San Jerónimo explica que Jesús no prohíbe amar a la familia, sino que
enseña que el amor a Dios debe ocupar siempre el primer lugar. Cuando existe un
conflicto entre la fidelidad a Cristo y los afectos familiares, el discípulo
está llamado a elegir a Dios por encima de todo. Asimismo, recuerda que seguir
a Jesús implica cargar la cruz cada día con perseverancia y fidelidad.
Finalmente, destaca la dignidad de la misión de los apóstoles: quien los
recibe, recibe al mismo Cristo y, por medio de Él, al Padre que lo envió. De
este modo, el Señor anima a sus discípulos a cumplir su misión con confianza,
asegurándoles que Dios proveerá lo necesario mediante la acogida y la
generosidad de los creyentes.
(San Jerónimo [340-397]. Comentario al Evangelio de Mateo).

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