En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió
tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a
buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.
Reflexión
El Evangelio de Marcos nos presenta un contraste profundo entre la
entrega de Jesús y la incomprensión de quienes lo rodeaban.
Jesús no pone límites a su disponibilidad; su prioridad es sanar,
enseñar y consolar, incluso por encima de sus propias necesidades físicas
básicas. Es el retrato de un amor que se desgasta y se da por entero.
Lo más impactante de este pasaje es la reacción de su familia y
conocidos. Al ver su estilo de vida radical, dicen: "Está fuera de
sí" (o "está loco").
El mundo a menudo confunde la pasión por el Reino de Dios con la
locura. Para sus parientes, lo sensato era detenerse, comer y cuidarse; para
Jesús, la urgencia del Evangelio no permitía pausas.
Jesús experimenta aquí el dolor de no ser comprendido por aquellos que
más deberían conocerlo. Nos enseña que seguir la voluntad de Dios a veces
implica caminar en contra de las expectativas de nuestro entorno más cercano.
Este pasaje nos invita a preguntarnos:
¿Hasta qué punto estamos dispuestos a "perder la cabeza" o la
comodidad por los demás?
¿Nos frena el "qué dirán" de nuestra familia o amigos cuando
intentamos vivir nuestra fe con coherencia?
Vivir con la intensidad de Jesús puede parecer una locura para el
mundo, pero ante los ojos de Dios, es la forma más pura de cordura y amor.

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