En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y
entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así
te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo
sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se
lo quiera revelar".
Reflexión
Jesús nos enseña que el verdadero conocimiento de Dios no depende de la
inteligencia o del prestigio, sino de un corazón humilde y abierto a su gracia.
Los misterios del Reino son comprendidos por quienes reconocen su necesidad de
Dios y se dejan guiar por Cristo. En un mundo lleno de información y
autosuficiencia, este Evangelio nos invita a cultivar la sencillez, la oración
y la confianza en el Señor. Solo quien camina con Jesús descubre al Padre y
encuentra la auténtica sabiduría que conduce a la paz y a la vida plena.

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