jueves, 2 de abril de 2026

Evangelio del 3 de abril 2026 Juan 18, 1-19, 42


 


† Cristo: Sacerdote

C. Cronista: Diácono o lector/a

S. Sinagoga: Un lector hombre o mujer

P. Pueblo: Toda la asamblea de los fieles

 

C. En aquel tiempo Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:

†. «¿A quién buscan?»

C. Le contestaron:

S. «A Jesús el Nazareno».

C. Les dijo Jesús:

†. «Yo soy».

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:

†. «¿A quién buscan?»

C. Ellos dijeron:

S. «A Jesús el Nazareno».

C. Jesús contestó:

†. «Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan».

C. Así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

†. «Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?»

C. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».

Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:

S. «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»

C. Él dijo:

S. «No lo soy».

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:

†. «Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho».

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús diciéndole:

S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»

C. Jesús respondió:

†. «Si he faltado al hablar, demuestra en qué he fallado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:

S. «¿No eres tú también uno de sus discípulos?»

C. Él lo negó diciendo:

S. «No lo soy».

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»

C. Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y dijo:

S. «¿De qué acusan a ese hombre?»

C. Le contestaron:

S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído».

C. Pilato les dijo:

S. «Pues llévenselo y júzguenlo según su ley».

C. Los judíos le respondieron:

S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».

C. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Jesús le contestó:

†. «¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?»

C. Pilato le respondió:

S. «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué es lo que has hecho?»

C. Jesús le contestó:

†. «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

C. Pilato le dijo:

S. «Conque ¿tú eres rey?»

C. Jesús le contestó:

†. «Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».

C. Pilato le dijo:

S. «Y ¿qué es la verdad?»

C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:

S. «No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?»

C. Pero todos ellos gritaron:

P. «¡No, a ese no! ¡A Barrabás!».

C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él le decían:

S. «¡Viva el rey de los Judíos!»

C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. «Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa».

C. Salió pues, Jesús llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. «Aquí está el hombre».

C. Cuando lo vieron los sacerdotes y sus servidores, gritaron:

P. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»

C. Pilato les dijo:

S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él».

C. Los judíos le contestaron:

P. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios».

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el Pretorio, dijo a Jesús:

S. «¿De dónde eres tú?»

C. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:

S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»

C. Jesús le contestó:

†. «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

P. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César.

C. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «El Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. «Aquí tienen a su Rey».

C. Ellos gritaron:

P. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»

C. Pilato les dijo:

S. «¿A su rey voy a crucificar?»

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. «No tenemos más rey que el César».

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:

S. «No escribas "El rey de los judíos", sino "Este ha dicho: Soy rey de los judíos"».

C. Pilato les contestó:

S. «Lo escrito, escrito está».

C. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Pero se dijeron:

S. «No la rasguemos, sino echemos suerte para ver a quién le toca».

C. Así se cumplió la Escritura: "Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica". Y eso hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás y María la Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:

†. «Mujer, ahí está tu hijo».

C. Luego al discípulo:

†. «Ahí está tu madre».

C. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

†. «Tengo sed».

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, probó el vinagre y dijo:

†. «Todo está cumplido».

C. e, inclinando la cabeza, entregó el Espíritu.

 

En este momento todos se arrodillan y oran unos momentos en silencio.

 

C. Entonces los judíos, como era el día de la preparación de la pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: "No le quebrarán ningún hueso"; y en otro lugar la Escritura dice: "Mirarán al que traspasaron".

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.

Comentario

El texto narra el corazón de la Pasión de Cristo: el momento en que Jesús, traicionado, juzgado y crucificado, entrega su vida con serenidad y amor absoluto. Es un relato que revela la tensión entre la injusticia humana y la fidelidad divina.

Lo más conmovedor es cómo el Evangelio muestra la dignidad de Jesús incluso en medio del sufrimiento. No responde con violencia ni resentimiento; su silencio y sus palabras —“Mi reino no es de este mundo”— son una afirmación de que la verdad y la salvación no dependen del poder, sino del amor que se entrega.

