martes, 6 de enero de 2026

Evangelio del 7 de enero 2026 Marcos 6, 45-52

 



En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar. Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo. Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: "¡Ánimo! Soy yo; no teman". Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.

 

Reflexión

 

En el relato, los discípulos están en medio del mar, agotados por remar contra el viento. A menudo, nuestras "tormentas" personales nos hacen sentir aislados, como si estuviéramos luchando solos contra una fuerza abrumadora. El texto subraya que Jesús los ve desde la distancia, lo que nos recuerda que nunca estamos fuera de su mirada, incluso cuando no sentimos su presencia inmediata.

Lo más impactante es que, cuando Jesús se acerca caminando sobre el agua, los discípulos se asustan y piensan que es un fantasma. Es una ironía espiritual: aquello que viene a salvarnos a veces nos aterra porque no encaja en nuestra lógica. Jesús responde con una frase que es el núcleo del pasaje: "¡Ánimo! Soy yo, no tengan miedo".

El pasaje termina con una nota reflexiva: los discípulos estaban asombrados porque "no habían entendido lo de los panes". Esto nos sugiere que la falta de fe suele venir de una memoria corta. Olvidamos los milagros de ayer (como la alimentación de los cinco mil) cuando surge el problema de hoy. La invitación es a confiar en que quien tuvo poder sobre el pan, también tiene poder sobre la tempestad.

 

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