La Iglesia siempre
buscó formas de expresar su fe de manera sencilla, clara, precisa y fácil de
memorizar. Estas formulaciones son llamadas «Credos» o también «Símbolos de la
fe». Son declaraciones que sintetizan las creencias fundamentales de la
comunidad cristiana. Estos credos han sido esenciales para la unidad y la
defensa de la doctrina cristiana, especialmente frente a las herejías que
surgieron en los primeros siglos. Cada «Símbolo» es una profesión de fe. Es un
resumen de las verdades fundamentales que la Iglesia Católica cree y enseña. La
palabra credo proviene del latín y significa yo creo. Cuando profesamos el
Credo expresamos nuestra adhesión a las enseñanzas de Jesús y a la Tradición
Apostólica. Evidentemente, las frases de los Credos no se encuentran
literalmente en la Biblia, pero sí se fundamentan en las enseñanzas de los
Evangelios y de los otros escritos del Nuevo Testamento. Profesar nuestro Credo
no es repetición de palabras. Es un acto de fe que nos conecta con Dios Padre,
Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Es un acto de comunión con la Iglesia, nuestra
madre, que nos transmite la fe y nos acompaña en nuestra respuesta al
Evangelio. En nuestras exposiciones seguiremos el esquema de nuestro Catecismo
que dice: «Nuestra exposición de la fe seguirá el Símbolo de los Apóstoles, que
constituye, por así decirlo, "el más antiguo catecismo romano”. Este Credo
es un resumen fiel de la fe cristiana, que abarca los puntos esenciales de la
doctrina cristiana» (Catecismo n. 196).

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