DOMINGO III DE ADVIENTO Ciclo B
Domingo 17 de diciembre 2017
UN HOMBRE ENVIADO POR DIOS
Muy claramente observamos el esquema promesa-cumplimiento en las dos
lecturas que nos ofrece la liturgia. El profeta Isaías presenta a un hombre que
tiene clara conciencia de su misión y su autoridad. No actuará a título
personal, sino en calidad de enviado de Dios; más aún, realizará una misión que
lo sobrepasa, siendo robustecido por la fuerza del Espíritu. Se sabe y vive
como un ungido del Señor que dará consuelo. Él está seguro que la suerte de la
gente que sufre, dará un vuelco favorable. Juan Bautista vivió en un periodo de
transición. Expresamente renunció a considerarse el Profeta y el Mesías y
apenas se reconoció así mismo como el mensajero anunciado por Isaías. Sabemos que
el Señor Jesús siguió de cerca a Juan, que se entusiasmó con su movimiento
renovador y que posteriormente se apartó de él, para anunciar con menos
severidad que Juan, la llegada inminente del Reino de Dios.
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Flp 4, 4. 5
Estén siempre alegres en el Señor, les repito, estén alegres. El Señor
está cerca.
No se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que contemplas a tu pueblo esperando fervorosamente la
fiesta del nacimiento de tu Hijo, concédenos poder alcanzar la dicha que nos
trae la salvación y celebrarla siempre con la solemnidad de nuestras ofrendas y
con vivísima alegría. Por nuestro Señor Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Me alegro en el Señor con toda el alma.
Del libro del profeta Isaías: 61, 1-2. 10-11
El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado
para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón
quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los
prisioneros, y a pregonar el año de gracia del Señor.
Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios,
porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de
justicia, como el novio que se pone la corona, como la novia que se adorna con
sus joyas.
Así como la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo sembrado
en él, así el Señor hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las
naciones.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
SALMO FIESPONSORIAL
Lucas 1, 46-48. 49-50. 53-54.
R/. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi
salvador, porque puso los ojos en la humildad de su esclava. R/.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho
en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre, y su misericordia
llega de generación en generación a los que lo temen. R/.
A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin
nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo. R/.
SEGUNDA LECTURA
Conservémonos irreprochables en cuerpo y alma hasta la llegada del Señor
De la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses: 5,16-24
Hermanos: Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda
ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús. No impidan
la acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de profecía; pero sométanlo
todo a prueba y quédense con lo bueno. Absténganse de toda clase de mal. Que el
Dios de la paz los santifique a ustedes en todo y que todo su ser, espíritu,
alma y cuerpo, se conserve irreprochable hasta la llegada de nuestro Señor
Jesucristo. El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Is 61, 1 (cit. en Lc 4. 18)
R/. Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para anunciar la
buena nueva a los pobres. R/.
EVANGELIO
En medio de ustedes hay uno al que ustedes no conocen.
Del santo Evangelio según san Juan: 1, 6-8.19-28
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como
testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de
él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos
enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle:
"¿Quién eres tú?".
Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: "Yo no soy el
Mesías". De nuevo le preguntaron: "¿Quién eres, pues? ¿Eres
Elías?". Él les respondió: "No lo soy". "¿Eres el
profeta?". Respondió: "No". Le dijeron: "Entonces dinos
quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices
de ti mismo?". Juan les contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto:
'Enderecen el camino del Señor', como anunció el profeta Isaías".
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le
preguntaron: "Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías,
ni el profeta?". Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en
medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás
de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias".
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su
reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que
procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma
adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es
una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el
perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del
mundo futuro.
Amén.
PLEGARIA UNIVERSAL
Confortados por el anuncio de la venida del Señor, oremos, hermanos,
mientras esperamos confiadamente nuestra total liberación. Digamos
confiadamente: (R/. Ven Señor Jesús)
Para que Dios visite a la santa Iglesia con su venida y la gobierne con
su asistencia, roguemos al Señor.
Para que con la tutela divina nuestros tiempos sean tranquilos y nuestra
vida feliz, roguemos al Señor.
Para que el Señor con su venida cure los dolores de los enfermos, dé paz
y alegría a los que no la tienen y libre al mundo de todos los males, roguemos
al Señor.
Para que quienes ahora recordamos con piedad la primera venida del Señor
en la carne, merezcamos participar también con gozo en su gloriosa aparición al
final de los tiempos, roguemos al Señor.
Señor Dios, Padre de los pobres y desamparados, que llamas a todos los
hombres a participar de la paz y bienestar de tu reino, escucha nuestra
oración, muéstranos tu bondad y danos un corazón puro y generoso para allanar
el camino al Salvador. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que este sacrificio, Señor, que te ofrecemos con devoción, nunca deje de
realizarse, para que cumpla el designio que encierra tan santo misterio y obre
eficazmente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
Prefacio de Adviento I
Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno, por Cristo, nuestro Señor. El cual, al venir por vez primera en la
humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y
nos abrió el camino de la salvación, para que cuando venga de nuevo, en la
majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir
los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar. Por
eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de su gloria:
Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Is 35, 4
Digan a los cobardes: "¡Ánimo, no teman!; miren a su Dios: viene en
persona a salvarlos".
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Imploramos, Señor, tu misericordia, para que estos divinos auxilios nos
preparen, purificados de nuestros pecados, para celebrar las fiestas venideras.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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