Celebración de la Semana Santa en diferentes parroquias

 




Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús



Parroquia de la Sagrada Familia (Progreso)



Santuario San Cristobal (Progreso)







Parroquia del Sagrario Catedral (Centro)



Parroquia Ntra. Sra. De Covadonga




miércoles, 1 de abril de 2026

Evangelio del 2 de abril 2026 Juan 13, 1-15

 



Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: «Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?». Jesús le replicó: «Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dijo: «Tú no me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo». Entonces le dijo Simón Pedro: «En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos». Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No todos están limpios.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan».

Comentario

Este pasaje nos muestra a Jesús en un gesto profundamente sorprendente: siendo Maestro y Señor, se arrodilla para lavar los pies de sus discípulos. Este acto no es solo de humildad, sino de amor llevado hasta el extremo.

Jesús rompe las expectativas humanas de poder y autoridad, enseñando que la verdadera grandeza está en el servicio. Pedro, al principio, no comprende, como muchas veces nosotros tampoco entendemos el camino de Dios, pero Jesús le invita a aceptar este amor que purifica y transforma.

Al final, deja un mandato claro: hacer lo mismo unos por otros. Es una invitación a vivir la humildad y el servicio como camino concreto para seguirlo.

LA PASCUA CRISTIANA

 



Es la celebración en la que hacemos memorial de la Resurrección de Jesús al tercer día de su muerte según los relatos contenidos en las Sagradas Escrituras. Con esta celebración termina la Semana Santa iniciada el Domingo de Ramos. La Pascua es una fiesta móvil, cuyo día varía cada año. La fecha viene fijada siguiendo el Año Litúrgico, que se rige por los ciclos lunares. Cuenta la historia, que la noche en la que el pueblo judío salió de Egipto, había luna llena y eso les permitió prescindir de las lámparas para que no los descubrieran los soldados del faraón. Los judíos celebran este acontecimiento cada año en la pascua judía o «Pésaj», que siempre concuerda con una noche de luna llena, en recuerdo de los israelitas que huyeron de Egipto pasando por el Mar Rojo. La celebración oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril de cada año en el calendario litúrgico romano.

 

Datos históricos.

La muerte y la resurrección de Jesús transcurren durante la Pascua judía. Por ello podemos estar seguros de que el primer Jueves Santo de la historia, cuando Jesús celebraba la Pascua judía con sus discípulos, era una noche de luna llena. La Pascua tiene raíces en la tradición judía, específicamente en la celebración del Pésaj. En ella los judíos recuerdan muchos eventos y, en particular, el paso dado por el ángel exterminador sobre las casas hebreas cuando iba en busca de los primogénitos egipcios. Este "paso" en la lengua hebrea se dice pésaj («pasar por encima>>). Este vocablo en el latín litúrgico pasó a ser pascha y posteriormente pascua. Esta transformación de la palabra se debió a la expansión del cristianismo en los tiempos del imperio romano. Jesucristo al resucitar cambió el sentido del Pésaj judío tradicional, y la Pascua pasó a significar el «pasar por encima» o, más bien el paso de la muerte a la vida eterna. En los dos casos se trata de celebrar la salvación. La Pascua cristiana comenzó a celebrarse en concordancia cronológica con la Pascua judía. Se hizo así durante algunos siglos, hasta que en el Concilio de Nicea de 325 d.C. se decidió dejar de usar el calendario hebreo y se optó por celebrarla el primer domingo después de la luna llena que mencionamos anteriormente. Esto se debió a que los cristianos pusieron énfasis en la significación del día I domingo, que fue el «Primer día de la semana» en el que Jesucristo resucitó según los cuatro Evangelios, mientras que la celebración de la Pascua judía no hace distinción entre los días de la semana.

 

Tiempo Pascual.

