domingo, 24 de agosto de 2025

Evangelio del 25 de agosto 2025 Mateo 23, 13-22

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un adepto, y cuando lo consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación que ustedes mismos!¡Ay de ustedes, guías ciegos, que enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro? También enseñan ustedes que jurar por el altar no obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él".

 

Reflexión

En este fragmento del Evangelio, Jesús pronuncia una serie de “¡Ay de vosotros!” dirigidos a los escribas y fariseos, no por su conocimiento de la Ley, sino por su incoherencia entre lo que enseñan y lo que viven. Son llamados “guías ciegos”, porque en lugar de conducir al pueblo hacia Dios, lo desvían con reglas superficiales y juramentos vacíos.

🔹 Cerrar el Reino: Jesús denuncia que impiden el acceso al Reino de los cielos, no solo por su conducta, sino porque desaniman a quienes buscan sinceramente a Dios. Es una advertencia para todos los que tienen alguna responsabilidad espiritual: ¿estamos facilitando el encuentro con Dios o lo estamos complicando?

🔹 La doble medida: Critica el énfasis en lo externo —el oro del templo, la ofrenda del altar— mientras se descuida lo esencial: la justicia, la misericordia y la fidelidad. Jesús nos recuerda que lo sagrado no está en el objeto, sino en la presencia de Dios que lo consagra.

🔹 El llamado a la autenticidad: Este pasaje no es solo una denuncia, sino una invitación. Nos llama a vivir con integridad, a que nuestras palabras y acciones reflejen la verdad que predicamos. La fe auténtica no se mide por apariencias, sino por la coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos.

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