miércoles, 15 de julio de 2026

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260719


 


Carta a Diogneto.

[Texto anónimo de finales del siglo ll]).

 

La inmensa paciencia y misericordia de Dios hacia la humanidad.

Aunque el ser humano se dejó llevar por el pecado y las pasiones desordenadas, Dios no lo abandonó ni lo rechazó, sino que esperó con amor el momento oportuno para revelar, por medio de su Hijo, su plan de salvación. Esa paciencia divina no significó aprobación del pecado, sino una oportunidad para que la humanidad reconociera su necesidad de Dios. Así, comprendemos que la salvación no es fruto de nuestros méritos, sino de la bondad y el poder de Dios, quien, con infinita caridad, nos hace capaces de participar en su Reino.

  

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