domingo, 8 de marzo de 2026

Evangelio del 9 de marzo 2026 Lucas 4, 24-30

 



En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: «Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria».

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.

Reflexión


Este pasaje representa la transición entre la aceptación inicial y el rechazo violento por parte de quienes más lo conocían.

1. La Paradoja de la Familiaridad

Jesús afirma: "Ningún profeta es bien recibido en su propia tierra". Esta frase subraya un obstáculo humano común: la incapacidad de ver lo divino o lo extraordinario en lo cotidiano.

2. La Apertura a la Universalidad

Al citar a Elías y Eliseo ayudando a una viuda en Sarepta y a un leproso en Siria (ambos extranjeros), Jesús lanza un mensaje revolucionario: la salvación no es exclusiva de un grupo o nación. Esto hirió el orgullo de sus oyentes, quienes se consideraban los únicos destinatarios de las bendiciones de Dios.

3. Del Asombro a la Violencia

Es impactante ver con qué rapidez la multitud pasa de la "admiración por sus palabras" a intentar despeñarlo por un barranco. Esto demuestra que el mensaje de Jesús no es cómodo; cuando la verdad cuestiona nuestros privilegios o prejuicios, la reacción natural del ego suele ser la defensa agresiva.

4. El "Paso" de Jesús

"Pero él, pasando por en medio de ellos, se marchó". No es una huida por miedo, sino un acto de soberanía. Su hora no había llegado y nadie podía detener su misión. Jesús sigue su camino, dejando atrás a quienes prefirieron el rencor a la fe.

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