miércoles, 18 de marzo de 2026

Evangelio del 19 de marzo 2026 Lucas 2, 41-51



Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua.

Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia". Él les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?" Ellos no entendieron la respuesta que les dio.

Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

 

Cometario

 

Es el único relato que tenemos sobre la adolescencia de Jesús y actúa como un puente entre su nacimiento y su vida pública.

Este es el momento en que Jesús expresa por primera vez, con sus propias palabras, quién es. Su respuesta a María: "¿No sabíais que en las cosas de mi Padre me es necesario estar?", revela que ya a los doce años tiene una conciencia plena de su filiación divina. Establece que su relación con Dios Padre tiene prioridad incluso sobre sus lazos familiares terrenales.

El relato humaniza profundamente a María y José. Su búsqueda durante tres días refleja una angustia real, similar a la que cualquier padre sentiría. La mención de que "no comprendieron lo que les decía" nos recuerda que, aunque María guardaba todo en su corazón, el misterio de la misión de su hijo se le iba revelando de forma gradual y, a veces, dolorosa.

El pasaje termina diciendo que Jesús "bajó con ellos a Nazaret y les estaba sujeto". Este es un detalle crucial: la divinidad de Jesús no lo exime de sus deberes humanos.

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