En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos
ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Por
qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos
no?"
Jesús les contestó: "¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda,
mientras el novio está con ellos? Mientras está con ellos el novio, no pueden
ayunar. Pero llegará el día en que el novio les será quitado y entonces sí
ayunarán.
Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el
remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino
nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se
echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos".
Reflexión
El pasaje comienza con una pregunta sobre el ayuno. Jesús responde que
mientras el "esposo" está presente, no es tiempo de tristeza sino de
celebración.
La fe cristiana no nace del cumplimiento de reglas externas o
sacrificios por obligación, sino del encuentro personal con Jesús. La vida con
Dios es, en su esencia, un banquete y una fiesta.
Jesús usa la metáfora del paño nuevo en un vestido viejo. Si intentas
arreglar un sistema antiguo y desgastado con una pieza de vitalidad nueva, la
tensión terminará por romperlo todo.
Jesús vino a traer una realidad totalmente nueva. No podemos vivir el
Evangelio con una mentalidad cerrada o legalista.
Para recibir la gracia de Dios y las sorpresas del Espíritu,
necesitamos un corazón flexible. Si nos aferramos excesivamente a "como
siempre se han hecho las cosas", corremos el riesgo de perder tanto la
tradición como la novedad de Dios.
Este texto es una invitación a la metanoia (conversión o cambio de
mente). Nos pregunta: ¿Somos odres viejos, endurecidos por la rutina, o estamos
dispuestos a renovarnos para que el "vino nuevo" de Jesús transforme
nuestra vida?

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