jueves, 16 de julio de 2026

Evangelio del 17 de julio 2026 Mateo 12, 1-8

 



Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: "Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado".

Él les contestó: "¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?

¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo.

Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado".

Reflexión

Este pasaje del Evangelio nos recuerda que Dios no desea una religión reducida a normas externas, sino una fe vivida con amor y misericordia. Cuando los fariseos critican a los discípulos por arrancar espigas en sábado, Jesús les hace comprender que la ley está al servicio de la persona y no la persona al servicio de la ley.

Con la frase «Misericordia quiero y no sacrificios», Jesús enseña que el verdadero culto a Dios consiste en amar, comprender y ayudar al prójimo. Cumplir las normas religiosas tiene sentido cuando conduce a una vida más humana, más compasiva y más cercana a quienes sufren.

También hoy podemos caer en la tentación de juzgar a los demás sin conocer sus circunstancias o de dar más importancia a las apariencias que al amor. Cristo nos invita a mirar con su misma compasión, poniendo siempre en el centro la dignidad de la persona. Quien vive la misericordia descubre que el corazón del Evangelio no es la condena, sino el amor que libera, sana y da vida.

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