quiera y
donde quiera. Si lo escrito o un dibujo es bueno, no valoramos el lápiz o el
material empleado, sino a aquel que lo ha empleado». Si Dios actúa también con
nosotros y a través nuestro, no debemos confundir nunca nuestros propios
pensamientos, planes y actos con la acción de Dios. Dios no necesita nuestro
trabajo como si a Dios le faltara algo sin él.

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