La
celebración de la Epifanía festeja el júbilo de una gran transformación. El
pasó de las tinieblas a la luz, de la ignorancia a la verdad es un cambio
radical, que solamente comprenden quienes han atravesado situaciones muy
dolorosas; quienes se han liberado de una dependencia o de una situación de
violencia lo podrán entender. La luz del Evangelio es la luz de Jesucristo, de
nadie más. Sus seguidores somos apenas pálidas sombras de la verdadera luz del
Mundo. En no pocas circunstancias nos hemos convertido en la iglesia en
anti-testimonio y negación de la luminosidad de Jesucristo. Escándalos de todo
tipo siguen afeando el rostro de nuestra Iglesia. Lo reconocemos con pena. La
aceptación y el arrepentimiento de los delitos y pecados contra las víctimas
solo será creíble cuando realicemos las transformaciones urgentes para que toda
esa oscuridad no vuelva a lastimar a los pequeños. Quien hace violencia a los
pequeños es seguidor de Herodes y no de Jesucristo.
Remar Mar Adentro, pretende, como laicos comprometidos, presentar temas de reflexión para vivir el reino de Dios; levantando las anclas en una tarea asumida generosamente. Ricardo Huante Magaña
viernes, 4 de enero de 2019
lunes, 31 de diciembre de 2018
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
La Solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primer Fiesta Mariana
que apareció en la Iglesia Occidental, su celebración se comenzó a dar en Roma
hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación –el 1º de enero– del
templo “Santa María Antigua” en el Foro Romano, una de las primeras iglesias
marianas de Roma.
La antigüedad de la celebración mariana se constata en las pinturas con
el nombre de “María, Madre de Dios” (Theotókos) que han sido encontradas en las
Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de
Roma, donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa en tiempos
de las persecuciones.
Más adelante, el rito romano celebraba el 1º de enero la octava de
Navidad, conmemorando la circuncisión del Niño Jesús. Tras desaparecer la
antigua fiesta mariana, en 1931, el Papa Pío XI, con ocasión del XV centenario
del concilio de Éfeso (431), instituyó la Fiesta Mariana para el 11 de octubre,
en recuerdo de este Concilio, en el que se proclamó solemnemente a Santa María
como verdadera Madre de Cristo, que es verdadero Hijo de Dios; pero en la
última reforma del calendario –luego del Concilio Vaticano II– se trasladó la
fiesta al 1 de enero, con la máxima categoría litúrgica, de solemnidad, y con
título de Santa María, Madre de Dios.
De esta manera, esta Fiesta Mariana encuentra un marco litúrgico más
adecuado en el tiempo de la Navidad del Señor; y al mismo tiempo, todos los
católicos empezamos el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María.
El Concilio de Éfeso
En el año de 431, el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no
era Madre de Dios, afirmando: “¿Entonces Dios tiene una madre? Pues entonces no
condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses”. Ante
ello, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso –la ciudad donde la
Santísima Virgen pasó sus últimos años– e iluminados por el Espíritu Santo
declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es
Dios”. Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los rodeaba portando
antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María,
Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra
muerte. Amén".
Asimismo, San Cirilo de Alejandría resaltó: “Se dirá: ¿la Virgen es
madre de la divinidad? A eso respondemos: el Verbo viviente, subsistente, fue
engendrado por la misma substancia de Dios Padre, existe desde toda la
eternidad... Pero en el tiempo él se hizo carne, por eso se puede decir que
nació de mujer”.
Madre del Niño Dios
“He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”
Es desde ese fiat, hágase que Santa María respondió firme y
amorosamente al Plan de Dios; gracias a su entrega generosa Dios mismo se pudo
encarnar para traernos la Reconciliación, que nos libra de las heridas del
pecado.
La doncella de Nazareth, la llena de gracia, al asumir en su vientre al
Niño Jesús, la Segunda Persona de la Trinidad, se convierte en la Madre de Dios,
dando todo de sí para su Hijo; vemos pues que todo en ella apunta a su Hijo
Jesús.