Este tiempo es el más fuerte de todo el Año Litúrgico. Se inaugura en la Vigilia Pascual y dura siete semanas hasta Pentecostés. Es la Pascua del Señor que ha pasado de la muerte a la vida a su existencia gloriosa. Es la Pascua de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la vida nueva de su Señor por medio del Espíritu donado por el Resucitado en Pentecostés. El origen de esta cincuentena se remonta a los orígenes de la liturgia. La Iglesia organizó estas siete semanas con la finalidad de prolongar el gozo de la Resurrección y para celebrar al final de los cincuenta días la venida del Espíritu Santo. Desde el siglo ll tenemos el testimonio de Tertuliano que habla de que en este espacio no se ayunaba, sino que se vivía una prolongada alegría. La liturgia insiste en el carácter unitario de estas semanas. La primera semana se le llama «Octava de Pascua», en la que por tradición los bautizados en la Vigilia Pascual eran introducidos a una profunda comunión con el misterio de Cristo. La «octava de Pascua» termina con el llamado Domingo «In albis», porque ese día los bautizados deponían los vestidos blancos recibidos el día de su Bautismo.

Evangelio del 1 de abril 2026 Mateo 26, 14-25

 



En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?" Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?" Él respondió: "Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: 'El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa'". Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: "Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme". Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: "¿Acaso soy yo, Señor?" Él respondió: "El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido". Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: "¿Acaso soy yo, Maestro?" Jesús le respondió: "Tú lo has dicho".

Comentario

En este pasaje se entrelazan la traición, el cumplimiento de las profecías y la profunda humanidad de los personajes.

Es impactante ver cómo Judas pone precio a su lealtad por "treinta monedas de plata". El texto subraya la libertad humana: él busca la oportunidad para entregarlo.

Durante la mesa, un lugar de comunión y amistad, Jesús dice: "Uno de ustedes me va a entregar". La reacción de los discípulos es de una tristeza profunda y una duda honesta: "¿Seré yo, Señor?".

Mientras Jesús se entrega por amor y obediencia, Judas se aparta por intereses oscuros. El Hijo del hombre va a morir como está escrito; nos recuerda que el dolor de la traición ya estaba contemplado en el plan de redención.

Es un texto que invita a mirar hacia adentro y preguntarnos sobre nuestras propias lealtades y la capacidad de mantenernos firmes en los momentos de mayor presión.

lunes, 30 de marzo de 2026

Evangelio del 31 de marzo 2026 Juan 13, 21-33. 36-38

 



En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: «Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar». Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: «¿De quién lo dice?» Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?» Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar». Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.

Jesús le dijo entonces a Judas: «Lo que tienes que hacer, hazlo pronto». Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.

Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: 'A donde yo voy, ustedes no pueden ir'». Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde». Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». Jesús le contestó: «¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces».

Comentario

El pasaje de Juan es uno de los momentos más densos y emotivos de la Última Cena. Nos sitúa en un espacio de profunda intimidad, pero también de una tensión humana desgarradora.

Jesús se muestra "profundamente conmovido". No es una frialdad divina; es el dolor real de la traición de un amigo.

Tan pronto sale el traidor, Jesús habla de la glorificación. Para el mundo, la muerte es una derrota, pero para Juan, la Cruz es el trono de Jesús. La gloria aquí no es fama, sino la manifestación plena del amor de Dios. Al decir que se va a donde ellos no pueden ir (aún), marca la transición de su presencia física a su presencia espiritual.

El diálogo con Pedro es el espejo de nuestra propia condición. Pedro, con un entusiasmo honesto pero presuntuoso, dice: "Daré mi vida por ti". Jesús, con realismo y ternura, le muestra que aún no está listo.

La paradoja: Pedro promete morir por Jesús, pero será Jesús quien muera por Pedro para que, más adelante, Pedro sea capaz de amar de la misma forma.

El texto nos invita a mirar nuestras propias "noches" y fragilidades. Nos enseña que, incluso en medio de la traición y el abandono, el plan de amor de Dios sigue adelante, transformando la oscuridad en un camino hacia la glorificación.

domingo, 29 de marzo de 2026


 


Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.

Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: «¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.

Entonces dijo Jesús: «Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán».

Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.

Comentario

El pasaje nos presenta una escena profundamente simbólica y llena de significado espiritual.

Se trata de una comida en Betania, donde aparecen tres figuras muy cercanas a Jesús: María, Marta y Lázaro. Cada uno refleja una actitud distinta ante la presencia de Jesús:

María realiza un gesto sorprendente: unge los pies de Jesús con un perfume costoso y los seca con su cabello. Este acto expresa amor, entrega total y reconocimiento profundo de quién es Jesús.

Marta, como en otros pasajes, está sirviendo. Representa el servicio generoso y activo, necesario en la vida comunitaria.

Lázaro, sentado a la mesa con Jesús, es signo de vida nueva, pues ha sido resucitado. Su presencia es un testimonio vivo del poder de Jesús.

El contraste aparece con Judas, que critica el gesto de María bajo apariencia de preocupación por los pobres, pero en realidad revela una falta de comprensión y autenticidad.

El amor verdadero hacia Jesús se manifiesta sin cálculos ni reservas.

Hay diferentes formas de seguirle (servicio, contemplación, testimonio), todas valiosas.

Este pasaje nos deja una enseñanza clara: el verdadero encuentro con Jesús transforma la manera de amar. Nos invita a vivir un amor generoso, a servir con sencillez y a reconocer su presencia con un corazón abierto. Como el perfume de María, el amor auténtico no se queda oculto, sino que llena todo a su alrededor

viernes, 27 de marzo de 2026

¿SE PUEDE ESTAR CONVENCIDO DE LA EVOLUCIÓN Y CREER SIN EMBARGO EN EL CREADOR?

 



Sí. La fe está abierta a los descubrimientos e hipótesis de las ciencias naturales.

 

La Teología no tiene competencia científico-natural; las ciencias naturales no tienen competencia teológica. Las ciencias naturales no pueden excluir de manera dogmática que en la creación haya procesos orientados a un fin; la fe, por el contrario, no puede definir cómo se producen estos procesos en el desarrollo de la naturaleza. Un cristiano puede aceptar la teoría de la evolución como un modelo explicativo útil, mientras no caiga en la herejía del evolucionismo, que ve al hombre como un producto casual de procesos biológicos. La EVOLUCIÓN supone que hay algo que puede desarrollarse. Pero con ello no se afirma nada acerca del origen de ese «algo». Tampoco las preguntas acerca del ser, la dignidad, la misión, el sentido y el porqué del mundo y de los hombres se pueden responder biológicamente. Así como el «evolucionismo» se inclina demasiado hacia un lado, el CREACIONISMO lo hace hacia el lado contrario. Los creacionistas toman los datos bíblicos (por ejemplo, la edad de la Tierra, la creación en seis días) ingenuamente al pie de la letra.

Evangelio 28 de marzo 2026 Juan 11, 45-56

 



En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, creyeron en él. Pero algunos de entre ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y decían: «¿Qué será bueno hacer? Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación».

Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Ustedes no saben nada. No comprenden que conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca». Sin embargo, esto no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Por lo tanto, desde aquel día tomaron la decisión de matarlo.

Por esta razón, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la ciudad de Efraín, en la región contigua al desierto y allí se quedó con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos y muchos de las regiones circunvecinas llegaron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús en el templo y se decían unos a otros: «¿Qué pasará? ¿No irá a venir para la fiesta?»

Comentario

Después de la resurrección de Lázaro, muchas personas comienzan a creer en Jesús, pero al mismo tiempo crece la oposición de las autoridades religiosas.

Aquí aparece una tensión muy humana: cuando Dios actúa, puede provocar conversión… pero también rechazo. Las autoridades, especialmente el sumo sacerdote Caifás, no niegan el poder de Jesús; más bien temen perder su posición y el equilibrio político con los romanos.

Este razonamiento es profundamente irónico: sin saberlo del todo, Caifás anuncia una verdad central del cristianismo. Jesús sí morirá por el pueblo, pero no por conveniencia política, sino por amor y salvación universal.

