domingo, 22 de febrero de 2026

Evangelio del 23 de febrero 2026 Mateo 25, 31-46

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme'. Los justos le contestarán entonces: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?' Y el Rey les dirá: 'Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron'.

Entonces dirá también a los de su izquierda: 'Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron'.

Reflexión

Este Evangelio nos invita a reconocer a Cristo en los rostros concretos del sufrimiento humano. Cada persona necesitada se convierte en sacramento vivo de su presencia. La pregunta central no es cuánto sabemos de Dios, sino cuánto hemos amado. El juicio final no es una amenaza, sino una revelación: nuestra vida será medida por el amor.

También nos recuerda que la indiferencia tiene consecuencias. No hacer el bien cuando está en nuestras manos hacerlo es, en cierto modo, negar al mismo Cristo. La omisión pesa tanto como la acción.

En el fondo, este texto nos anima a vivir con una mirada nueva: ver en cada persona una oportunidad de servir y amar. Nos invita a transformar nuestra fe en obras, a pasar de las palabras a los hechos. Porque al final, lo único que permanecerá será el amor que hayamos sembrado.

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