sábado, 27 de diciembre de 2014

FESTIVIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA



FESTIVIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA
Domingo 28 de diciembre 2014

DE ISAAC A JESÚS

Gn 15, 1-6, 21,1-3; Hb 11,8.11-12. 17-19; Lc 2,22-40

El nacimiento de Isaac había sido esperado con paciencia y cierto desasosiego por Sara y Abrahán, el tiempo parecía echárseles encima y la posibilidad de un descendiente se esfumaba. Abrahán recibió una visita misteriosa y una promesa de un hijo. A pesar de su avanzada edad creyó y para judíos y cristianos, es el prototipo del creyente. La circuncisión de su hijo Isaac simboliza la participación en las promesas, es el ritual de adhesión a una identidad colectiva: la de los herederos de la promesa abrahámica. En el Evangelio José y María circuncidan a su hijo Jesús —suceso que solamente refiere el evangelista san Lucas— afirmando sin vacilación alguna su pertenencia al pueblo de Israel. Jesús también será partícipe de las promesas. Los ancianos que atestiguan la ceremonia, profetizan la novedad que ese niño producirá en Israel: polémica y división. Su palabra y su obra serán decisivas y habrá que pronunciarse, porque traerá una oferta para cuantos buscan la liberación de Israel.

ANTÍFONA DE ENTRADA Lc 2, 16

Llegaron los pastores a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño recostado en un pesebre.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que te dignaste dejarnos el más perfecto ejemplo en la Sagrada Familia de tu Hijo, concédenos benignamente que, imitando sus virtudes domésticas y los lazos de caridad que la unió, podamos gozar de la eterna recompensa en la alegría de tu casa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Monición.- El texto de la promesa hecha por Dios a Abraham, de tener un hijo y una numerosa descendencia, se consuma en un rito de alianza y, a la vez, de comienzo a la larga descendencia israelita de donde nacerá Jesucristo.

Del libro del Génesis: 15, 1-6; 21, 1-3

En aquel tiempo, el Señor se le apareció a Abram y le dijo: "No temas, Abram. Yo soy tu protector y tu recompensa será muy grande". Abram le respondió: "Señor, Señor mío, ¿qué me vas a poder dar, puesto que voy a morir sin hijos? Ya que no me has dado descendientes, un criado de mi casa será mi heredero".
Pero el Señor le dijo: "Ése no será tu heredero, sino uno que saldrá de tus entrañas". Y haciéndolo salir de la casa, le dijo: "Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes". Luego añadió: "Así será tu descendencia". Abram creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo.
Poco tiempo después, el Señor tuvo compasión de Sara, como lo había dicho, y le cumplió lo que le había prometido. Ella concibió y le dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios había predicho. Abraham le puso por nombre Isaac al hijo que le había nacido de Sara. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial

Del salmo 104 R/. El Señor nunca olvida sus promesas.

Aclamen al Señor y denle gracias, relaten sus prodigios a los pueblos. Entonen en su honor himnos y cantos, celebren sus portentos. R/.

Del nombre del Señor enorgullézcanse y siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder y a su presencia acudan. R/.

Recuerden los prodigios que él ha hecho, sus portentos y oráculos, descendientes de Abraham, su servidor, estirpe de Jacob, su predilecto. R/.

Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abraham, del juramento a Isaac, que un día le hiciera. R/.

Segunda lectura

Monición.- Toda la existencia de Abraham, de Sara y de los demás patriarcas está determinada por su fe. Y esta fe encuentra su fundamento en el hecho de que ellos de consideraron huéspedes y peregrinos sobre la tierra, aspirando sólo a la ciudad que Dios les había preparado.

De la carta a los hebreos: 11, 8. 11-12. 17-19

Hermanos: Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia.
Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia, numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arenas del mar.
Por su fe, Abraham, cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac nacerá la descendencia que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; por eso le fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN Hb 1, 1-2 R/. Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, que son los últimos, nos ha hablado por medio de su Hijo. R/.

Evangelio

Monición.- El evangelista Lucas nos presenta a la Sagrada Familia, cuando José y María llevan al niño Jesús al templo, donde es consagrado al Señor. Esta disposición recuerda que todo pertenece realmente a Dios, puesto que Él lo ha creado todo.

Del santo Evangelio según san Lucas: 2, 22-40

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:
"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con Él. Palabra del Señor. T. Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos ahora al Señor, que quiso vivir en una familia como la nuestra.

Después de cada petición diremos: Te lo pedimos, Señor.

Por todos los cristianos, para que lleguemos a ser una sola familia. Oremos.

Por las familias en el mundo entero, para que el Señor les conceda paz y concordia. Oremos.

Por las familias que pasan dificultades o viven la desunión o la ruptura, para que el Señor las conforte y las ayude a rehacer el camino de la unidad. Oremos.

Por nuestros familiares y amigos difuntos, especialmente por los que han muerto durante este año, para que el Señor los acoja en su Reino. Oremos.

Por todos nosotros, para que el Espíritu del Señor llene de dulzura, comprensión y caridad nuestra relación con los demás. Oremos.

Señor, escucha nuestras peticiones, y haz que crezcamos en sabiduría y gracia ante ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de reconciliación, y te pedimos humildemente que, por la intercesión de la Virgen Madre de Dios y de san José, fortalezcas nuestras familias en tu gracia y en tu paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I-III de Navidad.


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Ba 3, 38

Nuestro Dios apareció en el mundo y convivió con los hombres.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Padre misericordioso, haz que, reanimados con este sacramento celestial, imitemos constantemente los ejemplos de la Sagrada Familia, para que, superadas las aflicciones de esta vida, consigamos gozar eternamente de su compañía. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Puede utilizarse la fórmula de bendición solemne.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- El sentido de pertenencia a una identidad colectiva permite formar parte de un nosotros que nos sirve como referente. En esta cultura de la globalización las identidades colectivas parecen diluirse, ante la avalancha de una cultura homogénea, impuesta desde los centros de poder del vecino país. Demasiadas culturas padecen un proceso de cambio acelerado que terminará por transformarlas radicalmente. Abrahán y José circuncidan a sus respectivos hijos para integrarlos en una tradición religiosa y en una cultura. Los protagonistas del relato son personas mayores, garantes de una tradición y transmisores de unos valores, que es necesario preservar. Ana y Simeón han mantenido su identidad, han perseverado en la confianza en Dios, han amado con pasión y compromiso las mejores causas de Israel. No se trata de promover el etnocentrismo y cerrarse al diferente, sino de tener arraigo en la fe religiosa y en la cosmovisión propia y estar abierto a los valores característicos de otras culturas y otras identidades colectivas.



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