La humildad no es debilidad, sino fuerza tranquila. Es la base de relaciones sanas, liderazgo auténtico y paz interior.
En reuniones, trabajos o redes sociales, debemos resistir la tentación
de sobresalir por vanidad, permitamos que otros nos valoren por nuestras
acciones y permitir que otros brillen y reconocer sus méritos sin competir por
atención.
Reconozcamos que lo que tenemos no es solo fruto de nuestro esfuerzo,
sino también de la generosidad de otros y de circunstancias que no controlamos.
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