domingo, 12 de julio de 2026

Evangelio del13 de julio 2026 Mateo 10, 34-11, 1

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa".

Cuando acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, Jesús partió de ahí para enseñar y predicar en otras ciudades.

 

Reflexión

 

El Evangelio nos recuerda que seguir a Jesucristo implica una decisión radical. Cuando Jesús afirma que no ha venido a traer la paz, sino la división, no está promoviendo la violencia, sino mostrando que la fidelidad al Reino de Dios puede provocar incomprensión e incluso conflictos, especialmente cuando el Evangelio cuestiona nuestros intereses, comodidades o prioridades.

Amar a Cristo por encima de todo significa poner su voluntad en el centro de nuestra vida. Tomar la cruz cada día supone aceptar con esperanza los sacrificios, renuncias y dificultades que conlleva vivir como verdaderos discípulos. Sin embargo, el Señor asegura que quien entrega su vida por Él nunca pierde, sino que encuentra la verdadera plenitud.

Finalmente, Jesús destaca el valor de los pequeños gestos de amor: recibir al prójimo, acoger al mensajero del Evangelio o dar un simple vaso de agua con generosidad. A los ojos de Dios, ningún acto de caridad realizado por amor queda sin recompensa. Este pasaje nos invita a vivir una fe valiente, generosa y coherente, poniendo a Cristo en el primer lugar y sirviéndolo en cada hermano.

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