Es por ello, que María es modelo para todo cristiano que busca día a
día alcanzar su santificación. En nuestra Madre Santa María encontramos la guía
segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús, ayudándonos a conformarnos
con Él y poder decir como el Apóstol “vivo yo más no yo, es Cristo quien vive
en mí”.
https://www.aciprensa.com/recursos/solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-1904
viernes, 28 de diciembre de 2018
LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ Domingo 30 de diciembre 2018
¿POR QUÉ ME BUSCABAN?
1 Sam 1, 20-22. 24-28; 1 Jn 3, 1-2. 21-24; Lc
2,41-52
Dos narraciones semejantes, hermanadas por cierto
aire de familia. Dos contextos diferentes sin duda, pero que nos presentan a
dos familias que viven su experiencia de fe, arraigados en las tradiciones
religiosas de Israel. En ambas encontramos la misma actitud de fondo, la de la
gratitud hacia Dios. La fiesta de Pascua era la ocasión de celebrar el señorío
de Dios, que había liberado a Israel de Egipto. En esa fiesta gozosa, Jesús
afirmó su autonomía y se declaró vinculado preferentemente con Dios Padre, y
solamente subordinado a sus padres de manera relativa. Desde ese gesto precoz,
Jesús nos da una lección de sabiduría, enseñándonos a discernir entre dos
bienes. En el libro de Samuel, encontramos a Ana, una mujer transfigurada por
la maternidad, que vive tan agradecida con Dios, que le entrega a quien más
ama, a su pequeño Samuel.
ANTÍFONA DE ENTRADA Lc 2. 16
Llegaron los pastores a toda prisa y encontraron a
María y a José, y al niño recostado en un pesebre.
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a
quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre
todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que te dignaste dejarnos el más
perfecto ejemplo en la Sagrada Familia de tu Hijo, concédenos benignamente que,
imitando sus virtudes domésticas y los lazos de caridad que la unió, podamos
gozar de la eterna recompensa en la alegría de tu casa. Por nuestro Señor
Jesucristo...,
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Samuel quedará consagrado de por vida al Señor
Del primer libro de Samuel: 1, 20-22.24-28
En aquellos días, Ana concibió, dio a luz un hijo y
le puso por nombre Samuel, diciendo: "Al Señor se lo pedí". Después
de un año, Elcaná, su marido, subió con toda la familia para hacer el
sacrificio anual para honrar al Señor y para cumplir la promesa que habían
hecho, pero Ana se quedó en su casa. Un tiempo después, Ana llevó a Samuel, que
todavía era muy pequeño, a la casa del Señor, en Siló, y llevó también un
novillo de tres años, un costal de harina y un odre de vino.
Una vez sacrificado el novillo, Ana presentó el
niño a Elí y le dijo: "Escúchame, señor: te juro por mi vida que yo soy aquella
mujer que estuvo junto a ti, en este lugar, orando al Señor. Este es el niño
que yo le pedía al Señor y que él me ha concedido. Por eso, ahora yo se lo
ofrezco al Señor, para que le quede consagrado de por vida". Y adoraron al
Señor.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 83, 2-3.5-6.9-10
R/. Señor, dichosos los que viven en tu casa.
Anhelando los atrios del Señor se consume mi alma.
Todo mi ser de gozo se estremece y el Dios vivo es la causa. R/.
Dichosos los que viven en tu casa, te alabarán para
siempre; dichosos los que encuentran en ti su fuerza y la esperanza de su
corazón. R/.
Escucha mi oración, Señor de los ejércitos; Dios de
Jacob. atiéndeme. Míranos, Dios y protector nuestro, y contempla el rostro de
tu Mesías. R/.
SEGUNDA LECTURA
Nos llamamos hijos de Dios y lo somos
De la primera carta del apóstol san Juan: 3,1-2.
21-24
Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el
Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo
no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.
Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún
no se ha manifestado cómo seremos al fin. Y ya sabemos que, cuando él se
manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces,
hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total. Puesto que cumplimos los mandamientos
de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que
le pidamos.
Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en
la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme
al precepto que nos dio. Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios
en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece
en nosotros.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Col 3, 15. 16
R/. Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones, para que
comprendamos las palabras de tu Hijo. R/.
EVANGELIO
Los padres de Jesús lo encontraron en medio de los
doctores
Del santo Evangelio según san Lucas: 2, 41-52
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén
para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a
la tiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el
niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que
iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no
encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado
en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que
lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus
padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has
portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de
angustia". Él les respondió: "¿por qué me andaban buscando? ¿No
sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?". Ellos no entendieron
la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a
su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.
Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el
favor de Dios y de los hombres. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador
del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo
Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los
siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado,
no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por
nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del
Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra
causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó
al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la
derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que
procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma
adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es
una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el
perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del
mundo futuro.
Amén.
PLEGARIA UNIVERSAL
Oremos, hermanos, a Jesucristo, el Señor, que, para
santificar la familia, quiso compartir la vida de un hogar humano. Digamos:
(R/. Escúchanos, Señor.)
Para que el Señor, que quiso participar en la vida
de familia en el hogar de María y José, mantengan en paz y armonía a todas las
familias cristianas, roguemos al Señor.
Para que los novios sientan la presencia de Dios en
la vivencia de su amor mutuo y se preparen santamente para su matrimonio,
roguemos al Señor.
Para que Dios ilumine y consuele a las familias
desunidas, a los esposos que han de vivir separados por causa del trabajo, a
los hijos de los divorciados, a los hogares sin hijos y a los que lloran la
muerte de sus familiares, roguemos al Señor.
Para que nos esforcemos por vivir en paz y armonía
con nuestros familiares (con los miembros de nuestra comunidad), superando con
bondad, comprensión y caridad fraterna nuestras mutuas desavenencias, roguemos
al Señor.
Señor Dios nuestro, que has querido que tu Hijo,
engendrado antes de todos los siglos, fuera miembro de una familia humana,
escucha nuestras súplicas y haz que los padres y madres de familia participen
de la fecundidad de tu amor, y que sus hijos crezcan en sabiduría,
entendimiento y gracia ante ti y ante los hombres. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de
reconciliación, y te pedimos humildemente que, por la intercesión de la Virgen
Madre de Dios y de san José, fortalezcas nuestras familias en tu gracia y en tu
paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
LA RESTAURACIÓN DEL UNIVERSO EN LA ENCARNACIÓN
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y
salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno por Cristo, Señor
nuestro.
Por el misterio santo que hoy celebramos, el que
era de naturaleza invisible se hizo visible en nuestra naturaleza, y el que es
engendrado desde toda la eternidad comenzó a existir en el tiempo para asumir
en sí mismo todo lo creado, reconstruir lo que estaba caído y encaminar al
hombre descarriado hacia el Reino celestial.
Por eso, unidos a todos los ángeles, te aclamamos
llenos de alegría, diciendo:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna
en el cielo.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Bar 3, 38
Nuestro Dios apareció en el mundo y convivió con
los hombres.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Padre misericordioso, haz que, reanimados con este
sacramento celestial, imitemos constantemente los ejemplos de la Sagrada
Familia, para que, superadas las aflicciones de esta vida, consigamos gozar
eternamente de su compañía. Por Jesucristo, nuestro Señor.
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20181230
Estas dos
lecturas (Samuel: 1, 20-22.24-28 Lucas:
2, 41-52) sacuden nuestra conciencia cristiana en la medida que someten a
revisión nuestra forma de vivir la fe. Tanto la familia de Samuel, como la
familia del pequeño Jesús, habían aprendido a organizar su vida conforme al
dinamismo de su fe religiosa. Sus alegrías y penas, sus ansias y triunfos los
conectaban de manera sensata con el amor de Dios. La fe siempre estaba en
contacto estrecho con la vida. Ni la doble moral, ni la discrecionalidad o la
conveniencia, habían afectado para mal la vida de aquellos creyentes. La
lección que de aquí resulta es que la vivencia genuina de la fe no produce
personas fragmentadas, sino integras. La fe dinamiza todos los ámbitos de la
existencia, humanizándonos, llenándonos de esperanza, empujándonos a vivir la
vida de manera más generosa y solidaria con los predilectos de Dios: los más
indefensos y vulnerables.
martes, 25 de diciembre de 2018
¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?
No conocemos la fecha exacta del nacimiento de
Jesucristo, pero es seguro que vino al mundo
La confusión acerca del origen de la Navidad parte
de la dificultad para precisar cuándo comenzó a celebrarse esta fiesta tal como
hoy la conocemos.
