En aquel
tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sean misericordiosos, como su Padre es
misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán
condenados; perdonen y serán perdonados.
Den y se les
dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los
pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán
medidos».
Reflexión
1. El Modelo es
el Padre
El texto
comienza con un mandato ambicioso: "Sed misericordiosos, como vuestro
Padre es misericordioso". No se nos pide ser buenos por simple educación o
conveniencia social, sino imitar la esencia de Dios. La misericordia no es
debilidad, sino la capacidad de mirar la miseria ajena con el corazón y actuar
para aliviarla.
Jesús propone
cuatro acciones prácticas para vivir la paz:
No juzgar y no
condenar: Para evitar la soberbia de sentirnos superiores a los demás.
Perdonar y dar:
Como herramientas para liberar tanto al que recibe como al que ofrece.
Al dejar de
señalar los errores ajenos, creamos un espacio donde la reconciliación es
posible.
La imagen final
es hermosa y muy gráfica: una medida "buena, apretada, remecida y
rebosante". En la cultura de la época, esto aludía a cuando se llenaba el
regazo del manto con grano hasta que ya no cabía más.
La gran
paradoja: En el reino del espíritu, lo que guardas para ti lo pierdes, pero lo
que das con generosidad regresa a ti multiplicado. La vida nos devuelve el eco
de lo que proyectamos.

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