Demasiadas familias en muchas ciudades de nuestro país viven con las
puertas atrancadas a causa del miedo y la inseguridad. El temor de sufrir una
muerte violenta es una realidad en ciertas regiones de México. La gente ama
vivir en paz y no encuentra la respuesta a sus demandas. Los mexicanos queremos
vivir en paz y nuestros gobernantes no realizan inteligentemente su tarea
principal: proteger la vida de los ciudadanos. Cabe decir que tampoco son los
únicos responsables de este caos violento en que estamos metidos. El relato
evangélico nos recuerda que Jesús nos ha donado su Espíritu para ser mejores
discípulos. La oferta reiterada de la paz es un rasgo característico de Cristo
resucitado. Él saluda a sus discípulos, deseándoles la paz. La auténtica espiritualidad
cristiana nos anima a vivir como constructores de la paz.

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