No conocemos la fecha exacta del nacimiento de
Jesucristo, pero es seguro que vino al mundo entre finales del reinado de
Herodes el Grande, rey de Judea, y la muerte de éste, acaecida en lo que hoy
designamos el año 4 a.C. Siglos después de la muerte de Jesucristo, diferentes
fechas, que van de abril a diciembre, se propusieron para celebrar su
nacimiento. El 6 de enero, día en que algunas comunidades creen que Jesucristo
fue bautizado, se celebraba como el día de Navidad, y todavía hay grupos cristianos
ortodoxos que conmemoran esa fecha.
A mediados del siglo IV, en el Imperio Romano de
Occidente se adoptó el 25 de diciembre como el día del nacimiento de
Jesucristo; esta fecha confirmaba la que hacía dos siglos habían señalado los
cristianos romanos como su más solemne celebración.
A finales del siglo IV, los líderes cristianos de
Roma determinaron que debía ser observada la Fiesta de Epifanía, un periodo de
12 días desde el 25 de diciembre al 6 de enero.
Con el tiempo, los cristianos de casi todas partes
aceptaron el 25 de diciembre como el día de Navidad; esta fecha casi coincide
con las celebraciones del solsticio de invierno, el Yule y las Saturnales.
También existe un festival judío, la consagración del templo o Hanuka, que se
lleva a cabo a mediados de diciembre.
P. Pinto | Fuente: fatherpinto.com
viernes, 21 de diciembre de 2018
DOMINGO IV DE ADVIENTO Ciclo C Domingo 23 de diciembre 2018
DICHOSO LOS QUE CREEN
La situación en que vivían los israelitas en tiempos de Miqueas era tan
desoladora que resultaba muy difícil dar crédito al mensaje de esperanza del
profeta. Los tiempos de las incursiones violentas de los soldados asirios y del
pago de tributos que acortaban el pan en las mesas de la gente común, estaban
por desaparecer. La tranquilidad estaba tocando a las puertas y se colaría en
Judá a través de un jefe animoso, que Dios haría surgir en Belén. Miqueas no
imaginaba una paz caída del cielo, sino una paz soportada en el esfuerzo, la
vigilancia y la defensa del territorio por parte de la población. Cuando la
joven María recién desposada, recibió el anuncio del ángel Gabriel, los tiempos
adversos seguían ensombreciendo la vida de Israel. Ella no se dejó abatir por
el desaliento, sino que acogió la pequeña oferta de esperanza que Dios le traía
a su pueblo. Debía dar su sí para que se concretara aquella esperanza.
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Is 45, 8
Cielos, destilen el rocío; nubes, lluevan la salvación; que la tierra
se abra y germine el salvador.
No se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Te pedimos, Señor, que infundas tu gracia en nuestros corazones, para
que, habiendo conocido, por el anuncio del ángel, la encarnación de tu Hijo,
lleguemos, por medio de su pasión y de su cruz, a la gloria de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
De ti saldrá el jefe de Israel.
Del libro del profeta Miqueas: 5,1-4
Esto dice el Señor: "De ti, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas
de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel, cuyos orígenes se remontan a tiempos
pasados, a los días más antiguos. Por eso, el Señor abandonará a Israel,
mientras no dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos
se unirá a los hijos de Israel. Él se levantará, para pastorear a su pueblo con
la fuerza y la majestad del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque
la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra y él mismo será la paz".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 79, 2ac.3c. 15-16. 18-19
R/. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Escúchanos, pastor de Israel; tú que estás rodeado de querubines,
manifiéstate; despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.
Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tú viña y visítala;
protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste. R/.
Que tu diestra defienda al que elegiste, al hombre que has fortalecido.
Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder. R/.
SEGUNDA LECTURA
Aquí estoy, Dios mío para hacer tu voluntad
De la carta a los hebreos: 10, 5-10
Hermanos: Al entrar al mundo, Cristo dijo, conforme al salmo: No
quisiste víctimas ni ofrendas; en cambio, me has dado un cuerpo. No te
agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado; entonces dije
porque a mí se refiere la Escritura: "Aquí estoy, Dios mío; vengo para
hacer tu voluntad". Comienza por decir: "No quisiste víctimas ni
ofrendas, no te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado
“siendo así que eso es lo que pedía la ley; y luego añade: “Aquí estoy, Dios
mío; vengo para hacer tu voluntad".
