En el NUEVO TESTAMENTO se completa la REVELACIÓN de Dios.
Los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan son el corazón de
la Sagrada Escritura y el tesoro más preciado de la Iglesia. En ellos se
muestra el Hijo de Dios tal como es y nos sale al encuentro.
En los Hechos de los Apóstoles aprendemos acerca de los inicios de la
Iglesia y de la acción del Espíritu Santo.
En las cartas apostólicas se pone la vida de los hombres en todos sus aspectos
ante la luz de Cristo.
En el Apocalipsis vemos anticipadamente el fin de los tiempos.
Jesús es todo lo que Dios nos quiere decir. Todo el ANTIGUO TESTAMENTO prepara
la Encarnación del Hijo de Dios. Todas las promesas de Dios encuentran su cumplimiento
en Jesús. Ser cristiano quiere decir unirse cada vez más profundamente con la
vida de Cristo. Para ello hay que leer y vivir los evangelios. Madeleine
Delbrêl dice: «A través de su Palabra Dios nos dice quién es y lo que quiere;
nos lo dice de manera definitiva y para cada día. Cuando tenemos en las manos
el Evangelio deberíamos considerar que allí habita la Palabra que quiere
hacerse carne en nosotros, apoderarse de nosotros para que comencemos de nuevo
su vida en un lugar nuevo, en un tiempo nuevo, en un nuevo entorno humano».

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