«Vino el Señor, y ¿qué hizo? Grande es el misterio que manifiesta,
Escupió en la tierra y con su saliva hizo lodo; porque el Verbo se hizo carne.
Y ungió los ojos del ciego. Estaba ungido, y aún no veía, Le envió a la piscina
de Siloé. Tuvo cuidado el evangelista de manifestarnos el nombre de esta
piscina, diciendo que significa "Enviado". Ya sabéis quién es el
enviado. Si él no hubiese sido enviado ninguno de nosotros hubiese sido
libertado de la iniquidad. Lav los ojos en aquella piscina que quiere decir enviado,
es decir, fu bautizado en Cristo. Pues sí, cuando en cierto modo le bautizó en
sí mismo, entonces le iluminó, podemos decir que, cuando le untó los ojos, le
hizo catecúmeno. De varios modos puede ser expuesto y explicada la profundidad
de tan grande sacramento, pero baste esto a vuestra caridad. Ya habéis oído un
gran misterio. Pregunta a un hombre: ¿Eres cristiano? Te responde que no. ¿Eres
pagan o judío? Si te contesta que no, le vuelves a preguntar: ¿Eres catecúmeno o
fiel? Si dice que es catecúmeno, está untado, aún n está lavado. ¿Por quién
está untado? Pregúntale y te responder Pregúntale en quién cree. Por el hecho
de ser catecúmeno dirá: en Cristo. Notad que ahora hablo a los fieles y a los
catecúmenos ¿Qué dije del lodo y de la saliva? Que el Verbo se hizo carne. Es
se dice también a los catecúmenos; pero no les basta el haber sido ungidos;
corran a lavarse si quieren ver» (San Agustín [35 430]. Tratado 14 sobre el
Evangelio de Juan).
Remar Mar Adentro, pretende, como laicos comprometidos, presentar temas de reflexión para vivir el reino de Dios; levantando las anclas en una tarea asumida generosamente. Ricardo Huante Magaña
jueves, 12 de marzo de 2026
EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260315
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