Con esto, Cristo suprime los antiguos sacrificios, para establecer el
nuevo. Y en virtud de esta voluntad, todos quedamos santificados por la ofrenda
del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez por todas. Palabra de Dios. Te
alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 1, 38
R/. Aleluya, aleluya.
Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho. R/.
EVANGELIO
¿Quién soy para que la madre de mi Señor venga a verme?
Del santo Evangelio según san Lucas: 1, 39-45
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las
montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En
cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y, levantando la voz,
exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llego tu
saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has
creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
PROFESIÓN DE FE
CREDO NICENO_CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un sólo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los
hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su
reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que
procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma
adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es
una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el
perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del
mundo futuro.
Amén.
PLEGARIA UNIVERSAL
Pidamos, hermanos, el auxilio del Señor, para que, apiadado del pobre y
del oprimido, venga a salvar al mundo de sus males: Digamos confiadamente: (R/.
Ven Señor Jesús.)
Para que todos los fieles se dispongan a recibir a Cristo como lo recibió
María y como ella conserven sus palabras en el corazón, roguemos al Señor.
Para que aquellos hermanos nuestros que han abandonado las prácticas
cristianas, pero acudirán a la iglesia en las próximas fiestas de Navidad
descubran la buena noticia del Evangelio, no como un rayo fugaz en la noche,
sino como luz permanente que ilumina y alegra toda la vida, roguemos al Señor.
Para que las fiestas del nacimiento del Señor, alejen las tinieblas de
quienes viven sumergidos en dudas e incertidumbres y colmen los deseos de
quienes se sienten descorazonados y tristes, roguemos al Señor.
Para que el nacimiento de Cristo nos ayude a renunciar a los deseos
mundanos y a vivir sobria y honradamente, esperando la aparición definitiva del
Señor, roguemos al Señor.
Dios nuestro, que elegiste como templo de tu permanencia a María, la
humilde hija de Israel, escucha nuestras plegarias y concédenos vivir siempre
plenamente adheridos a tu voluntad, imitando la obediencia del Verbo, que vino
al mundo a cumplir las Escrituras. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que santifique, Señor, estos dones, colocados en tu altar, el mismo
Espíritu que fecundó con su poder el seno de la bienaventurada Virgen María.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
Prefacio de Adviento II
La doble espera de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno, por Cristo nuestro Señor. A quien todos los profetas anunciaron y la
Virgen esperó con inefable amor de madre; Juan lo proclamó ya próximo y lo
señaló después entre los hombres. Él es quien nos concede ahora preparamos con
alegría al misterio de su nacimiento, para encontramos así cuando llegue,
velando en oración y cantando su alabanza. Por eso, con los ángeles y los
arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu
gloria:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Is 7, 14
Miren: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien le pondrá el
nombre de Emmanuel.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Habiendo recibido esta prenda de redención eterna, te rogamos, Dios
todo poderoso, que, cuanto más se acerca el día de la festividad que nos tae la
salvación, con tanto mayor fervor nos apresuremos a celebrar dignamente el
misterio del nacimiento de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los
siglos.
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20181223
Hace medio
siglo teníamos ilusiones colectivas, abrigábamos alguna utopía en el corazón.
La humanidad nueva, un destello del Reino de Dios, un nuevo proyecto
sociopolítico, o todo junto, iría transformando nuestra añeja miseria. Ahora
que nos acercamos a la tercera década del siglo XXI apenas si logramos que cada
uno crea en sí mismo. Vamos caminando sin cohesión social, con mucha
desconfianza y no poco desaliento. En esta hora complicada resulta difícil
imaginar por dónde se manifestará la luz de la salvación. La aventura y el
desafío de la fe nunca han sido una tarea sencilla. Los israelitas también
parecían atrapados por un añejo pesimismo tanto en tiempos de Miqueas como en
el primer siglo de nuestra era. Sin embargo, algunas personas caminaban a
contracorriente de la historia. María e Isabel no habían enterrado su confianza
en Dios. Dios les cumplió y sin hacer alarde, en María nos regaló esa gran
esperanza llamada Jesús.
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