En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "¿Acaso se enciende una
vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla
en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si
algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír,
que oiga".
Siguió hablándoles y les dijo: "Pongan atención a lo que están
oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se
usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al
que tiene poco, aun eso poco se le quitará".
Reflexión
Este pasaje nos recuerda que la luz de la verdad no está hecha para
esconderse, sino para iluminar. Jesús nos invita a no ocultar lo que hemos
recibido: los dones, la fe, la sabiduría. Así como una lámpara se coloca en
alto para alumbrar a todos, nuestras acciones y palabras deben reflejar la luz
de Dios en el mundo.
Además, nos advierte que quien escucha con atención y pone en práctica
lo aprendido, recibirá aún más. Pero quien descuida o ignora, perderá incluso
lo poco que tiene. Es un llamado a vivir con responsabilidad espiritual, a
cultivar el corazón y a compartir la luz que hemos recibido.
En pocas palabras: la verdad se revela, la luz se comparte, y el
crecimiento espiritual depende de nuestra apertura y generosidad.

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