Este texto nos recuerda que la fe no es solo ver milagros, sino decidir confiar en Dios, incluso cuando eso implica cambio y entrega.

 

Evangelio del 27 de marzo 2026 Juan 10, 31-42



En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: «He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»

Le contestaron los judíos: «No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: 'Soy Hijo de Dios'? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre». Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.

Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ninguna señal prodigiosa; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad». Y muchos creyeron en él allí.

Comentario

Jesús es rechazado y amenazado por quienes no aceptan su identidad ni su mensaje. A pesar de que sus obras manifiestan el poder y la presencia de Dios, muchos se cierran y reaccionan con violencia.

Este texto pone en evidencia una realidad muy humana: cuando la verdad incomoda o desafía nuestras ideas, podemos resistirnos a aceptarla. Jesús no responde con agresividad, sino que invita a reflexionar sobre sus obras: “si no me creen a mí, crean a las obras”. Es decir, su vida misma es testimonio.

La fe no nace solo de palabras, sino de reconocer la acción de Dios en la vida y tener un corazón dispuesto a acogerla.

jueves, 26 de marzo de 2026

El Domingo de Ramos


 

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260329 Los Credos de la Iglesia

 


El Símbolo de los Apóstoles. 

Este Credo, también es conocido como Credo corto. Es una declaración breve y precisa de las creencias fundamentales de nuestra santa Iglesia Católica. Se cree que surgió en la primitiva comunidad, probablemente a partir de las fórmulas que se usaban en el bautismo Se le llama «Símbolo de los Apóstoles», porque es considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los Apóstoles. Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su gran autoridad le viene de este hecho. Dice de él san Ambrosio (c. 340-397): «Éste es el símbolo que mantiene la Iglesia de Roma, donde Pedro, el primero de los apóstoles, tuvo su sede y adonde llevó la expresión de la fe común». (Explicación del Símbolo. 7). No se sabe con certeza si los Apóstoles mismos lo redactaron, pero su contenido refleja las enseñanzas que ellos transmitieron. El Credo Apostólico es un resumen fiel de la fe cristiana, que abarca los puntos esenciales de la doctrina cristiana. Citamos otra vez a san Ambrosio: «Los santos apóstoles, reunidos juntos, hicieron el compendio de la fe para que comprendiéramos rápida y brevemente todas las verdades de la fe. La brevedad es necesaria para poder conservarlas siempre en la memoria y en el recuerdo» (ldem 7). En la explicación de los artículos de nuestro Credo seguiremos escritos de algunos Padres de la Iglesia, como san Agustín, san Cirilo de Jerusalén, san Rufino de Aquileya que son algunos de los que comentaron el «Símbolo de los Apóstoles».

 

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260329

 


 

«Cúmplase tu voluntad en la tierra como en el cielo. No en el sentido de que Dios haga lo que quiere, sino en cuanto nosotros podamos hacer lo que Dios quiere. Pues ¿quién puede a Dios hacer lo que quiera? Pero porque a nosotros se nos opone el diablo para que no esté totalmente sumisa a Dios nuestra mente y vida, pedimos y rogamos que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios: y para que se cumpla en nosotros, necesitamos de esa misma voluntad, es decir, de su ayuda y protección, porque nadie es fuerte por sus propias fuerzas, sino por la bondad y misericordia de Dios. En fin, también el Señor, para mostrar la debilidad del hombre, cuya naturaleza llevaba, dice: Padre si puede ser, que pase de mí este cáliz, y para dar ejemplo a sus discípulos de que no hicieran su propia voluntad, sino la de Dios añadió lo siguiente: Con todo, no se haga lo que yo quiero, sino lo que Tú quieres. Por lo cual, si el Hijo obedeció hasta hacer la voluntad del Padre, cuánto más debe obedecer el servidor para cumplir la voluntad de su Señor, como exhorta y enseña en una de sus epístolas Juan a cumplir la voluntad de Dios: 1 Jn 2,15-17. La voluntad de Dios es la que Cristo enseñó y cumplió: humildad en la conducta, firmeza en la fe, reserva en las palabras, rectitud en los hechos, misericordia en las obras, orden en las costumbres, no hacer ofensa a nadie y saber tolerar las que se le hacen, guardar paz con los hermanos, amar a Dios de todo corazón, amarle porque es Padre, temerle porque es Dios; no anteponer nada a Cristo, porque tampoco él antepuso nada a nosotros; unirse inseparablemente a su amor, abrazarse a su cruz con fortaleza y confianza» (San Cipriano [c. 200-258]. La Oración del Señor).

