En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes
que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo:
Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que
los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace
salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y
los injustos...
Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen?
¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué
hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sean, pues, perfectos
como su Padre celestial es perfecto".
Reflexión
Jesús nos invita a dar un paso más allá de lo que parece justo o
razonable: amar también a los enemigos y orar por quienes nos persiguen. No se
trata solo de evitar el odio, sino de responder al mal con el bien.
Jesús propone como modelo al Padre celestial, que ama sin distinción y
hace el bien a todos. Así, la perfección cristiana no consiste en no
equivocarse, sino en amar con un corazón amplio, misericordioso y universal.

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