En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Es necesario que el
Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos
sacerdotes y los escribas, y que sea entregado a la muerte y que resucite al
tercer día".
Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: "Si alguno quiere
acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me
siga.
Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el
que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al
hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?".
Reflexión
Seguir a Jesús, el hombre pleno y libre de autoengaños, requiere la madurez de aceptar que la verdadera libertad tiene un costo. La plenitud no se alcanza acumulando poder o éxito bajo discursos falsos, sino en la entrega honesta y en la fidelidad a la justicia, incluso cuando el mundo nos presiona para mirar hacia otro lado.

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