martes, 19 de agosto de 2025

Evangelio del 20 de agosto 2025 Mateo 20, 1-16

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar? Ellos le respondieron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Vayan también ustedes a mi viña. Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamar al propietario, diciéndole: Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor. Pero él respondió a uno de ellos: Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno? De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos".

 

 

Reflexión

 

“El Reino de los cielos es como un dueño que salió desde temprano a contratar obreros para su viña…”

 

Este pasaje nos recuerda que en el Reino de Dios, la recompensa no depende del tiempo ni del mérito humano, sino de la generosidad del Padre. Todos somos llamados, en distintas horas, pero recibimos la misma gracia: la vida eterna. No se trata de competir, sino de confiar en la bondad de Dios que da a cada uno lo que necesita.

 

Que hoy podamos trabajar en la viña con alegría, sin mirar cuánto reciben los demás, sino agradeciendo que hemos sido llamados. Porque “los últimos serán los primeros, y los primeros, últimos”.


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