martes, 19 de agosto de 2025

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20250824

 

Jesús continúa su camino hacia Jerusalén, enseñando en cada aldea, sembrando esperanza y verdad. Hoy nos interpela con una imagen poderosa: la puerta estrecha. No es una advertencia para temer, sino una invitación a despertar. El Reino de Dios no se alcanza por títulos, costumbres o cercanía superficial. Se entra por la puerta del amor sacrificado, de la humildad que reconoce su necesidad de Dios, de la justicia vivida en lo cotidiano.

Muchos querrán entrar, dice el Señor, pero no todos lo lograrán. ¿Por qué? Porque no basta con haber escuchado su palabra o haber compartido su mesa. Se requiere una vida transformada, una fe que se traduce en obras, una relación viva con Él. La puerta estrecha no excluye, pero sí purifica: nos llama a dejar el ego, la indiferencia, la comodidad.

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