 

DOMINGO DE RAMOS Domingo 29 de marzo 2026

 



ANTÍFONA DE ENTRADA

Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró a la ciudad de Jerusalén, salieron los niños a su encuentro y llevando en sus manos ramos de palmera aclamaban con fuerte voz:

*          Hosanna en el cielo. Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia.

Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el Rey de la gloria. Y ¿quién es ese Rey de la gloria? El Señor de los ejércitos es el Rey de la gloria.

*          Hosanna en el cielo. Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia (Cfr. Jn 12, 1. 12-13; Sal 23, 9-10).

 

MISA

 

Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la Misa con la oración colecta.

 

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se hiciera hombre y padeciera en la cruz para dar al género humano ejemplo de humildad, concédenos, benigno, seguir las enseñanzas de su pasión y que merezcamos participar de su gloriosa resurrección. Él, que vive y reina contigo...

 

Monición: Cristianizando el pasaje que escucharemos en la primera lectura, es Jesús quien nos presenta el objetivo de su misión, entregar su vida por amor y la salvación de todos. Escuchemos.

 

PRIMERA LECTURA (Is 50, 4-7)

Del libro del profeta Isaías

En aquel entonces, dijo Isaías: "El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 21)

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

L. Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen: "Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre". / R.

L. Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros. Mis manos y mis pies han taladrado y se pueden contar todos mis huesos. / R.

L. Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados. Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes de mí tan alejado. / R.

L. A mis hermanos contaré tu gloria y en la asamblea alabaré tu nombre. Que alaben al Señor los que lo temen. Que el pueblo de Israel siempre lo adore. / R.

 

Monición: San Pablo nos presenta el camino que siguió Jesús para cumplir su misión, el anonadamiento, la obediencia y la entrega total en la cruz, por eso Dios lo exaltó. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA (Flp 2, 6-11)

De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses

Cristo Jesús, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Flp 2, 8-9)

Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre. R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

 

Monición: La salvación de la sociedad está en Jesús. Abramos el corazón y contemplemos la entrega del amor de Cristo en el misterio de la cruz. Escuchemos.

 

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO (26, 14-27, 66)

 

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:

 "¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?”

Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo. El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:"¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?". Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: 'El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa"

Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo: "Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme".

Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?"

El respondió: "El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido".

Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:  "¿A caso soy yo, Maestro?" Jesús le respondió: "Tú lo has dicho”

Durante la cena, Jesús tomó un pan y, pronunciada la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:  "Tomen y coman. Éste es mi Cuerpo".  Luego tomó en sus manos una copa de vino y, pronunciada la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo: "Beban todos de ella, porque ésta es mi sangre, sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre".

Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:  "Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea”

Entonces Pedro le replicó: "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. Jesús le dijo: "Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces".

Pedro le replicó: "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré".

Y lo mismo dijeron todos los discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos: "Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá”.

Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: "Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo”.

Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar, diciendo: "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú".

Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: “¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil”

Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo: "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad"

Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde estaban los discípulos y les dijo: "Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡levántense! ¡vamos! Ya está aquí el que me va a entregar”.

Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal: "Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo".

Al instante se acercó a Jesús y le dijo:  "¡Buenas noches, Maestro!"  Y lo besó. Jesús le dijo: "Amigo, ¿es esto a lo que has venido?". Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo apresaron. Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:

"Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?" Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:  "¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas".

Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos, que dijeron:  "Este dijo: 'Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días"!

Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo: "¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?"

Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo: "Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios". Jesús le respondió:  "Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo”

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: ¡ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?' Ellos respondieron: "Es reo de muerte".

Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros lo golpeaban, diciendo: "Adivina quién es el que te ha pegado” Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una criada se le acercó y le dijo: “Tú también estabas con Jesús, el galileo".

Pero él lo negó ante todos, diciendo: “No sé de qué me estás hablando". Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban ahí: “También ése andaba con Jesús, el nazareno".

Él de nuevo lo negó con juramento: "No conozco a ese hombre”.

Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí y le dijeron: ¡No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de hablar te delata!

Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho: 'Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces”. Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente. Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo entregaron. Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: "Pequé, entregando la sangre de un inocente".

Ellos dijeron:  "¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú”.

Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron: "No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de sangre”.

Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de hoy "Campo de sangre". Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del alfarero, según lo que me ordenó el Señor.

 

Comienza la forma breve (Mt 27, 1 154). Si se utiliza ésta, se inicia con las palabras: “En aquel tiempo...

 

Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó:  "¿Eres tú el rey de los judíos?" Jesús respondió: "Tú lo has dicho".

Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:  "¿No oyes todo lo que dicen contra ti?" Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos: "¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?".

Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia. Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle: “No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa".

Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó: "¿A cuál de los dos quieren que les suelte?”, ellos respondieron: "A Barrabás". Pilato les dijo: "¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?". Respondieron todos: "Crucifícalo”

Pilato preguntó: "Pero ¿qué mal ha hecho?"

Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza: "Crucifícalo”

Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: “Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes". Todo el pueblo respondió: “iQue su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!"

Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha y, arrodillándose ante él, se burlaban diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!" y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, "Lugar de la Calavera", le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: “Éste es Jesús, el rey de los judíos'. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a y los que estaban con él custodiando a Jesús, su derecha y el otro a su izquierda. Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole: "Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz".

También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo: “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: 'Soy el Hijo de Dios'".

Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz:  "Elí, Elí, ¿lema sabactaní?" que quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Está llamando a Elías".

Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron: "Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”

Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron: "Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

 

Fin de la lectura breve.

 

Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban ahí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro. Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: "Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando aún en vida, dijo: ¡A los tres días resucitaré! Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: 'Resucitó de entre los muertos', porque esta última impostura sería peor que la primera".

Pilato les dijo: "Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro como ustedes quieran".

Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la puerta y dejaron ahí la guardia. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

PROFESIÓN DE FE

 

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: Imploremos, hermanos, a Jesús, que en la cruz presentó, con lágrimas en los ojos, oraciones y súplicas al Padre, y oremos también nosotros por todos los hombres. Digamos:

TODOS: Te lo pedimos, Señor.

1.         Para que el Señor, que en la cruz excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz. Roguemos al Señor.

2.         Para que la sangre de Jesús, que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias pasiones. Roguemos al Señor.

3.         Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade de los enfermos, los afligidos y los oprimidos, y les envíe a su ángel para que los conforte. Roguemos al Señor.

4.         Para que el Señor, que recibió en su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé sentimientos de contrición y nos admita, después de la muerte, en su paraíso. Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su pasión, destruyera el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviera la vida y la felicidad, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que la pasión de tu Unigénito, Señor, nos atraiga tu perdón, y aunque no lo merecemos por nuestras obras, por la mediación de este sacrificio único, lo recibamos de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

La Pasión del Señor

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual, siendo inocente, se dignó padecer por los pecadores y fue injustamente condenado por salvar a los culpables; con su muerte borró nuestros delitos y, resucitando, conquistó nuestra justificación. Por eso, te alabamos con todos los ángeles y te aclamamos con voces de júbilo, diciendo:

Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este cáliz, hágase tu voluntad (Mt 26, 42).

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio de su resurrección, a la meta de nuestras esperanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

Dios y Padre nuestro, mira con bondad a esta familia tuya, por la cual nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse a sus verdugos y padecer el tormento de la cruz. Por Jesucristo, nuestro Señor.